luisrodriguezmi Luis Rodríguez

A finales del siglo XX emitimos el mensaje más completo sobre nuestra humanidad. Milenios después, alguien lo recibió.


Ciencia ficción Todo público.

#espacio #planeta
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El último SMS de la humanidad

Nunca se me olvidará la cara del piloto y esa expresión de terror en su rostro. Era una mueca imposible para nuestra fisionomía pero él había logrado alcanzarla. Y no era para menos. Lo que nos enseñaban aquellos artefactos era algo que nunca habíamos imaginado. Nuestro sino había cambiado irremediablemente hace 12.000 años humanos y la única misión fue conocer lo que nos mostró aquel objeto brillante que hace milenios atravesó nuestros cielos. Pero lo que nos encontramos fue algo totalmente diferente. No había rostros felices, ni sonidos, ni bosques, ni mares, ni cielos… nada por lo que habíamos soñamos alcanzar estaba ante nuestros ojos. Nos dimos cuenta, mirándonos unos a los otros, del enorme error que habíamos cometido.

Hace 12.000 años algo cambió en nuestra especie. Nuestro cerebro activó una parte que se hallaba dormida en el interior después de ver aquello que cayó junto a un asentamiento, en la parte sur de nuestro planeta. Nuestra especie, por aquel entonces, compartía el territorio con otras de similares características. No existían guerras por territorios ni cosas por el estilo. Nuestra principal fuente de energía era la luz y cuando se alcanzaba la noche todos nos refugiábamos en nuestras pequeñas casas a guardarnos de las extremas temperaturas y fenómenos atmosféricos que acontecían.

Esa misma noche, uno de los que pertenecían a mi misma especie oyó un gran estruendo que lo despertó del letargo. Cuando el Sol desaparecía ninguno se atrevía a salir al exterior. Nuestro instinto nos decía que cuando llegaba la noche, teníamos que refugiarnos. No era miedo, era algo automático, como si estuviéramos programados.

Pero él decidió salir. De forma irracional e incomprensible para los científicos actuales salió de su pequeño refugio bajo el suelo. Dicen que una fuerza le arrastró hasta allí, como de un enorme imán se tratara. Apartó el matorral seco y alzó la vista al cielo, pudiendo contemplar algo fabuloso. Millones y millones de pequeñas luces iluminaban un cielo oscuro.

Estaba débil. Al no haber luz cualquier movimiento podría acabar con la energía acumulada pudiendo causar la muerte. Antes de que se fuera a desmayar recordó por qué había salido. Era ese estruendo que escuchó y que le obligó a conocer la noche.

Comenzó a caminar sobre sus 2 piernas y, saltándose las leyes gravitatorias, avanzó cada vez más rápido. La energía que estuvo a punto de hacerle caer se reactivó y poco a poco comenzó a aumentar la velocidad hasta que logró alcanzar aquella colina árida que aún expulsaba polvo. Fue el instante donde el cerebro de nuestra especie evolucionó. Ante él había algo que estaba fuera del alcance de su conocimiento. Aquel objeto metálico esparcido en varios pedazos cambió la estructura de nuestro percepción sobre las cosas. ¿Qué era aquello? Puede que en aquel instante experimentamos por primera vez el miedo, el pánico a lo desconocido.

Se dio la vuelta y comenzó a correr nuevamente hasta que llegó a los primeros refugios donde estaban varios seres de nuestra especie. Comenzó a abrir todos, quitando la capa de vegetación seca que lo cubría. No paraba de correr y emitir un sonido desgarrador, como de alerta.

Nadie quería salir. Unos a otros se miraban, perplejos de lo que estaba sucediendo. El instinto no les alertaba del peligro. Era como si algo empujaba a aquellos pobladores a seguir a aquel loco que corría de un lado a otro en la desconocida oscuridad. A unos escasos 500 metros de allí estaba lo que él les quería enseñar.

Entre todos los pedazos de aquel artefacto metálico, uno destacaba por encima de los demás. Brillaba con la poca luz que las estrellas le daban. Su forma era desconocida para todos. Era un pequeño círculo brillante con varios grabados. Desconcertados, en ese preciso instante todos elevaron su vista al cielo al unísono y comenzaron a hacerse preguntas, antes de empezar a desmayarse por la falta de luz. Era lo que hoy se conoce como: el último mensaje de la humanidad.

La vida de nuestra especie desde ese instante hasta el momento en el que me encontraba había cambiado por completo. Durante todo ese tiempo, nos centramos generación tras generación en descubrir descifrar lo que aquel disco nos quería decir. Muchas preguntas nos acompañaron durante milenios ¿Quiénes eran aquellos seres que estaban grabados en el disco? ¿De donde venían? ¿Podríamos visitarles?

Un día lo conseguimos. Por aquel entonces ya éramos una sociedad con un nivel tecnológico increíble. Habíamos conseguido viajar a otros planetas de nuestro Sistema Solar donde hayamos otras especies muy diferentes a nosotros. En nuestro planeta todo había cambiado. Construimos ciudades, edificios, industria, etc. Nos basamos en gran parte de aquellos conocimientos que conseguimos descifrar de aquel disco, ya muy deteriorado. Todo lo que conocíamos hasta entonces era muy diferente a lo que aquel disco nos mostró. Nuestro sueño era alcanzar aquel planeta donde estaban los humanos y aprender de ellos, poder disfrutar de aquellos paisajes tan hermosos que se contemplaban en aquellas fotografías, tan distintos a los nuestros invadidos por la aridez. No conocíamos el agua y la poca vegetación que había ayudaba a sobrevivir a otras especies no tan dependientes de la luz como nosotros.

En lo demás eramos igual de distintos. Nuestra forma de comunicación se basaba en los gestos y en unos pocos símbolos. No había lenguajes como tal, no podíamos emitir lo sorprendentes sonidos que nos enviaron.

Pero no todo fue bonito en esta historia. Para lograr nuestro objetivo explotamos todos los recursos posibles de nuestro planeta y de los que estaban cerca de nosotros, acabando con muchas especies y usando las más inferiores a nuestro servicio. Dejamos arrasados zonas de nuestro propio mundo haciéndolas inservibles para el futuro. Nos matamos entre las distintas poblaciones por defender aquel disco, llegando a extinguirnos en algunas zonas del planeta. Fueron tiempos de pobreza. A millones de pobladores se les negó la luz enviándoles a las zonas más oscuras del planeta, muriendo en masa. Millones de años por alcanzar un sueño a cualquier precio, incluso a costa de nuestra propia existencia.

Cuando me subía a aquella nave dirección a la Tierra sabía que jamás iba a querer regresar a mi planeta, el cuál se había deteriorado por completo desde el día que aquel disco se presentó ante nuestra especie. En el fondo, muchos pensábamos que lo que nos íbamos a encontrar iba a ser tan maravilloso que quizá todo lo acontecido había merecido la pena. Pero íbamos a ser sólo un centenar los privilegiados en verlo y quizá, quedarnos. El destino de nuestro planeta estaba escrito. Tenía una fecha de fin por nuestra culpa.

Transcurrieron varios años navegando por el espacio a gran velocidad donde vimos cientos de estrellas al borde la de muerte o planetas destruidos.

Pero por fin llegó el momento. Nos acercábamos a una pequeña estrella donde pudimos divisar diminuto punto azul a miles de kilómetros. Era la Tierra. Nuestros mapas indicaban que el nuevo mundo estaba allí, frente a nosotros. El devenir de nuestra especie marcaba como fecha clave el encontrar este mundo y así lo hicimos. El capitán ordenó que las naves no tripuladas avanzaran por delante de nosotros y nos enviaran imágenes a tiempo real de aquello que estábamos a punto de ver con nuestros propios ojos.

Algo parecido a la alegría nos inundaba. El sueño de nuestros ancestros se había cumplido. Pasaríamos a los anales de la historia. Por fin conoceríamos a los humanos y visitaríamos la Tierra, quién sabe si para siempre.

Pero pronto el sueño se transformó en pesadilla. El monitor de una de las naves mostraba imágenes de algo muy distinto. Nos entró terror, pánico. Nada podía haber fallado, estaba claro que estábamos en el destino correcto.

Las primeras imágenes que pudimos ver fueron aterradoras. La nave principal nos mostraba un planeta rodeado de millones y millones de artefactos volando sin sentido alrededor de la Tierra, chocando unos con otros generando infinitos trozos muy similares a aquel artefacto que encontramos hace milenios. El planeta esta completamente rodeado de basura como si de un escudo se tratase.

Otra de las naves nos mostraba la Tierra a escasos metros de la atmósfera. El mar no era azul como creíamos. En muchas zonas su color era prácticamente negro, rojo o verde. La poca tierra que pudimos ver presentaba un aspecto árido, igual que nuestro planeta. Nada de bosques o de algún tipo de vegetación. Los lagos estaban secos y dejaban ver los grandes cráteres formados por algún asteroide.

Cuanto más nos pudimos acercar más pudimos contemplar aquel desastre de magnitud colosal. Billones de toneladas de basura flotando por el mar contaminado formando nuevos continentes, ciudades destruidas por completo , y las grandes columnas de humo emitiendo radiación sin parar era lo único que iluminaba el interior del planeta.

No había rastro de vida. Los humanos habían desaparecido.

Hoy, en nuestro planeta, todo ha cambiado. Aquel tiempo que estuvimos explorando la Tierra muerta nos enseñó a ser una mejor especie. Nos enseñó a convivir junto a nuestro planeta y con las otras especies que vivían con nosotros. Todavía hoy no sabemos si los humanos lograron escapar de aquel infierno en el que habían convertido su propio mundo. Quizá hoy estén en otro lugar pagando los pecados que cometieron. Quizá, por que no, estén preparando un último mensaje para mostrar sus errores al universo.

14 de Julio de 2020 a las 17:27 0 Reporte Insertar Seguir historia
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