yessii483 Jesica Chavez

Una celebración. Una fiesta inigualable. ¿Un cabaret? ¿Un grupo de strippers? Nunca en su vida imagino que ir a ese lugar llamado el “Búho” le cambiaría unos 360 grados su rutina. ¿Qué ocurre cuando un stripper despertó aquella pasión escondida? ¿Quién está detrás de aquel antifaz que llevaba puesto? ¿Cómo puede un joven stripper convertirse en su nuevo tormento y a la vez en su solución? Él pensaba que jamás volvería ver a su hermano mayor, sus padres los separaron cuando apenas tenían doce años pero luego de diez años descubre su paradero. ¿Qué relación tenían el stripper que conoció en aquel cabaret con su hermano? Lee Donghae, era un joven cuya rutina le aburría, pero en el cumpleaños de su mejor amigo Sungmin descubrió que aquella rutina podría cambiar drásticamente con un solo llamado.


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.
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Capitulo I

“Te besaré hasta que te embriagues, y te mostraré que:

Quieres los movimientos más locos”



-¡Ya, deja eso!­- gritó sacado de quicio.

-No seas así Hae, sabes perfectamente que se ve genial – mirando con determinación el lugar –Ahora sí.

-Sungmin, pintaste todas las paredes de rosado ­– fulminándolo con la mirada –No me gusta el rosa, y menos en mis paredes.

-No seas anticuado, quedó estupendo. Además, - sonriendo abiertamente – hoy es mi cumpleaños, lo que refiere a que puedo hacer lo que quiera.

Él solamente suspiró resignado. ¿Qué podía decirle a su mejor amigo?

Habían pasado dos años sin verse culpa del trabajo de Sungmin, claro que hablaban todos los días por teléfono pero aún así no era lo mismo. Extrañaba esas locuras que hacía en su departamento. Antes de que se vaya había decorado su habitación con miles de peluches de conejos rosados, ¿su excusa? Así lo extrañaría menos.

-Min – llamó al salir de sus pensamientos

-Dime – mirando con crítica la alfombra de estar - ¿No crees que una alfombra rosa oscuro sería perfecto?

- ¡Ya, deja mi departamento en paz! ­– entrecerró los ojos –Es como si viviera dentro de una fresa.

-Pero, ¿a que mis toques especiales no mejoraron el lugar?

-Claro que no, mis paredes estaban perfectamente felices con su color blanco.

-Necesitaban color, necesitaban vida Hae. – suspiró mientras palmeaba el brazo de su amigo - ¿Qué harías sin mí?

-Vivir en paz, tal vez.

-¡Ya! – dándole un suave golpe en la cabeza – ¿Esa es manera de tratar a tu hyung?

-Solamente porque eres mayor por nueve meses, no te convierte en mi hyung – cruzándose de brazos.

- ¿Cómo te atreves mocoso? – poniendo sus brazos en jarra –Olvídate que te cocine jovencito.

-Está bien tu ganas hyung.

Ambos rieron por la reciente pelea de ambos.

Sungmin había llegado tan solo hace una semana. Él vivía en Suecia, donde allí tiene una empresa de decoración tanto de exteriores como interiores. Gracias a su habilidad y a su crítica ante un establecimiento, fue ganándose su puesto como diseñador general. Se sentía orgulloso de su labor.

Cuando apenas lo conoció tenía el cabello oscuro, pero viéndolo ahora, estaba renovado. Cabello castaño medio, ropa de último modelo como de accesorios, siempre rosado. Algo que en él nunca había cambiado.

Sonrió. ¡Qué suerte que ese conejo rosado haya vuelto, necesitaba a alguien que lo sacara un poco de su aburrida rutina!

-Dime Hae, ¿cómo van las cosas con Jessica?- prendiendo el equipo musical

-No puedo quejarme, todo va bien. La veo tres veces a la semana luego de salir de trabajar. – yéndose a la cocina para abrir el refrigerador y sacar dos latas de cerveza.

-Sigo pensando que no es de tu tipo.

-Min, no puedes juzgarla si no la conoces. – dirigiéndose hasta donde se encontraba para extenderle la lata –Ella es una mujer independiente, tal vez algo pegadiza, pero es dulce.

-Eso no va a cambiar mi opinión. – abriendo su bebida y tomando el primer sorbo –Será mejor que nos cambiemos rápido, la noche es joven.

-No me has dicho a dónde quieres pasar tu cumpleaños. – recargándose en el marco del pasillo.

-Ya sabrás, es una sorpresa para todos. Además, quien dice, se van a divertir más que yo. – guiñándole un ojo con picardía.

Un escalofrío recorrió por su espalda, Min tramaba algo, conocía esa mirada y esa sonrisa. Suspiró. Fuera lo que fuese no podría negarse, era su día, su cumpleaños, su fiesta.

Tomaron de un trago la bebida para ir a sus respectivas recamaras, claro está que Sungmin se quedaría unos días hasta que su casa estuviera en condiciones de ser habitada. Sí, su adorado hogar rosado había sido invadido por termitas. Cuando se enteró casi se desmayó del susto pero los fumigadores le dijeron que solamente sería por tres días, ni más, ni menos.

Abrió su placar de madera y sacó una remera oscura con escote en v, se apegaba con sutileza a su cuerpo marcando un poco su abdomen; se puso el pantalón negro, aquel que parecía militar que lo hacía ver como un chico malo. Buscó sus zapatillas y se miró al espejo, despeinó un poco su cabello y sonrió. Se veía fenomenal. Tomó el perfume que estaba sobre su escritorio, poniéndoselo sobre la ropa y su cuello. Estaba listo.

Iba a salir de su cuarto pero antes de apagar las luces miró con detenimiento un portarretrato que estaba en su mesita de luz.

-Prometo volver pronto – sonrió de lado y salió.

En el comedor lo esperaba Min, quien traía puesto un pantalón de jeans negro y una remera rosada con una estampa plateada de lo más original.

-Te ves estupendo. – halagó Donghae

-Me vas a hacer ruborizar. – rió –Tú también, ahora vamos que deben estar los chicos esperándonos en donde les dije.

Sin decir nada fue jalado al exterior de su hogar, tomaron un taxi hasta llegar a un lugar donde Donghae nunca había estado. Al bajar del vehículo vio que la noche estaba perfecta, ni una nube se asomaba en lo alto y la suave brisa jugaba con su pelo. Miró más allá, ¿dónde carajos estaba?

-Min, ¿dónde estamos?- preguntó extrañado, algo no iba bien.

-Ya lo sabrás Hae, ven.

Caminaron hasta llegar a una esquina donde había bastante gente concurriendo a bares y… ¿era enserio? Pestañeó varias veces. Tenía que estar bromeando.

- ¡Hey, chicos! – haciéndole señas a aquel grupito de cuatro personas.

Estas se acercaron con tranquilidad y saludaron a su viejo amigo.

- ¡Feliz cumpleaños Sungmin! – le dijeron los cuatro.

- No puedo creer que hayas podido traer a Yesung. – comentó divertido Donghae.

- ¿Sabes lo complicado que fue sacarlo de su casa porque no quería dejar a su tortuga sola?- bufó Kangin de brazos cruzados.

-Mi pequeña me necesitaba, además Wookie no está para cuidarla. Se va a sentir tan sola. – suspiró con tristeza.

-No te desanimes mientras tenga comida será feliz. – palmeaba su espalda Shindong.

-Siempre hablando de comida. – suspiró –Dinos Min, ¿a dónde iremos?- preguntó Siwon.

-Síganme.

Los cinco jóvenes siguieron a Sungmin hasta llegar a un establecimiento llamado “Búho”. Algo era extraño. Frunció el ceño Donghae. Había muchas parejas, pero no de la clase que deberían ser sino… No quería creer lo que estaba pensando. ¡Maldito seas Sungmin! Pensó.

- ¿Nos trajiste a un cabaret?- preguntó sorprendido Kangin.

-No es solo un cabaret como ustedes piensan, es mucho mejor. – ampliando su sonrisa –Dicen que este lugar está lleno de misterios, donde la fantasía, el deseo y la pasión te embriagan. También he escuchado que una vez que entras no querrás salir nunca.

- ¡Nos trajiste a un cabaret! – le reprochó Hae –Sabes que no somos de esa clase de personas.

-Vamos Hae, es mi cumpleaños, ¿qué tiene de malo pasar un buen rato? ¿Olvidarse de todo por una noche de fiesta? No es como si estuviéramos haciendo un delito. – sonrió de lado –Piénsalo así, entramos, tomamos unos tragos, disfrutamos del espectáculo y nos vamos al terminar. ¿Les parece?

-Por mi no hay problema. – comentó Shindong alegremente –Vamos chicos, será divertido.

Yesung, Siwon y Donghae no estaban muy de acuerdo en cuanto al asunto pero no tuvieron otro remedio más que aceptar con resignación.

Al entrar, el lugar era enorme, había mesas redondas en el frente con un mantel rojo y una vela blanca en medio; en cada mesa habían entre dos, cuatro y seis sillas de terciopelo rojo. Allí delante de las mesas había un escenario, piso de madera lustrada, un telón rojo oscuro ocultaba lo que podría haber allí detrás y a los costados había dos jaulas negras. En el lado derecho del lugar estaba una extendida barra de tragos, donde atendía prácticamente cinco bármanes. Las paredes eran de un color oscuro, bordo, o tal vez rojo. En el techo colgaban cuatro arañas de cristal, pero aún así iluminaban muy poco, su tenue luz le daba un toque de misterio al lugar. Ya que el ambiente era sereno y a la vez expectante.

El sonido de la música era tranquilo, al fin y al cabo, no parecía un lugar de mala muerte como todos pensaron.

- ¿A que no es bonito?- preguntó entusiasmado el cumpleañero.

-Bien, tú ganas, el lugar es llamativo. – reconoció Siwon

- ¿Tienen reserva?- preguntó un joven de cabello castaño claro, quien en su sonrisa se divisaba claramente un hoyuelo del lado izquierdo. Tenía un pantalón de vestir negro, un saco blanco y una camisa celeste agua con los primero botones desprendidos.

-Sí, está a nombre de Sungmin. – respondió rápidamente.

El joven rebuscó en el libro que llevaba en manos y elevó la vista.

-Hoy es su cumpleaños, ¿no es así?

-Sí, hice una reserva especial.

-Por acá por favor.

Los guió hasta una mesa que quedaba en medio del escenario y justo enfrente. Se podría decir que esa mesa era una de las que tenía mejor vista. Cuando tomaron asiento Yesung no paraba de reír. Los demás lo miraron intrigado.

- ¿Por qué te ríes tanto?- preguntó Sungmin

- ¿Desean beber algo?- preguntó dulcemente el joven.

-Claro, eh… - tratando de ver si tenía alguna identificación.

-Leeteuk. – sonrió nuevamente

-Gracias. – suspiró aliviado el conejo -¿Nos traes el mejor trago de la casa, Leeteuk?

-Claro. –asintió –Enseguida vuelvo. –

Al marcharse Yesung ya no resistió más. Mientras reía señalaba la cara de embobado de Kangin.

- ¡Jamás pensé que el gran oso y malvado del grupo tendría esa cara de estúpido!- rió más fuerte.

Todos voltearon a ver a Kangin y lo que decía el hombre tortuga era cierto, el oso estaba babeando por así decirlo del joven que los atendió.

-Kangin. – lo llamó divertido Donghae

Pero éste no respondía, ya que seguía mirando su silueta que estaba en la barra riéndose con el barman.

- ¡Kangin! – lo llamaron entre los cuatro.

- ¿Qué?- les contestó de mala gana.

- ¿Te ha pillado el camarero?- bromeó Shindong.

-No, que va.

- ¡Oh! ¡Ahí viene Leeteuk con nuestro pedido!- señalo Sungmin

- ¿Dónde?- preguntó Kangin mirando a su alrededor.

Ante ello, los cuatro rieron sin parar. En verdad nunca habían visto a Kangin de esa manera, y de solo verlo les daba mucha gracia. La persona más seria y fría del mundo, había sido encandilado por un joven que era camarero de un cabaret.

-Aquí están sus tragos. – comunicó Leeteuk dejando las bebidas sobre la mesa –Ustedes jamás han venido aquí, ¿verdad?

-No, es la primera vez. – le contestó Donghae al ver que los otros seguían burlándose del pobre de Kangin.

-Me parecía, ya que nunca los había visto por aquí.

-¿Hace mucho que trabaja aquí?

-Me llevó casi tres años construir este lugar, pero no creo que todavía lo considere como mucho tiempo.

- ¿Eres el dueño de este lugar?- preguntó incrédulo

-Algo así. – rió ante la cara de él

-Disculpe. – intervino Sungmin - ¿Cuándo comienza el show?

Leeteuk miró su reloj de muñeca y sonrió de lado.

-Dentro de diez minutos. Disfruten del espectáculo.

Sin más se retiró por lo que los jóvenes comenzaron a beber tranquilamente.

- ¿Por qué esta mesa tiene una vela roja y un mantel blanco con dibujos rojos?

-Porque hice una reserva vip, tonto Yesung.

-¿Vip?- preguntó desconfiado Siwon - ¿Qué tramas Min?

-Habla ahora conejo. – le regañó Kangin

-Está bien, me atraparon- rió por lo bajo –He oído que al estar en esta mesa, los bailarines le dedican el baile. Y además tenemos la mejor vista.

- ¡Sungmin!- le regañaron

El lugar se llenó de golpe, la gente tomó asiento abruptamente; las luces bajaron del todo y un camarero que estaba pasando por las mesas prendió las velas, dejándolas como única iluminación. Se sintió el murmullo de parte de toda la gente que había, un montón de hombres como de mujeres esperaban impacientes.

Una suave luz blanca iluminó el centro del escenario mientras que el humo salía de los costados, de repente la música comenzó a sonar. Aquella melodía tan peculiar no era nada más ni nada menos que I love Rock and Roll; el telón se abrió con lentitud mientras una persona con una capa de piel roja aparecía, comenzó a moverse al ritmo de la música, su rostro no se veía por culpa de aquel sombrero que llevaba. Entonces en una parte de la canción lo arrojó al público sintiendo como era aclamado, dejaba caer con sensualidad aquella prenda gruesa al suelo, dejándose expuesto. Era un hombre, de melena oscura, piel clara, labios gruesos y un gran cuerpo. Llevaba puesto un short oscuro ajustado a sus caderas, dejando expuestas sus largas piernas y en la parte de arriba traía una camisa de volados color violeta. Se movía al ritmo de la música, fue sacándose delicadamente la camisa desprendiendo botón por botón hasta sacársela por completo y arrojarlo a un costado.

La música cambió de golpe, dejando ver a otra persona más sobre el escenario un hombre vestido con una camisa negra entreabierta y unos pantalones del mismo color; en su rostro llevaba un antifaz que le cubría la mitad de la cara. Su cabello rubio despeinado y la manera en que seducía a su compañero era tan sensual y extrañamente caliente que los seis jóvenes se removieron en el asiento.

Donghae estaba sumiso ante los movimientos del rubio, algo dentro de él explotó. Sentía algo único, nuevo y abrasador. No podía despegar sus ojos de él y al parecer éste lo notó.

Cuando Back in Black comenzó a sonar, el de cabello oscuro se aproximó al rubio queriéndole arrancar la camisa pero él no se dejó, en vez de eso pasó sus manos por su cuerpo sacándole el short, dejándolo con el bóxer rojo. Se separó de él y la gente se volvió loca. Bajó del escenario con la mirada oscurecida, algo le sucedía, esta vez sí tenía ganas de seducir de verdad, no de actuarlo, sino de sentirlo; y aquel joven que lo miraba con devoción le despertó curiosidad y a la vez un calor dentro suyo le recorrió el cuerpo. Tenía que tocarlo.

El rubio se acercó hasta Donghae, sin moverse no dejó de mirarlo, algo, algo le impedía que separara su mirada del ajeno.

El joven se agachó frente a Hae y deslizó sus manos por sus piernas, pasando por sus muslos. Un escalofrió recorrió por su espina dorsal al sentir las manos de él. Siguió subiendo hasta pasar por su pecho, acariciar su cuello y tomarlo de la barbilla para acercarse peligrosamente a sus labios. Labios que no pudieron más que ser aclamados en ese instante; pero luego los probaría, quería seducirlo, crear una burbuja en ambos. Ese joven despertaba en él a un ser salvaje, a su lado más cavernícola. Rozó sus labios suavemente para luego sonreírle sensualmente. Se alejó lentamente, y bajo la atenta mirada de Hae, comenzó a sacarse la camisa, escuchando los gritos del público. Vio de reojo a su compañero que seducía a un joven de pelo oscuro. Sonrió.

Se acercó a su amigo y lo llevó al escenario, donde continuaron con aquel baile, donde se rozaban y tocaban mutuamente, despertando gran cantidad de gritos por parte de su amado público. La música llegó a su fin, el rubio quedó simplemente en boxer mientras abrazaba a su compañero quien estaba casi del todo desnudo, ya que nada más la mano de él cubría sus partes bajas. La gente explotó. Aplaudieron, silbaron y hasta gritaban emocionados mientras el telón bajaba lentamente hasta que ambos muchachos desaparecieron detrás de este.

-Eso… ¡Eso fue genial! ¡Es el mejor cumpleaños de todos!

-Hae, ¿te encuentras bien?- preguntó Yesung al verlo ruborizado

- ¡Claro que esta bien! ¡Si ese hombre, se le desnudó casi encima y lo tocó!- Sungmin estaba más que feliz - ¡Te ha seducido un hombre de lo más caliente!

-Min, ¿de qué hablas? Hae es hetero, no es homosexual.

-Yo creo que ahora lo está dudando Kangin. – sonrió con malicia

-Miren, Siwon también está rojo- comentó Shindong –Al parecer el más callado fue el que más recibió atención de la reina.

- ¿Reina?- preguntó el hombre tortuga

-Si, mira – extendiéndole un folleto –Estaba arriba de la mesa, el chico que apareció primero es la reina de este lugar y se llama Heechul. – señalando la imagen –Y aquí está el rubio, el rey. Su nombre es Eunhyuk. Ambos son la pareja más pedida de este lugar, por ellos es que se volvió famoso.

-Yo… voy al baño. – comunicó Hae al levantarse.

Caminó directamente por un pasillo algo oscuro, donde había señas de donde estaba el baño. Su mente divagaba en el cuerpo del joven. No podía dejar de estar ruborizado, algo realmente abrasador atravesó por su cuerpo; su imaginación voló por un minuto, ¿cómo sería besarlo? ¿Cómo sería estar en sus brazos y que no dejara de besarle ni de tocarle? Sacudió su cabeza. ¿En qué demonios estaba pensando? ¡No era gay! Lee Donghae no era homosexual. Pensó para sí mismo, pero otra vez recordó la manera en que su lujuriante mirada se conectó con la suya, en cuando sintió sus manos recorrerle las piernas y los muslos, y en como se había acercado a sus labios sintiendo su aliento mezclarse con el suyo. ¡No! Tenía que parar, pero su cuerpo reaccionó enseguida. Soltó una maldición.

Tenía la cabeza gacha, y en cuanto vio una puerta no dudó en abrirla. Al levantar su rostro se encontró con aquella mirada que lo estaba haciendo enloquecer. Había entrado al camerino del rubio sin darse cuenta.

-Yo… lo-lo siento- se disculpó rápidamente pero en cuanto quería salir, una mano cerró la puerta y le puso prestigio.

Eunhyuk empezó a acorralarlo entre la puerta y su cuerpo, aquel que solo llevaba una bata negra como única prenda.

Sintió la puerta de madera sobre su espalda, se sentía acorralado. Aquel hombre cuyo antifaz no se había sacado lo intimidaba con esa mirada penetrante llena de ¿lujuria? Una mano se deslizó por su rostro y con el dedo pulgar le delineaba el labio inferior.

-Tienes un rostro hermoso, ¿sabías?- le susurró al oído haciéndolo estremecer.

Una voz tan varonil que sintió sus rodillas sin fuerza, como si fueran de gelatina. Cerró inconscientemente sus ojos, esa voz lo estaba volviendo loco de a poco, ¿qué le estaba sucediendo? Él, no era así pero no podía moverse, era como si ese hombre le impidiera moverse o decirle algo. Pero sencillamente no podía decir nada, no tenía palabra y sentía su boca seca.

Cuando estaba por separarse del enmascarado, una presión en sus labios le hizo abrir los ojos ante la sorpresa. Sus labios se movían con voracidad haciendo que Donghae respondiera sin dudarlo. Cerró los ojos y se dejó llevar, ¡al diablo con su confusión! Sintió como su lengua le pedía permiso para entrar y éste se lo permitió, dejando que degustara de su boca para acariciar su lengua con la suya, incitándolo a continuar.

Las manos del rubio se fueron a la cintura de él, atrayéndolo, apegándolo a su cuerpo. Aún así no se quedaron quietas y acarició su cadera para seguir bajando hasta llegar a sus nalgas, las cuales apretó con ansias para apegarlo. Sintiendo la erección de los dos rozarse. Un gemido ahogado salió de la boca de Hae.

Esto tenía que ser una locura, una jodida pero deliciosa locura.

2 de Julio de 2020 a las 05:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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