vic-bustos1595796142 Vic Bustos

Ella es Chloe. Una mujer de 30 años, alcoholica y amante del sexo. Un extraño le ofreció LSD, desde ese día no ha vuelto a ser la misma.


Aventura Sólo para mayores de 18.

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PRÓLOGO

Mi padre, me solía contar historias fantásticas en el campo mientras veíamos el atardecer. Era hermoso. Ahora, cuando voy allí, leo las mismas historias que me leía papá, lo imagino a un lado mío y recuerdo abrazarlo con fuerza. Lo extraño.

Cuando murió papá, me cuidó Sonia, una vieja amiga de mi madre, 38 años, tes clara, cabello marrón claro, ojos verde, delgada, y un poco más baja que yo.

Ahora, vivo en el quinto piso del edificio Shandor en Manhattan, a unos minutos de la cafetería en la que trabaja Sonia en Columbus Ave. Se volvió mi mejor y única amiga.

Era domingo, me despertó mi alarma a las 8:30 a.m. Tenía una enorme resaca por la noche anterior, vi que no había nada nuevo en mi teléfono. Tomé una ducha, preparé un café y un jugo verde para la resaca. Eran las 9:15 a.m. Recién salía de mi casa para ir a la cafetería donde trabajaba Sonia.

-¡Chloe!- exclamó con entusiasmo -¿Cómo estas?.

-Bien, creo- dije con sarcasmo.

-¿Una fiesta?

-Algo así. Pero estoy, bien gracias.

-Segu...

-Segura- la interrumpí.

En realidad no estaba bien, solo que no quería preocuparla. Extrañaba a papá y me sentía culpable por la muerte de mamá; murió al parirme. Tenía miles de cosas en la cabeza. Me sentía... Terrible.

-Ok, pero si algo sucede, no dudes en llamarme.

-Claro- dije -Claro...

Mi padre solía traerme aquí por una gran malteada de fresa pero, ese día, no tenía ganas de nada. Compré cigarrillos y me fui a casa.

En el camino me desvié un poco hacia una vinatería, compré varios cartones de cerveza y una botella de ron para pasar el rato. A un lado de la cafetería choqué con un sujeto de un metro ochenta aproximadamente, lucía apuesto.

-¡Oh!- exclamó el apuesto hombre al chocar con mi hombro y tirar mis bebidas- Lo... Lo siento- tartamudeó.

-Oh, claro galán- bromeé -Solo ayúdame a levantar esto y listo- le indiqué.

-Si quieres puedo invitarte algo de tomar- se apresuró a decir el sujeto antes de que me marchara.

-Pero claro- dije al no tener nada que hacer y la necesidad de afecto ajeno que necesitaba. Además, ¡tragos gratis!, por favor, ¿quién se resiste a eso?

Le dije que me acompañara a casa a dejar mis compras. Sin tanto alboroto, accedió.

Lo acompañé a un bar que queda justo en frente de la cafetería de Sonia. No me importaba lo que ella pensara.

-¿Se puede saber cuál es el nombre del apuesto caballero que me invita a un bar sin siquiera conocerme?- bromeé con sarcasmo.

-Jason- dijo luego de una risita incómoda.

-Chloe-

-¡Un placer!, Chloe.

-El placer es todo tuyo- vacilé por última vez antes de ponerme la borrachera de mi vida con un completo desconocido.

Dieron las 2:00 am, el bar cerró. Fuimos a mi casa a continuar bebiendo. Al llegar a la casa hubo un silencio incómodo hasta que saqué las cervezas del refrigerador y el ron de la alacena.

-Salgamos, quiero presentarte a unos amigos- insitió.

Solo asistí con la cabeza, tomé las llaves de mi auto y nos dirigimos a un valdío que me indicó Jason.

Se bajó del coche pidiendo que yo no lo hiciera. Demoró unos 15 minutos. Al llegar al coche no dijo nada, nos dirigimos a mi casa, subimos por las escaleras hasta llegar a la azotea. Sacó una bolsa transparente con lo que parecían ser pedazos de papel de distintos colores rotos en trozos muy pequeños, y una pequeña botella metálica.

-¿Quieres?- cuestionó el hombre extendiendo sus brazos para dejarme ver el contenido de la bolsa.

-¿Qué se supone que es?- dije entre risas, pues estaba muy ebria.

-LSD- dijo con seguridad.

-Quizá luego- respondí en lo que volteaba para ver el cielo y darle un gran trago al ron. Jason metió un pequeño cuadro de papel en mi chaqueta. En ese momento no supe lo que era, así que no le tomé importancia.

No recuerdo que pasó después, solo que desperté en mi cama a las 9:00 am. Decidí tomar algo de tequila que tenía guardado en la alacena para evitar resaca y continuar bebiendo. Saqué el LSD que había dejado Jason en mi chaqueta y decidí probarlo. Corté en cuatro partes el pequeño pedazo de papel grasoso como me indicó Jason la noche anterior, ingiriendo solo una cuarta parte. Al principio no sentí nada, así que aumenté la dosis y decidí tomar el cuadro entero. Los primeros 90 minutos fueron muy aburridos aun con la dosis aumentada, hasta la segunda hora empecé a sentir los efectos del ácido, primero solo sentía mis sentidos mucho más agudisados, viendo colores y sintiendo cosas increíbles que en un día sobria no notaría.

El malviaje empezó a la quinta hora aproximadamente, teniendo alucinaciones terribles pero realistas. La tortura comenzó con el parto de mi madre y el como moría por nada más y nada menos que mi culpa. Mi padre dándome la mano mientras me leía una historia. Dragones y mierdas por el estilo, el efecto duró solo 9 hrs. Eran ya las 7:35 p.m. Estaba confundida, no podía saber si eso en realidad estaba pasando, así que llamé a Sonia.

-¿Chloe?- preguntó preocupada.

-Si, soy yo- dije aún drogada. No alucinaba más, pero todavía tenía sensaciones irreales.

-¿Pasa algo?.

-No- dije -Todo bien, solo llamaba para saludar.

-Oh, claro- dijo con un ligero tono de preocupación -Recuerda llamarme si sucede algo.

Nos despedimos y me fui a dormir. Al día siguiente, tenía menos resaca que con el alcohol, estaba sorprendida; tomé una ducha y fui a la calle por cigarrillos. Volví a casa. Tomé varias cervezas, tomé otra de las dosis de LSD que Jason me había dado y fui a dormir drogada.

Sinceramente, no recuerdo nada de lo que sucedió después.

26 de Julio de 2020 a las 23:32 0 Reporte Insertar Seguir historia
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