esslan4 Vanessa Berlanga

Él entra a la casa de ella para torturarla y matarla. Ella lo está esperando.


Horror Historias de fantasmas No para niños menores de 13.

#venganza #odio #castigo #crueldad
Cuento corto
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Al Acecho

Tenía suficiente experiencia como para saber que su plan era absurdo. Sin embargo la sensación no podía ser reprimida por mucho más tiempo. Él no era impulsivo, por el contrario, era metódico, calculador y paciente. Pero ya no podía resistirse por más tiempo, por lo que por primera vez en su vida, actuaría de una forma errante.

Recordó su primera vez: ella era una abogada, parecía poderosa, parecía la mujer más confiada sobre la faz de la Tierra. Le encantó doblegarla. Ella gritó y gritó por clemencia hasta que en un acto de bondad le cortó el cuello.

La policía nunca la encontró y nunca lo haría. Él era inteligente, mucho. No era una persona narcisista, pero conocía sus cualidades.

Dejó su ensoñación a un lado, tenía trabajo que hacer.

La casa de su nueva mujer —o “víctima” si algunos se ponían exigentes— era perfecta para el trabajo. Nada de vecinos muy cerca, nada de luces penetrantes, solo un pequeño foco proveniente del porche. Perfecto.

Pero solo en cuanto a la primera fase. Por lo general le gustaba visitar primero la casa, llegar disfrazado de electricista, fontanero, encuestador o cualquier otro personaje que se le ocurriera. Pero estaría bien, esa noche la mujer parecía estar sola.

Escondido por los árboles, se acercó a la casa. Caminó alrededor y llegó a la ventana de la cocina. Sólo se veía la silueta de ella, pero sabía que era hermosa.

La sombra se movió. Él también.

Con sus herramientas abrió la puerta, cerrándola con cuidado detrás de sí.

Escuchó pasos en la planta superior. Llegó a la sala donde vio las escaleras, no prestó atención al lugar, lo haría una vez que saliera. Subió hasta el segundo piso y siguió el sonido hasta quedar frente a una recámara. Abrió la puerta tan lento como pudo.

Sin rastros de ella.

Los pasos se escucharon detrás de él. Dio media vuelta y abrió la puerta de enfrente... un medio baño. La casa era antigua, seguramente tendría defectos en las tuberías. Sin embargo, ¿dónde estaba ella?

El televisor se encendió en la sala y un grito le hizo estremecerse. Su corazón se aceleró, pero no por la emoción de siempre.

Cuando logró recuperarse bajó al primer piso. La televisión estaba apagada.

Ahora lo entendía. Estaba jugando con él. Ella sabía que ahí se encontraba. No sabía cómo, pero era lo más probable. Él jugaría a su juego, y al final, ella lloraría por haberlo empezado.

Recorrió la casa de arriba abajo, ¿dónde se había escondido?

La situación le recordó una de sus primeras veces: Él había sido un novato, por lo que la mujer se dio cuenta de sus intentos por abrir la puerta. Ella había corrido a esconderse debajo de su cama y llamó a la policía. Con ella no se había dado su usual tarea de "aprovecharla". La sacó de debajo de la cama, le rasgó la ropa y cuando la tuvo desnuda debajo de él, sacó una de sus preciadas navajas, puso la punta en el ombligo femenino y presionó levemente para empezar a subirla con lentitud hasta la base del cuello. El placer que sintió al escuchar los gritos, los llantos, el sentirla retorciéndose debajo de él... pero tuvo que huir. Logró hacerlo a tiempo y nadie supo su identidad.

Ahora ya no era un novato. Tenía años de experiencia.

Muchos años.

Subió a la habitación principal de nuevo y buscó bajo la cama... nada. La situación estaba dejando de ser divertida. Cuando la encontrara la aprovecharía por más tiempo que ninguna otra.

Su mujer, la que más había durado, había llegado a las dos semanas. Todas eran unas débiles lloronas.

Se estaba desesperando. Creía que estaba en la cocina y al llegar, veía una sombra en la sala; escuchaba pasos en el segundo piso, al llegar escuchaba más pasos pero ahora en otra habitación o abajo.

¿Acaso tendría pasadizos secretos? Algunas casas antiguas los tenían.

No se iba a dar por vencido.

Una risa.

¿Había escuchado una risa?

¡La maldita se burlaba de él!

Vio el armario de la habitación principal. Dando zancadas fuertes y largas se acercó y deslizó la puerta. Solo había ropa. Buscó y rebuscó, tendría que haber algún aparato, una grabadora, un celular algo con le había jugado la broma pero, de nuevo, nada.

La puerta se cerró de golpe. ¿Jugaba con él?, grave error. Se acercó a la puerta e intentó abrirla pero ésta estaba cerrada con llave y por más que intentó, no pudo sacar el seguro, por lo que empezó a lanzar su fornido cuerpo contra ella.

Un toqueteo en la ventana.

Él vislumbró una figura detrás de la cortina, parecía que intentaba ver hacia adentro, con las manos a cada lado de la cara. Levantó la cortina y abrió la ventana. ¿Se estaba volviendo loco? No había alguien allí y lo más sorprendente y aterrador: no había ningún tipo de plataforma o piso que pudiera sostener a una persona para que viera por fuera.

De nuevo la maldita risa. Pero esta vez... en la habitación.

Él dio media vuelta. Una mujer. Una hermosa mujer de cabello negro; ojos grandes; complexión pequeña; llevaba un vestido largo y ceñido de color rojo, la tela se veía tan suave y marcaba su figura.

“Al fin te encuentro, maldita”.

La mujer corrió hacia él, con un grto desgarrador, dejándolo estupefacto. Ella arañó su cara, sus brazos, toda la piel que sus uñas pudieran encontrar. Su cara era la de un demonio, estaba loca.

Desapareció.

El hombre saltó por la ventana sin importarle estar en un segundo piso. ¿Qué acababa de pasar?

Cayó de pie pero rodó en el suelo disminuyendo el impacto. Se levantó de un salto, todo su cuerpo aulló de dolor pero le restó importancia al verse en la sala. La televisión seguía apagada, pero el sonido de las cadenas no dejaba de escucharse por todo el lugar.

Fue en ese momento que recordó otra de sus víctimas: la había encadenado. Y había usado un artefacto para jalar de cada una de sus extremidades, hasta que no pudo resistir más y el aparato ganó. Ahora recordaba que ese era el sonido que se escuchaba cada vez que lo encendía.

Corrió hasta la puerta principal, pero la sombra se encontraba en la ventana de a un lado, en la misma posición de antes. Esa era la posición que él usaba para intentar ver dentro de las casas de sus mujeres.

Subió al segundo piso y se encerró en una habitación pequeña. Había una cama individual. Se metió debajo, pero en cuanto lo hizo sintió un largo y sedoso cabello deslizándose entre sus dedos. Cuando miró hacia el lugar, pudo distinguir una cabellera rubia a un lado de él. Y la sensación de algo frío moviéndose por su ombligo hasta su garganta lo hizo salir de inmediato. Se levantó la camiseta, pero no estaba herido.

Se empezaron a escuchar gritos. Gritos detrás de la puerta, detrás de las ventanas, en el armario. Sonidos que antes amaba ahora lo horrorizaban. Salió de la habitación. No había más lugares donde ir. Corrió hasta la cocina seguido de cerca por aquellos ruidos. La puerta de la cocina... ella estaba en la ventana.

No le importó. Corrió a toda prisa y embistió la puerta con todas sus fuerzas. Ésta cedió y él cayó al césped. Ignorando de nuevo el dolor corrió hasta la calle y siguió corriendo hasta llegar a una avenida.

Vio una mujer de una preciosa piel oscura, ella se acercó y le sonrió... no tenía dientes; a otra le había sacado los dientes pues estos eran tan perfectos que le producían cierto malestar.

La luz blanca era tan cegadora que solo cerró los ojos y sintió una fuerte sacudida.

¿Estaba muerto?

Abrió los ojos. Se encontraba en una habitación blanca, rodeado de cortinas y de inmediato el olor a alcohol inundó sus fosas nasales. Un hospital. Una enfermera corrió la cortina frente a él y lo saludó. Le preguntó si recordaba el accidente, si algo le molestaba, y demás cosas a las cuales él solo respondió con monosílabos.

Un accidente. Al parecer una camioneta lo había atropellado.

Quiso levantarse, pero no pudo. Sintió cómo sus párpados se tornaban cada vez más pesados hasta que dejó de escuchar el pitido de las máquinas y el murmullo de las voces fuera de la habitación compartida.

Volvió a despertar, con su vista momentáneamente borrosa, pudo distinguir diversas siluetas a contraluz a través de las cortinas que lo rodeaban y una mujer de espaldas a él con una bata de doctor.

Él intentó llamarla, pero tenía la boca seca.

Aun así, ella dio media vuelta. En realidad no llevaba una bata de doctor, sino una bata de dormir.

Ella se acercó y en cuanto lo hizo, las cadenas, los gritos y las voces suplicando piedad, todo se acumulaba en sus oídos. Las figuras del otro lado de las cortinas parecían marcarse con fuerza a través de estas. Pero no podía moverse, solo gritar, gritaba pero nadie llegaba en su rescate.

* * *

La enfermera corrió a la cama del paciente. Habían llegado varios enfermeros más. El paciente veía fijamente un punto en la pared, con los ojos muy abiertos. Gritaba demasiado fuerte, como si su vida dependiera de ello. Pero la habitación estaba vacía. Le administraron un sedante y los enfermeros se fueron al darse cuenta que su ayuda no era necesaria. Después de todo, el paciente había quedado cuadripléjico.

Dejó de gritar y empezó a dormirse.

Cuatro horas.

Los gritos de nuevo. El paciente volvió a gritar. Seguía con la mirada fija en un punto. Pero, de nuevo, se encontraba solo.

Le aplicó más sedantes y salió en busca del doctor. No podía darle sedantes por el resto de su vida.

28 de Julio de 2020 a las 01:03 8 Reporte Insertar Seguir historia
10
Fin

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Vanessa Berlanga No existe el bien o el mal, solo diferentes puntos de vista.

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CirKº ·. CirKº ·.
Me encantó, Vanessa!! Me parece un giro importante en este tipo de argumentos :D Te sigo!!

  • Vanessa Berlanga Vanessa Berlanga
    Muchas gracias por haberle dado una oportunidad. Nos estamos leyendo 3 weeks ago
JR Jetzabel Rodriguez
Wow, muy buena la historia.

Ellen Rod Ellen Rod
Me ha encantado. 🥰🥰🥰
August 06, 2020, 15:49

  • Vanessa Berlanga Vanessa Berlanga
    ¡Genial! Me alegra bastante leerlo. Gracias por comentar. August 06, 2020, 18:46
Andrés Díaz Andrés Díaz
Me encantó tu historia. Pocas veces he leído historias escritas con tanta pulcritud. Felicitaciones por ese detalle y por el juego de las escenas en el último tramo, conforme los gritos y los recuerdos empiezan a aparecer, mezclándose con los fantasmas de la casa. El cierre de la historia, justo donde termina, lo siento apenas un poquitín flojito (lo digo con todo respeto y en son de critica constructiva), pensaría —solo como opinión personale— en tal vez añadir algunas palabrillas, porque de momento lo encontré ligeramente confuso respecto a quién hace qué cosa en las últimas líneas. ¡Te envío un saludo enorme desde México! ¡Enhorabuena por la historia!
August 01, 2020, 04:33

  • Vanessa Berlanga Vanessa Berlanga
    Muchas gracias por tu comentario y me alegro que la historia haya sido de tu agrado. Cualquier critica que me ayude a mejorar es más que bien recibida. Tomaré en cuenta tus palabras en cuanto al final y veré cómo corregirlo. ¡Saludos! August 01, 2020, 22:15
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