ugoh19 ugoh Chávez

Una ficción que recorre la vida de un personaje que podría ser cualquiera de nosotros, en el escalofriante infortunio cuando se es arrastrado por las olas de la desgracia y contra las que lucha prolongando por años lo que pudieron haber sido solo segundos de dolor antes de ahogarse. Hay vida que valen la pena vivirse y vidas que nunca fueron realmente "una vida". *Advertencia, contenido gráfico que busca volver visible el dolor por el cual atraviesan muchas familias y mujeres en el mundo.


Drama No para niños menores de 13.

#EfectoMariposa #secuelas #pov #vidaarruinada
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Niño A

Efecto rebote.


Imaginemos dos niños que se conocen a los 6 años. En ese momento sus vidas eran, en el escenario ideal, iguales. Si uno tenía dos hermanos de 5 y 9 años, el otro también, misma capacidad económica en sus padres, modelo de auto familiar, mascotas, etc. Que no les parezca tan extraño, recuerden que el modelo de familia americano buscaba ser de producción industrial en masa. Hoy, el objetivo sigue siendo que sin importar la sucursal de la franquicia de hamburguesas favorita, el producto debe saber como la primera ocasión y tal cual estuviéramos en el sitio que de tanto acudir se ha perdido la cuenta.


Dos niños iguales el día lunes. Para el martes se bifurcan los caminos y el Niño A no llegó al salón de clases, el motivo no es otro que los golpes que la madre recibió de su marido la noche anterior. Tuvieron que huir a otra ciudad donde una tía que apenas y conoce se convertirá en su madre adoptiva cinco años más tarde cuando su madre desaparezca para siempre. Sin nota de suicidio, sin llamada de rescate, sin cuerpo en el bosque, la carretera o el drenaje. El niño A personalmente ha ido desde ese día con frecuencia esporádica y tristeza acumulada, a mirar el respiradero del drenaje desde la orilla. Realmente no espera encontrar a su madre ahí, pero siempre es mejor tener a dónde ir que no sea una casa donde tus primos y tus tíos te recuerdan que "los muertos y los arrimados a los tres días, apestan".


Así que Niño A se va de esa casa sin despedirse a los 15 años, tampoco deja mensaje alguno, ni de reproche, ni de agradecimiento. Cortesía que los habitantes de la casa responden con un gesto semejante de nunca informar a las autoridades de su huida. Para ellos (y en verdad eso se hacen creer) Niño A y su madre viven felices en un departamento de New York, Guadalajara, Madrid, Oslo o Disneyland. Sonríen de satisfacción por que se los imaginan muy contentos.


Niño A se convierte en Adulto A. Trabaja en el minisúper de una gasolinera sobre la carretera. Duerme poco porque el perro que resguarda el comercio por las noches ladra siempre que llega un auto y Adulto A, con sus 26 años, seis tatuajes y la uña del pie izquierdo que le punza por la infección que no se ha tratado, no duerme dignamente desde el domingo anterior de conocer a Niño B, quien obviamente es Adulto B para ese momento.



Y como la vida es hostil por naturaleza, Adulto A y Adulto B coinciden en el estacionamiento de una pensión cercana al minisúper. Adulto A vive ahí, ya colgó un póster de Eminem en la pared para rapear cuando siente algo de felicidad, no porque ocurran cosas extraordinarias, sino porque van un par de días sin desgracias. Rapea imaginando a las masas aplaudir y reconocen su talento. En el público también está su madre, pero ella no le presta atención porque está con otros hombres que parecen ser más interesantes que su hijo, quien pasa de los aplausos en su delirio producto del alcohol, al piso del baño cuando se resbala y fisura parte del codo de su brazo derecho. Siente las astillas de hueso bajo las capas de la piel tratando de abrirse camino sin un rumbo concreto.


Adulto B, por su parte, está en la pensión debido a que no encontró espacio en alguno de los hoteles de la ciudad por la convención de anime que se lleva a cabo desde el día anterior. Adulto B se dedica a reparar equipos informáticos para empresas del ramo editorial. Tiene prestaciones superiores a las de la ley, horario flexible y un sueldo que crece todo el tiempo.


Este par, que hace años fue mimético, ahora es completamente diferente en las cicatrices, el cabello, la limpieza de su ropa, el interior de los bolsillos, el arco de la sonrisa, las marcas del afeitado, la comodidad de su calzado o la cantidad de algodón en sus calcetines. Mientras Adulto A considera que aún con el brazo casi inmovilizado ha sido una semana por la que debe agradecer a Dios, Adulto B se encamina a la recepción para quejarse de las instalaciones, ya que encontró una cucaracha, el agua no sale caliente sino tibia y el ventilador del techo pareciera que se va caer y tiene miedo de morir mientras duerme en verano. Le pregunta de manera insultante al responsable ¿qué debo hacer? ¿morirme de calor o ser partido en trozos?


Adulto A escuchó todo lo anterior mientras se colocaba hielo en el brazo y examina, con pequeños apretones, el daño que sufrió durante su preparación rumbo al estrellato. Ya no se siente ni está borracho, pero aún queda parte de la relajación muscular que provoca el consumo de alcohol de baja calidad. Sonríe al enterarse que el Adulto B con su bonita, además de elegante camisa, su corte de pelo en salón de belleza y ese lenguaje de citadino educado en escuela privada, tiene miedo de morir cuando un ventilador le caiga encima. Creencias de gente p3ndej4.


Donde me gustaría que concluyera este relato no es en una recapitulación que nos recuerde el origen de esta vida trágica centrada en un padre golpeador, esto no es un anuncio publicitario de alguna mercadóloga feminista. Pero si gustan lo pueden dejar aquí. Fin.














(Espacio vacío semejante a las páginas de nuestra memoria)














Gracias por continuar.


Imaginemos que Adulto A supiera que Adulto B colocó un "Te Amo" escrito en una papeleta que metió durante el recreo en la mochila de su nuevo amigo en el lejano primer día de escuela. Un recuerdo que para ambos (en ello sí coinciden) quedó olvidado.


Imaginemos, que la madre de Niño A encontró, la noche de ese lunes, el mensaje en la mochila de su hijo y por la prisa de preparar la cena para su marido, quien había recibido buenas noticias sobre un posible nuevo puesto con una clara distinción en el pago, metió la papeleta en su bolsa de mano que estaba en la cocina desde la tarde. En ese momento parecía la mejor opción.


Esa noche Niño A estaba en su habitación acomodando el uniforme que llevaría a la escuela y que nunca volvió a vestir. Escucha la emoción de su padre contando la noticia, habla de otro auto, de vacaciones y de ver jugar a los Chicago Bulls. De repente, esas palabras de alegría empiezan a convertirse en gritos, en reclamos. Niño A nunca supo que le llegó un mensaje de texto a su madre y que ella pidió a su esposo que le acercara el móvil mientras escurría los espaguetis para mezclarlos con la salsa. El padre de Niño A encuentra la papeleta, la lee y producto de un reflejo muy arraigado en el código genético del machismo molecular, le da una cachetada a su esposa quien tartamudea un: "es, es, e..., epera, te, te, te lo voy a… (momento del otro golpe)… esplicá". El padre dice lo que asume como su parte del guion mientras sigue arremetiendo a golpes contra ella, quien se ha quemado con el agua caliente de los espaguetis, pero que en ese momento no le preocupa. Su marido repetirá la palabra con “P” (que tanto le repite a Niño A que no debe pronunciar); "eres una put4, maldita put4, ya sabía que eras una puta". Cada "put4" va sincronizado con un golpe más. Todos al rostro con una precisión casi musical. Podríamos llamarla La balada de las estupideces o Concierto para puño, rostro y lengua IV en do(lor) mayor.


Niño A escuchó su nombre y a su madre gritarlo y bajó las escaleras tan rápido como cuando llegan los regalos en navidad. Incluso un poco más rápido todavía.


Se queda paralizado a la entrada de la cocina pues nunca había visto a su madre de rodillas y sujetada por el cabello escurriendo sangre, duda que aquello sea su rostro, parece como si llevara una máscara de halloween de esas que no son de algún personaje conocido, solo son espantosas por la sangre, pus y deformidad intencional.


La madre de Niño A babea de tanto llorar, hay sangre con salsa de tomate para los espaguetis en toda la ropa de sus padres. Niño A nunca volvió a comer espaguetis ni como Adulto A, Anciano A o Cadáver desconocido 34159.


El padre se molesta al ver a su hijo y le pregunta: “¿Qué hacer aquí?”. Niño A no sabe si debe responder, pero quiere llorar, aunque no consigue que las lágrimas lleguen a los ojos, es como si se le hubieran atorado en la garganta pues es ahí donde las siente. El padre siente vergüenza porque seguramente su hijo ha visto los últimos dos golpes y escuchando sus respectivos "put4" que acompañaron. Suelta a su esposa y sale de la casa molesto, casi se podría decir que está indignado, y aunque no lo expresa le parece que es poco lo que hizo a su mujer considerando que ella tiene un amante.


Ojalá en este momento apareciera Rob Serling y nos recordara que estamos en un episodio de la Dimensión Desconocida, pero eso sería mentir y lamento decirlo, pero tampoco es una historia de Stephen King. Se trata solo de un supuesto que ejemplifica la fragilidad emocional a la que somos vulnerables. Misma, que hace ver absurdo, ridículo y hasta molesto por su insistencia en hiperbolizarse, al dolor corporal de todo tipo; un hueso con fisuras, una mejilla molida a golpes o un ventilador de techo cayendo mientras duermes.

3 de Julio de 2020 a las 02:19 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

ugoh Chávez Nació, creció y se reprodujo en estado de cautiverio en la ciudad de Querétaro. Ha publicado por invitación, por convocatoria y por amistad en compendios de cuentos y revistas de habla hispana. No hay un interés específico al referir un género, pues centra su atención en los personajes conceptuales y no tanto en la narrativas. Duerme poco y suele destacar por extraño.

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