danimoez Rudy Moez

Saíto, un gran guerrero de Jonia, después de grandes batallas se percata de una extraña marca en su pecho, de allí extraños sucesos ocurrirán al rededor de él; cambiando su destino para siempre.


Cuento Todo público.

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La marca de Kindred

Todos en Runaterra estamos sujetos a un destino inexorable que es la muerte, en algún momento una marca aparecerá, allí tendrás dos opciones, escapar y enfrentarte a las fauces del lobo o aceptarla y morir rápidamente por la flecha indolora de la cordera.

— Estás ahí, mi pequeño lobo. — Pregunta afligida la cordera.

— Aquí estoy. — Responde el lobo sin consuelo.

— ¿Estás triste? — Pregunta la Cordera en un tono delicado.

— Lo estoy— Responde el lobo con mucha pena.

— ¿Qué te hace sentir así? — Pregunta nuevamente la cordera observando con curiosidad al lobo.

— Una larga cacería sin muertes. — Responde el lobo.

— No te preocupes mi querido lobo, todos nos recordaran a su tiempo... Te pregunto ¿Qué es lo que tienen en común todas las historias?

— El final, mi querida cordera.

La guerra trae consigo muerte y caos, los guerreros la protagonizan, todos con un motivo, piensan que hacen el bien, unos más acertados que otros por su puesto. La vida de un guerrero conlleva el constante sacrificio, y tener la mentalidad de que cualquier día será su final, su último día en esa realidad. En el momento de luchar, sin embargo, lo hacen con soberbia, pensando que sobrevivirán y serán eternos.

Cuenta la leyenda que un guerrero Joniano llamado Saíto defendiendo su aldea y los elementos mágicos, de la furia y hambre expansionista de Noxus, fue marcado por el destino. Salía ileso de cada batalla, flechas pasaban por su lado, hachazos esquivaba, sangre por los prados embarnizaba con los noxianos que el asesinaba. Saíto, era un guerrero sin igual, que mostraba valor en cada batalla y daba esperanza a sus compañeros, de que aquella guerra la podrían ganar. Una noche, sentado alrededor de una fogata, junto a uno de sus compañeros de batallas Temai, cerca de uno de los bosques de la aldea, cuando la guerra contra Noxus estaba en una clase de pausa; el aullido de un lobo apareció para adornar el ambiente.

— ¿Escuchas eso? — Preguntó fascinado Saíto a Temai

— ¿De qué hablas? — Respondió Temai con una pregunta.

— Del aullido del lobo. — Aclaró con gesto de consternación Saíto.

— Lo siento no he oído nada, y por aquí no hay lobos. — Respondió preocupado Temai.

— Toda esta guerra, todas estas batallas me están haciendo alucinar, eso quiero pensar, pero se escucha tan real. — Comentó Saíto — Mis manos han tomado muchas vidas, fui verdugo y ejecutor gracias a esta guerra sin sentido, malditos noxianos, vivíamos en paz ¿Por qué tenían que venir a nuestras tierras?

— Te entiendo, esto ha sido un mal sabor de boca para todos acá, la gente ha cambiado, se ha vuelto más violenta, ya no somos los Jonianos que éramos en antaño. — Respondió Temai mirando la fogata, visualizando los sucesos.

— También más extraño aún, es esta marca que me apareció en mi pecho. Me apareció en la segunda semana que comenzó la guerra, vas a ser el primero en verla. — Saíto se sacó su camisa y le mostró su pecho a su compañero. — Y lo extraño es que no recuerdo haber luchado contra algún mago.

— ¿De qué marca hablas? — Preguntó el Temai confundido.

— De esta que te estoy mostrando. ¿No ves cómo se ilumina? — Respondió Saíto a su compañero sin comprender cómo no la podía ver.

— Lo siento, pero parece que la guerra te está afectando la cabeza amigo. — Determinó Temai que se levantó molesto e incómodo.

— No estoy para bromas, yo sé lo que estoy viendo. — Saíto respondió enojado colocándose de nuevo la camisa.

Temai se marchó del lugar preocupado por Saíto, pero se va sin antes decir — Deberías descansar y hablar con el anciano, necesitas ayuda, en serio.

Saíto decidió irse a dormir, siguiendo el consejo de su amigo. No obstante, aquella noche fue difícil para él, sentía constantemente que alguien lo acechaba, y a veces su paranoia era tan grande que sentía que ese alguien o algo lo olfateaba y le respiraba cerca suyo. Lo peor llegó, cuando al no poder dormir se levantó y miró a través de la ventana, allí logró ver una mujer sentada observando la luna. Cuando aquella mujer giró su mirada hacia él, resultó ser un ser extraño, por ojos tenía dos clases de perlas que se iluminaban en un tono cian y violeta. Saíto al observar mejor, notó las dos orejas de la criatura. Aquella bestia, no dejaba de mirar a Saíto quien sentía la marca de su pecho arder. Una clase de lobo hizo su aparición y rodeó a la bestia-mujer, posteriormente miró a Saíto, quien se encontraba paralizado por el miedo. El lobo aulló hacia la luna y rodeó a la mujer en círculos varias veces, hasta que los dos desaparecieron, esfumándose en el ambiente. Es entonces que la marca dejo de arder y el miedo que lo paralizaba desapareció. En el resto de la noche Saíto no pudo conciliar el sueño.

Al otro día habló con el anciano de todo lo que le estaba sucediendo, por extraño que parezca, el anciano en toda su sabiduría y conocimiento, no encontró dar respuesta a tal extraño suceso. Saíto desconcertado, se alejó de la aldea y se refugió en una cabaña de arquitectura común en Jonia, en la cual se podían observar hermosos paisajes y grandes atardeceres, pensando que con esto podía distanciarse de la guerra y quitarse las alucinaciones y paranoia de su mente. Aunque, esta decisión fue la peor decisión a tomar. En la noche después de arribar a la cabaña, nuevamente la marca se iluminaba intensamente, lo aullidos de un lobo se escuchaban afuera de la cabaña.

Más tarde en la noche, Saíto el guerrero sintió dos presencias afuera. Y una voz femenina comentó.

— Nosotros no somos un sueño o una alucinación, nosotros somos el despertar. Cariño, estos son tus momentos finales. — Comentó la delicada voz femenina.

— Nosotros sabemos tu nombre. — Comentó la gruesa voz del lobo.

— Siempre lo hemos sabido— Agregó la tierna voz femenina.— Ahora que has decido no luchar más y alejarte de la guerra has aceptado tu destino, eras nuestro verdugo y ejecutor, te asistimos en todas las muertes. Sin embargo, es hora de la tuya.

El lobo ladró, la puerta se abrió y apareció Kindred, los ojos de las dos mitades se destacaban de manera asombrosa en aquella oscuridad que producía la noche, entraron a la cabaña, la cordera apuntó con su arco y flecha, Saíto se arrodilló cerró los ojos y empezó a llorar.

— ¡Veo agua! — Comentó el lobo asombrado.

— Ellos le llaman lágrimas. — Respondió la cordera tranquilamente.

Y antes que la cordera intentara lanzar su flecha Saíto se movió, lanzó un cuchillo que acertó en la frente de la máscara de la cordera quien cae de espaldas y dice mientras ríe.

—Siempre corren, siempre huyen con la esperanza de sobrevivir, pero no lo harán. Mi querido lobo tendrá un festín esta noche.

Saíto saltó por la ventana y corría a toda velocidad por el bosque, persiguiéndolo se encontraba el lobo que a gran velocidad acortaba la distancia entre los dos. De repente, cuando Saíto al observar que no había nadie siguiéndolo, un pensamiento de falsa seguridad le surgió en su mente <<Me he escapado, ¡me he escapado de la muerte!>> Cuando aquel pensamiento finaliza, el lobo entre los árboles del bosque apareció y lo atacó.

La cordera se levantó se quitó el cuchillo de la frente, la abertura se cerró y la máscara se repuso a su estado natural. Salió de la cabaña se sentó en el pasillo externo y miró hacia el bosque, algunas aves salieron volando, se escucharon los gritos de Saíto que se iban desvaneciendo — ¡Noooo, por favor nooo!— acompañado de los fuertes gruñidos y mordiscos del lobo que despedazaban a su presa.

— El mañana es una esperanza, nunca una promesa. — Comentó la cordera jugando con su arco y posteriormente mirando las estrellas.

6 de Julio de 2020 a las 23:28 0 Reporte Insertar Seguir historia
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