german335 German Martinez Lobo

La visita de un exorcista a una lujosa casa se convertirá, para su mala suerte, en el inicio de una tragedia donde muchos sufrirán.


Paranormal Sólo para mayores de 18.

#ficcion #343 #horror #paranormal #suspenso #371 #328 #245 #historiasdecuarentena
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Acto único

—¡Necesito darme un baño! —mascullé cuando entré a la casa parroquial.


Mi mente estaba sumamente atribulada por lo que acababa de vivir, nunca pensé que visitar el hogar de aquella adinerada y ahora desdichada familia del este de la capital me representaría un malestar tan grande.


En aquella vivienda sentí un inmenso pánico. Allá mi fe fue reducida y pisoteada a niveles que nunca creí posibles, pasando de ser un fruto hermoso y sano a una cascara vacía y putrefacta, en la que anidaban numerosos gusanos.


Aquello era una vergüenza sin duda, y el hecho de recordar como en el pasado me jactaba de seguir las enseñanzas de grandes exorcistas como Gabriele Amort y Marcial Maciel no hacía más que hacerme sentir como el peor de los fracasados. Aun deseaba bañarme, sin embargo, me di un momento para contemplar los cuadros de la Virgen del Carmen y el Sagrado corazón de Jesús dispuestos en las paredes de la sala. Miré los ojos de la divina madre y su hijo en busca de valor. Un valor que necesitaría pronto.


Minutos después reanudé mi marcha, ignorando los muebles de cuero beige en los tantas veces me senté a rezar el rosario o divagar en mis pensamientos. Tampoco presté atención a mi querido piano, cuyas suaves notas me trajeron paz aun en los momentos más oscuros de mi vida. Avancé por el pasillo encendiendo las luces hasta que, girando por la primera puerta a mi derecha llegué al baño, el cual, pulcro y con sus brillantes baldosas doradas, mantenía un característico olor a lavanda. Agotado me desvestí e ingresé a la ducha, implorando al altísimo que al bañarme mis ideas se aclararan. La paz desgraciadamente me duró poco, ya que como un relámpago destrozando un árbol, los recuerdos de lo vivido volvieron a perturbarme bajo aquella regadera.


***


Eran las diez de la mañana cuando entré en la casa de la familia Fuentes. El párroco del municipio, amigo de la que era esposa del alcalde y dueña de esa vivienda, me había solicitado que hiciera una visita con carácter de urgencia. Yo fui recibido por aquella misma dama, quien tras invitarme un café no tardó en ponerme al tanto de la situación, el problema era la hija del matrimonio.


Una joven de catorce años y que llevaba por nombre Anastasia. Aquella pobre alma llevaba ya dos meses recluida en su propia habitación, esto en un intento infructífero y desesperado de sus familiares por garantizar su seguridad, ya que ella, suponían sus padres, era víctima de una fuerza oscura y poderosa que deseaba adueñarse de su cuerpo.


—¡No debemos dar por sentado ese tipo de cosas! —le aconsejé a aquella madre que ya estaba al borde de las lágrimas, mientras le recordaba que los avances de la ciencia habían derrumbado muchos mitos acerca de las posesiones demoníacas.


Sé que para una persona común, el escuchar hablar a un exorcista de esa forma puede resultar confuso, pero como alguien que se ha dedicado por décadas a estudiar este fenómeno, me veo con frecuencia en la necesidad de recordarle a los fieles que en el pasado muchos inocentes fueron diagnosticados en forma errónea como personas poseídas por el maligno, cuando en realidad no fueron más que pacientes de problemas mentales.


Pero mis esfuerzos fueron en vano, aquella mujer luego de llevar a su hija a una decena de especialistas había concluido que era el maligno y nadie más, quien estaba atacando a su hija.


—¡Entonces venga conmigo y véalo usted mismo, padre! —me sugirió ella levantándose con intenciones de adentrarse en la casa—, nosotros ya no sabemos qué hacer.


Caminamos por un radiante pasillo de blancas paredes, repleto de cuadros y repisas con finos objetos por los que cualquier respetable coleccionista daría gustoso un riñón u otro órgano, entonces llegamos a una puerta de caoba oscura. Tras aquel umbral la habitación de Anastasia me esperaba.


La mujer se quedó rezagada, así que sin más remedio entré solo. Encontré a la joven con sus delgadas muñecas y tobillos magullados por los amarres que la sujetaban firmemente a los extremos de una cama cuyas patas supuse, no tardarían en quebrarse. La joven se mantuvo inmóvil hasta que pareció notar mi presencia, entonces se sacudió con una fuerza tan grande que hizo temblar todos los muebles de la alcoba. En ese instante la miré a los ojos, estos emanaron un brillante tono purpura que me petrificó.


Anastasia soltó una carcajada burlona para acto seguido, pasarse la lengua por sus despellejados labios. Un escalofrió recorrió mi espalda cuando vi media docena de cucarachas saliendo de debajo de la cama, aquellos animales enfilaron hacia mí, luego abrieron sus alas y volaron hasta mi sotana, obligándome a darme violentas palmadas y sacudidas para quitármelas de encima. Un par de minutos después y tras contar a las seis alimañas muertas a mis pies, me giré buscando a la madre, pero aquella mujer, siendo presa del pánico, me había dejado solo y seguramente se hallaba en la sala de la vivienda, esperando que lo peor pasara pronto.


—Pronto iré a visitarlo, padre, tengo varias cosas que contarle en relación a mis hermanos... —dijo Anastasia con una voz tan áspera y profunda como un pozo.


Entonces sus ojos purpura se volvieron a posar sobre mí, y yo sentí mi corazón envuelto en un gélido manto, mientras latía ferozmente por atravesar mi pecho y escapar. Yo tenía miedo, Dios mío…tenía mucho miedo.


Mi fe se derrumbó y sin saber cómo salí despedido de aquella habitación, contemplando tras mí caída como la puerta se cerraba, azotada por una fuerza invisible que me hizo temblar. Aquello me superaba con creces, así que decidí que lo mejor era retirarme de la casa, no sin antes prometerle a aquella mujer desolada llamar a un conocido para volver lo más pronto posible a ayudar a su hija. Esta demás decir que le pregunté a la dama por los hermanos de Anastasia, a lo que esta me replicó que ella era hija única.



***



Acabada mi ducha y sintiéndome más calmado salí del baño, era propicio llamar al padre Alexander Briceño, un antiguo colega del que esperaba un gran apoyo para solucionar este problema, no en vano él era conocido por ser uno de los mas grandes exorcista del continente. Así que con esa idea en mi cabeza caminé a la sala, dispuesto a llamarlo por teléfono, pero en ese momento fui sorprendido por una voz oscura que me habló desde mi habitación.


—Bendígame padre, mi maldad no conoce limites. Aquella voz familiar taladró mi cabeza, reviviendo el terror que horas atrás había vivido. Mi mente me imploró que corriera, que saliera de aquella casa, pero en mi corazón supe que eso no sería una solución, así que sin más remedio me giré y la encaré.


—¿Anastasia? ¿Tú…tu qué haces aquí? —Dije con una voz temblorosa a la vez que intentaba salir de mi asombro—. ¿Cómo entraste?


—Tuve fe padre —contesto ella riéndose—¿No dicen ustedes que la fe mueve montañas? Pues aquí estoy, movida por mi fe.


—¿Tú no eres Anastasia correcto?—pregunte neciamente, yo realmente sabia la respuesta, pero aun albergaba esperanzas de equivocarme.


—¡Correcto, hijo! —contestó ella imitando mi voz con una maestría que me heló la sangre— Soy otro, un enviado de la santa señora.


—¡Fuera de esta casa! —exclamé tomando con fuerza el crucifijo que colgaba de mi cuello.


—Bravo padre, los hijos de Dios no deben temer a nada —dijo la chica dando tres pasos hacia mí.


Sus ropas harapientas exhibían grandes manchas de barro aun húmedo, seguramente consecuencia de atravesar algún lugar pantanoso, sus manos estaban ensangrentadas y estaba descalza, con los pies manchados por un líquido negruzco que no podía reconocer. Entonces una idea maquiavélica cruzó por mi mente, sin dudas algo horrible había pasado en su casa.


—¿Dónde está la madre de la joven? —pregunté haciendo acopio de todo el valor que pude reunir.


—Ella y su padre están regados por aquí y por allá padre, si quiere podemos ir a la casa a verlos, aunque los dejé muy divididos, tal vez podamos unirlos…


¡Exorcizamus te, omnis immundus spiritus…! —empecé a decir con firmeza, pero mi lengua se paralizó, haciéndome imposible continuar aquel “Rituale Romanun”.


En ese instante el crucifijo en mi mano se calentó a tal punto que me vi en la necesidad de soltarlo. Anastasia lanzó un alarido que hizo temblar mis piernas, las cuales perdieron su fuerza y dejaron de ser capaces de sostenerme, por lo que no tardé en caer de rodillas ante aquella chica, que con andares masculinos se me acercaba como una serpiente asechando a su presa.


—¿Qué quieres de mí? —pregunté débilmente. Sus ojos purpura se posaron sobre los míos, causándome un ardor indescriptible que me obligó a bajar la mirada.


—Usted va a venir conmigo, padre, tenemos mucho de qué hablar y más por hacer.


—Yo nunca haré nada de lo que me pidas, no iré contigo a ningún lado y no te responderé nada mientras viva —dije aun con dificultad para hablar y sin poder alzar la vista.


Ella entonces puso su dedo sobre mi frente. Las pocas fuerzas que me restaban me abandonaron en ese instante y caí de bruces al suelo, perdiendo la facultad para mover mi cuerpo, que, sin poder evitarlo, empezó a convulsionar.


—Es mejor que lo acepte, padre —dijo ella secamente para luego agacharse y cubrir mis ojos con su mano.


—¿Qué te he hecho para merecer esto? —exclamé sollozando, derrotado y sometido por un terror que tras arrancar mis ojos entró por aquellas cuencas vacías, adueñándose primero de mi mente y luego de todo mí cuerpo.


Cuando recuperé la conciencia estaba saliendo de la casa parroquial, mi cuerpo se movía sin que yo lo ordenara o pudiera detenerlo, ya ni siquiera era mío el miedo que sentía mi corazón. Yo no era más que un eco en la mente que una vez me perteneció. Detrás de mí, en la casa yacía el cuerpo sin vida de una chica de catorce años, víctima como yo de este poder infernal que ahora me tenía subyugado. Sin esperanzas solo me dediqué a orar profundamente al rey de reyes para que me liberara de esta criatura demoníaca.


«Póngase cómodo padre. Este será un largo viaje», dijo una voz en mi cabeza, que sin lugar a dudas era la suya.

3 de Julio de 2020 a las 04:42 0 Reporte Insertar Seguir historia
7
Fin

Conoce al autor

German Martinez Lobo Saludos, me llamo German Martinez, soy venezolano y tengo pasión por las historias de fantasía y ciencia ficción. En este espacio estaré subiendo obras que han sido elaboradas por mi persona. No trabajo solo el 100% de las veces, en algunas oportunidades me verán publicando con mi amiga Ana Perez, tambien conocida como Asteria Bridget ( https://getinkspired.com/es/u/asteria/ ). Saludos, un abrazo y estoy a sus ordenes.

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