1566617928 Francisco Rivera

Una reconstrucción de vida de vez en vez, no hace daño... Jenna Black lo sabe y lo aplica con sistemático acierto, aún ante el mundo de ellas, tan impredecibles, como fatalmente hermosas...


Acción No para niños menores de 13. © Autoría propia

#interactive
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Algo en su vida

Espera en demora


"Cintura Pequeña", de reloj de arena, es una chica de abdomen plano. Interesada en la muestra gratuita y generosa de esa área corporal, muestra orgullosa el tatuaje de almendra que cubre el perfecto ombligo, adornado éste con una perla blanca y diminuta, semejando la última gota de rocío a punto de evaporarse con gracia y desenfado desde ella.


Evocando para todo mirón irredento, cifra su mensaje subliminal a manera de método de afirmaciones simétricas, delicadeza e inconsciencia consciente, estudiada con cautela y voluptuosidad desde ese insistente mirarse ante el espejo que la recrea de cuerpo entero, desnudo y fiel, cada mañana que despunte o no el sol de todos nosotros.


Observando la concentricidad de ese orificio donde, en regresión de tiempo, en ese proceso de partenogénesis estuvo atenida al alimento de la madre vestal que la parió a la usanza rarámuri, dieciocho años atrás...


En modo subliminal, ella era, entre otras consideraciones, lo siguiente:


Ese curvado ser, que Jenna Black había "topado" aquella incierta mañana en la calle de Bolívar.


Aparecida en una de sus aceras, mostraba silencio cómplice en sedicente mirada.


Un sempiterno olor corporal desprendía desde ella, proveniente de un ignoto fenómeno que abría su compás femenino para romper el tedio y el silencio de quienes transitaban de modo inusual en ese rumbo.


Entonces, a lo Jenna Black, estaba en fuga desde el oriente de la ciudad capital, buscando la región norte o bien, regresar al Zócalo, para propiciar ante los dioses ancestros, un permiso para atenuar la furia de la vida trágica que de vez en vez le enviaba el terrible numen de la incertidumbre y la mortificación... el mismísimo Tezcatlipoca.


Su reverenciado temor a bajar al submundo inmediato de la estación del metro Zócalo o tan sólo pensar en un ingreso inevitable, lo pasmaba.


La gente, los herederos de esa anterior realidad, sólo ven la sinuosidad de concreto y del piso por donde caminan con propósitos tan diferentes como baladíes...


¿Por qué extraña razón, yo sí veo la estilización de la fauce de dicha serpiente emplumada, en cuya boca de ingreso-salida de transeúntes, los hace ascender y descender para alimentar su cavidad ventral? —.


Tal sierpe, adosada de luces interiores, de escaparates y muestrario de lo diverso citadino, contenía algo más: la exhibición de libros; el área de presentación de autores o la colocación de objetos y afiches que, incluso, en la toma de alimentos, resultaba un modo de presenciar comer y volverse actores en ingestiones rápidas; haciendo acto de acompasar lo que fluía en rememoración inconsciente de antiguas aguas subterráneas, representadas en riadas humanas, discurriendo en todas direcciones...como en el meandro imaginario de la Catedral Metropolitana de esta ciudad capital, cuya interferencia religiosa montada sobre el antiguo centro ceremonial, tapó sus construcciones para negar y sepultar la fuerza "demoníaca" de las deidades mexicas, a través de la acción cristiana defensora de la cruz, del rosario, del agua bendita y de la sangre a todas luces opuestas y antagónicas contra esos dioses tutelares del panteón tenochca y mesoamericano, como ocurrió con el terrible, temido y reverenciado Tezcatlipoca.


Así, esa mañana memorable, la "Reina" aparecía magnífica, poderosa en su centro sexual y su radiante voluptuosidad, donde la carne en estado de gracia arrebató mirada a este Jenna Black, mediante electrizante andar que frenó los pasos de esta desgarbada figura de macho irredento.


A mi lenta y montuna indiferencia espetó en rostro pleno lo que ella era ante cualquiera: ni puta, ni santa y toda ella mujer de hechura milimétrica por la mano creadora del universo, destellando femineidad, sinuosidades impredecibles en rostro agraciado y tentaciones corporales a ojos vistas...


Ahí nació su leyenda y el diario vivir desde ella, donde el serpenteo ondulado en el vaivén del regazo, de las caderas y del sostenimiento hermoso de pies, piernas y muslos acompañaban la serenidad de su incógnita de mujer, no apta para ser dilucidada por cualquier varón e incluso, ante todo el género opuesto a ella...En esto y algo más, ella era la "Reina"...siempre algo más, de lo más e insondable...


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└ La "Reina Cintura Pequeña" →


Jenna Black había aparecido de nueva cuenta sobre una cuadra de la calle de Bolívar. Desde la acera derecha se dirigió en silencio hasta la intersección distante de Doctor Río de La Loza.


No regresó a la Avenida Chapultepec por causa del horario y para hacer tiempo al tiempo, emprendió sus pasos furtivos hasta José María Izazaga. Dudó en ingresar a la entrada-salida de la estación del metro Isabel La Católica.


En cuestión de segundos optó por caminar desde ahí a Veinte de Noviembre. Una vez hecho esto, dirigió la continuidad de sus pasos hasta la entrada-salida de la estación del metro Zócalo.


Aún dudó si ella, la "Reina Cintura-Pequeña" le había solicitado su espera en la entrada, sin ingresar a ese corredor de submundo o apostarse también, afuera, en ese egreso-ingreso que comunicaba al exterior de la Catedral de la Ciudad de México.


Claro, siempre ateo, prefería apostarse dando la espalda a la fachada próxima de Palacio Nacional.


Si la suerte era propicia, deleitar su vista con el ondear de la inmensa bandera nacional y apreciar el atisbo de turistas locales y extranjeros, siempre le resultaba sedante...porque, con dicha "Reina", las circunstancias saltaban como conejos salidos de chistera de mago ante presencia de incautos o de azorados niños imaginados, dispuestos a ahorcar a esos peludos animalitos o cuando menos, zarandear los para saber si escondían algo más que sus bolitas de excremento y terminar de explicarse ese movimiento nervioso de sus hocicos y cuerpo de felpa... y que a él tranquilizaba por completo.


Tras avistar grupos de turistas franceses, españoles y japoneses integrados en un compacto contingente, el guía explicaba en esos idiomas, lo cual agradó a Jenna Black, pues se progresaba en la formación de recursos humanos políglotas, contestando cortés a preguntas de viajeros y dejándoles admirar las dimensiones perimetrales del Zócalo, de sus construcciones alrededor y sobre todo, de los vestigios del Templo Mayor, donde la "Reina" sugirió alcanzar la muerte, abriéndole el pecho y arrancando el corazón bullente; salpicando con su sangre de moza, rostros, adoratorio, escalinatas y a los mismísimos sacrificadores en tales historias.


En esos deslices sanguinolentos, Jenna Black la amaba extasiado, confesando debilidad de Drácula, mientras besaba su cuello con ardor tal que, combustiona ba la pasión de ambos, entregados al sexo duro y sin reparo, muy en el tono de The Dance Of Death en "Montsegur", con Iron Maiden de testigos auditivos extremos...

Jenna Black, dispuesto a sacar provecho de lo experimentado, decidió probar por su cuenta, la tentación del gimnasio; ahora, como empresario y promotor de la salud de las mujeres en comunidad, él y la "Reina" se encontraron en estado de "haber ahorrado hasta lo indecible", cuando en verdad, Jenna Black complacía total y frontal a la "Reina Cintura Pequeña", en impulsar la instalación de un "Gym".


Ella, por sobre todo, sería entrenadora, terapeuta, psicóloga y socia comercial. Él, además de la plata en juego, administraría el inmueble y se encargaría de llevar los aspectos contables, los estados financieros, los trámites de validación del negocio, sin objetar licencias y en particular, el unto de manos a los inspectores que, de vez en vez se presentaban para dar fe de que todo marchara "viento en popa".


Una tarde de abril, cuando Jenna Black se encontraba en un seminario de emprendedores, recordaba que conoció a la "Reina", quien por entonces cruzaba sus dieciséis años y ya se interrogaban sobre cómo llegar a montar un negocio de gimnasio comunitario para mujeres madres de familia e hijas, así como buscar una alternativa para introducirse al medio de los gimnasios de aeróbicos.


Debido a que tenía práctica en el alto y bajo impacto, habría motivado, dos años después, a las mujeres de su comunidad a formar un grupo para atender la obesidad, el sedentarismo y la inercia de sólo quedarse en casa, a la solución de problemáticas hogareñas.


En aquel el seminario, hizo relación con varias personas y en particular con Jenna Black, quien se había mostrado dispuesto a cambiar de giro de actividades por su cuenta.


La idea de independizarse en lo económico y de trabar relaciones de amistad incipiente con la que entonces no era aún la "Reina", motivaron que su atención inicial, de: "como no quiere la cosa", avanzara a grado tal, a: "querer la cosa, como no queriendo". Ambas almas en desamor, pleitos con sus parejas y familiares iniciaron una inusual amistad, donde él sólo aventajaba a la adolescente en diez años.


Antes de concluir ése seminario, decidieron juntar sus ideas para dar rienda suelta a un gimnasio de aeróbicos, un negocio independiente y una relación estrecha que más tardó en fintar una a otro y viceversa, para terminar confesándose en deseos carnales, por cuanto anteriormente habían pasado, antes de conocerse en afectos, entregas y fines de negocio y dinero, como parte de una meta a cumplir antes de llegar ella a los veinte años cumplidos.


Por su parte, él, sabiendo que estaba a un año de los trágicos veintisiete años, estuvo dispuesto a sobrepasarlos pero a realizarse, antes de llegar a los treinta años; y que ya le mordían ciertas salvas partes, tanto del cuerpo, como del alma. En las estrategias convenidas en dueto, ella debía perder el miedo a la sala de pesas y a empezar a cambiar su cuerpo, dada la anatomía que despuntaba desde sus doce años.


Él, por su parte, venciendo un estereotipo de separar mujeres de hombres, en razón de mirarlas, desearlas y desnudarlas ocularmente, llevaron a esta pareja a dilucidar si ellas debían estar separadas de ellos. Convinieron que no, debido a no contar con suficientes metros cuadrados en el local.


Así, las andaderas, las pesas y las máquinas, llevó a cada cual a "diseñar" en idea imaginaria dónde ubicar áreas exprofeso para la "sala de pesas y máquinas" respecto del "área de andaderas eléctricas". Dado un consenso generado entre mujeres y hombres, se convino en que los ejercicios físicos podrían ser tanto para varones como para varonas y así, no pocas féminas tomaron con filosofía cambiar sus cuerpos, tornarse más fuertes, verse más atractivas y rebosantes de salud.


Los menos intrépidos mironeaban las flexiones de los cuerpos de las chicas y con tiento, algunos más afortunados empezaron a participar en las clases de aeróbicos, bien sea por la gradual transformación de la "Reina", bien sea por vencer inhibiciones y pensar con mejor razón, si dichas sesiones también servían a la tonificación muscular de ellos. Algo que marcó diferencia en el gimnasio de aerobics fue la determinación de la "Reina", para poner en capilla ardiente, los prejuicios de género, sin tener claro que no lo llevaba a cabo por una línea feminista, sino realista en términos de ingresos económicos.


Por parte de Jenna Black, secundar a "su chica secreta" -aún cuando a voces generales se sabía que, si no eran novios declarados, lo de ser amantes compulsivos no incomodaba a nadie; luego, se dió a la tarea de desarrollar estrategias de marketing para contrarrestar los prejuicios de las madres de familia, con el siguiente San Benito:


— ¡Señoras: hacer pesas no las hará ganar volúmen corporal y sí, en cambio, bajar de peso! — .


Dadas las tendencias de consumos de excesivas calorías o carbohidratos acumulados en sus cuerpos, recomendaba tonificar sus volúmenes y perder peso de modo gradual; o bien, las alentaban a cuidarse de lesiones evitando hacer rutinas sin calentamientos previos; y por sobre todo, vencer el miedo a que las miraran tal cual eran... En tal sentido, Jenna Black se convirtió en un agente activo contra el prejuicio de las féminas; hubo que elaborar volantes informativos de un cuarto de hoja para contrarrestar todo viso de desinformación y piedras mentales...


Por parte de la "Reina", demostró de modo persistente que el adecuado manejo de rutinas de pesas la hicieron parecer más delgada y atractiva. Ella mostró y demostró la reducción de su cintura y el moldeo de caderas, como del redondeo de brazos, hombros y piernas.


Aún tuvo entereza para corregir a Jenna Black para modificar su idea de la "tonificación corporal" y del terror a la báscula, motivando a las señoras a constatar pérdida de grasa y ganancia muscular. Con las más "rejegas", comelonas e irremediables, las llevó a reconocer que su peso no habría de cambiar dado los hábitos alimenticios arraigados en ellas, pero demostró una a una, sentirse mucho mejor después de haber ingresado al "taller de aeróbicos", como finalmente aceptaron en llamarlo.


Combatir ideas de raíz, como adelgazar alguna parte del cuerpo, cual aditamento, no era posible. El ejercicio de todo el cuerpo con atención a músculos grandes, distribuidos en piernas y, aunque entonces no le creían, en el tronco fue demostrado una y otra vez.


Entonces, la "hora de gimnasio" empezó a ser atendida para hacer a cada participante, única y diferente. Con ese paso previo, los ejercicios de pesas fueron sugeridos de acuerdo a las capacidades de las interesadas. De manera progresiva y adoptando posturas correctas, las madres de familia e hijas en edades atractivas, menudeaban en las sesiones, abultaron los horarios mañana, tarde y noche e incluso, protestaron porque se abriera el turno sabatino entre nueve y doce del día.


Vencer el prurito de comezón del "que dirán" entre quienes acudían al gimnasio y sentían las miradas al momento de ejercitarse en las pesas, convenció a una mayoría de mujeres a sentirse de nuevo admiradas, envidiadas, deseadas y seleccionadas para integrar un grupo representativo que llevase la motivación a mujeres de otras comunidades a romper los cercos de atavismos patriarcales, principalmente en las familias de donde provenía cada mujer de ese gimnasio.


En esa proyección, la pareja decidió poner todo lo que estuviera a su alcance para consolidar el negocio... Como suele suceder en toda pareja, hubo desavenencias, pues los criterios "machistas" -denunciaba ella- dejaban en uso preferentes el gimnasio para los hombres.


Por parte de él, creyendo que las sesiones debían combinarse entre sesiones de salsa-zumba-e y funk-rock pop, con una hora de máquina elíptica, era suficiente. Pero no faltaron asiduas entusiastas que tenían conocimiento de lo que hacían y pagaban -menos que en establecimientos de hasta cuatro y cinco estrellas-, quienes esgrimieron derechos paritarios entre ellas y los hombres: pesas y ejercicios calisténicos aportando el propio peso corporal, resultaría de mayor efectividad para cambiar cuerpos; a su vez, demostraba dicho aserto que una hora bien invertida dejarían resaltar a la vista, que en el doble de tiempo, brincando en la actividad de cardio.


Aceptado esto, Jenna Black hacía sensibilización a las mujeres para que perdieran todo temor a los equipos como máquinas para empujar, ejercitando pechos, piernas, hombros y gemelos; pero también de máquinas de tirar, provistas de poleas y aún de aquellas adaptadas para ejercitar espalda, bíceps y de aquellas otras de peso libre a base de barras y mancuernas, poniéndolas a disposición de esa grey del ejercicio.


Si bien, el negocio marchaba, la relación entre ellos, no. Y como al mal tiempo buena cara, cierta tarde reventó lo inevitable: la "Reina", en un dejo de mal humor, decidió dejar a Jenna Black, sobándose el aire del palmo de narices plantado. Entonces, él decidió dejar a la "Reina" no sólo sin él, sino del gimnasio...así las cosas, ambos obtenían lo merecido, pero la grey del ejercicio no, sólo un vacío difícil de volver a contar con lo experimentado, lo ejercitado y lo pagado.


Dispuesto a modificar su experiencia, decidió compensar a ambos sexos para que participaran del gimnasio. Promovió los ejercicios de pesas entre ellas. Les "habló" con verdades enteras antes que embolsar sus dineros, sin ton ni son... La ejercitación de pesas pronto ganó adeptas de manera exponencial.


Difundió el ejercicio calisténico a partir del peso corporal que presentaban las interesadas. Fue el argumento del peso libre lo que promovió y ese valor agregado le repercutió de manera rápida. Cuidando que nadie tuviese lesiones, instruyó de modo sencillo, directo y accesible a las principiantes, para aprender a sacar rendimiento físico.


Optimizando gastos en instructores, pagos potenciales por lesiones -aunque reservó el asunto de pólizas de seguro por accidentes y actitudes negligentes-, ofreció una propuesta módica para ejercitarse mediante el recurso del peso libre, demostrando efectividad, gracias al manejo adecuado a las pesas de dos tipos: barras y las mancuernas.


Provisto de discos de distintos pesajes, inculcando a las mujeres a demostrar sus beneficios accediendo a vencer estereotipos, fobias o miedos sin fundamento. Dando en un clavo certero, promovió también entre ellas, las sentadillas, sosteniendo, ya una barra vacía, ya una barra provista de pesos adecuados.


Las chicas que probaron en modo inicial: "sin" y después: "con" discos, hubieron de cambiar de modo sorprendente, piernas, caderas y cinturas. Tras ese hecho, chicas jóvenes en flor de edad, probaron sus beneficios y empezaron a ejercitarse haciendo sentadillas en el gimnasio, a la vista de otras mujeres y principalmente de hombres...


Esa fama minúscula atrajo a muchas personas, incluso, de quienes habían acudido al gimnasio, cuando él y la "Reina" eran pareja. Pronto, todas querían hacer ejercicios con pesas, pues querían ganar músculo y perder grasa, donde el peso libre ideal para sentadillas hizo cundir el ánimo de féminas distintas.


Por entonces, tuvo la buena estrella de creer en una chica que ofrecía información de dietas recomendables, sin esteroides consumidos "al a'i se va...", desayunando proteínas que realmente proveyera resultados esenciales; reduciendo gradualmente la ingesta de azúcares y harinas blancas; de sal y de productos "chatarra", pero sobre todas las cosas: aprender a aprehender a regresar de nuevo a desayunos y comidas a horarios convenientes, y en el caso de las cenas, éstas lo más frugal posible.


Jenna Black con Gym pero sin "Reina", no le resultaba del todo satisfactorio. Ahora ganaba plata pero no amor. Ahora tenía una fracción de comunidad pero no el corazón de la "Reina".

Ahora gozaba de consideración e invitaciones sin fin a eventos relacionados e intentaba dar sus primeros pasos en la elaboración de rutinas a partir de la colaboración de chicas más aventajadas y con ideas de difundir técnicas, consejos, seminarios y un sin fin de ideas derivadas de las ejercitaciones en barras y mancuernas, pero le faltaba, esencialmente el mayor motivo para trascender su vida, antes de llegar a sus treinta años de edad...



FIN DE LA HISTORIA

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— ¡Hola, lector! Aquí me tienes de vuelta. Me encuentro ante decisiones hechas en días pasados.


— ¿Cómo decides tú, decisiones importantes...?


— Mira. En este momento, el silencio hecho durante pasados meses, fue producto de ese proceso mental que la "Reina Cintura Pequeña", me dijo, cierto día, lo siguiente:


" ¿Amor...? Te das cuenta de que volvimos a dormir juntos y ahorita estamos haciendo plática de sobre cama? Es más, debes saber que todo cuanto me ha estado sucediendo, es parte de mi karma, antes de conocerte; es decir, estaba en la búsqueda de un conocimiento específico en la vida...y, entonces...¡Zaz! ¡Apareciste en mi vida...! " —, dijo así, impulsiva como yó: no me preguntó, sino que me llevó al siguiente round de sexo duro, prolongado y harto, hartísimo placentero...


— Claro, me quedé en idiota, y para evitar confirmarlo, le contesté que: -"¡Oh, sí, sólo un poco...!"-. Y dentro de mí, me preguntaba: - "¿...Un poco de qué, guey... de que...?"-, y, a lo sumo: -"¿Por qué?"-, sin entender de ella, ni madres...-, y te pregunto, a tí: -"¿Tú, sí...?"-.


— Pero, bueno. Entonces yo le contesté que cada vez que tomo una decisión importante, que, creo conveniente, lo hago así, nada más por ser el tipo de persona que soy...


— ¿Qué dices? ¿Cómo qué, qué tipo de persona me considero...?


— Bueno, un cabrón y medio... Me vuelo ahora por chicas de cintura pequeña y algo más: senos prominentes; caderas poderosas; traseros duros y levantados; piernas largas bien delineadas; pies pequeños con empeines regios rematados en talones sin descamaciones y...dedos lindos arriba y abajo, bien cuidados, aseados y pintados de florería o banderas o lo que se les antoje, entre otras cosas...


— ¿Te parezco exagerado o exigente, verdad...? No. No lo es... ¡Y, ni madres desmadres: la "Reina Cintura Pequeña" reúne eso y más...!


— ¡Y, a las pruebas me remito...!


— ¿Cómo dices...?


— ¡Orale! Me parece bien tu observación y yo, como Santo Tomás: hasta no verla en un rato más... ¡Y, tú, no te la vas a acabar...!

— ¡Sí! ¡Sí! ¡Ya sé! Y aunque tendrás la oportunidad de verla, no te la presento, porque sé bien cómo eres, canijo!


— ¡No! ¡No malinterpretes! ¿Qué pasó...? Se que te mueres de ganas de verla: ¡Te-conozco-bacalao; te-conozco...!


— ¡A tí-teres, no se te va una, aunque sea escoba con "fardita", de ésas de falda escocesa, de cuadritos color verde Oxford; o, en su caso, de tonos azules-grisáceos, porque te flipan! ¡Basta ver lo ojón que eres!


— Y bien, trucha chencha... a lo que nos traje truje... Como bien sabes, esa mañanita, después de la junta inglesa con "Reina", donde nos dimos como Dios manda; me pidió que eligiera de modo consciente, y consultando tu opinión, llevar a cabo una acción...


— ¡Exácto hice lo que me sugeriste! Fue una alternativa que se acercó a mi modo de ser: cabronco, decidor y accionador relámpago de dar dos madrazos en lugar de: "quien pega primero, pega dos veces..."


— O sea que...bueno...y como te venía diciendo, debo siempre de aprovechar los factores de sorpresa y agilidad mental para hacer frente a la realidad impuesta por el Sistema, en el día a día...


— Oye, en tu caso: ¿Cómo lo haces tú?


— ¡ ´bien...mucho silencio de tu parte, eh! Pero si no me lo quieres decir, no hay pex...¡Allá tú, y así estamos...! ¡Vale, nos miramos en tres o cuatro orejas, allá por el barrio...! ¡Cincho y sin relincho, ahí la vemos...!



— Los minutos en transcurso para volver a la "Reina", dejan un sabor áspero en boca y lengua. Si bien, vuelvo a pensar en el ingreso a tal submundo de concreto en ese corredor sinuoso, atiborrado de personas de todas condiciones sociales, me hace pensarlo más de dos veces...


— ¿Y, si cambio de parecer y no entro...? O bien ¿Espero en esa entrada-salida del lado de Palacio Nacional y no del lado de Catedral, pues soy bastante ateo y no me interesa cambiar mi sino...?


— ¿Será mejor quedarme en esa fauce de acceso-salida de la escalinata que me ingresa al corredor, llamado: "Pasaje del Libro"...?


— Conque ella, "Cintura Pequeña" demore un poco más, no tengo inconveniente. Puedo constatar, además, ese mirar la heterogeneidad de cinturas extremadas y pequeñas, sin que la "Reina" se moleste...


— En cualquier momento estará por llegar, mientras que en mi alrededor, la líbido constató en este mirar el movimiento de ir y venir de fragmentos de masas andando en direcciones opuestas.


— La "Reina" por llegar, quizá se encuentra varada en las estaciones próximas al andén de descenso de esta estación. En mi acto de mirar a mujeres de abdomen plano o de abdomen marcado, resultan sutilezas corporales respecto de quienes poseen caderas anchas o espalda cargada de pliegues ante maternidades sucesivas que deforman lo que ella no desea que le ocurra a su edad en flor de juventud.


— En esa distracción que, -por ahora no está penada- continuo atisbando con discreción monacal a mujeres de hombros pequeños; de cuerpos que recuerdan clepsidras o de quienes, al despertarse alegres y aún vestir casualmente cualquier tipo de ropa, demuestran dedicación sentida a su persona, armonizando alma, vida y sentimientos de ser mujeres; seres de difícil discernir su naturaleza y esencia femenina... a no dudar de ello.


— Entonces, desde ese regalo visual de transeúntes femeninas, hube de dejar espacio de desincorporación de cuerpos de mujeres, pues estaba sintiendo que ella estaría por arribar al sitio donde la esperaba.


— Sorpresa tácita, adivinaba si estaría enfundada en esos jeans de antología o bien, en ese vestido corto, "mini métrico", que haría lucir muslos, pantorrillas y piernas esbeltas...


— Ese regalo sorpresivo y sorprendente venía bien y sobre todo, al dejar descubierta su cintura pequeña, pues, pensando en ella, estaba evocando las veces en que cada presencia, en cualquier lugar, detenía marcha de varones de todas las condiciones de edad; como también, la de los faraones de autos particulares y sobre todo, de la riada de mujeres y hombres salidos de todas partes, a manera de cardúmenes de gente, de humanidad heterogénea, abigarrada y siempre presurosa por diseminarse en todas direcciones...


Ataviada como sólo ella podía hacerlo, sonrió y abrazó a Jenna Black, entregando un beso tronado, en señal de tan largo tiempo transcurrido, desde esa separación de amantes y empresarios de gimnasio. De inmediato tomó sus muñecas para rodearse de los brazos de él.

En esa sabia certeza sabía que ambos disiparon el prolongado estrés y las caras malhumoradas por la demora del encuentro; era indispensable el roce tácito de los cuerpos y del volver a olerse como de costumbre.


Posicionó su trasero a la altura exacta del miembro de él, ese aparato reproductor estilizando sus ideas e imágenes en esa posición erguida que ahora abultaba con firmeza y la hacía temblar más que lo conocido de cuanto le conocía: ser ese matón escrupuloso en sus ocupaciones particulares; un justiciero dispuesto al reparo de ofensas, intrigas, vendettas y demás ocupaciones gremiales, ofrecidas al mejor postor...


Tras verla en ese atuendo casual, dieron los primeros pasos, como tantas otras parejas lo hacen en cualquier lugar. Ese pasillo subterráneo los decidió a salir hacia la entrada-salida que comunica a la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Con ese andar dual, adosado él sobre ella, ciñendo su cintura pequeña y apretándose para sentir su trasero, acomodaba su virilidad ahíta, despreciando las miradas desaprobatorias de beatas, comulgantes de último arrepentimiento; desempleados y paseantes ocasionales, principalmente internacionales.


En ese andar sexuado, un sujeto, salido al paso, dirigió su mirada a la chica de Jenna Black. Ambos, no obstante, se percataron y continuaron caminando. Jenna Black, buen entendedor y pocas palabras, se alistó cuando, de un lado equivocado, el hombre viró sobre su derecha. Se adelantó seis pasos a la pareja y quedó de frente, de súbito. Ya los apuntaba con una arma calibre 22. Solicitaba dinero y celulares. La "Reina" hizo su habitual cara de espanto. Jenna Black en cambio, sonrió y se detuvo tres pasos antes, con ella, ante el sujeto.


Soltó el cuerpo abrazado con fruición donde, un minuto antes, ella ya se había desabotonado la corta blusa, mostrando los soberbios senos cubiertos por el brasiere a lo "Victoria Secret", distrayendo segundos determinantes al asaltante, y para cuando éste volvía la vista a ambos, Jenna Black había accionado una muñequera falsa, cuya sobreimposición había sido accionada, disparando dos tiros silenciados por el aditamento especial para esas ocasiones, verdadero escáner anticipatorio para casos de riesgo inminente y vital, sólo útil en distancias no mayores a diez metros.


Sendos tiros entraron por la región occipital derecha en ese cráneo de dueño impertinente haciéndolo desplomarse sin vida y salvando la entrega de los bienes de comunicación móvil, bastante en uso por aquellos días, a los cuales ella era, quizá, más que él, asunto irrenunciable de su personalidad y actividades de gimnasio.


Nuevamente percibió un arcano rumor de tragedia y una obsidiana con la negrura total de su intensidad propia, reverberó en el aire al punto de cimbrar los sentidos de la pareja.


Para huir de la escena inusual de esa molicie ciudadana en calidad de transeúntes que no estaban en instantes de entender lo ocurrido, Jenna Black tomó a la "Reina" y tirándola al piso, rodó con ella para incorporarse a la acera baja y tomar un taxi que traía un pasajero.


Ella, sin abotonarse la blusa exhibía aún el espléndido busto, ritmado de modo frenético por la situación experimentada a escaso medio minuto de ocurrido... y, en un abrir y cerrar la portezuela del vehículo de alquiler, ella quedó casi montada en el hombre que, sorprendido, no daba crédito a lo que sucedía.


Enfático y con voz decidida y tono frío pero cortés, solicitó al conductor que siguiera la ruta indicada a punta de cañón en las costillas del taxista, quien en rápida maniobra abandonó la escena del crimen.


El derrotero incierto del vehículo no quedó establecido, pues entonces, la Ciudad de México atravesaba el déficit de cámaras de vigilancia ciudadana que en otro momento político hubo hecho promesa el Jefe de Gobierno de Coalición, cuya espera aún dilató en tiempo y forma esa promesa.


Era claro que la deidad de lo trágico y de lo incierto vedaba a Jenna Black la paz humana, social y ciudadana, pues sus saltos de mata continuaban dentro de lo que hiciera o dejara de hacer mientras estuviera en la vida.


Su interrogante de raíz aún reclamaba avatares, mientras no ocurriese su cita con el manto de tierra y en el escaño descendente a tres metros bajo ésta.


Entendiendo en ese silencio arcano, continuó su periplo de vida en compañía de la "Reina", quien dejaría de ser "Cintura Pequeña", pues llevaba su preñez en ciernes, modificando los factores de trascender en esa actividad de gimnasio...en cambio, el minúsculo ser que iba a formarse, se encontraba en futuro estado de promesa, cuando su progenitor fue llamado a atender un importante negocio para un postor inconmensurable en poder, riqueza y ambiciones múltiples, basante acorde a los momentos de vuelta de tuerca que se vivían en México...


Lector, lectora, queda de ustedes el favor o lo contrario, para saber en otro momento, lo que continuará ocurriendo con el personaje que hasta aquí, ha permitido dar a conocer algo de sus pormenores, de sus anhelos y sus retrocesos; de sus luchas y de sus motivos de correr por los lugares característicos de este país, al que se debe tanto, pese a vivir con propios, extraños y con una pareja como la que ustedes tuvieron contacto a través de estas líneas...


FIN DE LA HISTORIA


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29 de Junio de 2020 a las 18:52 4 Reporte Insertar Seguir historia
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Roberto R. Roberto R.
Muy bien!

  • Francisco Rivera Francisco Rivera
    Gracias amigo Roberto R. Estamos en contacto y, una disculpa por mi tardía atención. 2 weeks ago
Nicolás Alejandro Nicolás Alejandro
Francisco como estas ! me encanta la forma en que generas espacios y cómo los llevas para que los personajes puedan interactuar y tener diálogos tan certeros. Maestro, estoy escribiendo también una historia y me encantaría su opinión en especial en mis últimos capítulos, para seguir aprendiendo. Te seguiré para estar en contacto , también eres bienvenido a seguirme maestro !
July 02, 2020, 21:33

  • Francisco Rivera Francisco Rivera
    Gracias, Amigo Nicolás Alejandro, desde ahora, con gusto estaré atento a tus palabras. Pese a diferencias de edades, entre amigos dedicados a crear historias, tratemos como tales la confianza: te reitero mi lectura a lo que escribas. Adelante y esperemos a leernos de inmediato. Saludos Nicolás Alejandro... 2 weeks ago
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