danae13 Daniela Corzo

Kimue es una joven universitaria que se une a un grupo de amigos para pasar un fin de semana divertido, en una cabaña cerca de un lago. Pero cuando la diversión se sale de control Kimue intentará detener la ira de un ser superior, que no cesará en su deseo por aleccionar a aquellos jóvenes. Una lección que podría costarles demasiado caro. *** -Éste cuento es parte de la Saga Sobrenaturales "Ellas". -Puedes encontrar los demás cuentos en mi perfil: 1: Elisa 2: Siena 3: Leila 5: Amira


Cuento Todo público.

#prosa #hadas #fantasia
Cuento corto
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Kelani

Kelani,

Kelani, hija del roce de las flores con el viento.

Kelani, cuales cabellos color nieve hacen su danza al ritmo de las olas.

Kelani, torbellino de maldad y de recelo.

Kelani, hada guardiana de los lagos.

Kelani, protectora de la majestuosa naturaleza.

Kelani, quien con mano de hierro aleccionara a quienes osaron en lastimar su precioso habitad.



El ambiente era cálido en esa época del año, las flores eran agitadas por el viento de verano y las montañas tenían distintos tonos de verde. Se sentía como estar en el paraíso. Eso fue lo primero en lo que pensó Kimue al ver el maravilloso paisaje que se extendía frente a sus ojos, hacia el infinito.

Tras de ella, se escuchaban los gritos efusivos de sus compañeros. Había aceptado acompañarlos en esa aventura, deseosa de tener una buena experiencia universitaria más allá de los libros y los trabajos grupales. Su madre había ejercido cierta presión también, aludiendo que ya era hora de despejarse.

A Kimue siempre le gustó la aventura, por lo que cuando escucho a uno de sus compañeros planear aquella excursión al lago más famoso del continente Asiático sintió que su corazón se detuvo por un instante, había encontrado la distracción perfecta. Le dijo a su amiga Hiroko que la acompañara y ésta al ver el grupo de jóvenes tan apuestos que también asistiría no puso ninguna resistencia.

La brisa mañanera sacudió el cabello azabache de Kimue, provocándole cosquillas en las mejillas. Uno de los chicos, Aiko, pasó un brazo a su alrededor, invitándola a unirse a la estrafalaria celebración de bienvenida. Kimue se removió incómoda, logrando apartar su toque.

—Relájate un poco, Kim. Estamos aquí para divertirnos, ¿o no?

Kimue miró a Aiko con una mueca, él era bastante alto y robusto, mientras que ella pequeña y delgada, pero aun así no se dejaba intimidar.

—Sí, pero no contigo.

Kimue le dio la espalda y se reunió con los demás jóvenes. Dentro del grupo estaba una de su amiga Hiroko y el chico del que llevaba enamorada desde que entro a la universidad, Rai.

Rai tenía la sonrisa más bonita que había presenciado y ahora la mostraba para sus amigos, mientras terminaban de acomodarse en la cabaña. Sus hoyuelos se formaban haciendo al corazón de Kimue dar un vuelco.

—Debes ser más discreta con tu mirada, amiga. Cualquiera se daría cuenta de que lo quieres entre tus piernas.

El comentario de Hiroko logró su objetivo y Kimue dejó de mirar a Rai.

Pasaron la mañana nadando en el lago y preparando una barbacoa. Para la tarde alguna de las chicas ya estaban pasadas de tragos, encima de los muchachos como un entretenimiento.

Kimue e Hiroko cuidaron sus cantidades de alcohol con la intención de no lucir tan estúpidas como sus compañeras. Estaban sentadas a la orilla del lago, con sus cuerpos todavía mojados, bronceándose bajo el sol.

—Debería darles vergüenza —se quejó Hiroko bebiendo una gran cantidad de agua mientras veía a una de las chicas sentarse en las piernas de Rai.

Kimue agachó la cabeza y su amiga pudo notar que tenía el semblante decaído. Ella había pensado que esta sería la oportunidad perfecta para acercarse más al chico y conseguir finalmente su atención, pero no contaba con aquellas circunstancias.

—Tranquila, Kim. Habrá mejores chicos. Rai no tiene nada que no tengan otros —la consoló Hiroko guiñándole un ojo.

En eso, uno de los chicos emergió del lago y se acercó a las chicas riendo, tan de prisa que las salpico con gotas de agua que caían de su cabello. Tenía buenos músculos y el tono claro de piel a medio broncear. Tras de él lo seguían otros dos chicos igual de apuestos.

—Oigan chicas, ¿quieren venir con nosotros?

Hiroko se acomodó el cabello en cuanto el chico estuvo cerca, Kimue la miro de reojo y sonrió, nunca había visto a su amiga nerviosa por un chico.

— ¿Ir a dónde? —preguntó Kimue.

—Iremos a cortar unos árboles para preparar una fogata.

—Eso suena muy interesante —dice Hiroko con una risita.

El chico eleva una ceja hacia ella y le sonríe, en una insinuación que Hiroko no pasa por algo.

—Yo no estoy muy segura.

— ¿Qué?

Hiroko le lanzó una mirada molesta a Kimue, no podía creer que le estuviera negando la oportunidad de acercarse al chico más lindo de la excursión.

—No creo que debamos dañar la naturaleza por diversión, he escuchado muchas leyendas en donde dicen que hay criaturas guardianas en este lado de la provincia que castigan a quienes hacen cosas así.

El chico rompe a reír al igual que sus amigos, quienes también han escuchado lo que Kimue acaba de decir.

— ¿Acaso has visto a tu alrededor?

Es cuando la chica se percata de lo que él insinúa. Mira a dos chicos escondiéndose tras los arbustos para orinar, a un grupo de chicos tirando latas de cerveza al lago, y a unas chicas cortando las flores y lanzando sus pétalos en el aire mientras reían.

—Yo voy —dijo Hiroko levantándose y acercándose al chico antes de que este las abandonara.

Kimue tomo el brazo de su amiga para detenerla pero esta parecía convencida. Tuvieron una guerra de miradas en las que Hiroko terminó ganando.

Kimue suspiró y siguió al grupo de chicos de mala gana, pasando a un lado de Rai, quien estaba en medio de una sesión de besos con una de las otras chicas.

“Me gustaría que una de las diosas te castigara y te convirtiera en un árbol de ramas secas”, dijo Kimue para sus adentros mientras iba detrás del grupo de chicos.

Los chicos se mezclaron entre los árboles con machetes en sus manos y comenzaron a competir por quien cortaba el tronco más rápido. Era una competencia de fuerza que Hiroko observaba embelesada.

— ¿Acaso no es éste el paraíso, Kimue? —digo seguida de un suspiro observando los músculos de los chicos contraerse.

El chico del lago se dirigió Hiroko con una sonrisa.

— ¿Quieres intentarlo?

Ella asintió sin dudar y se acercó al chico. Éste se colocó tras de Hiroko y le enseño al tomar el machete para ayudarle a cortar el tronco. Mientras lo hacía, procuraba rozar a la chica lo más posible. Kimue hizo una mueca asqueada, sabía que esta noche terminaría de guardiana de su amiga, cuidando que no hiciera nada de lo que se arrepintiera después. No era algo que hubiera estado en sus planes.

El tronco de Hiroko cayó primero y aquello la llevo a una celebración de euforia, besando al chico en los labios de una forma apasionada.

Otro de los chico del grupo se acercó a Kimue y la invitó a hacer lo mismo que su amigo.

—Ni lo sueñes, grandote —le dijo malhumorada.

Molesta, Kimue se alejó del grupo mezclándose entre los árboles, le parecía una mejor opción explorar el lugar antes de que los chicos se pusieran más salvajes.

Desde allí podía escuchar el canto de los pájaros. Era un lugar precioso, lleno de flores de distintos colores y cascadas.

Aquel lugar tenía un espíritu libre, parecía tener un corazón propio. La brisa del viento rodeo a Kimue susurrando su nombre en su oído, estaba hipnotizada por los deliciosos aromas y la belleza que admiraba.

Sin saber cómo ni porqué comenzó a danzar, al ritmo del viento. Era una danza contemporánea, Kimue sentía a sus extremidades moverse solas. Algo en su estómago se removió de dicha, había pasado mucho tiempo desde que bailaba con tanta pasión. De niña quiso ser bailarina profesional pero sus padres no se lo permitieron, temía que no hubiera un buen futuro para ella. Los pueblos asiáticos eran muy conservadores y tradicionalistas, nunca había visto a nadie salir de allí para armarse de una carrera en las artes. Así que se resignó a su destino y comenzó una carrera administrativa que le daría un futuro más sensato.

Sin embargo, aquí y ahora, nada se sentía más liberador que aquella danza.

Nuevamente escuchó al viento susurrando su nombre, esta vez mucho más alto, produciendo que su estómago se encogiera y su danza se detuviera.

—Kimue… —se escuchó en medio de la brisa del viento—…No te detengas.

Kimue giro rápidamente hacia su espalda al escuchar esto último, viendo a la criatura más hermosa y extraña de todas. Era una mujer de largos y lacios cabellos blancos, con una piel tostada y sonrosada. Sus ojos eran enormes y brillaban en los tonos de un arcoíris. Su cabello y su cuerpo estaban adornados por una gran cantidad de flores que cubrían sus partes íntimas. Su figura era extremadamente delgada y algo que Kimue no pasó por alto fueron sus orejas, grandes, alargadas y puntiagudas.

— ¿Quién eres tú? —digo alarmada, retrocediendo. Una enredadera creció bajo los pies envolviendo sus piernas.

La chica intento deshacerse de ellas pero no puedo, la tenían atrapada.

—No temas, Kimue. He venido a ofrecerte un trato —le dijo la criatura en un tono dulce y conciliador que a Kimue le produjo más miedo.

— ¿Un trato? ¿Qué quieres de mí, criatura?

La extraña dama sonrió y se acercó a la temblorosa chica.

—He visto tu danza y he quedado cautivada, tienes pasión en tu corazón y sensatez en tu cabeza. A diferencia de tus amigos.

— ¿Mis amigos? ¿Les has hecho algo a mis amigos?

La criatura camino alrededor de la chica agitando sus suaves y delicadas caderas de una forma hipnotizadora.

—Me llamo Kelani y soy la protectora de este lago. Me llaman la hija del viento y de las flores.

— ¿Protectora?

—Así es, soy la guardiana de este lugar al que has llamado paraíso. Un paraíso que ahora corre peligro. He visto a muchos jóvenes insensatos ir y venir, pero nadie ha sido tan destructivo como lo han sido ustedes. Han dañado mi habitad en tan solo unas horas y se han divertido con mi dolor —la criatura, quien ahora Kimue sabe que es un hada, le mostró sus heridas. Dagas abiertas en sus palmas, espalda y abdomen—. Por cada cosa que tus amigos hacen para estropear mi habitad yo sufro enormemente y es por eso que han de pagar.

El hada se detiene frente a Kimue y la mira con ojos endemoniados y cargados de ira.

— He de ofrecerte un trato, detenlos ahora o lo haré yo misma por la fuerza. Y créeme, nadie querrá ver de lo que soy capaz.

— ¿Qué nos harás? —pregunta Kimue con la voz temblorosa.

El suelo se los tragará, las aguas os devorarán y parte de la naturaleza serán; si sus malos actos se niegan a ahora parar.”

***

Kimue corrió todo lo que sus frágiles piernas le permitían para alcanzar a sus compañeros. Su aliento era cada vez más irregular y por la desesperación algunas espinas entre las ramas de las flores le cortaron la piel. Cuando llegó donde se encontraban sus compañeros comenzó a gritar cosas incoherentes, intentando pararlos en su inmensurable diversión.

Algunos la tomaron por loca y la hicieron a un lado cuando quiso explicarles lo que sucedería si no dejaban de dañar el medio ambiente.

— ¡Alto! ¡Por favor, paren!

Los chicos reían observando el ataque de ira de Kimue y se burlaban haciendo todo con muchas más ganas. Lanzaron todos los restos de basura al lago y vaciaban la cerveza en cubos hacia las plantas que comenzaron a secarse.

— ¡¿Qué hacen?! ¡¿Están locos?! ¡Ella los matará! —Gritaba Kimue llevándose las manos a la cabeza, al borde del colapso— ¡Hiroko! ¡Hiroko, ¿dónde estás?!

Kimue buscó a su amiga en medio del grupo de jóvenes y la encontró en una de las literas de la cabaña, teniendo relaciones con el chico con el cual la había dejado. En un acto desesperado tomo a la chica del brazo y la arrastro hasta la salida, sin importarle que se encontraba media desnuda.

—Rápido, corre, debemos irnos de aquí —le decía avanzando con prisa.

— ¡Enloqueciste, Kimue! ¿Qué pasa contigo? —la regaño Hiroko cubriéndose el pecho lo más que podía con sus brazos. Los chicos comenzaron a señalarla y a burlarse. Hiroko enrojeció de ira y de vergüenza.

—No lo entiendes, Hiroko. Debemos salir de aquí antes de que pase una tragedia.

— ¡¿Acaso te drogaste?! —le pregunto alzando más la voz para que todos escucharan.

—Por favor, escúchame —dijo tomando a su amiga de las mejillas y obligándola a mirar a los ojos — Un hada se me presentó en medio de los árboles y me advirtió que si no detenía los estragos que todos están haciendo nos iba castigar… a todos…

— ¿Escuchas lo que estás diciendo? ¿Un hada? —Suelta una risa— Por favor, Kimue. Admito que siempre estuviste un poco loca, ¿pero realmente crees lo que dices?

La propia Kimue comenzaba a dudar de sí misma y de lo que pensaba cuando un viento frío los envolvió a todos. El viento era tan fuerte que las pertenencias de los jóvenes volaron en el aire, las latas de cerveza rodaron y el fuego que acababan de encender se apagó.

La tierra comenzó a agitarse también con tanta fuerza que todos entraron en pánico. Kimue tomó la mano de Hiroko y se arrodilló en el suelo agachando la cabeza y suplicando por piedad.

—Perdóname, Kelani. Te lo imploro, hice lo que pediste. Lo intenté… —Hiroko miro a su amiga con los ojos muy abiertos cuando la figura del hada se presentó delante de ellas.

—Lo sé, me obedeciste pero nadie te escucho —digo en un tono que implicaba lástima.

Kimue elevó la mirada hacia el hada con esperanza.

— ¿Entonces nos perdonarás?

La criatura esbozó una sonrisa perversa.

—Por supuesto que no.

Extendió ambos brazos y la tierra se removió aún más fuerte que antes. El suelo se abrió por varios lados tragándose a muchos de los chicos, entre ellos Rai. Algunos de los chicos que estaban cerca del lago cayeron al agua y fueron arrastrados por la corriente.

Los chicos que prevalecieron intentaron huir pero Kelani extendió un brazo hasta ellos y con una mirada los convirtió en hermosos rosales y majestuosos árboles.

—Por cada árbol y flor arrancada, tomaré dos de sus vidas para ser transformadas.

Kimue protegió a Hiroko mientras ésta sollozaba. Tras de ellas, la cabaña quedó destruida, aplastando a aquellos que aún permanecían dentro.

En solo unos minutos aquello se había convertido en una masacre. Las dos chicas fueron las únicas que aún permanecían con vida, delante del hada, implorando por piedad.

—Por favor, hermosa criatura. Yo no hice nada malo, ten compasión de mí —suplico Hiroko.

Kelani la tomó por debajo del mentón e inclinándose hacia su rostro le dijo las palabras que la condenarían:

— ¡Te vi cortando el tronco y sentí como si me arrancaran un dedo de las manos! —su voz se tornó aguda, dando muestra de su sufrimiento. Hiroko negaba compulsivamente intentando detenerla— Fuiste tan destructiva y cruel como ellos y por eso has de pagar. En raíces te convertirás y de tus cabellos flores nacerán.

De los dedos de Kelani brotaron plantas que envolvieron a Hiroko, quien no cesaba en sus gritos. Las plantas la rodearon por completo y la estrujaron con tanta fuerza que la joven pasó a convertirse en una de ellas. Un hermoso rosal que adornaría las orillas del lago para siempre.

Kelani observó a su alrededor, ya solo quedaba una vida por cobrar.

Los ojos de Kimue estaban bañados de lágrimas al ver el terrible final de sus amigos. Agacho la cabeza y aguardó por su terrible castigo.



Kelani

Kelani, quien ha llenado de hermosa vegetación su habitad transformando los cuerpos de los fallecidos.

Kelani, que capturo a aquellos que pecaron contra la naturaleza.

Kelani, quien perdono la vida de una humana a cambio de obtener su precioso don.

Kelani, el ser maligno que robó el talento para la danza de Kimue, con el que siempre había añorado.

Kelani, quien ahora baila al ritmo del viento y se funde en él hasta perderse.

17 de Julio de 2020 a las 00:05 2 Reporte Insertar Seguir historia
10
Fin

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Daniela Corzo Hola, en este perfil encontraras desde cuentos clásicos hasta novelas de misterio, suspenso y fantasía. Te invito a seguirme y a leerme. Prometo sorprenderte con los giros en mis tramas y mi originalidad.

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S.T. Moon (LunaNuevamcr) S.T. Moon (LunaNuevamcr)
¡Hola! Me gustó mucho tu cuento. La manera en que se desarrolla la historia es interesante. Me atrapó. Gracias por compartirlo.
January 22, 2021, 02:33

~