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Yuri siempre se consideró un hombre de mente abierta. Pero empezó a cuestionarse este punto cuando vio que no podía pagar sus materiales de la universidad y su amiga, Mila, le contó de esta aplicación, Sugarland!, donde puedes conseguir dinero fácil a cambio de unos favores con un sugar daddy


Fanfiction Anime/Manga No para niños menores de 13.

#Yuri-Paranoico #Narrador-no-confiable #sugar-baby #sugar-daddy #universo-alterno #Nikolai-Plisetsky #otabek-altin #yuri-plisetsky #Yuri-on--Ice #bl #yaoi #comedia #Humor
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Primera cucharadita


Yuri siempre se consideró un hombre de mente abierta.


O un joven de mente abierta, pues recién había cumplido los dieciocho años… bien, un adolescente de mente abierta.


Estaba en el primer año de la universidad, tenía excelentes calificaciones, estudiaba gracias a una beca que cubría casi todo el arancel y el resto lo pagaba con un dinero que le había heredado su difunto y desconocido padre.


Vivía en la casa de su abuelo, que estaba en una modesta población a poco más de una hora de distancia de la universidad. Su conexión a internet era una mierda y su viejo laptop estaba a punto de morir, necesitaba demasiados libros de arte y materiales para sus trabajos, así que por eso tenía un trabajo de medio tiempo ayudando en una cafetería de la comunidad rusa de la ciudad.


Tan abierto de mente se consideraba, que no le importaba ver a su amiga en una relación poliamorosa o que los dueños de la cafetería fueran una desagradable pareja de gays (lo desagradable lo decía porque eran de esos que le enseñan al mundo sus muestras de afecto, y Yuri odiaba las muestras de afecto, no importaba de quién vinieran). Estaba tranquilo sobre eso y, realmente, le habían gustado chicas y chicos en el pasado, no hacía mayor diferencia y no era un tema importante.


Su vida estaba perfectamente equilibrada, de alguna manera.


Es decir, no sucedía nada anormal ni extraño.


No salía mucho y había muy pocas personas con las que le gustaba pasar el tiempo (Mila, era la única, pero a veces tomaban distancia y ella no se volvía loca por el silencio de semanas), prefería un fin de semana jugando ajedrez con su abuelo, por muy nerd que sonara… aunque cada vez tenía menos tiempo, considerando la cantidad de bocetos y proyectos que debía hacer para su carrera.


A veces pensaba en que el trabajo en la cafetería no era muy bueno, porque después de hacer cincuenta ilustraciones y acuarelas a la semana su muñeca sonaba como una máquina mezcladora de cemento y Yuri estaba temeroso de que sus manos cansadas no soportaran sostener una bandeja correctamente.


¿Que qué tiene que ver su inminente tendinitis con que se consideraba de mente abierta?


Pues Mila, la pelirroja ruidosa que era su compañera de trabajo y estudiaba Biología en su misma universidad, le comentó que se le estaba dificultando trabajar todos los fines de semana en la cafetería, pero necesitaba el dinero para comprar equipamiento; resultaba que en su año necesitaban hacer más salidas a terreno y tenía que comprar ropa especial y otros artículos dignos de un reality show de supervivencia, y que las salidas serían durante semanas o directamente sábados y domingos.


Eso lo conversaron en la cocina de la cafetería, mientras preparaban las bandejas con los pedidos e ignoraban a Georgi cantando canciones románticas en vez de decorar los pastelillos que cocinaba Lilia. Mila decía que una amiga suya que trabajaba en un restaurante italiano, Sara, que le había contado de que había una aplicación donde podían conseguir que alguien les diera dinero a cambio de un par de cosas.


—¿A cambio de un par de cosas?.— preguntó Yuri, tratando de no imaginarse lo peor, aunque era complicado porque Mila hablaba en susurros rápidos.


—Como favores….— la chica se mordió el labio y sus mejillas se tiñeron de un rosa profundo.


—¿Como… prostitución?


—¿Qué? ¡No!.— chilló Mila para luego explotar en una carcajada que atrajo las miradas de todos en la cocina, hizo un par de gestos de disculpa al resto del staff y volvió a susurrar a Yuri.— como un sugar daddy o una sugar mommy.


Realmente no supo qué decir a continuación, así que solo vio que Mila volvía al salón para llevar el pedido a la mesa correspondiente.


Yuri pasó toda la tarde pensando en lo que su amiga se pensaba meter, pero descubrió que no tenía mucha información al respecto, sólo había visto un par de post y memes en internet, había escuchado historias de chicas bonitas que conseguían a alguien que les diera dinero por sexo o cosas así… lo que era legítimamente prostitución, si le preguntaban, independiente del nombre que tuviera.


Puede que Mila fuera ruidosa, horrible y diera los peores consejos del mundo, pero aún así la apreciaba lo suficiente como para preocuparse por esta clase de cosas, no sabía quién podría estar del otro de la pantalla, ¿y si le salía un psicópata?, ¿o un viejo verde pervertido?, ¿o si conocía a algún tipo involucrado en trata de personas y la querían para sacarle sus órganos?


Era demasiado peligroso.


Trató de hablar del tema durante el resto del turno, pero estuvieron ocupados ese día como nunca antes; el viejo Sergei celebraba su cumpleaños y había invitado a la mitad de la comunidad rusa, así que por lo menos conseguirían una buena propina.


---


Con los pies latiéndole al ritmo de su maltratada muñeca, Yuri volvió a su casa. Su abuelito miraba un programa basura en la televisión mientras tomaba un té de hierbas aromáticas. La pequeña casa estaba inundada con el perfume del té y el eucaliptus que ardía en la chimenea, se sentía cálido, así que no pudo más que caer todo despatarrado en el sofá de al lado.


—¿Quieres que caliente comida, Yuratchka?


Solo asintió y se envolvió en la manta peluda que siempre descansaba en el living, pronto Potya salió de su habitación y saltó para acostarse en su panza.


Así, la vida era buena.


Comió el guiso de patatas en el mismo lugar a la vez que escuchaba a su abuelito hablarle de la telenovela de la tarde y ponerlo al día con las noticias del telediario; también le contó algunos chismes de los que se enteró cuando fue al almacén y cómo el perro de la señora Justina se estaba recuperando.


Yuri movió la cabeza afirmativamente y preguntó de vez en cuando, solo relajándose por escuchar a su abuelo.


Quería irse a dormir, pero aún tenía que hacer una investigación y análisis de alguna obra plástica de carácter político para el lunes… y mañana era lunes.
Mataría a cualquiera que se atreviera a decir que estudiar arte era fácil.

---


Sobrevivió a su primera clase en base a café, a pesar de que su profesor insistió en hacerse cada vez más aburrido al hablar de la filosofía griega y su relación al arte en el Siglo de Oro de Pericles. Sus apuntes estaban inclinados en su cuaderno, porque cada vez que escribía algo, sentía que cerraría los ojos y se dormiría para siempre.


Por lo menos no era como Guang Hong, que estaba roncando descaradamente sobre su mesa hecho una bolita.


Al salir de su clase fue a la oficina de su profesor de Arte Moderno para dejar su estúpido informe, firmó la lista de confirmación y salió arrastrando los pies; tenía por lo menos quince minutos ante de que comenzara su siguiente clase de dibujo, así que fue por otro café y algo con chocolate.


La mitad de su clase entró bostezando al salón, pero la maestra se apiadó de ellos y les permitió poner música, agradecidos, todos empezaron a trabajar en el autorretrato en técnicas mixtas.


Recibió un mensaje de Mila diciendo que no tenía clases hasta las tres y que lo esperaría para almorzar.


Los casilleros que estaban dispuestos para guardar los materiales de los alumnos de primer año habían sido tomados nuevamente por estudiantes de cursos superiores, así que Yuri tuvo que llevar su lienzo bajo el brazo y todas sus pinturas en la mochila.


Si pudiera, se dejaría caer en medio del césped y recuperaría sus horas de sueño.


La cafetería de la universidad estaba llena como siempre, su facultad no tenía una propia y la de Mila estaba demasiado lejos, así que compraron un par de sándwiches y se sentaron en un asiento de metal demasiado frío.


—¿Muy aburridas las clases?.— preguntó la pelirroja, estirando los pedazos de lechuga que escapaban de su pan.


—Demasiado… estoy harto de los griegos, quiero que este semestre pase pronto y salir de vacaciones.


—Llevas tres meses de clases.— se rió Mila, arrugando su nariz.— en dos semanas empiezan las salidas a terreno y me faltan la mitad de las cosas.

Entonces, Yuri lo recordó.


—¿Y esa cosa que me estabas contando? ¿lo de la aplicación esa?


—Ah, lo de ser un sugar baby, sí, creo que lo haré.


—¿Por qué?.— preguntó Yuri, tratando de no juzgarla, porque #menteabierta.


—Necesito el dinero y no estoy pidiéndole a mis padres. Mi mamá cree que me gasto el dinero en fiestas y mi papá quería que fuese enfermera… no quiero pelear más con ellos.


—Pero puede ser peligroso…


—Tal vez, pero puedo cuidarme. Además, no creo que acepte juntarme con quién sea que quiera pagarme.


Yuri masticó lentamente su sándwich, tratando de entender el punto


—¿Y si no se juntan… cómo van a … ?


—Oh, Yuratchka, no. No es lo que piensas, no tiene porqué ser algo sexual; seguramente algunos quieren llegar ahí, pero puedes especificar qué es lo que quieres. Sara tiene dos sugar daddy, y solo les habla, uno la llama por teléfono para que Sara le cuente su día y el otro le pide fotos con los vestidos que le compra… le dan una mesada generosa y ella pudo comprarse un nuevo ordenador en dos meses.


De acuerdo, no sonaba mal; pero, tal vez, la amiga de Mila solo tenía suerte.


—No entiendo porqué alguien querría pagar por eso.


—Hay mucha gente sola, supongo que quieren alguien para conversar y un poco de compañía, sin tener que recurrir al tedioso proceso de socialización.
Ya, a Yuri tampoco le gustaba socializar, pero...


—Sigue sonando extraño para mí.


—Supongo que no es para todos. Mira, la aplicación se llama Sugarland, ya leí todo lo que dice su página y no me pareció nada complicado.


Yuri asintió tomando otro mordisco de su comida. Entendía que era una forma poco ortodoxa y muy alternativa de ganar dinero, pero no dejaba de parecerle estrafalaria y perturbante, incluso, algo perversa.


Mientras bebía su té, Mila cambió el tema y empezó a contarle de cómo se había peleado con el nuevo ayudante de Hidrología.

---


Dos semanas más tarde, Yuri ni siquiera recordaba la conversación con Mila, pues el asunto no había salido a colación en esos días.


Pero, ya que la historia va de esto... pues, la aplicación volvió a aparecer en el camino del esforzado estudiante universitario.


Era viernes por la tarde, almorzaba en su casa, puesto que tenía una sola clase temprano, y a las cuatro partía al restaurante para un turno hasta la medianoche.


Estaba tomándose el jugo de tomates restante de la ensalada, cuando su abuelito pareció acordarse de algo y fue a la cocina


—Yuratchka.— le llamó cuando volvió a la mesa.— ¿puedes ayudarme con esto? La señora Justina me envió un vídeo de su perro, jugando con su gato y dice que ya está mucho más recuperado, pero no puedo verlo.


Yuri tomó el teléfono que le ofrecía su abuelito y, como buen nieto que era, decidió ver cuál era el problema.


Le tomó menos de 30 segundos descubrir que era por falta de espacio. Borró los archivos temporales y las notas de voz de la aplicación de mensajería; decidió que revisaría las aplicaciones, porque su abuelito siempre instalaba todo lo que le salía de publicidad.


—Le ocupas toda la memoria cuando instalas esa publicidad basura.— le explicó con un regaño juguetón.— mira, le instalas estas cosas para comprar en China, esos aceleradores de celulares que no sirven de nada, estas aplicaciones para limpiar tampoco sirven, solo te gastan espacio… tienes esto del Banco Central y ni siquiera estás en ese banco, abuelito.


Yuri se rió de buena gana mientras enumeraba las aplicaciones basura que borraba.


—Pero, Yuri, ni siquiera sé cómo se instalan esas cosas.


—Salen en publicidad, y si le pones aceptar, las descargas. Mejor pregúntame antes de instalar algo, puedes poner un virus si no tienes cuidado. ¿Qué juegos vas a dejar?


—Déjame el de la granja y el de hacer crucigramas.


—¿La aplicación de noticias Sputnik?


—No, esa déjala.


—¿Este juego de dinosaurios?


—Yo no instalé eso.


—¿Ves lo que te decía?... Debes tener más cuidado, ¿Y esta que se llama Sugarland?


—No, esa déjala.


—¿Qué es?


—Es un juego.


—Vale, ¿Escuchas música en Spotify?


—Ni siquiera se que es eso, Yuratchka.


Yuri solo pudo reírse de su abuelito.

---


Esa misma tarde se encontró con Mila en la cafetería, ambos estaban en el cuarto de empleados tratando de hacerse el peinado más apretado posible que mantuviera alejado su cabello de la comida.


—Oye.— llamó su atención Mila, hablando extraño por todas las horquillas que sostenía entre sus labios, mirándose al espejo, tratando de domar su melena pelirroja.— me inscribí en la página esa… la de los sugar, y ayer en la noche me mandaron la confirmación de la cuenta, así que en la mañana estuve haciendo mi perfil.


—¿Y ya encontraste a alguien?


—No sé si funcione así de rápido… pero tengo cinco likes de interesados en mi perfil.


—A ver, muestra, muestra.— Yuri se acercó a su compañera que revisaba su móvil y vio cierta aplicación que se le hizo familiar:


Una S con mucha floritura de color blanco y remarcado en rosa, con un signo de exclamación redondeado, sobre un cuadrito azul celeste.


Abajo estaba escrito: Sugarland!


Mila abrió justamente esa aplicación y los envió a una pantalla azul celeste donde salían fotos de chicas y chicos con muchos corazones y caramelos dibujados.


—Me gusta la estética que tiene, nunca imaginarías para lo que es… ¿Qué opinas?


Yuri abrió y cerró la boca varias veces tratando de responderle a su amiga, pero en su mente solo pasaba el momento en que su abuelito le dijo que no borrara esa aplicación.


Quizás se estaba equivocando, pero sabía que no era así, tenía una excelente memoria visual. Podía recordar muy bien logos, combinaciones de colores, diseños y patrones, así que no dudaba de que fuese lo mismo.


¿Por qué su abuelo tendría una aplicación como esa?


¿Se habrá confundido cuando se ofreció a borrarla y por eso le dijo que no?


Puede que fuera eso, tal vez se confundió con un juego o algo, o se lió con el nombre creyendo que era de otro cosa.


—Está bonita.— dijo finalmente, cuando Mila entró a su perfil y le mostró algunas de sus fotos.— te ves bien ahí.


—Gracias. Mira, aquí te llegan los mensajes, puedes subir fotos, aquí te pueden donar algún dinero, y aquí es donde te “contratan”, hay chicas que tienen como cinco sugar daddies a la vez, bueno… también hay chicos… oye, si me resulta, quizás tu también podrías entrar, eres muy guapo, seguro alguien quiere darte dinero.


—Mhm… no lo sé, creo que es muy extraño para mí.


Metió su propio móvil en el bolsillo de su delantal, revisó que la libreta y lápiz estuviesen en su lugar y salió de la sala, tratando de no prestar a atención a la risa de Mila ni a lo raro que sería que su abuelito estuviese utilizando esa aplicación.

---


La curiosidad mató al gato, pero el gato murió sabiendo.


Ya saben, a veces dicen que es mejor no tentar al destino y no involucrarse en lo que no quieres saber… aunque Yuri sí quería saber.


No le faltó oportunidad para encontrar el móvil de Nikolai desatendido, puesto que no era como los jóvenes, que parecían que habían nacido con el teléfono pegado a la palma de su mano.


El móvil estaba sobre la mesada de la cocina y su abuelito había ido a comprar pan o alguna cosa al almacén, por lo que demoraría sus buenos veinte minutos, porque se encontraría con toda la gente que conocía (la mitad de la ciudad, al parecer) y se pondrían a hablar de la inmortalidad del cangrejo.


El celular no tenía clave, por lo que pudo ingresar rápidamente y allí otra vez tenía instaladas unas aplicaciones de compras y un “limpiador de memoria”, por pura costumbre las eliminó. Pronto dio con la aplicación que buscaba:
Sugarland!


Efectivamente era la misma que tenía Mila.


Temblando ante la perspectiva de lo que pudiera hallar, la abrió.


Lo recibió la pantalla que ya conocía con las fotos de chicos y chicas sonrientes.


Casi deja caer el teléfono cuando vio que había alguien logueado con el nick NikoPli.


—¿Por qué?.— Yuri susurró apretando más el teléfono entre sus manos.
NikoPli, con letras azules, debajo de su nombre de usuario decía: Daddy, tenía 18500 puntos según un corazón rojo en la esquina izquierda; seguía a 289 personas, tenía tres mensajes sin leer, le ofrecían hacer click para ver a quien patrocinar, el dibujito de un paquete de obsequio que se movía le pedía que fuera a la sección de regalos y también decía que tenía a una lista de 7 babies que estaba siguiendo para ver sus noticias primero.


A Yuri le dolió un poco el estómago: obvio que su querido abuelo no había entrado a esa aplicación por error. O sea, por error no se estaba inscribiendo en una página y dándole dinero a unos desconocidos.


¡Pero por todos los gatos del mundo! Que su abuelo siempre se quejaba de que su pensión no le alcanzaba para todo lo que quería comprar… con razón no le alcanzaba, si andaba tirándolo en esta clase de… de cosas.


UGHHHHHHHH.


Nunca está bien violar la privacidad de alguien, pero Yuri estaba preocupado por su abuelo… ¿y si alguna de las chicas de esta cosa trataba de estafarlo? ¿o estaba gastando más dinero del que debería? Sí, sí, su abuelo era un adulto (de 64 años, por cierto), pero era ingenuo en algunas cosas (aunque no todas, al parecer).


Como sea.


Había un cuadrito dorado con una especie de alitas de ángel que rezaba “Favorite Baby” y marcaba dos notificaciones o algo así, supuso. A pesar de que intentó, no pudo entrar allí de inmediato, así que optó por cambiar de estrategia y se fue a los mensajes.


La casilla estaba dividida en tres: Baby Messages, Community Messages y App Messages. En la primera casilla habían varios mensajes abiertos y sin abrir, pero después de leer algunos, Yuri descubrió que se trataban de una especie de spam, puesto que solo eran chicas y chicos ofreciendo recompensas si decidían ser su Daddy (algunas recompensas eran algo que no quería haber visto, gracias); la sección de Community venían de foros con nombres como Senior Daddies, Mi baby es mejor que el tuyo, Daddies Primera Vez…. y no estaba revisando más de eso; los mensajes de la aplicación solo hablaban de actualizaciones y parafernalia similar.


De acuerdo, ahora era donde Yuri tendría que enfrentar la realidad y revisar, quisiera o no, a la Favorite Baby de su abuelo.


En momentos así era donde se sentía como un mocoso asustado, con la anticipación haciendo temblar sus manos y el miedo logrando que sus mejillas y cuello se calentaran, como si estuviese a pleno sol.


No, retiren eso de miedo… ¿era más como vergüenza? aunque también había algo como temor con lo que fuera hallar, ¿existía un sentimiento que mezclara esas dos cosas?, bueno, si no existía, lo llamaría vergüenmiedo.


Con el vergüenmiedo en la garganta, Yuri picó el botoncito dorado.


Casi dejó caer su teléfono cuando lo recibió una foto de un chico.


UN JODIDO CHICO.


Esperen ¿su abuelo estaba en los chicos?, el vergüenmiedo se instaló más profundo en su pecho.


El tipo se veía joven, quizás tenía un par de años más que él. Tenía la piel de un tono aceitunado y el típico corte de cabello que usaban todos los chicos; sus ojos eran afilados, algo almendrados… como si fuese asiático, quizás, aunque su nariz contaba otra historia… a menos que fuera de ancestros euroasiáticos u otra etnia similar; ni siquiera estaba sonriendo sino que tenía una mueca donde levantaba una de las esquinas de la boca.


Llevaba una camiseta gris que se veía algo tirante en la zona de los brazos y la tinta de un tatuaje se asomaba por su cuello. Yuri volvió a la cara solo para ver que sus orejas estaban perforadas.


Era como un chico malo, de esos de las películas para adolescentes, incluso tenía un estúpido colgante dorado con un sol y alguna clase pájaro… ¿era surfista acaso? (no lo parecía) y tenía esa pose de estar despreocupadamente sentado, pero con una ligera inclinación para dar su mejor ángulo.


El nick del imbécil era Beka_Bear.


¿Quién sería este sujeto?


Más abajito en la pantalla había un chat, un botón de regalos y uno de donación.


Se disponía a leer el chat, cuando oyó que alguien se limpiaba los pies en la entrada de la casa, así que salió de la aplicación, dejó el teléfono bloqueado donde lo había encontrado y sacó un vaso para fingir que iba a tomar agua.

---


Yuri sentía que en su cabeza caminaban diminutos bichitos que usaban agujas como zancos… ya saben, esa sensación de que te pica todo el cuero cabelludo sólo por la ansiedad y nerviosismo que sientes.


Cada noche cuando se iba a dormir tenía esa misma sensación de… nerviosiedad y vergüenmiedo.


Daba vueltas y vueltas en su cama pensando en cómo averiguar qué era lo que pasaba en esa maldita aplicación. No quería preguntarle directamente a Nikolai o sería demasiado bochornoso para ambos, tampoco podía contactar a Beka_Bear, porque necesitaba tener una cuenta en el sitio, y para eso debía mandar una fotografía de su cédula de identidad para probar que era mayor de edad… y no estaba haciendo eso.


Pensó en pedirle ayuda a Mila, que le prestara su cuenta y desde ahí revisar o contactar a este tipo para decirle que… ¿para decirle qué? ¿que dejara de molestar a su abuelo? ¿que dejara de recibir dinero de su abuelo?


Dios de los gatos, eso era estúpido.


No era como si el tal Beka_Bear estuviese coaccionando o estafando a Nikolai de alguna manera, pero... ¿debería decirle algo como que era un pobre viejo y no le serviría para sus planes malvados de apropiarse de su dinero?


Muy dramático.


Oh, y ahora cada vez que su abuelo revisaba cosas en su teléfono y se reía, Yuri no podía dejar de pensar en que estaba hablando con ese tipo.


Otra de las cosas que no podía dejar de pensar, era en que, al parecer a su abuelito le gustaban los chicos y… bueno, nada en la vida lo había preparado para eso.


A pesar de ser de mente abierta, como dijo al principio de la historia (hashtag incluido), no concebía a su querido Nikolai Plisetsky siendo… gay… o bisexual, para el caso, ¿por qué su abuela qué?... aunque ¿por qué un chico tan joven?


¡Podría ser su nieto!


(Aquí era donde Yuri utiliza su almohada para gritar sin ser oído)


Era demasiado tener un secreto que no podía compartir, ni averiguar más de él. Internet era demasiado grande como para encontrar a este tipo, además, con el pasar de los días, había olvidado la cara de Beka_Bear y ahora era un joven moreno genérico con undercut.


Pensó, de igual manera, en volver a revisar la aplicación cuando su abuelo no estuviese mirando, pero leer los mensajes de su abuelo coqueteando con un chico… hum, como que le quitaba todas las ganas.


Estúpida curiosidad.


Dos semanas más tarde, Mila tenía a su Sugar Daddy, decía que era un tipo de cuarenta años del otro lado del país, con el que solo hablaban y le daba unos treinta dólares cada vez que conversaban por teléfono, que era como 5 veces a la semana.


Estúpida pelirroja con suerte.


Así que Mila tenía que trabajar un día menos en la cafetería, pero Yuri seguía sin saber quién era el tipo misterioso de su abuelo.


Hasta que se decidió.


Esperó a que Nikolai estuviera en la ducha para tomar su teléfono, entrar al perfil de Beka_Bear, tomar todos los screenshots posibles y enviarselos a sí mismo por correo, luego, eliminando la evidencia.


Yuri se sentía como una especie de agente secreto.


Mientras viajaba en el transporte a la cafetería, empezó a revisar los pantallazos que había obtenido.


El primero tenía la foto del tipo enmarcado en unas líneas rosas y celestes que ponían Baby, era la misma imagen que había visto al principio; salía su nick espeluznante (Beka_Bear sonaba demasiado adorable para un tipo con cara de nada), según la información que había allí tenía veintiún años, estudiaba en la universidad y le gustaba la música, la mecánica y las motocicletas, su comida favorita eran los pirozhki (maldito, esa era la comida preferida de Yuri), le gustaba leer y los viajes de carretera.


¡Já!


Como si le fuera a creer, con esa pinta era como un fuckboy universitario promedio.


En sus preferencias tenía marcado hombres, y tenía marcado que aceptaba citas, llamadas, fotografías y otros (¿qué diablos significaba otros?, Yuri quería arrojarse por la ventana del autobús en movimiento)... y lo más impactante de todo, es que decía que estaba a quince kilómetros.


¡Osea que el jodido Beka_Bear era de su misma ciudad!


Ya tenía que bajarse, pero ahora no podía dejar de pensar en si su abuelito se había reunido con ese tipo.

---


En los siguientes días, se obsesionó leyendo una y otra vez los datos del tipo, preguntándose cómo diablos poder hallarlo en la ciudad, no había posibilidad alguna de que se topara con este tipo por motivos al azar.


La única pista es que estudiaba en la universidad, y habían tres universidades en la ciudad. Jamás lo encontraría.


¿Y si lo encontraba qué?


Muchas veces Yuri imaginó encontrarse con este tipo y que lo enfrentaba, increpándole su falta de moral y cómo engañaba adultos mayores para quedarse con su dinero. Luego, lo atacaba el vergüenmiedo y volvía a recordar lo ridículo que sería todo eso… aparte, ni siquiera sabía cuál era exactamente el trato con Nikolai, y, por todos los gatos del mundo, no quería saberlo.


Ya tenía suficientes traumas encima.


Ugh, no quería saber nada más de nadie, además, ya tenía suficiente trabajo mental con los proyectos que tenía que hacer para sus clases, y, la verdad, no quería pensar extra.


Mila seguía hablándole de cómo estaba ganando dinero con sus sugar (ya tenía 4), y que planeaba trabajar un solo día en la semana en la cafetería, para cuando se aburriera del negocio de Sugarland y la dejaran volver a su horario antiguo.


Esas semanas, Yuri tuvo que pasearse por toda la ciudad buscando edificios para ilustrar con diferentes técnicas, llevando todos los materiales necesarios para hacer su portafolio. Incluso, durante el almuerzo de su día en la cafetería, tuvo que ir a sentarse en la vereda de en frente para dibujar; debía encontrar 20 construcciones interesantes e ilustrar 3 perspectivas diferentes de cada uno.


Su muñeca y codo se convertirían en polvo.


Y su cerebro se convertiría en polvo, también.


Sobre todo, porque estaba a punto de descargar la aplicación en su celular y averiguar más de este sujeto.


Aunque, claro, no tuvo que hacerlo.


Una de esas tardes de domingo, mientras reponía productos en la vitrina de la cafetería y checaba el inventario para que todo estuviera en orden, una voz lo distrajo:


—Hola.


Yuri, sin voltearse, se acurrucó más contra el escaparate que separaba la parte de la tienda del salón de té, no quería atender al público, era el turno de Viktor de hacerlo, además no tenía… hum, "habilidades de atención al público" como para manejar a algún comprador indeciso (digamos que la última vez le había gritado a un tipo porque llevaba diez minutos frente a dos cajas de té).


—Hey, hola.— esta vez escuchó la voz sobre su cabeza y casi se infartó cuando vio a un tipo casi doblado sobre la vitrina. Diablos.— disculpa, estaba buscando té Kusmi, ¿tienen aquí?


Se puso de pie tratando de no demostrar que estaba molesto como el infierno. Abrió la boca para responder algo, pero la cerró de inmediato… el tipo le parecía horriblemente familiar:


Piel olivácea, ojos almendrados, el estúpido corte de pelo tipo fuckboy y su cara inexpresiva.


Como ya se estableció antes, tenía una muy buena capacidad para reconocer formas y patrones, eso incluía rostros… y como había estado mirando con odio la foto del tipo en la aplicación del demonio, lo recordaba.


El infame Beka_Bear.


Yuri tosió y trató de articular sus pensamientos lo mejor posible: “solo hablo ruso”, dijo en dicho idioma. Ya que la mayoría de las personas que llegaban a la cafetería eran de la comunidad o de algún país relacionado con Rusia, era bastante común que se hablara en ruso, por lo que tenía una buena práctica a pesar de que casi ya ni usaba la lengua de su infancia.


—Está bien.— le respondió el tipo en un impecable ruso y Yuri quiso tirarse de cabeza por una ventana.— ¿tienen té Kusmi aquí?


Genial, el tipo que podría estar robando (o robándose) a su abuelito también era parte de la comunidad.


—Sí, ¿alguna variedad en especial?. También tenemos té Maiskiy, Krasnodar y Tra Dinh.


—No, alguno Kusmi, con un empaque tradicional… es para un regalo.


¿Para quién estaba comprando té este desgraciado?


Yuri puso sobre el mesón de la vitrina los que más solían llevar los compradores: el Russian Morning 24, el Anastasia, el Prince Wladimir y el Kashmir Tchai; solo por un capricho, puso también la edición limitada del Tsarevna, porque estaba seguro de que no podría pagarlo.


—Son las variedades que tenemos disponibles. También importamos café de las marcas Camardo, Jardin y Bushido, hay… bueno, habían sobres para preparar raf en casa pero se agotaron, y llegarán la próxima semana. Si no hay de la variedad que buscas puedes dejar tu nombre y número, y te llamaremos para hacerte saber que ya está aquí.


¿Y qué si se aprovechaba de un servicio de la cafetería para obtener más datos del imbécil?


—No por ahora.— el chico frunció el ceño mientras tomaba una de las cajitas de Anastasia.— de casualidad, ¿traen té de la marca Akman?


Bingo.


—Déjame revisar.— buscó en el computador de la recepción, Yuri sabía que la marca no estaba actualmente, así que podría fingir que sí la traían, pero estaba agotada.— creo que no hay.


—Oh, sí, supongo que es un poco esperable… no es una marca rusa en realidad, es de Kazajstán, mi papá siempre habla de cuánto extraña el té de allá.
Apretó los labios para no dejar escapar sus pensamientos… o no preguntarle si se refería a su papá biológico o algún sugar daddy kazajo.


Golpeó el teclado pensando en una solución.


—Si realmente estás interesado, puedo preguntarle al dueño de la cafetería si es posible conseguir esa marca.


—¿De verdad?.— el tipo pareció realmente sorprendido con el ofrecimiento y casi se sintió culpable de tener segundas intenciones macabras.


—Por supuesto, queremos que nuestros clientes se sientan felices con recuerdos de nuestras tierras.— Yuri utilizó su sonrisa más deslumbrante y batió sus pestañas para convencerlo.


El chico asintió en reconocimiento y contempló fijamente la superficie de la vitrina durante unos segundos.


—Entonces, ¿debo darte mi teléfono para que puedas avisarme?


—Sip.— buscó la libreta de clientes y un lápiz para anotar, actuando como si quisiera ganar el distintivo del empleado del mes.— vale, tu nombre y tu número.


—Otabek Altin.


Anotó cuidadosamente el nombre, sintiéndose demasiado observado, así que fingió que estaba haciendo sus ilustraciones en clase, donde no faltaba quien se asomaba por sobre su hombro para ver el progreso de sus trabajos.


—¿Así está bien?.— le mostró la escritura cirílica y el contrario movió la cabeza afirmativamente.


Beka_Bear dictó su número, equivocándose dos veces y sonrojándose cada vez, como si fuese algo muy vergonzoso dictar mal los dígitos.


—Ok, hablaré con el dueño y le preguntaré si puede conseguir esta marca, Si tienes más gente que pudiera querer el producto, haría más fácil que consiguieran traer líneas completas de productos de Kazajstán.


—Creo que a unos amigos de mi familia puede interesarles… ¿Puedo tener tu número?


Yuri frunció el ceño, confundido por la petición. Sonaba demasiado extraño y no confiaba para nada en este tipo, sobre todo si andaba por ahí seduciendo abuelitos (Yuri se dispararía mentalmente después de digerir ese pensamiento), así que preguntó:


—¿Para qué querrías el mío?


—Para… pues, quiero decir, para saber que eres tú cuando llames para confirmar lo del té.


—Usamos el número de la tienda.— tomó una tarjeta del lado de la caja y se la entregó al tipo, Otabek, que volvió a verse un poco avergonzado.— aquí están los datos de la cafetería, si crees que no podrás contestar una llamada, pregunta por las redes sociales y se mantendrá ese canal de comunicación.


—No. No. Está bien así.— tomó la cajita del Russian Morning.— voy a llevar este por ahora.


—Por acá, por favor.

---


De acuerdo.


Las cosas empezaron a ponerse extrañas en las siguientes semanas.


Extrañas en el sentido de que Beka_Bear estuvo yendo siete días seguidos a la cafetería.


Se vio tentado de decirle, durante su turno del domingo, que no era necesario que fuera todos los días, que ya le avisarían cuando estuviera lo de su jodido té, pero ese día estuvo demasiado ocupado con los familiares de la señora Svetlana Fiodorovna: un montón de mocosos gritones y adolescentes malhablados llegados directamente de la Madre Rusia hace apenas dos días… ¿por qué la señora invitaría a un montón de rusos a un café ruso al otro lado del mundo?


Un total misterio.


De todos modos, el punto era que Otabek estaba allí, en su lugar de trabajo. Mila lo había atendido dos veces y suspiraba sobre lo guapo que era el tipo.


Yuri no creía que fuera guapo… o sea, objetivamente era guapo, incluso como para usarlo de modelo en algunas de sus ilustraciones sobre forma humana, pero, sabiendo lo que sabía del sujeto, no le veía el atractivo.


Así que fingió haberlo olvidado, y, cuando el tipo lo miraba con cara de reconocimiento o haciendo un saludo, pasaba de largo o iba a apurar a Georgi con los pasteles.


Fue fácil ignorarlo, hasta que Beka_Bear creyó que era una buena idea tomar una de las mesas que estaban en su parte de la cafetería en los turnos.


¿Qué diablos quería ese tipo?


La verdad, no lo entendía y Yuri podría no haberse dado cuenta, pero gracias a Viktor y su estúpida manía por hacer comentarios retrasados, comenzó a preocuparse por: “¿oye, son ideas mías, o ese chico está tras de Yurotchka?”


Mila, por supuesto, siempre siendo Mila, chilló emocionada, diciendo que ella se ofrecía a acercarse y averiguarlo; así fue como el grupo de idiotas inventó un plan para saber si al misterioso chico de las seis (iba todos los fines de semana a la misma hora) estaba interesado en Yuri.


Por supuesto que no quiso participar de todo ese circo. Era estúpido que estuviera allí por él, seguramente estaba esperando su té para llevárselo a algún sugar daddy kazajo o alguna mierda así o realmente le gustaban los chai coffee de Viktor y los prianik de Lilia.


Sea cual fuere el motivo, Yuri no tenía tiempo para tonterías.


No cuando se estaba haciendo más pobre cada día gracias a tener que comprar sus materiales para la universidad, nadie pensaría que los lápices y el papel era tan caro hasta que se entra a estudiar arte, también estaba el tema de los proyectos académicos y que debía memorizar un montón de fechas, periodos históricos y artistas para sus clase de Historia del Arte.


Y, la guinda del pastel, su abuelito y su idea loca de conseguir citas por internet.


Más de una vez Yuri se preguntó si mientras él estaba estudiando, Nikolai invitaba al infame Otabek a su casa… y de solo pensarlo se le erizaba el pelo de la nuca y sentía esta vergüenza de segunda mano y el… eso, lo del vergüenmiedo.
Imaginaba que un día llegaría a su casa y la encontraría toda desvalijada, con su abuelito llorando porque había sido asaltado.


Quizás era un poquito paranoico, sí, pero cómo no preocuparse cuando su abuelo estaba metido usando una aplicación que seguramente es ilegal y había un tipo de alrededor de su edad quitándole el dinero y… y haciendo quizás otras cosas.


Ugh.


Lo peor, fue que unos cinco días después de que le vendió la caja de té a Otabek, el dichoso empaque apareció en su alacena, junto a su cereal con forma de frutitas. Ni siquiera pudo aguantarse cuando le preguntó a su abuelo si había ido a la cafetería por un poco de té.


Casi dejó caer su cuenco de leche cuando le dijo que había sido un regalo de un amigo.


Y noooooooooo.


Yuri sabía que era una mentira.


Ahora su abuelito le mentía para encubrir a ese patán.


Le comentó vagamente que esos té eran caros y dijo que Mikhail se lo había regalado.


La traición fue como una bofetada.


No dijo nada más al respecto, a pesar de que le enfurecía cada vez más que su abuelito se riera cada vez que estaba en su teléfono.


Y cuando todo parecía que no podía ir peor… fue peor.


De algún modo, Viktor se hizo amigo de Otabek, bueno, tal vez no amigo, porque nadie quería ser amigo de Viktor, pero lo importante de esto era que hablaban y que le consiguieron el puto té. ¿Que sobre qué conversaban? No tenía idea, ni le importaba.


Yuri solo quería que el tipo dejara de mirarlo como si le debiera algo.

------------------


Primera parte de este cosa super crack. Mañana les estaré subiendo la segunda parte, porque ya está lista; espero que se rían con esto xD como yo me reí escribiéndolo. Como siempre, gracias por pasarse por aquí, son lo mejor. Gracias por leer, por comentar y votar :)

cuídense mucho.

29 de Junio de 2020 a las 21:16 13 Reporte Insertar Seguir historia
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Dul García Dul García
OH POR DIOS AL FIN TE ENCONTRÉ!!!! *hace la llorasion* y logras meterme de lleno en tus historias como siempre, excelente servicio~ ♥
Rosemarie Aguirre Rosemarie Aguirre
Estuve en tensión todo el tiempo XD wibduvdibdib
July 04, 2020, 14:38

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    pediría disculpas, pero no xDD gracias por venir a leer esta cosa :3 July 08, 2020, 21:55
M. Forbit M. Forbit
Me Encanta xD
July 01, 2020, 09:39

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Gracias por venir a leer esta basura xD te mereces un abrazo July 08, 2020, 22:01
Javi Michea Javi Michea
Ay no lo puedo creer jajajaj quede súper impactada, este beka jajajajaj ay no puedo con esto
June 30, 2020, 06:32

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    el vergüenmiendo atacando xD Bekita es solo un jovenzuelo universitario , Nikolai es el que anda regalando los billetes de la pensión xD Gracias por leer -abrazo pegote- July 08, 2020, 22:19
Yatovale 10 Yatovale 10
Esta muy divertido!!! No lo veo a Nikokai en plan se conquista!🤣🤣🤣
June 30, 2020, 01:07

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    JAJAJAJAJAJAJAJ bueno, por lo visto, Nikolai no anda en plan de conquista, va por el camino fácil y suelta los billetitos. gracias por pasarte a leer, un abrazo gigante July 08, 2020, 22:11
Nami Kitsu Nami Kitsu
Mis nervios estan igual que los de Yuri al imaginar a Otabek con Nikolai... ya sabes que opino de los viejos con menores xP
June 30, 2020, 00:53

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    jijijijijiji el vergüenmiedo; pero Niko solo miraba y le arrojaba billetitos de la jubilación al sugar baby July 08, 2020, 22:07
Frida Ruiz Licona Frida Ruiz Licona
Estoy muriendo de la risa como no tienes un idea jajajajajajaja solo de imaginarlo me da algo 😂😂😂 Quiem viera al abuelito Niko, aunque no lo culpo Otabek esta 👅💦🔥
June 29, 2020, 22:29

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Yaaaay, me alegro de que te rías con esto, es la idea de este crack. Y bueno, abuelito Niko sabe lo que es bueno y de calidad jajajajajajaja graciaaaas, un abrazo gigante July 08, 2020, 22:04
~

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