daphnesniper Daphne Crownguard

En pleno invierno una pareja baja del taxi, el alfa ayudando al omega descender con cuidado y que no resbale en la nieve que cubre el suelo. El menor está asustado por este nuevo cambio que incluso siente como se mueve algo en sus entrañas advirtiendo que esto no será fácil. El mayor se acerca a él por detrás, abrazándolo y dejando caer sus manos en la altura de su vientre, depositando un beso en su mejilla. —¿Estás seguro que estamos haciendo lo correcto? —pregunta el omega preocupado. —Sin duda, en este lugar podremos comenzar una nueva vida —contesta el alfa mirando hacia la pequeña casita. —Espero que seamos felices a pesar de las pruebas que se avecinan —se aferra a las manos de su pareja—. Dejamos todo atrás y no podemos retroceder. —Deja de preocuparte, haré lo mejor para nuestra familia. Entonces el omega busca los labios del alfa para besarlo con ternura, pues con todo esto no hay nada más reconfortante que estar en sus brazos recibiendo una muestra amor. ღ Yuri on Ice ღ Víctor x Yuuri ღ Género: Omegaverse | Romance | Drama


Fanfiction Anime/Manga Sólo para mayores de 18.

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ღ UNO

—¡Yuuri! ¿Puedes venir un momento?

Envuelto entre las cobijas, un joven de cabellos azabache se niega rotundamente salir de ese nido de calor. El invierno es demasiado fuerte para él que siente que si abandona su lugar se congelará de inmediato.

—¡No quiero! —exclama el chico aferrándose más a las cobijas.

Apenas entró en vacaciones y el invierno se hizo presente en el pequeño pueblo de Hasetsu. Es la helada más fría que ha pasado y a pesar de tener un pijama calentito, sudaderas, demasiados calcetines y la mayoría de las cobijas que tiene, no puede dejar de castañear los dientes y sentir como sus dedos y nariz están helados.

La puerta de su habitación se abre con brusquedad y en la entrada está su hermana completamente enojada por abandonarla con la carga de trabajo.

—¡Arriba, flojo! ¡Tenemos mucha clientela y solo piensas en ti! —exclama la joven mujer entrando a grandes zancadas a la habitación para empezar a jalar las cobijas.

—¡Basta, Mari! —exclama Yuuri aferrándose a las cobijas—. ¡Son vacaciones!

—Exacto, no puedes seguir durmiendo porque hay muchos clientes y mamá y papá no están para ayudarnos —parece que la lucha contra su hermano es demasiado difícil que no logra ni quitarle la primera cobija—. Y sé que no estás en celo como para que lo finjas. ¡Te conozco Yuuri Katsuki!

—Quiero hibernar hasta primavera —chilla.

Completamente enojada y cansada de luchar con su hermano, suelta las cobijas y suspira completamente agitada.

—Te juro, Yuuri, ¡te juro que si no te levantas te tiraré agua helada y te dejaré afuera hasta que seas una paleta de cerdo! —amenaza la mayor.

Esa amenaza es convincente, por lo que Yuuri sale de su escondite aún castañeando. Sus mejillas están algo chapeadas y se nota que no ha dormido bien esta noche. Mari no se da cuenta de que su hermano tiene fiebre y le lanza ropa limpia para que le ayude con el onsen familiar.

Normalmente Yuuri apoya siempre a su familia con el negocio, pero ese día le ha dado una fuerte infección porque un día anterior salió a quitar la nieve de la entrada en plena ventisca.

El pobre no deja de sentirse agotado y con el cuerpo cortado. La cabeza no deja de darle vueltas y le cuesta trabajo respirar.

Para no contagiar a nadie, usa un cubre bocas y baja a apoyar a su hermana con los labores del onsen.

"Debí irme con mis padres" se queja el azabache mientras recoge algunos trastes sucios del comedor.

Y es que a pesar de ser invierno, las aguas termales son demasiado calientes que las personas quieren ir por horas y horas a quedarse en la bañera. Yuuri cree que eso es de idiotas y es mejor quedarse en casa a sentir el rico calor que puede proporcionar un calentador eléctrico o un futón.

El trabajo es pesado, ojalá pudiera sentarse por unos segundos y tomarse un chocolate caliente con malvaviscos para aliviarse, pero esos lujos no se los puede dar.

La escuela lo tiene atado, aunque la carrera le es interesante, a veces estresante, y muchos digan que ser diseñador no deja mucho, Yuuri se apasiona demasiado. Dibujar y pintar es lo suyo y no estar atendiendo a un sin fin de personas.

Mientras lleva unas bebidas a la parte de la bañera, siente como su cabeza da vueltas y vueltas, el calor es demasiado bochornoso y sofocante por la misma fiebre. Entregando el pedido decide sentarse unos momentos en la entrada del lugar.

Toma uno de los folletos y comienza a abanicar para darse un poco de aire. Todo da vueltas y vueltas en esa habitación, que siente que en algún momento caerá.

—¡Yuuri! ¡No te quedes ahí y ve al mercado a comprar más pescado! —exclama Mary atareada sin darse cuenta que su hermano está apunto de colapsar por la enfermedad.

El chico no se puede negar al ver que su hermana sigue su camino. Suspira con profundidad y decide ponerse toda ropa abrigadora para irse al mercado.

El helado aire del invierno rosa sobre sus mejillas como si estuviera frotando un hielo en ellas. Cada paso que da se tambalea, incluso casi cae en una esquina antes de llegar a mercado.

Como puede compra lo que su hermana le dejó encargado y camina de regreso a casa. La última vez que tuvo fiebre fue cuando iba en la secundaria y su mamá no lo dejó levantarse de la cama.

Ojalá ella estuviese ahí, se habría dado cuenta que de inmediato se sentía muy mal y que los escalofríos eran más notorios. Se vuelve a repetir: debió irse con ellos a ese viaje.

Estando más agitado, se sienta sobre la banca más cercana que encuentra. Le está costando mucho trabajo respirar porque la garganta se le ha cerrado.

Si cierra los ojos por unos segundos cree que nada podría pasar, están en un lugar muy tranquilo como para que alguien quiera abusar de su condición y robarle su celular o lo que acaba de comprar. También hace demasiado frío como para que el pescado se eche a perder con facilidad.

—¿Estas bien? —escucha una voz masculina.

Con dificultad abre los ojos y alcanza a distinguir una silueta parada frente a él. Quiere contestar, pero se siente tan agitado que no puede decir nada.

—¿Eres Katsuki Yuuri? —insiste esa voz.

Seguro que lo conoce como para que lo llame por su nombre, entonces puede confiar en esa persona sin problema alguno.

—Yo… no me siento bien —masculla el chico.

Y antes de poder decir algo más, Yuuri se desmaya por la fiebre. El joven de cabellos platinados alcanza a detener su caída para que no se de un fuerte golpe. Bien sabe que van en la misma clase y conoce muy poco de él.

Lo carga sobre su espalda y lleva las bolsas de mandado en sus brazos, pues siendo el alfa más popular y del equipo de natación su fuerza y resistencia es notable así que no le cuesta nada llevarlo.

No es que hable con Katsuki por ser el nerd del salón, si no porque es siempre acaparado por los demás chicos de la escuela por ser guapo, sexy y sobre todo el hijo de una familia adinerada que tiene muchas empresas bajo el apellido Nikiforov.

Algo demasiado típico entre el chico popular y el chico que nadie nota en la escuela, sobre todo en la universidad. Solo han intercambiado palabras en clase como preguntando cuál es la tarea o que clase les toca. No sabe más de él más que es el hijo de los dueños del único onsen que hay en el pequeño pueblo de Hasetsu.

Con facilidad encuentra el onsen y por suerte que Mari está en la entrada barriendo. Al ver al alfa con su hermano en la espalda no duda en correr a auxiliarlo.

—¡Qué barbaridad! ¿Qué le pasó a mi hermano? —pregunta la joven chica preocupada tomando las bolsas para aligerar el peso.

—Parece que tiene fiebre y una fuerte gripa —explica el alfa.

—Eso explica porque no quería levantarse hoy.

Mari conduce al alfa a la habitación de Yuuri para que lo pueda acostar, pues el pobre continúa inconsciente y con mucha fiebre. Lo coloca con suavidad y contempla su bello rostro, estando dormido se da cuenta que Yuuri es demasiado lindo y encantador.

La hermana mayor aparece con algunas pastillas para el resfriado y un trapo tibio para poder bajar la temperatura. El chico no duda en ayudar a la joven en cargar las cosas y llevarlas en la mesita cercana.

—Me da gusto que haya sido alguien como tu que lo encontrara y no una persona mala —comenta la chica beta.

—Fue una casualidad que pasara por ahí, también me siento tranquilo haberlo encontrado y no algún otro alfa. Por suerte que conozco un poco a Yuuri y pude traerlo sin problemas a su casa.

Mari mira al alfa y se da cuenta de lo atractivo que es, sin duda sería un buen partido para su hermano. Además, se ve que es de dinero por esas ropas un poco elegantes y de buena familia por esos modales. Seguro que es un buen partido para Yuuri.

—¿Se conocen? ¿De dónde? —pregunta la chica con una sonrisa.

—Compartimos creo dos o tres clases en la universidad, ya nos habíamos hablado en pocas ocasiones —explica el joven.

—Es raro que Yuuri tenga amigos, nunca se le dio la facilidad de tener alguien con quien contar —dice Mari con un tono triste mientras termina de arropar a su hermano y colocar el paño sobre su frente—. Sus únicos amigos son los libros y su diario. Es de las personas que les gusta sufrir solos y en silencio.

Eso incomoda un poco al alfa, siente algo de lástima porque en las pocas ocasiones que ha tratado a Yuuri ha sido muy amable con él. Ahora entiende porque tiene esa mirada triste y vacía.

—Aunque no lo creas, Yuuri tiene sentimientos muy lindos, pero tiene miedo que le dañen ese enorme corazón frágil —continúa la chica—. En el pasado lo molestaban mucho y más cuando se enteró que es un omega.

—Los niños son muy groseros y más en la edad difícil —sonríe levemente sin dejar de mirar al chico.

Mari acaricia con ternura la frente de su hermano antes de abandonar la habitación para que descanse con tranquilidad.

—¿Te gustaría quedarte a comer? Sería como un agradecimiento por salvar a mi hermano —dice la joven beta.

—En realidad no puedo quedarme, estaba camino a clases y mi padre se enojará si se entera que no llegué —dice el de hebras plateadas—. Pero me encantaría aceptar tu invitación para otro día.

—¿Clases en vacaciones de invierno? —la chica arruga la nariz.

—Digamos que son “especiales” y más porque mi padre me obliga a tomarlas —explica el alfa mientras se rasca la cabeza con nervios.

—De acuerdo, sabes donde queda nuestra casa. Puedes venir cuando gustes.

—Gracias —el extranjero hace una reverencia como agradecimiento a la invitación de la joven Katsuki.

Mari lo acompaña fuera del lugar, aun pensando que es demasiado absurdo que tenga que tomar clases en vacaciones. Estando casi en la entrada, el alfa se voltea con una tarjeta en mano y se la entrega a Marie.

—Por favor, dile a Yuuri que me llame para saber que ha mejorado de la fiebre —dice con una sonrisa.

—Por supuesto —sonríe Mari—. Por cierto, ¿cual es tu nombre?

—Víctor Nikiforov.



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Continuará.

29 de Junio de 2020 a las 01:19 0 Reporte Insertar Seguir historia
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