kavendish Salva Perez

La vida de una bruja, Alibel, desde su Hungría natal a principios del s.XIV hasta el s.XXI. Al principio de la novela podemos ver como transcurría su vida en un pequeño pueblo húngaro y como su relación con otra mujer la afecta cambiándola y llevándola casi al borde de su propia muerte. Su vida es salvada por el pacto con un Demonio Mayor y, como consecuencia de ello, es enviada a la ciudad de Nueva York, donde trata de retomar su vida, para acabar cometiendo los mismos errores de su pasado. En el camino, cambia la vida de todos aquellos que la rodean e, incluso, sus propias ideas y conceptos sobre los demonios que la acompañaron en su juventud. Demonios, vampiros, Ángeles y humanos se entremezclan en esta novela demostrando que no todos los demonios vienen del Infierno y que las cosas nunca son tan sencillas como desearíamos.


Fantasía Viaje en el tiempo Todo público.

#amorverdadero #hungria #historia #terror #fantasia #viajeeneltiempo #nuevayork #lgtb #vampiros #angeles #demonios #brujas
0
412 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Cada 10 días
tiempo de lectura
AA Compartir

Libro Primero. La Vieja Europa...

Prólogo

- Barro - Dijo suavemente… casi como un susurro.

- Hola, ¿Cómo te llamas? - La pequeña niña se ruborizó -… mis padres no me dejan hablar con extraños.

La joven sonrió.

- No lo sé, pequeña,… mis padres me vendieron antes de que me lo aprendiese… si es que alguna vez lo tuve… puedes ponerme el que tú quieras.

- ¿Quieres jugar conmigo?... Tengo…

- Barro, si estas cubierta de él…

- No se lo digas a mamá, le molesta que me manche.

- No te preocupes, donde vas a ir no necesitarás barro… y tampoco volverás a preocuparte jamás…

Se alejaron por el camino frente a la choza. Las últimas lluvias habían dejado todo destrozado y a duras penas se podía andar entre los charcos y la maleza. Un pequeño hilillo humeante salía de la chimenea que coronaba la destartalada techumbre de paja de la choza, un lugar inhóspito en las cercanías de bosque de Karoskova.

Rondaban las doce y media y una mujer de mediana edad cruzó la puerta de la casa mirando a todos lados. El sol y el trabajo en el campo habían avejado su piel haciéndola parecer bastante más vieja de lo que era. Usaba una falda larga de grueso paño, pues el invierno se acercaba y amenazaba ser terrible.

- ¡Mirzsa!... ¡¿Dónde estás?, No te escondas!… - La mujer se secó las manos en el sucio delantal -... ¡Mirzsa!... ¡La comida esta lista y tu padre volverá pronto del campo!…

Miró alrededor de la entrada, la niña no solía alejarse mucho, y menos con este tiempo, pues los lobos empezaban a bajar de las montañas empujados por las nieves primerizas, y comenzaban a molestar al ganado.

- ¡Mirzsa, Mirzsa, hija mía, ¿Dónde estás?!... ¡¡¡Mirzsaaaa!!!

Libro Primero

La Vieja Europa

Capítulo I

De quienes somos…

En ocasiones se preguntaba cual era su verdadero nombre, el que le pusieron sus padres. Alibel no era, ese se lo puso Fiura, la anciana bruja que la había criado y educado desde que sus padres la vendieron. Era un juego de palabras que la vieja encontró divertido, y más al usar uno de los nombres de Satanás, como era Belial. Además, la traducción en hebreo de aquel nombre era “Inútil”… algo que le repetía en numerosas ocasiones.

A pesar de todo, no le importaba en exceso no tener un verdadero nombre pues algo que si que había aprendido es que conocer el nombre de las cosas te da cierto poder sobre ellas, lo que a la postre le concedía cierta ventaja en su profesión.

Pero no fue un nombre lo único que le dio Fiura. Era una bruja poderosa, muy poderosa, sobre todo en su juventud, y fueron esos conocimientos arcanos los que le proporcionó. Todo a cambio de algo tan simple como su alma.

En otro de sus actos de desprecio solía recordarle que difícilmente perdería el alma con sus acciones, por muy depravados que estos fueran no podía perder algo que no poseía.

- Jamás te preocupes por tu alma, niña inútil – Le decía mientras la vida de sus víctimas se escapaba entre los dedos de la joven Alibel – Viéndote así soy más consciente que fue la oscuridad que me mostraron tus ojos la que me empujó a adoptarte y no las dos sucias monedas de plata que los bastardos de tus padres me exigieron por tu vida… probablemente los encuentres en el Infierno cuando mueras…

Algo que a Alibel nunca le importó.

Según crecía iba aprendiendo el oficio. Preparación de brebajes, rituales para conjuros y maldiciones, invocación de demonios… cada vez más complicados y peligrosos. Alibel se sentía muy cómoda en su nueva vida y, a pesar de las cosas que hacía y veía, su carácter tranquilo no se resentía en absoluto. Nada parecía afectarle realmente y, poco a poco, su corazón se iba hundiendo cada vez más en un pozo tan oscuro como profundo. Si tenía sentimientos, jamás los mostraba.

Sin ninguna empatía hacia nada ni nadie era la bruja perfecta, la anciana lo sabía y hacía uso de ella como le satisfacía. Alibel no se quejaba abiertamente, pero despreciaba a la vieja tanto como al resto de la raza humana. Pensaba en lo que le habían dado y lo poco, por no decir nada, que le debía a ninguno de ellos, ya fuesen sus padres, que la vendieron, o esa vieja, que la trataba como a una esclava.

Así viajaban las dos de pueblo en pueblo vendiendo sus habilidades sin importar nimiedades tales como la moral o la justicia. Gustaba la anciana de proporcionar consejos sobre la gente que las rodeaba, consciente de la indiferencia de su joven pupila.

- No te fíes jamás de nadie, estos bastardos te matarían si pudiesen y el miedo que sienten hacia nosotras no les atenazase… y los peores son los que te piden algo… pues solo lo hacen cuando son conscientes de que Dios jamás les concederá lo que ambicionan…

Siempre escupía cuando nombraba al Creador.

Alibel la miraba con sus enormes ojos grises, fríos como el hielo, y asentía, ni le gustaba la gente ni esa anciana, que olía mal y la trataba peor.

Solo había una cosa que parecía atraer la atención de aquella chiquilla, y era acumular los conocimientos arcanos que pudiese. Era raro no verla trastear por la choza donde vivían con algún viejo tomo de los que la anciana recolectaba y ya había olvidado. Durante las numerosas ausencias de su maestra, que dejaban sola a Alibel en aquella pequeña choza mitad del bosque de Karoskova, ella solo continuaba con sus estudios sin la supervisión de la anciana. A la cabaña, junto a un pequeño lago llamado Tigo, la rodeaba una espesa arboleda en la que prácticamente no entraba el sol y donde los pocos animales que se aventuraban desaparecían en extrañas circunstancias. Disfrutaba de la tranquilidad que le proporcionaba aquel lugar, pero sabía que no se encontraba ni mucho menos sola. Cuando lo cruzaba, sentía como la observaban cientos de ojos que le erizaban el bello y le hacían despertar todos sus instintos salvajes. Al dejarla atrás, comenzaban a bañarla los sonidos típicos del bosque y aquel lugar quedaba como un oasis de pesadilla muda e inquietante.

Si pretendiese llegar a zona poblada debía andar por lo menos medio día y un día entero si pretendía desplazarse al pueblo más cercano, Tiszacran. Era el más importante en toda la Comarca y lugar donde se hallaba el castillo cuyo inquilino contralaba la zona. Algo que hacían por lo menos una vez al mes para abastecerse o proporcionar servicio a sus habitantes… en algunos casos de los más insospechados.

Conforme pasaron los años, y su magia se hacía tanto más poderosa cuanto más oscura se volvía su alma. Era consciente de que solo acompañaba a la anciana por mera inercia, no por necesidad, poco tenía ya que aportarle. Sin embargo, sí que era cada vez más frecuente que debiese remediar algún entuerto que la anciana creaba por su incipiente torpeza.

Los encargos se iban reduciendo y solían acabar en desastre. Los poderes y la cabeza de la vieja se volvían inestables. El hecho de que los solucionase no era por respeto, ni hacia ella ni hacia los detestables clientes, sino por demostrase a sí misma quien era. Se había convertido en una joven hermosa y en una poderosa bruja. Tuvieron que pasar más de veinte años de su vida para que lo vislumbrase entre las tinieblas de su vida y de su alma.

Así llegamos a Junio del año de nuestro señor de 1340. Las batallas entre señores feudales se recrudecían en todas las Comarca y la anciana se lucraba preparando pociones protectoras. Vendía a todos los bandos lo que convertía en inútiles cualesquiera de los brebajes.

- Esos estúpidos nobles y sus estúpidas disputas… pero como no hay bien que por mal no venga esto nos da más libertad de movimiento - Espeto Fiura - y estas monedas nos vendrán muy bien, pues estos bastardos suben los impuestos a costa de sus cuitas.

La única cosa para lo que había quedado la vieja era para dar consejos. Sus conjuros y pócimas fallaban, pero estos seguían siendo útiles. La indiferencia de Alibel hacia la gente no la convertían en una persona muy sociable, no solía hacer uso de sus encantos, y las contadas veces era para actuar con los clientes y parecer menos amenazadora.

- El Conde Tivadar – El dueño de casi toda la Comarca y amigo personal del rey Caroberto I de Hungría, con quien había compartido batallas y juergas - ha vuelto de la guerra contra los Otomanos, y ahora pretende sojuzgar a sus vecinos aplicando sus conocimientos militares… no creo que haya ninguno que merezca algo mejor que eso y mejor sería para todos que se matasen entre ellos… pero así nos quedaríamos sin negocio.

Todo esto llevaba repitiéndoselo Fiura insistentemente, y Alibel se empezaba a aburrir.

- ¡Si, niña!

A pesar de sus veintipocos años seguía tratándola como a una cría y se molestaba cuando Alibel no le prestaba la debida atención, sin embargo continúo.

- … sus soldados no están tan interesados en la lucha… por el pequeño inconveniente de la muerte – Se detuvo un segundo y la miro - … o algo peor como la mutilación. Este pequeño conjuro los protege y es por ello que lo pagan muy bien esos bastardos - La miro otra vez, subiendo la voz dijo – y recuerda, haz tratos solo con demonios menores... ¡Olvídate de los Mayores! Te lo he dicho muchas veces y te lo repetiré… conténtate con esas Súcubos con las que yaces y no vayas más allá.

Alibel miró hacia otro lado mientras pensaba que era una “vieja zorra entrometida”. Se mordió el labio y le contestó.

- Si, señora.

Se repetía tanto que la paciencia de Alibel, en ocasiones infinita, rebosaba a punto de estallar. Ahora mismo solo la observaba mientras realizaba aquel pequeño conjuro. Hacía uso de pequeños diablillos procedentes de los círculos más alejados del infierno, lo que reducía su fuerza y calidad pero no su peligrosidad… como pronto descubriría.

- Si, si, ¡Niña malcriada! deberías mostrarme más respeto… tú no eras más que la mirada lasciva de tu padre cuando yo invocaba seres que helarían el alma de la persona más malvada que puedas conocer…

Se giró molesta hacia ella y uno de sus pies rompió una de las líneas que había trazado en el suelo. La invocación había comenzado y con eso acto lo interrumpía a la mitad. La vieja sabía lo que había hecho. Se detuvo un segundo y miró hacia el suelo mientras asimilaba el error fatal que acababa de cometer.

Alibel sintió como todo se detenía a su alrededor, ruido, viento, respiración, las hojas en el exterior se quedaban suspendidas en el aire como si el tiempo ya no existiese para ellas. Pudo ver como la anciana empezaba a moverse, todo a cámara lenta. El suelo bajo sus pies empezó a vibrar. Era hasta gracioso ver como sus ojos se abrían cada vez más y más junto con su boca mientras trataba de articular un conjuro de protección.

“Si fuera más joven…” ese fue su último pensamiento coherente…

Esos mismos pequeños diablillos que intentaba controlar unos momentos antes con el hechizo, comenzaron a surgir del suelo. Salían por el mismo lugar donde la bruja había roto el símbolo y subían por su pierna, mordisqueando y arañando todo a su paso.

Alibel lo observaba todo, inerte e indiferente a la escena. Una parte de si misma, desde lo profundo de su mente, le decía que podía hacer algo, mientras los ojos de la anciana se posaban en ella suplicantes. Pero duró tan poco que no dio tiempo ni a que se asentase. Solo pudo ver como esos pequeños seres empujaban a la vieja al agujero que ella misma había abierto con su ineptitud.

Forcejeaba inútilmente y gritaba fuerte pidiendo auxilio.

- Ayudaaaah, pequeña bastardaa,…ayudajjj!! – Unos pequeños dientecillos desgarraban la sus carne de sus piernas enrojecidas por la sangre que manchaban el piso - ¡¡¡Perraaa, malcriaadaaa…!!!

Quizás no fuese tan indiferente pues se le escapó una ligera sonrisa.

- Una lección muy importante… - Alibel comenzó a hablar pausadamente - que me enseñaste y repetiste en numerosas ocasiones… es que siempre debes controlar un hechizo, pues este puede volverse contra ti… anciana.

El agujero era muy pequeño, la vieja no pasaría, bueno, era como pasar un huevo por una cerradura…

- ¡¡¡Maldita put..!!!

Sus últimas palabras. La vieja estalló a su alrededor.

- ¡Ooohh!… Maldita sea… ¡Qué asco! - Las manos levantadas, separadas de su cuerpo que estaba cubierto de una masa sanguinolenta… odiaba mancharse y lo hacía demasiado a menudo.

Se quedó pensativa, siendo consciente de que se hallaba en la misma situación que cuando la encontró la anciana… sola y sucia. Al menos podía solucionar lo de la sangre y demás fluidos que la cubrían a ella y a la casa. En cuanto a la soledad, nunca fue algo que le importase demasiado, más cuando vives rodeada de demonios de todo tipo… también humanos.

Así comenzó su nueva vida, pensando que cuando fuese al infierno ya no solo se encontraría con sus padres.

14 de Julio de 2020 a las 12:47 0 Reporte Insertar Seguir historia
1
Leer el siguiente capítulo Un Nuevo Comienzo… y una sorpresa desagradable

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 10 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión