davorka1507 Davorka Pesusiç

Hay tres verdades irrefutables en esta vida mía: La Primera. Lo rápido que una niña puede llegar a perder la inocencia es sumamente escalofriante. La Segunda. El instinto de sobrevivencia es real. Y si te dice “mantén tu cabeza baja y tu boca cerrada” Hazle caso. La Tercera. La Atlántida existe. Sí, la misma ciudad que Platón describió como verídica con tanto ahínco es completamente real y tangible. Dorada. Fría. Mortal.


Fantasía Épico Sólo para mayores de 18.

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Introducción

Al principio de los tiempos, solo hubo Caos.

Cuentan que, de esa oscuridad surgió Gea, la Madre Tierra y, junto con otros dioses primordiales, ordenaron el Cosmos y gobernaron incluso en lo ingobernable.

La Madre Tierra y Caos por mucho tiempo, fueron dos amantes platónicos: se seducían con cumplidos esquivos, aunque fueron incapaces de tocarse, pues Gea debía ser intocable.

Después, ella misma concibió a Urano: el dios primordial de la Bóveda Celeste con quien engendró a los doce grandes Titanes. El más pequeño de éstos, Cronos, creció para derrotar a su padre y así, la Era de los Titanes se alzó.

Cronos se unió con su hermana titánide, Rea, con quien concibió a los dioses principales: Zeus, Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera.

El Titán, guiado por una profecía, devoró a sus hijos con miedo a que éstos lo derrocarían algún día como él hizo con Urano.

Zeus, ayudado y protegido por Gea, logró engañar a su padre y así, crecer para vencer al titán y liberar a sus hermanos.

Y es entonces, que la Era de los Dioses del Olimpo se alzó.

Cuando el hijo derrocó al padre y creció para convertirse en él.

El ciclo perenne.

Ahora, no todos los hijos son capaces de cumplir con el ciclo; con la profecía que cada determinado tiempo debe mostrarse.

Y es por esto, que cuando los dioses aún caminaban sobre Gea y los mortales aún sacrificaban en su nombre, existió un imperio, creado del mismo romance entre Poseidón y una mortal: Clito.

Un imperio que fue moldeado por el mismo Dios de los Mares. Ahí, los cinco pares de gemelos que tuvieron los amantes gobernaron sobre esta isla y conquistaron tierras inimaginables en nombre del oceáno.

La Atlántida.

Las diez familias gobernaron, con su respectiva descendencia, en cada área de la ciudad dorada. Incluso dicen que domaron los mares y subyugaron a imperios enteros. Su alcance fue tan legendario por muchas generaciones que incluso, eran temidos por los mismos dioses.

Algunos veían en este nuevo imperio con sus respectivos héroes, el futuro orden del Olimpo. El nuevo ciclo que los oráculos le habían advertido a Hades y sus hermanos.

Los dioses cuestionaban la debilidad de Zeus por no subyugar la posible rebelión de los hijos de Poseidó mucho antes de que pasara. Y el Dios de los Mares estaba tan embelesado con su amante mortal que no reparaba en los susurros que comenzaron a resonar dentro del Olimpo.

Zeus puso como advertencia, un trato de que los atlantes podían conquistar cualquier imperio que no sirviera al Olimpo.

No deberían levantar una espada o arco contra su misma sangre, nunca.

Pronto, los atlantes tuvieron que dejar ir las ciudades helenas ya conquistadas con recelo, aunque incluso más adelante conquistarían más tierras forasteras que incluso Alejandro Magno lo haría algún día.

Una vez que ya no había más tierras que conquistar, los atlantes se volvieron soberbios y su ciudad se volvió corrupta; llena de complots internos mientras que las familias se pusieron unas contra otras, en busca del poder sobre las tierras conquistadas.

Una idea que sirvió para unir a los descendientes de Poseidón una vez más, comenzó a escucharse sobre las calles pavimentadas del gran imperio hasta llegar a los oídos de los nobles: El Monte Olimpo.

Ahora, los atlantes sabían, por previas exploraciones, que el Monte Olimpo se encontraba mucho más al norte de Atenas. Pero, si iban en busca de dicho objetivo, les era imposible pasar con una flota de semejantes magnitudes sin ser avistados por algún vigía de la ciudad ateniense.

Había rumores de que en esta ciudad, existía una entrada al hogar de los dioses creada por el mismísimo Zeus para una de sus amantes, quien, lo visitaba cada tres semanas en sus aposentos sin que Hera supiese.

Era un portal de magnitudes colosales, justo debajo de la misma Acrópolis, donde podía pasar un ejército entero y que daría al cuarto mismo del Dios del Trueno.

Y así mismo, guiados por su soberbia y su ingenuidad, los atlantes atacaron Atenas pero fueron derrotados a los primeros dos días.

Cuando la flota llegó, los atenienses los esperaban acompañados de los mismísimos dioses, y de criaturas y monstruos que servían a estas deidades: cíclopes, minotauros, toda clase de siervos listos para pelear…

Fue una masacre.

Los atlantes huyeron completamente destrozados, llevando las terribles noticias a las diez familias: el acuerdo con Zeus se había roto. Los dioses estaban enfurecidos.

Zeus encerró a su hermano Poseidón para que no interviniera y, con ayuda de Hades y Hera, enviaron a un traidor atlante a asesinar a Clito, con la promesa de que éste se salvaría de la condena eterna si le quitaba la vida a la amante del dios.

Los dioses le mintieron entonces a Poseidón, quien aún se encontraba prisionero: le dijeron que las "Diez Grandes" habían asesinado a Clito para obtener el trono y poder conseguir la inmortalidad que se le otorgó a su mujer.

Su rabia fue tanta, que decidió unirse a sus hermanos. Juntos, con ayuda del mismo Dios de los Mares mandaron una calamidad hacia el imperio atlante, una vez utópico y alabado por todos.

El evento sucedió tres días después del ataque a Atenas.

La ciudad aún lloraba por su emperatriz madre: la reina Clito, cuando, sobre la bóveda celeste, apareció un relámpago al atardecer, sin ninguna nube que lo originara. Le siguió una tormenta devastadora.

Los mares comenzaron a agitarse y arrasar con fuerza las paredes amuralladas de la ciudad.

De sus profundidades surgieron monstruos que engulleron y atacaron a cientos de soldados atlantes: primero llegaron las sirenas; luego, el monstruo marino Ceto devoró a todo aquel hombre que estuviera cerca del mar, las Furias llegaron después y destruyeron todo a su alcance, pues Gea también estaba furiosa de la subordinación de los atlantes.

La ciudad soportó junto con sus héroes por días, aún cuando los monstruos salían del agua y del cielo cada noche y cada mañana.

Todo empeoró cuando los dioses enviaron a Caribdis y Escila.

Los dos monstruos marinos no tuvieron piedad con los habitantes. Mientras que Escila asesinó a cualquier mortal que se le apareciera delante de ella o de sus seis cabezas; Caribdis, el monstruo marino que alguna vez fue una bella ninfa, hija de Poseidón, engulló y engulló hasta que de los mares bajo la isla se formó un remolino del mismo tamaño que la Atlántida y, sin piedad alguna, arrastró en un torbellino entre sus fauces a la mítica ciudad atlante.

Pero Caribdis no los destruyó.

Los dioses le habían ordenado previamente, llevarlos a las profundidades del océano, en un lugar cerca del palacio mismo de Poseidón.

Este limbo se encontraba suspendido en el tiempo mismo.

Su presencia misma parecía ser la Tierra aunque no lo era. No existía el Sol pero existía un mar. No existía el viento pero sí existía el frío.

Había otro tipo de criaturas en lugar de peces. Otro tipo de monstruos en lugar de humanos. Otro tipo de vida que la superficie desconocía.

Los pocos sobrevivientes del imperio junto con su ciudad en ruinas, fueron dejados en ese limbo. Las diez familias (o los miembros que quedaron de ellas) seguirían gobernando sobre la Atlántida. Ellos nunca envejecerían, pues tendrían que cumplir una condena doble en nombre de su gente, con la esperanza de que los Dioses, algún día, los perdonaran.

Pasaron unos mil años antes de que Poseidón se apiadara de sus hijos y les diera la luz con ayuda de Prometeo y Hefesto. No fue una luz cálida como Helios pues Zeus le negó la petición a su hermano. Así que crearon una esfera que irradiaba una luz azulina clara que apenas calentaba.

Como regalo propio, aunque oculto para los demás en el Olimpo, Poseidón les obsequió un mapa para subir a la superficie aunque con dos condiciones: no podían tocar tierra firme, ya que ellos ya no pertenecían a la superficie; y el camino hacia el mundo mortal estaría cubierto de varios peligros que no muchos se arriesgarían a enfrentar solo para ver desde lejos la raza a la que alguna vez pertenecieron.

Poseidón creyó que, con este regalo, entenderían las decisiones que debían tomar para así recibir el perdón de las deidades y poder volver a la superficie.

De eso, hace más de 10 mil años atrás.

Y así, la gente rumoreó sobre la desaparición de la ciudad aunque, guiada por los dioses, escribieron poco de ella por temor a recibir el mismo destino al hablar de un imperio que amenazó la fuerza de Zeus.

La Atlántida se convirtió en tema de algunas pocas historias, que luego se convirtieron en leyendas que luego, se convirtieron en mitos.

Esta ciudad debía crecer para ser el hijo que derrocaría al padre, para luego, convertirse en éste mismo. ¿Cómo los Dioses lograron evitar el destino que hasta para ellos era claro?

La historia se perdió en la historia misma.

Pero nunca nadie en verdad olvida, mucho menos cuando tu lado es el que ha sido atormentado por miles de años.

15 de Julio de 2020 a las 20:31 0 Reporte Insertar Seguir historia
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