roby3000 Roberto R.

Novela policíaca protagonizada por el detective privado Santiago Montes y su ayudante Félix Hidalgo, antiguos policías en Cuba, residentes ahora en Quintana Roo, México. El talento de esta pareja de investigadores, apoyados por una enigmática estudiante de Hi-Tech, se pone a prueba en el submundo del crimen, la corrupción, las drogas y la violencia que marcan a la sociedad mexicana del siglo XXI. Esta es una obra enteramente de ficción, cualquier parecido con la vida real es mera coincidencia. Safe Creative Registro: 2007214825946


Crimen Sólo para mayores de 18.

#383 #policiaco #376 #drogas #sexo #corrupcion #violencia #mexico #sigloXXI #detectives
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KAMY 999


Chetumal, Quintana Roo, México: 2018.

—Deberíamos brindar con una buena botella de tequila: ¡ya somos residentes mexicanos! —dijo Félix.
—¿Y quién la va a pagar? —preguntó Santiago con desgano.
—Tú, como siempre...
—No acabas de entender, ¿verdad?
—¿El qué?
—Que en cinco años nos hemos arruinado. Toda la reserva que trajimos de Cuba se fue a bolina.

—Con nuestros papeles legalizados podemos pedir un préstamo al banco y empezar un negocio... Seremos detectives privados, como en las películas.
—Félix, tú siempre con la cabeza en las nubes...
—¿En las nubes? Oye, ya me cansé de ser pescador. Es hora de pensar en grande, nosotros tenemos la preparación, el nivel... Hay cabeza.
—Hay cabeza, sí, pero no hay capital. Y deberías estar eternamente agradecido a Pancho por habernos acogido como si fuéramos su familia.
—Eso no se olvida, Santi. Pancho Hernández nos salvó el pellejo —Félix Hidalgo se quedó un momento pensativo. Recordó la lancha en llamas y luego la explosión que los lanzó por la borda...—Pero, dejemos eso por ahora, mejor tomamos un café y lo pago yo, me queda algo de menudo en el bolsillo...
Le hizo señas a la camarera, quien sorteando hábilmente las mesas que daban a la calle, se les acercó.
—¡Dos cafés Capuchino, por favor!
—¿Dobles?- preguntó la muchacha.
— Sí, pero Capuchino auténtico. No quiero sorpresas.
—Como guste el señor —dijo y se alejó mientras Félix la observó de espaldas

—Buenas piernas; pero le falta el culo de las cubanas...—dijo y lanzó una ojeada a la calle cuando vio un Jeep negro aparcar delante del Oldsmobile 1980 que les servía de transporte.
—Esos dos que vienen en el Jeep tienen mala pinta —le susurró a su compañero
—Sí, parece que hay alguna movida...—Respondió Santiago y tomando uno de los diarios que estaban encima de la mesa, comenzó a leer la página deportiva y a lanzar rápidas miradas de chequeo hacia el aparcamiento y sus alrededores. A esa hora la avenida Erick Paolo Martínez, estaba casi desierta. Enfrente a la cafetería donde estaban sentados había dos negocios abiertos, uno que anunciaba 2 pizzas grandes a 140 pesos y otro, al lado, que ofrecía reparaciones de computadoras con un cartel lumínico donde se leía Cyber: La Red.
Cinco minutos después, vieron salir a una chica del negocio de ordenadores.Vestía unos jeans deshilachados, una estrujada camisa roja a cuadros y ostentaba unos reflejos blancos en un desordenado pelo negro. Avanzó por la acera a paso ligero con una mochila de mezclilla al hombro. Al verla, los dos gorilas del Jeep, desmontaron y le fueron encima. El más fornido la alzó en vilo, un transeúnte se paró a mirar y el otro sicario, sacando una pistola, lo obligó a alejarse. Ella, gritaba y se debatía como una gata. Santiago y Félix intercambiaron una mirada de inteligencia, tendrían que intervenir: aquello, a todas luces, se trataba de un secuestro. No tenían armas de fuego, pero sí mucha experiencia en operaciones de alto riesgo. El entrenamiento de largos años como policías de la Brigada Especial se puso en juego.
A toda carrera, Santiago llegó a la altura del grandulón que sacó un pañuelo y se lo aplicó a la cara de la muchacha quien, casi de inmediato, dejó de luchar. En el momento en que abría la puerta del Jeep, lo sorprendió una sólida patada de Santiago en la rodilla derecha que lo hizo caer al suelo y soltar a la joven, inconsciente, que fue a parar la acera. Santiago trató de levantarla pero fue alcanzado por un puñetazo del sicario que se alzó cojeando.
Félix, por su parte, logró desarmar al segundo matón y ponerlo nocaut con un formidable swing en la sien. Acto seguido, corrió hacia el Oldsmobile y lo puso en marcha. Era un auto viejo; pero funcionaba como un reloj. Chirriando gomas, lo sacó del aparcamiento y lo arrimó frente a donde estaba Santiago con la chica en brazos mientras que el sicario se le aferraba a una pierna. No perdió tiempo, agarró al tipo por los pelos y le chocó la cabeza contra el contén, dejándolo fuera de combate. Finalmente, sacó una navaja y le rajó un neumático delantero al Jeep.
Acostaron a la muchacha en el asiento trasero y salieron del lugar a toda pastilla.

Media hora más tarde, cuando llegó la policía, la camarera de la cafetería, relató que, al parecer, había habido un secuestro. Pero que no estaba segura de quienes eran los secuestradores, si los dos hombres de aquel Jeep negro que se llevó una grúa o los dos hombres, con pinta de extranjeros, que le habían pedido dos Capuchinos dobles y se habían ido sin pagar.

Mahahual, a 142 kilómetros de Chetumal.

Hicieron el viaje en hora y media. Félix había evitado una posible persecución inutilizando el Jeep de los matones y había sorteado a gran velocidad el tráfico en la autopista. Al aparcar entre los árboles, le echó una mirada a Santiago sentado a su lado, quién tenía un ojo morado.
—Te pegó fuerte el muy cabrón...
—Me sorprendió. No creí que fuera a levantarse.
—Era una mole de grande. También andamos un poco fuera de forma... Si nos metemos en serio a detectives, hay que...
Santiago lo interrumpió con un gesto de la mano.
—Oye, esto no es un juego. No sabemos quién es ella. Podemos estar metidos en un lío.
Ambos miraron al asiento trasero. La muchacha estaba profundamente dormida.
La cabaña que les servía de vivienda estaba apartada de la carretera, junto a la laguna de Bacalar, de modo que no había vecinos cerca. Desmontaron. Félix se echó la mochila de mezclilla al hombro, entre los dos cargaron a la chica, entraron a la cabaña, y la acostaron en la cama de Santiago que era la más grande.
—Hey: ¡despierta! Oyeeee...—dijo Félix y la sacudió por un hombro. Ella se movió un poco, abrió los ojos y se miró, primero, ambas manos, luego se sentó de un salto al ver a los dos hombres que la observaban.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Santiago, con voz calmada.
—Kamy 999
—¡Eso no es un nombre! —Intervino Félix, impaciente.
—Soy Kamy 999 —Repitió la chica y, después de un largo suspiro, soltó:

—Dejen el pinche juego, ¿cuánta puta plata quieren de rescate?


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22 de Julio de 2020 a las 03:35 7 Reporte Insertar Seguir historia
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Slacslrose Castro Slacslrose Castro
Muy interesante
August 06, 2020, 17:17

  • Roberto R. Roberto R.
    Gracias por leer. Es muy estimulante. Un saludo, compañero. August 06, 2020, 18:58
W. E. Reyes W. E. Reyes
Muy buen inicio, Roberto.
July 28, 2020, 03:35

  • Roberto R. Roberto R.
    Gracias, amigo, por leer. Te espero. July 28, 2020, 04:38
Sebastian Silvestri Sebastian Silvestri
Tu historia ya ha sido verificada Roberto. Realmente me sorprende lo bien que escribes si el español no es tu lengua. Saludos y si necesitas ayuda con algo no dudes en consultarme.
July 23, 2020, 21:05
German Martinez Lobo German Martinez Lobo
Le seguiré la pista a esta historia, un saludo, compañero.
July 22, 2020, 06:25

  • Roberto R. Roberto R.
    Gracias por leer, te espero. Un abrazo! July 22, 2020, 06:32
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