vazquez_eli Elizabeth Vázquez

“El pintor tiene el universo en su mente y en sus manos” Amelia, una actriz de grandes éxitos pero también de grandes vacíos artísticos estaba en busca de un chispazo de inspiración para poder encontrarse de nuevo consigo. En este lienzo en blanco se cuestiona el origen de su existencia ermitaña y más que eso, buscó hacer más que una conexión con el lienzo en blanco que tanto la acechaba.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#vida #Inspicion #pintor #artista #arte
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Una estrella pérdida en el cosmos.

“Las pinturas tienen una vida propia que se deriva del alma de pintor.”


Era un miércoles de lluvia densa, donde las diminutas gotas calaban los huesos hasta tocar los sueños y congelarlos para jamás cumplirlos. El suelo mojado y un pequeño tejado que apaciguaba la lluvia era el escenario perfecto para cualquier chispazo de inspiración, o eso es lo que Amelia envidiaba como artista, pues no encontraba nada en esa lluvia que la ponía de mal humor.

Esa tarde, Amelia había prometido ir a una de esas reuniones de compañeros de trabajo para celebrar el triunfo de su más grande obra, cosa que se negaba a ir desde sus años jóvenes. Pero ahora, la promesa de la mujer se hacía marcar por mucho entre los hombres que iban tras ella desde hace años sin obtener respuesta de Amelia.

“Fiestas, fiestas y demás fiestas. Es lo único que saben hacer.” Decía para sí misma con un asombroso enojo disimulado en una mirada perdida entre la lluvia. ¿Qué más podía hacerle? Su título de actriz no le daba para más que quejarse y sobre todo nadie le haría caso a un mujer que rara vez se le miraba fuera de su la mansión.

Amelia solo hizo una mueca de disgusto con las condiciones climáticas que arruinaban los holanes de su vestido. Ella se arrepentía a cada segundo de espera el haberse comprometido a ir. Sabía perfectamente a que se enfrentaba, quizá era más bien un complot en su contra para encontrar marido o que algún pez gordo la cazaría a ella.

Llegó mostrando silencio, haciéndose desear por los demás. Era una mujer hermosa, con talento para cantar, sin mencionar las grandes obras de pintura y escultura que la mantenían ocupada de tiempo completo.

—¡Bienvenida! —dijo una elegante mujer de apenas poca edad, Amelia la observo y mostró una ligera sonrisa debajo del abanico de plumas bordado en oro que había sido un regalo de un atractivo joyero italiano hace años—. Hace tiempo que no te veía por aquí. ¿Cómo te encuentras? —preguntó para entablar conversación pero la actriz tenía el ligero presentimiento de que solo quería sacar alguna clase de información acerca de su vida personal; ¿Que podía contarles? No era más que una mujer que vivía plenamente sin necesidad de exhibir su vida en público.

Suspiró antes de responder. —Perfectamente bien. Gracias. —se limitó a contestar. Se había enseñado a solo responder deliberadamente a quienes realmente lo merecían.

La joven actriz quedó aturdida ante tal respuesta. Boquiabierta y sin habla. Dejó unos minutos vagos en silencio. —Todo el mundo está sorprendido con tu presencia, Amelia. Será mejor que te relaciones con las demás. Estamos ansiosas de hablar más íntimamente. —insistió la joven de rubios cabellos.

—Solo vine por petición del director. No tengo deseos de hablar con nadie. —contestó Amelia, guardó su abanico y sacó un cigarrillo de su bolso. Lo colocó entre sus labios y lo encendió elegantemente.

—Entonces, ¿no ha venido a celebrar su éxito? —preguntó confundida la joven.

—Dentro de una semana nadie se acordará. Fue inolvidable la grabación pero… jamás me esperé este rotundo éxito. Olvidé por completo cómo celebrar mis logros. —respondió Amelia.

—Pero, hay mucha gente que la admira. ¿Eso no le causa alguna clase de sentimiento?

—Claro que sí causaron emociones en mi pasado. Ahora se convirtió en una puta cualquiera esa admiración. Cualquiera que me conoce se decepciona de mí. No puedes admirar a una mujer hecha mierda.

La joven actriz apretó el puño pero no hizo nada. Era imposible esa mujer, nadie podía tratar con ella. Jamás volvería verla con la misma admiración, se decepcionó tal como Amelia había dicho.

Amelia miró con ternura como las ilusiones de la joven se despedazaban ante sus ojos y no pudo hacer más que voltear la mirada en otra dirección. Su cigarrillo estaba en las últimas. Tiró la colilla en una maceta y caminó sin dirección alguna, quizá donde no pudiera ver a aquella joven de preguntas tontas.

Todo era cruelmente aburrido en aquella reunión y Amelia suplicaba al cielo poder encontrarse de nuevo con la joven de cabellera rizada aunque sea para responder sus preguntas sin pies ni cabeza.

—Realmente creo que estás en un error. Llegaste tan lejos, eres magnifica y aun así dices que no sabes celebrar tus triunfos, ¿Qué clase de artista eres? —su voz hizo un eco de alerta en la mente de Amelia quien la esperaba.

—Soy un artista como todos. Cada quien obtiene su dosis de auto desprecio, insatisfacción, perdición y locura; es algo que tú como espectador no puedes ver ni vivirlo.

—Es que no logro comprenderlo todavía. —la desesperación de la rubia era tenaz a tal grado de desear desaparecer de ahí.

—No trates de comprenderlo. Solo intenta vivir ese sentimiento: la insatisfacción del artista. —fueron las últimas palabras de Amelia. Dejó a la joven sin habla y sin esperanza que era lo peor que puede perder un artista.

De vuelta en su casa, Amelia encendió otro cigarro y en su estudio de arte se sentó en un banco alto frente a un lienzo en blanco. Estaba perdida en ese cruel blanco que la agobiaba cruelmente hasta sentirse una estrella solitaria en el cosmos. Suspiró hondo. Tiró su cigarro aun encendido al suelo y sintió unas profundas ganas de sentir el lienzo, quizá provocarle un orgasmo con sus dedos.

—¿Qué harás, Amelia? —preguntó la joven rubia de nuevo. Amelia no respondió. Continúo tocando al lienzo buscando un indicio de inspiración para llenar su vacío. Sintió un placer tan profundo como si el lienzo y ella se unieran en una sola pintura. Se despojó de su vestido quedando desnuda completamente. Ahí, solo en ese momento comprendió una sola cosa. Se sentía una estrella solitaria en el cosmos, justo ahí era el inicio del mundo. Un nuevo comienzo. Un nuevo lienzo. Una nueva historia.

Había una simetría perfecta en su cuerpo, pero había una parte que realmente necesitaba pintar para complacerse a sí misma como artista. Tomó un espejo entre sus piernas y observó su casi esquelético cuerpo a tal punto de enamorarse de nuevo. Sus pinceladas eran perfectas, sus trazos irreales y su satisfacción estaba casi completa.

14 de Julio de 2020 a las 01:44 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Elizabeth Vázquez ¿Cómo están? Mi nombre es Elizabeth Vázquez y soy profesora de diseño de modas. Tengo 20 años y aquí estoy aprendiendo como ser una escritora y poeta. •Visita mi perfil de instagram, hay cosas sorprendentes ahi• IG: elivzquz_

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N.V. Scuderi N.V. Scuderi
¡Qué buen relato, Eli-chan! :D

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