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osodeanteojos Claudia Delgado

Amy es una niña de siete años que vive aburrida en un edificio de una gran ciudad con sus ocupados padres. Un día, al mirar por la ventana de su habitación, ve pasar un hermoso globo que no podrá olvidar.


Infantil Todo público.

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Amy, la niña de los globos


Amy tiene siete años y vive con sus padres en un edificio muy, muy, grande en el centro de una ciudad.


Todos los vecinos del edificio reconocen a Amy porque sus gritos comienzan temprano en la mañana y terminan muy, muy, tarde.


Amy se enfada por todo. Ella no quiere despertarse temprano, no quiere tomar desayuno, se niega a lavarse los dientes y ni qué decir sobre ir a la escuela. Todo, absolutamente todo, le resulta muy aburrido. Por eso, cuando un virus llegó a su ciudad, su aburrimiento creció y creció.


Amy ya no puede salir de casa para ir a jugar al parque ni a comprar algún dulce a la tienda. -"Salir es peligroso para los niños", escucha en las noticias de la televisión. Por ello, sus padres se han encargado de darle todo lo que necesita, pero su aburrimiento crece cada día más.


Un día, Amy observa por la ventana de su departamento, un globo que vuela guiado por el viento de la tarde.


Sin dudarlo, Amy, lanzando un gran grito, llama a su mamá.


-¡Mamaaaaaaaaá! ¡Mira ese globo que pasó volando! ¿Lo viste? ¡Lo quiero! ¡Lo necesitoooo! ¡Mamaaaaaaaaaá! ¡Hazme caso!


La madre, sin prestarle mucha atención y prácticamente sin despegar la mirada de su celular, responde:


-Ya Amy, vamos a buscarte un globo así. Ahora termina tu tarea y no te distraigas.


Amy no podía concentrarse en sus libros ni en sus lecciones online. Simplemente no podía dejar de pensar en ese hermoso globo que pasó muy cerca al edificio. Esa noche, antes de dormir, le dijo a su papá:


-Pá, tengo que tener ese globo que hoy pasó por mi ventana. Es hermoso. ¿Van a conseguirme uno, no? ¡Lo necesito!


-Está bien, cuando acabe toda esta locura, prometo buscarte un globo tan lindo como el que viste pasar.


-¿Qué? Nooooooo, yo quiero el globo cuanto antes. Es hermoso. ¡Tenías que verlo! Tiene todos los colores del arcoíris, brilla tanto, tanto y creo que lleva pica pica en su interior. Mamá tampoco lo vio, cuando le dije, miró a la ventana distraída. Nunca me hace caso. ¿Papá? ¡Papaaaaaaaaaaaá! No te duermas, escúchame. Te digo que el globo era hermoso y quiero tenerlo.


-Ya hija, mañana buscaré por internet a ver si encuentro ese globo. Estoy cansado, duérmete ya, por favor. Vas a despertar a todos los vecinos con tus gritos. Ya casi son las once de la noche. Duerme, Amy.


Esa noche, Amy soñó con el hermoso globo que tendría al día siguiente. Recordó los colores y el suave movimiento del plástico al deslizarse lentamente por el cielo gris de la ciudad.


Al día siguiente, Amy se despertó más temprano que nunca. Fue corriendo al cuarto de sus padres y los encontró dormidos.


De un grito, los despertó.


-¡¡¡¡¡¿Ya?!!!!! ¿Pidieron el globo? ¿Papá?, ¿Mamá? ¿A qué hora traen el globo?


Los padres, aún dormidos, desearon -más que nunca- que Amy se callara y le dijeron que ese mismo día llegarían los globos a casa.


Y así fue. A lo largo del día, varias empresas de globos llegaron a entregarle una infinidad de colores y modelos a la pequeña Amy.


-No, no, no , no. ¡Ninguno es como el globo que vi pasar por la ventana!

¿Papá?, ¿Mamá? No es posible, estos globos son horribles. No es el globo que yo quiero. ¡Consigan el globo que yo quiero! Ya les dije cómo es.


Amy se encierra en el baño de su habitación y llora tanto, tanto que su cabeza, extrañamente, comienza a crecer y crecer. De pronto, Amy observa en el espejo cómo su cabeza se va convirtiendo en un globo enorme, con todos los colores que ella conoce y con un brillo indescriptible. Sí, es un globo exactamente como el que ella vio volando sobre la ciudad gris.


Amy, finalmente, deja de llorar. Se seca las lágrimas y, al verse en el espejo, se siente extrañamente feliz de tener el globo que tanto quería. Sale del baño y va a la sala. Sus padres se encuentran ocupados, trabajando desde sus computadoras.


La mamá de Amy tiene puestos unos grandes audífonos y está en medio de una videollamada.


-Papi, mami... miren, ya encontré el globo que quería. Miren los colores, el brillo... es todo lo que necesitaba. Me siento muy feliz. Miren, miren...


-Qué bueno, hijita.Te dije que lo conseguiríamos. Ahora estarás más tranquila.- dijo el padre, sin levantar la mirada de la pantalla de su laptop.


Amy bajo lentamente la mirada y, en silencio, se fue a su habitación para mirar el cielo gris desde la ventana del edificio.


...

13 de Julio de 2020 a las 23:52 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Claudia Delgado Periodista. Me interesa la literatura infantil y actualmente escribo una tesis sobre poesía documental.

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