bufonloco Ramiro Álvarez

En esta nueva aventura, el mítico Dr. Arroyo y su fiel ayudante Álvarez, asisten al crater de un meteorito recién caido. En el interior encontrarán algo que no esperan.


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

#aventuras
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Una nueva forma de vida

— ¡Doctor, es increíble el diámetro del cráter que ha dejado el impacto del asteroide! — Dijo Álvarez con su rostro como definición de asombro.


— ¡Mi querido Álvarez céntrese! Bajemos y pongámonos a buscar restos que nos ayuden a dilucidar si realmente existe vida más allá de nuestro mundo. ¡Necesitamos hacerlo antes de que lleguen las autoridades y dejen todo patas arriba! Ha colisionado justo en el porche trasero de la casa... ¡Nunca tendremos una oportunidad como está! —


Y así, en el claroscuro de una noche de luna llena, dos sombras bajaron a trompicones por la irregular superficie de la rampa formada por el choque de un meteoro contra la Tierra.


---***---

— ¿No es adorable Doctor? — Alvarez surgió de la parte trasera de la enorme roca que había originado el agujero en la tierra con una peluda criatura de pequeñas dimensiones encogida entre sus brazos. A simple vista podía parecer un gatito, pero una mirada más a fondo revelaba extraños rasgos que no correspondían con seres que habitan la tierra. Dos graciosas antenitas sobresalían entre las orejas de ala caída. Sus ojos color verde fosforito parecían tener la pupila con forma de estrella. En su boca se podían percibir variadas hileras de afilados dientes, entre los cuales una lengua bífida se retorcía nerviosa. Por lo demás era una adorable bola de pelo sedoso que podría ser estrella de incontables vídeos virales de tiernos animalitos. — ¡Acarícielo Doctor, su tacto es increíble! —


— ¡Tenga cuidado con esa criatura, mi querido Álvarez! No podemos saber su origen, sus actitudes o si trae alguna extraña y letal enfermedad procedente de su mundo de origen. ¡En cualquier caso es un descubrimiento increíble! El primer contacto con una especie alienígena y hemos sido usted y yo los que lo logramos. ¡Al fin vamos a poder conseguir nuestro hueco en la historia de la ciencia con todos los honores! ¡No podemos dejar pasar esta increíble oportunidad! Póngase ahí al lado de la roca humeante mostrando esa criatura a cámara. ¡Hay que inmortalizar el descubrimiento! — Dijo el Doctor atropelladamente sacando el Smartphone y buscando nervioso la aplicación de cámara fotográfica.


— ¿Escucha eso, Doctor? Parece que la criatura está emitiendo algún tipo de dulce cántico. Tiembla entre mis manos con un relajante ronroneo. — Álvarez comenzó a acariciar con insistencia el lomo de aquel animal.


—Tome nota de cualquier detalle y valla pensando en un nombre para la criatura. A usted le corresponden los honores de bautizar al primer contacto extraterrestre de la especie humana. Yo soy viejo y en mi larga trayectoria he conseguido numerosos y reconocidos logros dentro de la comunidad científica y erudita. Mío es el libro traducción de antiguos, olvidados e impíos textos capaz de hacer dormir a cualquiera que se adentre en su lectura. Pero usted... Hay trenes que pasan una única vez en la vida, así que agárrese fuerte. ¡Esta es su oportunidad de saltar al estrellato! — Entre tanta palabra el Doctor Ya había conseguido que la aplicación de la cámara quisiese abrirse y buscaba el mejor encuadre para inmortalizar el más importante hallazgo del siglo. —Manténgase unos segundos quieto y miré a cámara... ¡Sonría por favor! — Pulsó con el dedo pulgar la pantalla y el enfoque automático comenzó a medir la luz y la distancia para conseguir la mayor nitidez en la escena.


Esos breves instantes bastaron para desatar la pesadilla.


Una rápida dentellada de la criatura dejó sin brazo derecho a Álvarez. El rostro del becario se transformó en una máscara de sorpresa y del muñón comenzó a manar un exagerado chorro de sangre en todas direcciones. Esa fue la imagen que captó la cámara, pero ni de lejos el final. La criatura cayó al suelo y se impulsó como un proyectil contra el rostro del becario del cual comenzó a arrancar pedazos a bocados. Los gritos de dolor pudieron escucharse a kilómetros de distancia mientras el cuerpo era devorado por el voraz apetito de aquel ser recién llegado de otra galaxia. Bastó menos de un minuto para que lo único que quedara de Álvarez fuese una sanguinolenta masa de restos de carne y huesos fragmentados.


La voraz criatura se relamió, se tumbó a un lado, empezó a lamerse las patitas y finalmente haciéndose un ovillo se durmió canturreando.


"Es horrible"


Pensó el doctor mientras ordenaba sus ideas buscando la mejor forma de actuar. En ese instante y sopesando las opciones que brindaba la situación, la solución por la que optó fue aplastar aquella criatura con alguna de las rocas del cráter.


"No puedo permitir que está monstruosidad continúe con vida. Álvarez... Lo siento. ¡Le vengaré!"


El doctor agarró una pesada roca casi esférica de al menos cuarenta centímetros de diámetro. La levantó por encima de la cabeza y se acercó a donde el ser de otra galaxia dormía plácidamente. Apuntó cuidadosamente para no errar y ...


En ese momento una serie de imágenes de apariencia casi real comenzaron a materializarse ante sus ojos.


Imágenes de un bello paraíso lleno de vegetación y especies animales de todas formas y colores viviendo libres en armonía. Fuego, muerte y destrucción. Escenas de animales como aquel que habían descubierto consumiéndose en las llamas. Dolor y lágrimas difuminando la imagen. Una enorme explosión y miles de enormes rocas saliendo despedidas en todas direcciones hacia el espacio exterior. Soledad. Eones viajando sobre restos de aquel planeta girando en el vacío sin nada que llevarse a la boca. Soledad y hambre; insoportable hambre...


El doctor involuntariamente comenzó a llorar.


"No puede ser ..."


Dejó caer la roca a un lado y se agachó para observar la criaturita más de cerca.


"Respira con toda la calma del universo. Ahora está a salvo. Solo, a años luz del que fue su hogar. Posiblemente el último ejemplar vivo de su especie dando rienda suelta al instinto más primario. Instinto de supervivencia. Motor de la vida. La pobre criatura..."


Se limpió las lágrimas y acogió entre sus brazos a la criatura que no deja de emitir el relajante sonido.


"Solo tenía hambre..."


— Ven, pequeña criatura. No tengas miedo. Te pondré a salvo. — El doctor dio un tierno beso en la pelambrera manchada de sangre aún fresca y comenzó a ascender con cuidado por el cráter en dirección a su casa. — Bueno, visto el inesperado giro de los acontecimientos... Creo... Que te llamaré Cocó. —

30 de Junio de 2020 a las 11:12 0 Reporte Insertar Seguir historia
1
Fin

Conoce al autor

Ramiro Álvarez Soy un escritor de todo tipo de historias de fantasía, terror y ciencia ficción con preferencia por el microcuento, aunque realizo todo tipo de escritos, desde relatos largos a "Haikus". Espero que disfrutes mis ficciones.

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