wtfhoney Honey D.M.

Para la excursión de final de semestre, la facultad de ciencias biológicas va a un campamento. Taehyung odia el exterior, pero no sabe cómo decirle que no a Jungkook.


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

#btsfanfic #vkook #taekook #kookv #kooktae
Cuento corto
83
1.2mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

PARTE ÚNICA

Aquel día había amanecido despejado.


Los estudiantes de la SNU caminaban bajo el potente sol en dirección al área de camping, cargando congeladoras y tiendas, con la disposición de dar inicio a la excursión de fin de semestre. Tras acabar los exámenes y recaudar suficiente dinero, se hallaban más que emocionados por poder hacer un viaje que pudiera desconectarlos de sus responsabilidades diarias y finalmente relajarse con comida y cervezas.


El área de camping en el distrito de Gangdong había estado ofreciendo recientemente un paquete de dos noches, que los estudiantes no dudaron en tomar, sobre todo considerando que era de las pocas ofertas dentro de su presupuesto.


El campamento era grande y apenas fueron adentrándose a la zona, la multitud de gente fue visible. Niños que corrían por los pastos, mientras que otros se escabullían entre risas por en medio del grupo de estudiantes.


Lo primero que capturó los ojos de la mayoría, sin embargo, fueron las parrillas, que estaban disponibles para el uso de los campistas, y que se hallaban siendo utilizadas por la mayoría, para deliciosos trozos de carne asada y suave chuleta, que hizo agua la boca de cada uno de los de la SNU.


Taehyung estaba odiando cada segundo de aquella tortuosa excursión.


La facultad de ciencias biológicas había hecho votaciones para decidir qué harían al finalizar el semestre. Un parque de diversiones sonaba bien. Le gustaban los juegos de las tazitas y también el carrusel era algo que siempre disfrutaba cuando acompañaba a sus hermanos pequeños al parque. Además de que en el último mes habían anunciado un nuevo local de comida al interior, donde ofrecían pizzas de chocolate, que él realmente necesitaba probar.


No había esperado que el resto de sus compañeros lo apuñalara por la espalda, votando por ir de campamento, como si aquello siquiera pudiera ser considerado como una buena idea.


Lo que no era. Porque el sol estaba pegando fuerte y a pesar de todas las capas de protector solar que cubrían a Taehyung y el sombrero que le había robado a su madre aquella mañana, sabía que d todos modos acabaría por quemarse.


Sin mencionar lo incómodo que sería dormir en el piso, en medio de miles de árboles y arbustos que potencialmente le generarían alergia. Dios, ni siquiera quería ponerse a pensar en los cientos, miles de insectos que estarían esperando por atacarlo en aquel lugar. Su piel estaría roja, quemada, hinchada y con picadura cuando acabara la excursión, y no podría ver a nadie a la cara por al menos una semana hasta que se recuperara en base a cremas y mucha, mucha Aloe Vera.


No debió haber venido. A él no le importaba que usaran su parte del dinero si querían, con tal de que no tuviera que sufrir estas atrocidades. En realidad, el dinero era el menor de sus problemas. Su madre no lo habría culpado por perderlo o malgastarlo. Taehyung había tenido la oportunidad justo en sus manos para faltar a la excursión y quedarse en casa, leyendo la nueva saga de Yoshida y comiendo sus deliciosos alfajores dietéticos.


Pero maldito sea, Taehyung era débil, y no había dudado ni por un segundo en aceptar, cuando Jungkook le ofreció compartir una tienda en el campamento.


Él quería pensar que era mejor que eso, pero la verdad sea dicha, no lo era. Taehyung era tan simple y fácil, que Jungkook podría plantearle asesinar a un hombre y Taehyung pensaría que es una buena idea.


Exhaló profundo, admitiendo que estaba mayormente condenado. Su cuerpo se tensó casi de manera instantánea cuando una mano acarició la suya y luego se posó sobre su brazo.


—Hey.


Taehyung volteó, y a pesar de que reconoció la voz en aquel mismo instante, no puede evitar que sus vellos se ericen cuando su mirada cae en Jungkook.


ÉL se veía… peligrosamente etéreo. Piel besada por el sol, con tanta melanina, que parecía brillar bajos los rayos. Es casi como si Jungkook hubiera nacido para ello, para camuflarse con el la naturaleza, el cielo y la suave, casi imperceptible brisa que sacudía los bordes del sombrero de Taehyung. A veces se cuestionaba si no estaba realmente alucinando, si Jungkook no era más que una imagen de perfección generada en su cerebro, por la falta de hidratación.


Qué fastidio…


—¿Estás cansado? ¿Te ayudo con la congeladora?— le preguntó suavemente, extendiendo su brazo para quitarle la congeladora de las manos. Taehyung sacudió la cabeza, afianzando su agarre en el mango.


—No te preocupes, estoy bien… Además, ya estás cargando demasiado— respondió, señalando su bolso en la espalda y la caña de pescar que se había ofrecido llevarle a una de sus compañeras. Jungkook encogió los hombros.


—Puedo tomarlo, hice pesas como parte de los cursos deportivos del semestre— dijo con una sonrisa orgullosa. Taehyung volcó los ojos, intentando aparentar molestia. Molestia, cuando se había pasado todo el semestre afuera del gimnasio, esforzándose por mantener la baba dentro de su boca, cada vez que Jungkook levantaba una pesa y los músculos se marcaban bajo su camisa.


—¿Estás presumiendo?


—Tal vez… Jamás tendré el talento para acertar con un arco y flecha, pero al menos puedo ayudarte con la congeladora— respondió nuevamente abriendo su mano para aceptarla. Taehyung vio la palma expuesta, los dedos esculpidos por los dioses acompañándola, y nuevamente el aterrador sentimiento de querer entrelazarlos con los suyos.


Jungkook y Taehyung se conocieron pocos meses luego de iniciar la universidad. Jungkook era refrescante a primera vista, con una sonrisa contagiosa y amable, por la que la gente no tardaba en caer enamorada. Siempre dispuesto a ayudar y tan sociable, que Taehyung jamás podría sentirse levemente identificado. Para Taehyung, Jungkook era como el agua. Agua cuyo patrón le resultaba imposible de entender, pero que fluía de una manera natural, como si… él simplemente perteneciera al mundo.


Durante el primer congreso científico al que Taehyung asistió, llegó a su conocimiento la participación de Jungkook en la asociación de ciencias, la cual se ocupó de organizar las charlas que se llevaron a cabo en su facultad.


Por ese entonces solamente sabía de su existencia como un mero compañero de carrera. Taehyung era lo suficientemente inteligente como para recordar un nombre, lo que no era la gran cosa honestamente.


Ese mismo día Jungkook se acercó a él, cuando finalizó la jornada.


—Taeyong ¿cierto?— le llamó, con una sonrisa agradable y capaz de enceguecer a cualquiera en un radio de 2 kilómetros a la redonda. Taehyung sostuvo su cuaderno de apuntes contra su pecho, con una ceja alzada con sospecha.


—Taehyung— lo corrigió. Jungkook murmuró un “ah” y sacudió su dedo índice, en un gesto de que procuraría recordarlo—. ¿Sucede algo?


—He visto que tomaste anotaciones de las charlas. ¿Te importaría si les echo un vistazo?


Taehyung asintió antes de entregarle el cuaderno. Los dedos de Jungkook rozaron los suyos al recibirlo.


—¿Te gusta Van Gogh?— dijo al ver el diseño de la portada. Taehyung dio otro leve asentimiento. Lo hacía. Su padre acostumbraba visitar museos con Taehyung cuando era pequeño. Su interés en el arte era básicamente hereditario.


—¿A ti también te gusta?— se halló a sí mismo preguntando. Jungkook encogió los hombros.


—Sí. Es lindo. Aunque realmente no conozco tanto— se sinceró, rascando el lóbulo de su oreja—. Aunque los colores son bonitos.


Observó a Jungkook pasar las páginas con una expresión pensativa. El cabello castaño caía sobre su frente, de una manera delicada, cada fibra delgada y de aspecto terso. Taehyung no poseía un cabello de comercial de champú, por lo que necesitaba tratarlo con productor para que se mantuviera sano.


—Disculpa, ¿está bien si les saco fotocopia a tus apuntes?— rompió el silencio Jungkook. Taehyung lo miró. Le sorprendía la confianza que tenía para dirigirse hacia alguien que acababa de conocer. Taehyung jamás podría tener eso.


—Seguro…


Caminaron hacia la biblioteca, donde la facultad mantenía una de las fotocopiadoras. Jungkook le habló del congreso, de lo difícil que había sido organizarlo para poder realizarlo a tiempo, de contactarse con las personas que dirigieron las charlas. Jungkook se había unido a la asociación el segundo de día de clases, antes de que siquiera iniciaran las inscripciones. Se había amistado con su padrino de carrera, quien se había dedico a enseñarle la facultad y quien ocurrentemente era parte de la asociación.


—Suena genial— comentó Taehyung, ante el vómito verbal de su compañero. Jungkook concordó con él, abriéndole la puerta de la biblioteca para que entrara primero.


Fotocopiaron los apuntes de Taehyung, mientras Jungkook le relataba ahora del curso deportivo al que pensaba en inscribirse el próximo semestre.


—En realidad sólo lo he visto por televisión… Ya sabes, en Arrow y Los Vengadores. Ellos se ven cool haciéndolo.


—No es realmente complicado. Solamente se trata de disciplina— respondió Taehyung, luciendo mayormente indiferente. Jungkook se detuvo a verle boquiabierto.


—¿Practicas tiro con arco?


—Yo… Sí— dijo sonrosado. No había previsto la expresión asombrada de Jungkook, ni su repentino interés—. Desde que era pequeño… Mis padres intentaron que estudiara esgrima, pero… no me agrada la idea de luchar contra otra persona.


—Taehyung-ah, eres muy cool, pero intentas esconderlo, huh— bromeó, a lo que Taehyung no pudo reprimir una sonrisa.


Cool no habría sido la palabra que utilizarían sus amigos del colegio para describirlo, ni siquiera Jimin, quien era su amistad más cercana. Escuchar la palabra para referirse a él por primera vez, hizo sus interiores removerse de una forma graciosa.


Jungkook recogió las fotocopias y le entregó el cuaderno a Taehyung, acompañado de un educado “gracias”. Sin estar demasiado seguro sobre qué hacer desde ahí en adelante. Jungkook por supuesto que era agradable, simpático y de sangre liviana. No obstante, Taehyung no era tan ingenuo como para pensar que el castaño no se había comportado con una amabilidad básica a quien le había pedido sus apuntes.


Por lo que lo lógico para Taehyung fue despedirse, musitar un “hasta luego” que sabía que eventualmente se tornaría en un “hasta siempre”. Se sobresaltó cuando la mano de Jungkook sostuvo su brazo antes de que pudiera irse.


—Me preguntaba si…— Taehyung le miró con curiosidad y Jungkook soltó su brazo al darse cuenta de que aún le retenía en su sitio—, si tienes planeado tomar tiro con arco como curso formativo para el próximo semestre… Sé que eres un experto, así que probablemente no vas a-


—Sí— dijo Taehyung. Un tanto desconcertado por la pregunta. ¿Estaba siendo amable todavía?—. Me gusta tiro con arco. Pienso en sacar un sobresaliente, para que me consideren para las olimpiadas de fin de año.


Jungkook parpadeó y tras unos segundos una risa ligera brotó de su garganta. —Tienes todo calculado ¿no es así?


Sí. Lo tenía. Para Taehyung ser organizado era una prioridad, incluyendo su vida universitaria.


—Te veo alrededor entonces— se despidió Jungkook, como si estuviera permitiéndole irse si así lo deseaba. Taehyung consideró el quedarse a charlar con él, pero si era honesto consigo mismo, no tenía muchas cosas interesantes que contar.


Con un gesto de despedida se retiró de la biblioteca y se encaminó a su próxima clase.


***


—¿En qué piensas?— Taehyung giró su cabeza hacia su derecha, topándose con la sonrisa radiante de Jungkook.


—En lo mucho que quiero estar en mi casa ahora…


—Ohh, no seas aburrido— arrulló Jungkook, luciendo más que nada entretenido con la cara disgustada de Taehyung—. Vamos a comer chuletas y a beber ¿sí?


—No bebo cerveza— musitó Taehyung.


—Por eso traje brandy— dijo Jungkook con los labios abultados, señalando la congeladora que Taehyung cargaba—. Brandy y una mezcla de Cosmopolitan sin alcohol— añadió. Taehyung se volteó hacia Jungkook de nuevo, desviando la mirada cuando Jungkook le observó de vuelta.


¿Por qué haces tan difícil esto de no amarte, Jeon Jungkook?


—Genial— dijo en su lugar, queriendo hundir su cabeza en la tierra.


Siguieron al resto del curso hacia el interior del área de camping. La líder del paseo insistiendo en que más adelante había una zona en la que definitivamente debían instalarse.


—Puedes escuchar el arroyo desde aquí— alegó guiando al grupo. Los demás concordaron. Taehyung solamente quería llegar pronto, para acabar con esta tortura de una vez por todas.


***


Taehyung no sabía instalar una tienda, lo que no era realmente sorprendente.


Jungkook tuvo que ayudarle, pero tampoco se quejó al hacerlo, lo que tampoco era sorprendente.


Jungkook ayudaba siempre que podía, razón por la cual cuando instaló la tienda que Taehyung y él compartirían, se dedicó a instalar otras tres tiendas más. Taehyung mientras tanto se ocupó de guardar sus bolsos en el interior y de revisar que las cosas en la congeladora continuaran en buen estado.


En efecto, había brandy y una botella de mezcla dulce. Taehyung admiraba lo atento que era Jungkook y lo poco que el contrario le daba importancia. Aparentemente era parte de su naturaleza ser generoso, deferente y tan increíblemente cuidadoso con el resto de las personas que podía ser descrito como un ángel.


Desconocía el motivo de por qué Jungkook se le había pegado al costado desde que lo conoció aquel día en el congreso. A veces dudaba sobre si había sido él mismo sin darse cuenta quien había perseguido a Jungkook como un cachorro perdido; esperaba que no fuera así, odiaría ser una carga para Jungkook.


—Bien, ¿qué quieres hacer primero?— exclamó Jungkook llegando a su lado. Taehyung se cruzó de brazos, empezando a oír el zumbido de los mosquitos.


—Creo que sólo me quedaré a leer un libro.


—¿Un libro? Vamos, TaeTae— rió sacudiendo su brazo. Sólo Dios sabía las cientos de mariposas que revoloteaban en su estómago cuando lo llamaba por ese tonto apodo—. Vinimos aquí para divertirnos. No tenemos que hacer algo tan impactante. Sólo caminar está bien.


Condenado sea. Si alguna vez en su vida pudiera decirle que no a Jungkook, en realidad sería sorprendente. —Sí, caminar está bien.


El brazo de Jungkook rodeó sus hombros, y Taehyung luchó contra sus propios músculos para no tensarse y ser tan dolorosamente obvio.


El lugar era verdaderamente precioso. Los árboles generaban una sombra que la piel de Taehyung ciertamente agradecía, además de pender un aroma agradable en el aire, que le recordaba a la colonia que Jungkook usaba de vez en cuando. Atravesaron la zona ocupada por tiendas y se detuvieron al encontrarse con una de sus compañeras.


—¿Adónde van?— dijo animada. Yongsun había sido otra integrante en el curso formativo de tiro con arco, y acorde al ojo de Taehyung, era realmente buena arquera, incluso sin una formación.


—Sólo caminamos— respondió Taehyung. Ella era una de las pocas personas, aparte de Jungkook, con quien se sentía lo suficientemente cómodo como para entablar una conversación.


—¿Les molesta si me uno a ustedes? Quiero recorrer el lugar pero me da miedo perderme.


—Claro— aceptó, sin preocuparse en preguntarle a Jungkook. A él probablemente no le importaría, nunca lo hacía.


Yongsun les agradeció efusivamente, su sonrisa grande y contagiosa haciendo a Taehyung sonreír un poquito también.


Ellos hicieron comentarios del sitio, a los que Taehyung no podía estar de acuerdo de corazón, sobre todo considerando que no había querido venir en primer lugar. El zumbido de los mosquitos lo mantendría despierto toda la noche. Ni siquiera había traído su máscara facial.


El sonido de los arroyo se fue haciendo más cercano conforme se alejaban del área de camping. Yongsun señaló una gran roca a la distancia y le entregó su teléfono a Taehyung, pidiéndole que le tomara una fotografía.


Ella se subió a la roca haciendo una pose que le recordaba a la modelo de una revista. Después de una pequeña sesión, Yongsun les preguntó si no querían una fotografía también. Taehyung sacudió la cabeza. Él no era exactamente fotogénico.


—¡Ah, las chicas me están llamando!— exclamó Yongsun cuando su teléfono sonó en la mano de Taehyung—. Prometí preparar las ensaladas para el almuerzo. ¿Los veo luego?


Taehyung asintió y Yongsun hizo un último gesto de despedida antes de echarse a correr en dirección contraria a su camino.


El sonido bajo de un “click” llamó su atención y apenas volteó hacia Jungkook, fue encontrado con la cámara frontal de su móvil abierta.


—¿Qué haces?— dijo cuando Jungkook se enfocó en la pantalla.


—Una foto. Ven, tómate una conmigo.


—Sabes que detesto las fotos.


—Vamos— Jungkook insistió, empujando su hombro contra el suyo de manera juguetona—. Será para mi colección privada, lo prometo.


Taehyung entrecerró los ojos y se encontró a sí mismo incapaz de siquiera sospechar de sus palabras. Amar a Jungkook sí lo había hecho así de ingenuo ¿verdad?


—Bien— musitó. Apoyó ambas manos en el hombro ajeno y se inclinó hacia adelante.


Escuchó a Jungkook reír bajo su aliento. —Tienes que sonreír, TaeTae. De lo contrario, pensarán que te amenacé para tomarte esta foto.


—Lo hiciste— bromeó. Jungkook pellizcó su brazo y Taehyung se resignó, esbozando una tenue sonrisa.


Otro “click” hizo la magia y Jungkook acercó el artefacto a su cara, para revisar la fotografía. Taehyung todavía en su posición, observó la imagen e hizo un ruidito afirmativo. —Salió bien.


—Te ves lindo.


—Eres tonto— contraatacó Taehyung intentando ocultar su sonrojo. Aunque probablemente falló en ello.


***


El arroyo era sector restringido.


—Comprensible, supongo— dijo Jungkook con un suspiro decepcionado que abandonó sus labios—. ¿Quieres regresar?


—Sí… Tengo un poco de sed.


—Yo igual. Este sol me está calcinando.


—¿No te pusiste protector solar?— preguntó Taehyung en tono reprobatorio. Jungkook sacudió la cabeza—. Vas a quemarte. Ven.


Jungkook obedeció, manteniéndose quieto mientras Taehyung se quitaba el sombrero de su madre y lo posicionaba sobre la cabeza del castaño.


—Ahí— dijo satisfecho. Jungkook rió.


—¿Me veo lindo?


—Te queda bien— rió levemente Taehyung. Lo que no era una mentira; Jungkook probablemente podría vestirse con una bolsa de basura y se vería igual de roba-alientos.


Se dirigieron hacia el área de camping de nuevo, Jungkook insistiendo en que el sombrero se veía mucho mejor en él y Taehyung esforzándose por no enamorarse más de ese torpe, precioso chico. Lo tenía tan mal.


Hoseok, uno de los amigos de Jungkook, alzó el brazo para saludarlos cuando se encontraron cerca del área del campamento.


—¿Se divierten? Dicen que mañana el lugar planea un juego de banderín. Van a repartir banderines celestes por todo el campamento y la pareja que recolecte más gana.


—Suena divertido— dijo Jungkook volteándose hacia Taehyung—. ¿Qué dices?


—No. Mañana sólo voy a quedarme en la tienda leyendo un libro.


Hoseok hace un ruidito afirmativo, no sorprendido en lo absoluto.


—¿Tú, Kook?— lo señaló Hoseok. Jungkook arqueó ambas cejas—. ¿Vas a jugar? Yongsun estaba buscando pareja.


—Ah, no— rió suavemente el castaño, sacudiendo la mano en negativa—. Me quedaré a acompañar a Tae.


El aludido se tensó, procesando las palabras que acababan de abandonar la boca de Jungkook de manera ridículamente lenta. ¿Acompañarlo?


—Ok. Si cambian de opinión, se pueden inscribir en la cabaña principal— ofreció Hoseok con una sonrisa animada. Jungkook le agradeció y el pelirrojo se alejó en la dirección opuesta.


—¿Por qué dijiste que no?— cuestionó Taehyung con genuina confusión oprimiendo su pecho. Jungkook no era la clase de persona que rechazaba un evento que fuera de su interés, menos por Taehyung. Ambos eran conscientes de que no dependían del otro—. Yongsun está libre. Estoy seguro que acepta si se lo propones.


Jungkook encogió los hombros. —Quiero pasar tiempo contigo.


—¿Vas a acompañarme mientras leo un libro?— dijo con diversión. Jungkook asintió—. Es broma.


—Estudios dicen que si paso más tiempo con gente que lee libros, es más probable que yo adquiera conocimiento vía osmosis.


—Eso ni siquiera tiene sentido.


Jungkook rió, acomodando su brazo sobre los hombros de Taehyung de nuevo y retomando su caminata hacia su tienda.


***


El día transcurre de manera tranquila. Taehyung agradece cuando Yongsun le presta su repelente, la chica riendo y diciéndole que aparentemente ambos tenían sangre muy dulce. “Un postre para los mosquitos”.


Jungkook y él almuerzan solos, con una de las parrillas disponibles asan un trozo de chuleta, y beben un poco de brandy que marea a Jungkook levemente. Como Taehyung decía, de sangre liviana.


Al anochecer, el grupo se reúne en un círculo alrededor de la fogata. Taehyung se sentó junto a Jungkook, quien se cambió a un suéter y dejó de usar el sombrero blanco.


Joy intervino después de un tiempo, llamando la atención de los demás, con una linterna iluminando la parte inferior de su rostro.


—¿Sabían que la zona en la que nos encontramos actualmente solía ser un cementerio?


Un par de “oh” corrieron entre el público, a lo que Taehyung solamente volcó los ojos. Era tan obviamente falso, que prácticamente le recordaba a su época en la secundaria, cuando un par de niños inventó la existencia de un fantasma en los baños del tercer piso.


—Las personas que se instalaron donde estamos justo ahora, dicen que pueden escuchar los gritos de los muertos agonizantes mientras duermen. Ven sombras, de los fantasmas de personas que no pudieron descansar en paz.


Taehyung frunció el ceño cuando se percató de la pierna inquieta de Jungkook.


—Los rumores dicen que cuando hay luna llena, los fantasmas cobran vida, y salen a matar…


¿Matar?, atravesó la mente de Taehyung, considerando el término un poco extremista. Bueno, Joy siempre se había caracterizado por ser buena en las historias de terror.


Aunque no alcanzó a continuar, siendo interrumpida por Seokjin, que alegaba que se habían bebido su cerveza. Tras miles de quejas sobre que “claro que no, te la bebiste tú” y “no, tú me la robaste”, el círculo alrededor de la fogata se dispersó y todos se dirigieron a sus respectivas tiendas.


***


—Hoy hay luna llena.


Taehyung sacudió la cabeza, con una sonrisa amenazando en formarse en su rostro, al escuchar el tono consternado en la voz de Jungkook. —La hay.


—¿Crees que…?


Se arrastró por la tienda, hasta alcanzar el saco de dormir del castaño y apoyar las manos sobre su pecho. —No hay fantasmas, Jungkook, no tienes de qué preocuparte.


El aludido guardó silencio, luciendo pensativo. —¿Pero cómo puedes estar seguro?


—Porque me comunico con ellos y no hay rastros de ninguno por el área.


—¡Taehyung!— se quejó Jungkook. Taehyung rodó con una sonrisa curvando sus labios y se recostó nuevamente sobre su saco de dormir—. Ahora no podré pegar ojo.


El silencio nuevamente los envuelve y Taehyung muerde su labio inferior, sintiéndose sólo un poco culpable por empeorar el miedo de Jungkook. Culpabilidad que se desvanece, cuando escucha a Jungkook roncar.


***


Hay un cuerpo sobre el de Taehyung cuando él despierta.


A través de sus ojos entrecerrados, notó a Jungkook babeando sobre su pecho, cabello castaño revuelto haciendo cosquillas en su nariz. Taehyung lo empujó suavemente, intentando no despertarlo, mas deseando levantarse.


Al salir de la tienda, Yongsun lo recibió con una sonrisa, su tienda posicionada frente a la suya.


—¿Dormiste bien?— le preguntó, en un top y calzas deportivas. Taehyung asintió, concediéndole esa ventaja al silencio del campamento versus el ruido de la ciudad.


—¿Vas a correr?— preguntó señalando su vestimenta. Yongsun asintió.


—Lo hago todas las mañanas. Además, hey, si soy más rápida que el resto, ganaré la competencia de banderines.


—Ah, cierto. Te deseo suerte.


—Gracias— sonrió astutamente, su mirada sobre su hombro—. Parece que alguien despertó.


—TaeTae— musitó una voz a sus espaldas, antes de ser envuelto por dos brazos fuertes.


Taehyung contuvo una sonrisa, acariciando la mano que Jungkook apoyaba sobre su cintura. —Buenos días.


—Debería ir a alcanzar a las chicas— se despidió Yongsun, guiñándole un ojo sutilmente a Taehyung antes de irse. El rubio luchó contra sus vasos sanguíneos ante el malicioso gesto.


El aliento de Jungkook chocó contra su nuca. —¿Ya desayunaste?


Ambos comieron a la salida de su tienda. Jungkook mordió una manzana, relatándole sobre su sueño la noche anterior, uno que involucraba un caballo con cabeza de humano, lo que era profundamente perturbador.


Tras ducharse en la cabaña principal y vestirse, Taehyung y Jungkook se toparon con Hoseok cerca de la entrada. Jungkook y él mantuvieron una charla amena por unos minutos, en los cuales Taehyung no pudo evitar evocar el recuerdo del día anterior y de esa misma mañana. La competencia de banderines se realizaría después del horario de almuerzo.


—¿En qué piensas?— dijo Jungkook cuando Taehyung se halló demasiado distraído como para siquiera notar la ausencia de Hoseok.


—La competencia de banderines inicia en unas horas.


—¿Quieres participar?— bromeó Jungkook. Cuando Taehyung no respondió, sus ojos se ampliaron con sorpresa—. Espera, ¿quieres participar?


—Contigo— puntualizó. Una sonrisa tierna surgió en la cara del castaño—. Si es que quieres.


***


Tal vez no había pensado en esto lo suficiente.


Taehyung mordió el extremo de su uña, cuando se enfrentó al resto de los participantes en la línea de inicio de la carrera. Jungkook sonreía despreocupadamente a los otros competidores, saludando a sus amigos y deseándoles suerte.


Honestamente, no le gustaba demasiado la idea de rivalizar contra otras personas, menos por un banderín. Sin embargo, aquel sentimiento se contradecía con su inherente competitividad, que prácticamente había sido parte de él desde el día de su nacimiento.


—Es sólo un juego— lo tranquilizó Jungkook cuando notó el estrés en las facciones de Taehyung. El rubio inhaló hondo. Sí. Por supuesto.


—Me alegra verlos aquí— cantó Hoseok, dándole unas palmaditas en el hombro a Jungkook—. Dijeron que el premio sería un par de entradas para el planetario.


—Oh. Suena lindo.


Lo hacía. Taehyung había visitado el planetario de Seúl cuando era pequeño, en una excursión planificada por su colegio, posterior a la época de exámenes. Recordaba todavía la sensación de asombro y lo maravillado que había estado por toda una semana, hablando sobre el planetario hasta que a sus padres se les quemaron las orejas.


Ninguno de sus amigos le había prestado atención. Pero estaba convencido, de que a Jungkook le encantaría.


El primer sonido del silbato fue la señal para que los contrincantes se posicionaran en la línea de comienzo, y el segundo dio inicio a la carrera.


Jungkook se adentró entre los árboles, tras un par de minutos de caminar a lo largo de sendero, con Taehyung pisándole los talones. Resultaba un poco difícil visualizar los banderines, sobre todo considerando que no eran de un tamaño muy grande o de un color llamativo.


Chillidos emocionados se oyeron a la distancia, confirmándoles que una pareja había encontrado su primer banderín.


Un mosquito se paró sobre el antebrazo de Taehyung y el rubio lo aplastó con su mano.


—Olvidé el repelente— se lamentó en voz baja. Se había prometido ir por él luego de bañarse, pero no había encontrado a Yongsun por la zona de las tiendas, incluso durante el almuerzo.


Jungkook se volteó hacia él. —¿Quieres mi camisa?


Taehyung se dio un momento para apreciar la vestimenta del castaño, desde los jeans que se moldeaban majestuosamente a sus piernas, hasta la camisa abierta de color celeste, que permitía ver la camiseta blanca debajo.


—Si tú estás bien con eso— respondió.


Jungkook se despojó de su camisa, haciendo una seña a Taehyung para que se volteara y pudiese acomodar la prenda sobre sus hombros. Las mangas largas escondieron sus antebrazos, que ya demostraban un par de signos de picaduras recientes.


—Te ves lindo— mencionó Jungkook arreglando el doblez del cuello. Taehyung sacudió la cabeza, muy consciente de que el tono salmón de su polera corta no combinaba con la tonalidad cielo.


Avanzaron acompañados del sonido lejano del arroyo. Taehyung buscó entre las ramas altas de los árboles mientras Jungkook hacía lo mismo en los troncos y en los arbustos. De vez en cuando se topaban con unos cuantos de sus compañeros, quienes alegaban no haber encontrado ningún banderín todavía.


Reconocía que la frustración era una emoción inútil, mas le era inevitable no sentirse un poquito molesto por su mala racha en el juego, con lo mucho que quería enseñarle a Jungkook el planetario.


Tal vez podría invitarlo algún día, incluso si no ganaban las entradas gratis. Tal vez hasta… como una cita.


—¡TaeTae!


El aludido carraspeó, avergonzado por la dirección de sus propios pensamientos, con las mejillas ardientes, y se volteó para buscar a Jungkook alrededor. El castaño apuntaba hacia arriba, en una de las ramas altas, donde colgaba un banderín celeste entre las hojas.


—¡Encontraste uno!— dijo con asombro. Jungkook sostuvo su mano para acercarlo.


—Ven. Yo te alzaré y tú lo atrapas.


Taehyung asintió, sin esperar que Jungkook rodeara sus piernas y lo levantara en el aire con facilidad. Ahogó un ruidito sorprendido, por un instante olvidando que estaban en una competencia, mas finalmente recogiendo el banderín.


Jungkook lo puso de regreso en el piso y cuando sintió que tocaba tierra, Taehyung volvió a respirar. Una risa abandonó los labios de Jungkook, que contagió a Taehyung con el mismo alivio y alegría de haber conseguido uno de los tantos banderines que se hallaban repartidos por el camping. Quizá sí podrían ganas, después de todo.


Tras unos minutos de silencio, Jungkook comenzó a parlotear. Le había tomado el tiempo suficiente. Jungkook era la clase de persona difícil de callar. Aunque no estaba seguro sobre si existía un solo ser en el planeta, que no se derritiera escuchando a Jungkook. Taehyung sospechaba que se había acostumbrado peligrosamente rápido a la voz de Jungkook.


Le contó sobre sus planes después de la universidad. Ellos no tendían a discutirlo, sobre todo porque ambos sabían lo incierto que era el futuro. Sin embargo, supuso Taehyung, con un sabor amargo en la boca, tal vez ya era tiempo de empezar a hacerlo.


Jungkook quería ser profesor en la SNU. A Taehyung no lo agarró por sorpresa, ni siquiera en lo más mínimo. Jungkook amaba ayudar a las personas. Había postulado a impartir tutorías en la facultad en varias oportunidades, y aunque su horario era ajustado, siempre se manejaba bien entre los períodos de clases para enseñarles a unos pocos estudiantes.


A veces pensaba en el significado de la vocación, mas bastaba conocer a Jungkook para comprenderlo.


—¿Y tú que harás?— preguntó chocando sus hombros entre sí, con una mirada suave que hacía al corazón de Taehyung palpitar rápido—. ¿Vas a dedicarte a investigación?


—No… No por un tiempo, por lo menos— Una sonrisa nostálgica tiró de sus labios—. Me voy a dedicar al negocio familiar hasta que mi hermano tome su puesto. En unos diez años más, supongo.


Continuó caminando, distraído en lo que su propio futuro deparaba para él. Taehyung solamente se detuvo cuando se percató de que Jungkook no estaba a su lado.


Se giró hacia atrás y observó a Jungkook mirarle en absoluto silencio. Sus ojos que acostumbraban a transmitir calidez eran fríos, y llenos de un dolor que Taehyung no podía descifrar. Racionalmente no había motivos para que Jungkook se sintiera de mínimamente herido, como si esto significara una pérdida para él. No lo era. Ellos solamente se conocían desde hacía dos años.


—¿Te vas?


Y aun así, Taehyung se sentía incapaz de ignorar el peso que se alojó sobre su pecho al escuchar las palabras provenir de la boca de Jungkook.


—Sí. Extraño a mi familia ¿sabes? A mis hermanos pequeños, a mi abuela… Tienes que entenderme, Jungkook, no hay nada que me retenga en Seúl.


—¿Nada?


Taehyung tragó aire, al mismo tiempo que Jungkook daba un paso hacia atrás, el peso en su pecho empeorando ante el tono vulnerable, perceptible en su voz.


—No quise decir eso…


—Claro que lo hiciste— musitó Jungkook—. ¿Qué me consideras entonces?


La respuesta era tan obvia que Taehyung se preguntaba si realmente duraría más de un día lejos de Jungkook.


Porque se había transformado de nada en todo. Y Taehyung lo único que podía hacer al respecto era aceptar lo que el otro podía darle, tomar lo que estaba a su disposición, incluso si no era lo que verdaderamente quería.


—Somos amigos— respondió, con una estúpida sensación de derrota engulléndolo—. Nos mantendremos en contacto. Nos veremos en nuestros días libres.


Una carcajada seca huyó de la boca de Jungkook antes de que Taehyung pudiese continuar. Si era honesto, él tampoco deseaba escucharse a sí mismo tampoco; cada palabra sintiéndose como un puñal.


El cabello castaño se sacudió cuando Jungkook negó con la cabeza, su mirada que usualmente vagaba en Taehyung, ahora enfocada en el banderín en sus manos.


—Tienes… todo resuelto ¿no es así?


Taehyung suspiró temblorosamente. —Jungkook-


El banderín fue a dar al suelo, en un solo y preciso movimiento del brazo de Jungkook, que tomó a Taehyung desprevenido. La tela, cubierta de polvo, a pocos centímetros de sus pies, hizo a Taehyung cuestionarse cómo habían llegado a esto.


Los segundos se sintieron como minutos y después horas. Jungkook suspiró hondo, retornando sobre sus pasos, sin preocuparse de que Taehyung estuviera siguiéndole.


***


A Jungkook le gustaba estar a solas de vez en cuando.


Taehyung lo había entendido después de un año de compartir con él clases eternas y almuerzos desagradables de la cafetería. Siempre había una hora en el día en que no lo encontraba. Una hora en el que estaba perdido y lo atribuía a que se distraía en el camino, charlando con unos amigos, yendo por un café, avanzando en algún trabajo en la biblioteca.


No lo hacía. Taehyung lo había visto escabullirse un par de veces, escaleras arriba en el edificio de los laboratorios químicos, hacia la azotea.


Podía imaginarlo, recostándose un momento en el cemento, respirando hondo. Sentado, al borde la azotea, mirando hacia abajo o hacia la ciudad. La brisa chocando contra su rostro y por un instante permitiéndose ser envuelto por el silencio.


A veces Taehyung odiaba saber tanto de Jungkook, conocerlo y amarlo, era una tortura, cuando era perfectamente consciente de que sus sentimientos no eran y probablemente no serían correspondidos. Durante la secundaria, solía pensar que el amor era un sentimiento inútil y que desperdiciaba su valioso tiempo. Ahora, no podía imaginarse lo que sería su vida sin Jungkook a su lado.


Ni siquiera estaba saliendo. ¿Qué tan patético se podía ser?


La zona de las tiendas estaba mayormente vacía, todo el mundo aún compitiendo por los banderines. Taehyung se asomó a su tienda y reprimió el suspiro de alivio al encontrar a Jungkook recostado sobre el saco de dormir.


—Hey— susurró Taehyung, adentrándose al lugar cerrado en cuclillas. Jungkook no contestó, demasiado interesado en el cúmulo de ropa que juntó a un lado de su saco—. Jungkook.


—No quiero hablar ahora, Tae.


—Lo sé— Exhaló, sin soportar tener a Jungkook al frente y no obtener el mínimo de su atención—. ¿Está bien si yo hablo?


El contrario pareció estudiar la pregunta antes de asentir.


—¿Puedes… mirarme?— pidió en voz bajita. Jungkook hizo un sonido negativo—. Claro. Bueno… hablaré con tu espalda entonces.


Jungkook no se rió como Taehyung había esperado. Esto iba a ser más difícil de lo que pensaba.


—Lo siento, mucho. Yo… empecé a estudiar en la SNU sabiendo que tendría que regresar a Daegu después de la graduación. Lo he tenido planificado desde el principio y honestamente nunca tuve problemas con la idea. Nunca pensé que iba a conocer a alguien importante para mí en Seúl… No pensé que iba a conocerte ¿sabes?


No hubo respuesta. Taehyung acarició la mejilla descubierta de Jungkook.


—Kook… Dime algo. Sabes lo mucho que detesto no saber lo que estás pensando.


Jungkook se incorporó repentinamente, causando que Taehyung se hiciera hacia atrás para que sus cabezas no colisionaran. Los irises cafés encontraron los suyos, por primera vez desde que abandonó a Taehyung en medio de la arboleda.


—No quiero que te vayas— dijo después de un momento—. Quiero que te quedes en Seúl, conmigo.


—Yo también lo quiero— Pero no puedo tenerlo, pensó con amargura. Las manos de Jungkook acunaron su cara.


—¿Entonces? Quédate.


—Kook…


—Dices que no tienes nada aquí. Me tienes a mí, Taehyung. Te quiero.


Con el corazón apretado, Taehyung acarició la cicatriz en su pómulo izquierdo. El dorso de sus dedos apenas rozando la piel.


—Yo también te quiero— respondió en un hilo de voz—. Lo sabes. Eres alguien muy importante para mí… Eres mi amigo, eres lo único que he-


Labios cortaron el hilo de sus palabras. Labios, no familiares, chocaron contra los suyos. Taehyung dejó de respirar.


El beso no duró siquiera tres segundos, mas fue suficiente, más que suficiente, para alocar el corazón de Taehyung y hacerle olvidar cómo hablar.


Sus dedos hormigueaban.


—¿Te gusto?— se escuchó preguntar, intentando sonar firme y fallando. Jungkook asintió.


—Por favor, corresponde mis sentimientos.


Taehyung se debatió entre desfallecer por la dulzura o reír por su descarada honestidad. Él había visto películas de amor antes, incluso si no eran sus favoritas. Él sabía lo mucho que atravesaban los protagonistas para profesar su amor, los shows extravagantes y las confesiones románticas en la punta del Empire State.


¿Qué clase de declaración era esta?


Una que sonaba exactamente como Jeon Jungkook.


Sus brazos rodearon el cuello del castaño antes de besarlo de nuevo. Otro beso pequeño, que hizo a Taehyung suspirar sobre su boca. Cuando se alejó, los ojos de Jungkook parecían estar al borde de salirse de sus cuencas.


—¿Es en serio?— susurró. Taehyung asintió, repentinamente sintiéndose tímido—. ¿Estás seguro de que esto no es una simulación construida por el gobierno?


Una carcajada feliz huyó de la garganta de Taehyung. —Eres tonto.


—Tienes razón, no deberías dejarme hablar. Será mejor que me beses de nuevo para evitarlo.


Taehyung rió, al mismo tiempo que Jungkook estrellaba sus labios juntos nuevamente, callándolos a ambos. Pequeñas, genuinas sonrisas tirando de las comisuras de sus labios, de una manera positivamente incontrolable.


***


Su pequeña sesión de besuqueo se vio interrumpida tristemente rápido.


—¿Chicos? ¿Están ahí dentro? Hobi se hizo una herida en la pierna y necesita una bandita. ¿No tienen?— había dicho Yongsun, desde afuera de la tienda en la que Taehyung y Jungkook estaban. Taehyung resopló alto, notoriamente molesto, mientras Jungkook rebuscaba una bandita en su mochila.


Eventualmente el resto de sus compañeros regresó a la zona de las tiendas, entre quejas sobre el juego, el cómo seguramente había estado montado desde el principio. Una pareja de otra área había ganado, recaudando un total de siete banderines, y Hobi estaba convencido de que habían hecho trampa, de algún modo.


Taehyung se esforzó por enfocar su atención en lo que Hobi decía, sobre su herida de guerra, mas le resultaba difícil pensar en algo que no fuera lo mucho que quería besar a Jungkook.


Aún se pellizcaba sutilmente el brazo cada un intervalo de segundos, para convencer a su propio cerebro de que había sucedido, de que Jungkook había correspondido sus sentimientos, a pesar de lo improbable que sonaba en voz alta.


Durante su no tan larga vida, no había experimentado el amor antes. En su escuela, era complicado siquiera la idea de tener una relación, motivo por el cual no era precisamente su prioridad en aquel tiempo. Demasiado hundido en sus estudios, en el ingreso a la universidad, como para pensar en otras cosas que no estuvieran involucradas en su vida académica.


Su conocimiento en el tema era… casi nulo. Tampoco estaba enterado sobre qué ocurría de ahí en adelante. ¿Eran Jungkook y él novios ahora? ¿Era libre de llamarle así? Las etiquetas siempre le habían parecido confusas e innecesarias.


Aunque el tono de novio le dejaba una sensación agradable en la boca.


Casi tan agradable como besarlo…


Fue tirado de vuelta a la realidad cuando Jungkook le indicó que ya comenzaría la fogata.


Nuevamente tomaron asiento en círculo alrededor del fuego. Taehyung apoyó su cabeza en el hombro de Jungkook, a la vez que el brazo de Jungkook rodeaba sus hombros, atrayéndolo hacia él. , pensó Taehyung, sus párpados cediendo ante la calidez que la cercanía entre ambos generaba, podría acostumbrarme.


Aquella noche no hubo historias ridículas de terror, ni teorías sobre un cementerio. Hubo canciones, con Yongsun que había traído su guitarra, y chistes aburridos de Seokjin que tenía a todo el campamento retorciéndose en el piso.


Apenas había transcurrido algo más de media hora cuando Taehyung se dio cuenta de que podía estar aprovechando aquel valioso tiempo, comiéndole la boca a Jungkook.


—Kook, tengo sueño— mintió jalando del borde de su suéter. Jungkook asintió, antes de levantarse, pidiendo disculpas al resto porque se irían a dormir más temprano.


Hubo varios abucheos, los cuales Jungkook recibió con una sonrisa apenada. A Taehyung no pudo importarle menos, demasiado emocionado por poder finalmente recibir mimos de su novio.


—¿Quieres que espere afuera a que te cambies?— preguntó Jungkook muy cortésmente.


Taehyung agarró bruscamente su suéter y tiró de Jungkook hacia el interior de la tienda.


—Quiero que me beses— contestó, con las mejillas ardientes. Una sonrisa complacida atravesó la expresión de Jungkook, antes de presionar sus labios contra los suyos.


Bien, fue el último pensamiento coherente de Taehyung por mucho tiempo.


***


A la mañana siguiente, despertó con Jungkook usándolo como una almohada.


Taehyung picoteó con su índice las costillas de Jungkook hasta que el castaño despertó entre perezosas, contagiosas risas. Cabello desordenado y ojos somnolientos, le saludaron a primera hora.


—Roncas— bromeó Taehyung, a lo que Jungkook puso su mejor cara de indignado y procedió atacar con besos al pobre, indefenso Taehyung bajo él.


La oferta de estadía estipulaba que los visitantes debían retirarse a más tardar al mediodía, por lo que no fue de extrañar que la mayoría de sus compañeros ya estuviera desarmando las tiendas y preparándose para volver a casa.


Yongsun se ocupaba de recolectar la basura, mientras que Seokjin cargaba con la bolsa detrás de ella. Aparentemente habían hecho una competencia la noche anterior, sobre los encargados de la limpieza, a lo que el par de había perdido. Yongsun le mencionó que apestaba en piedra, papel y tijera, para luego arrebatar la caja de zumo que Taehyung estaba bebiendo y echarla a la basura también.


La mañana transcurrió tranquila, a pesar del bullicio de sus compañeros y las quejas sobre cómo no querían irse aún. La congeladora que cargó Taehyung estaba vacía, por lo que tendrían una considerable cantidad menos de peso en su regreso, incluida la caña de pescar, que Hoseok se había ofrecido a acarrear.


Taehyung observó a Jungkook desmantelar la tienda fácilmente y el deseo de besarlo empeoró de modo exponencial. Taehyung había oficialmente prescindido de cualquier autocontrol que alguna vez había poseído respecto a Jungkook.


—¿Listo?— dijo Jungkook acercándose a él. Taehyung se dio a sí mismo un momento para apreciar a su muy atractivo novio, desde piel dorada bajo el sol potente de Seúl hasta la mirada chocolate que parecía suavizarse cuando encontraba la suya.


Realmente, el autocontrol estaba tan sobrevalorado…


Taehyung se impulsó hacia adelante y plantó un corto beso sobre los labios sabor a miel. Tarareó un contento y afirmativo “mhm” cuando ambos se apartaron.


Las manos de Jungkook no tardaron en volar hacia su cintura. —¿Sabías que por cada beso que me das, un Jungkook en la tierra se pone más feliz, y que ese Jungkook soy yo?


—Pff… Eres tan bobo.


—Me siento profundamente ofendido, pero aceptaré un beso como indemnización.


—Qué amable de tu parte— dijo con ironía. Jungkook encogió los hombros, abultando sus labios.


—Soy un alma generosa.


Taehyung rió, rozando su nariz con la de Jungkook y preguntándose seriamente si era posible que un ser humano pudiese soportar tanto amor en su interior.


Caminaron fuera del área de camping con las manos entrelazadas, y el corazón cálido, por un motivo muy diferente al día soleado que despertaba a Seúl.

12 de Julio de 2020 a las 22:39 7 Reporte Insertar Seguir historia
47
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
LO Laura Otero
AAHHH, que bonitooo
LO Laura Otero
AAHHH, dios que bonitooo
Your  Eyes Tell Your Eyes Tell
Me encantó 🥺💜
A Amayrani
Está super bonis 💕
Jennie Jennie
Lo ame!!🥺
Jocelyn Jocelyn
esto es tan🥺🥺🥺
koalateacher koalateacher
que bonito todo ahhh 💜
~