loganpenn1989 Logan Penn

Todo sucede en la mente de un hombre. Necesitará exiliar a las personas adecuadas para poder restaurar a su familia.


Suspenso/Misterio Sólo para mayores de 18. © Todo los derechos reservados al autor

#Acontecimientosviolentos #Geraldineniñadecasa
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Un beso de buenas noches

Geraldine Saldaña caminaba por la autopista con su enorme maleta tras la espalda. Empezaba a cansarse; el último auto que la había traído, lo había hecho hace dos horas.

Sus piernas le dolían, se encontraba cansada, y de vez en cuando, buscaba una roca grande y estable para poder descansar.

La autopista conducía a la ciudad de Terranova, en ese sitio se encontraría con su novio; él estudiaba en la universidad Central con el mismo nombre, y su banda iba a tocar en una fiesta hecha en la misma. Geraldine recordó como había tenido una discusión con su madre, la razón era que ella no quería que viajara 100 kilómetros para ir a ver a su novio tocar en su banda o lo que sea que hiciera. Pero la verdad era que Geraldine, quería salir de las alas de su madre por lo que sea. Lanzó un suspiro con enojo; Ella tampoco entendía el amor, por esa razón papá se fue. Tal vez si lo hubiera hablado con papá lo entendería. Una leve esperanza danzó en su estómago como cientos de luciérnagas en una noche lóbrega. Siguió caminando.

Un auto paso por la autopista y le dio un pitido, el conductor le lanzó un piropo y siguió con su marcha. Geraldine extendió la mano para que se detenga, pero el tipo simplemente siguió. El principal problema era que en la autopista no circulaban muchos autos, y también eso podría ser muy peligroso. Se recogió su cabello rubio en una coleta. Era bonita, tenía las piernas delgadas y una figura atlética; Iba 4 veces por semana al gimnasio. Consideró a futuro estudiar modelaje, pero era consciente que esas cosas que desean la gente común, casi nunca las consigue. Creía que su belleza la ayudaría a llegar haciendo autostop, pero los hombres siempre la veían, le sonreían, y se alejaban en su auto sin mirar atrás- allá tú y tu belleza- Pensó, al ver ese comportamiento.

Creyó que su belleza en medio de toda esa autopista solitaria, provocaba miedo, y hasta inquietud. Se sintió muy superficial al pensar en eso, pero una parte de ella, casi la mitad, no sintió ninguna culpa.

Miró hacia el cielo y vio como este, empezaba a tomar un tono naranja encendido, y las pocas nubes en el cielo un tono rosado opaco. No tardaría en anochecer, y sabía, que eso sería algo muy peligroso para ella...para cualquier tipo de persona en realidad. Se decidió por no caminar más, observaría cualquier auto y les pediría ayuda a gritos.

A lo largo de su infancia, cuando el matrimonio de sus padres marchaba tan perfecto como la ilusión de un joven enamorado, era muy frecuente que se quedara a solas con su hermano fallecido, llamado Carlos –Rara vez sus padres se decidían en llamar una niñera- observaban una gran cantidad de programación nocturna de TV. Desde estúpidos concursos de televisión, donde personas risueñas y agradables eran humilladas, hasta las aburridas y antipáticas noticias. Entre todo eso, lo más interesante era un programa llamado <<Hora nocturna>> El cual se encargaba de pasar un capítulo policíaco.

A Geraldine le gustaba ese programa, el simple hecho de tener un padre policía, hacía que todo lo ficticio de la serie se vuelva más intimidatorio. En específico, recordó el capítulo donde se encargaban de buscar a una jovencita raptada en una autopista solitaria. El argumento era sencillo, pero el desarrollo de la trama, junto con el de los personajes, era algo que hacía que todo se vuelva más vivido, y, por lo tanto, más tenso. Pero ahí estaba ella, peligrando todo. Mientras pensaba todo eso, y el miedo empezaba a tornarse junto con las sombras de la noche, se decía porque le sucedería a ella; Porque un psicópata la raptaría a ella. De cientos de chicas ¿Por qué a ella? Eso la hizo tranquilizar un poco. Un poco solamente.

Miró en su teléfono, y vio que habían pasado 30 minutos cuando decidió detenerse. El sol ya casi desaparecía en el horizonte, y las sombras, de ambos lados de la autopista, se volvían más largas. Se dio cuenta que se encontraba parada abajo de una lámpara, pero la bombilla estaba rota. Empezó a ver todas las lámparas de la autopista en la orilla de la vereda, la gran mayoría tenían las bombillas rotas. Suspiró para mantener la calma, miró hacia ambos lados. La misma se dividía en 4 carriles, dos para ida y dos para venida, en medio quedaba un parterre adornado con palmas pequeñas. Geraldine consideró que recién habían sido sembradas. También por ambos lados se extendía un amplio bosque, el cual empezaba ya avisar la noche con sus sonidos nocturnos.

Una luz apareció en el fondo.

Geraldine vio como aparecía muy alejado, en una fina capa de polvo, un vitara de color negro. Extendió el dedo. El vitara redujo la velocidad hasta detenerse.

- ¿Qué sucede señorita? -preguntó el hombre.

Geraldine vio que en el asiento trasero se encontraba un niño dormido, volteado, dándole la espalda. <<Es confiable>>Pensó, no del todo convencida.

-Quiero llegar a Terranova. -Dijo Geraldine. -¿Puede llevarme?

El hombre miró la autopista considerando la petición de Geraldine.

-Bueno, voy a dejar a mi hijo a la Unión de Ángeles. No llegó a Terranova, pero pasó muy cerca. Claro, si quiere que la lleve.

-¿Que tan cerca?

-Eh...puede tomar el tren en el estacionamiento negro. Solo serían 10 minutos de viaje.

Geraldine se sintió avergonzada.

-Lo que sucede es que no tengo nada de dinero.

-¿No tiene dinero? -preguntó el hombre sorprendido, pero al mismo tiempo sonriendo nerviosamente -¿Está escapando de alguien?

-No; Bueno, en realidad a medias.

-Especifíquese, señorita. -pidió el hombre casi impaciente observando de nuevo la autopista. Un auto Chevrolet pasó como un rayo. -Tengo que llevar a mi hijo con su madre. Uf, larga historia.

-Me voy encontrar con mi novio en Terranova, pero mi madre se opuso. En realidad, me escape. Esa es la razón por la cual no tengo ningún centavo.

El hombre lanzó un suspiro.

-Parece que usted está metida en un enorme aprieto. -Volteó a ver a su hijo. - ¿Desde dónde viene?

-De Abellán.

-Así que...según mis cálculos, ya lleva 12 horas haciendo autostop.

Geraldine se encogió de hombros y lo confirmó.

-La llevaré. -informó el hombre negando con la cabeza, pero más como un gesto de cansancio -Pero, debe saber que pasamos un peaje y puede que haya policías, usted... ¿Cuántos años tiene?

-19 años.

-Bueno, si le preguntan qué es usted para mí, solo diga que es mi hija. A veces esos policías no son tan meticulosos.

- ¿Habrá problema si descubren que no soy nada para usted?

-Puede ser, a veces los policías suelen ser muy preguntones. -El hombre se iluminó. -No, es mejor que diga que usted es mi niñera. De esa manera podría argumentar que voy a dejarla a su casa. -señaló con el pulgar hacia atrás por encima del hombro. -Está mi hijo, eso le dará más credibilidad ¿No? Creo que no sabes que la mayoría de edad en Terranova es de 21 años, o...casi, bueno, el municipio pide a los jóvenes de esa edad que anden con una especie de carnet donde se habla sobre los derechos de las protestas y activismo. Creo que lo han puesto por activista y sus respectivas protestas. Porque la mayoría de ellos (no todos) suelen ser muy jóvenes; Eso los oprime un poco. -miró de nuevo hacia la autopista. - ¿Sabes que estás haciendo un berrinche por algo, que seguramente te vas a acordar y reirás hasta que te salgan lagrimas? Pero yo solo soy alguien que paso y te ayudo para que lo hagas; solo soy un ladrillo más en tu historia, nada más. Me metería en un grave problema. ¿Lo entiendes? Pero que se le va a hacer. Yo también tengo un hijo.

Geraldine asintió. Vio como en el tablero, se encontraba una carpeta de la universidad central de Terranova.

-¿También tiene un hijo mayor?

-¿Que?

Geraldine señaló la carpeta.

-¡Así es! Es una jovencita. Si, me ha pedido que le haga el favor de buscar una universidad, ya que ella está también con su madre en Terranova.

-¿Entonces ya ha venido de ahí?

-Si. Tuve que regresar por mi muchacho. -Vio de nuevo al niño. El infante, seguía sin voltearse.

Geraldine sonrió.

-¿Me va a llevar?

-Bueno, sube.

Geraldine rodeó el auto y subió. El hombre arrancó. Geraldine observó el auto. Olía bien, a diferencia de los otros autos que había viajado donde el olor a húmedo y pegajoso impregnaba el mismo, ese Vitara olía a flores.

-¿Cuál es su nombre, señorita? -preguntó el hombre sonriente.

-Geraldine Saldaña. -respondió ella extendiendo la mano. Él se la apretó. - ¿Y el suyo?

-Andrés Bernardo.

Andrés era un hombre común, para Geraldine, era el típico hombre estereotipado de familia. Llevaba unos lentes de montura y tenía el cabello peinado con una raya en lado derecho de la cabeza. Estaba vestido con una camisa muy ancha a cuadros, sus pantalones eran de color marrón y vestía con unos zapatos de cuero color negro. <<Mala combinación>> Pensó Geraldine cómicamente. Consideraba que este hombre era de los que se encargaba de romantizar el pasado; Vivía ahora en él. También creyó que este hombre podría pasar desapercibido en un desfile; pero no para los abusones, esos serían como cazadores para él. Al pensar en cazadores, pensó en su novio. Había escuchado rumores que su novio era un abusón, esos que molestan a los más débiles. También había escuchado hablar sobre el sin número de problemas que se había metido. Pero...porque le gustaba. No era el hecho de encontrarlo rudo y hacerlo ver automáticamente sexy, a Geraldine le parecía que era porque, en los momentos románticos, observaba la verdadera cara de aquel hombre; No era del todo un caso perdido. Tal vez después que se fue su padre de casa, solo buscaba una figura paterna, después de todo, le había parecido, desde el principio, que Henry era idéntico a su padre. Pero ahora lo iba a ver, y tal vez Henry siga siendo el mismo sin más remedio. Río para sus adentros, la ironía era que uno de los que podía molestar su novio, la estaba llevando para verlo.

- ¿Después qué harás cuando termine de tocar tu novio? -preguntó de repente Andrés. Hizo una pausa y añadió rápidamente: - ¡Ah! Creo que regresaras y le pedirás perdón a tu mamá. -Andrés sonrió y pitó para avisar su paso a un camión

-No lo sé...

- ¿Tú crees que tu mamá no esté molesta?

-No; Ella es así, tal vez ahora ya no esté enojada al ver que me he escapado.

-Te gustaría llamarla. Decirle por donde vas y pedirle que no se preocupe. Aunque te garantizo que tu madre pegara un grito al cielo. -Hizo una pausa esperando a que Geraldine diga algo: - Bueno, para que se tranquilice, también puedes mencionarle las características del auto en donde viajas y todo eso. Dile que un buen samaritano te ha recogido.

Geraldine lo volteó a ver.

-No. -Hizo una pausa. - ¿Usted es profesor?

-Lo era. Pero ahora solo vivo de mis ahorros. ¿Por qué la pregunta, Geraldine?

-No lo sé, tiene ese tipo de comportamiento de preocupación y autoridad que dan los profesores. -Geraldine volteó para ver de nuevo la autopista. Ya era de noche. sonrió y dijo: - Se parece a mí profesor de matemática.

Andrés volteó y miró de nuevo hacia la carretera sonriendo.

- ¿Por qué te recuerdo a él?

-Tiene esa pinta de exigente y muy bien cuidado.

- ¿Crees que soy exigente?

-Si.

Andrés cambio de marcha a quinta.

-Ultima oportunidad, ¿No llamaras a tu mama? Eso para hacer justicia a tu observación.

Geraldine negó con la cabeza y río

-Está bien, continuemos.

5 años antes, Geraldine había también viajado por la misma autopista en la que se encontraba, solo con la diferencia que, a los 14 años de edad, lo hacía con su padre y madre. Era un viaje familiar. Recordó como esa mañana su padre la había dejado ir en el asiento de adelante. Así que a veces, se burlaba de una manera innecesaria, desde ahí, de su hermano 4 años mayor que ella. Su madre también se encontraba en la parte trasera, conversando desde ahí, sobre posibles compras de nuevas casas, un auto nuevo, la adopción de un perro y montones de cosas que anhelan una familia de clase media, todo eso con el que un futuro sería su ex esposo. Para Geraldine eran épocas de oro. Su madre no andaba siempre enfadada, y su padre vivía con ellas; Seguía en el colegio, sin preocupaciones y la ansiedad de saber qué sigue después. Todo marchaba bien en la vida de los Saldaña. No existían abogados, papeles, ventas de casas, mudanzas y rostros inexpresivos. Era una chica con una familia feliz.

Miro hacia la autopista, por los lados se extendía un enorme bosque negro, que, por la noche, solo se podía apreciar las oscuras siluetas de pinos y árboles secos. Algo que no le había mencionado a Andrés, era que él tenía un parecido a su padre; bueno, en apariencia, hasta donde sus ojos podían conocer.

Vio las luces del Peaje. Los autos hacían filas para pagar el dólar y que la barrera de paso se levantara para poder pasar. Llegaron a la espera de 5 autos. Habían policías, algunos se acercaban y pedían que bajara la ventanilla. Geraldine se puso muy nerviosa.

- ¿Quieres comer algo? -preguntó Andrés señalando los vendedores ambulantes. Al contrario de ella, él se mantenía sereno.

Geraldine negó con la cabeza. Se imaginaba que le sucedería si un policía lograba descubrir la treta. Aparte de dañar el camino a ese pobre hombre; Era la paliza que su madre le daría al regresar a casa acompañada con un policía de cada lado. <<Eso era algo que ya te lo merecías>> Pensó la parte estudiosa y responsable de su mente.

El primer auto salió. Andrés puso primera y avanzó solo soltando ligeramente el embrague. Geraldine miró ese gesto, era algo que también hacía su padre.

Un policía negro y con gafas de aviador se acercó y tocó la ventanilla. Andrés la bajo.

-Buenas noches, oficial -saludó Andrés.

-Buenas noches caballero. -miró a Geraldine. -Señorita.

-Buenas noches. -saludó ella por su parte.

El policía se dirigió a Andrés.

-Acto hecho por orden del control municipal y por el control de drogas en la provincia del Guayas. Necesito su identificación y la de la señorita.

Andrés entregó su identificación y la de Geraldine.

- ¿Que es para usted la chica? -preguntó el policía

-Es mi niñera. -informó y señaló con el pulgar a su hijo. -Atrás está mi hijo, Paul. La voy a dejar a casa, sabe que el viaje en bus municipal es muy peligroso y su madre me pide que yo la vay...

-Está bien señor. -interrumpió el policía. -Solo deme algo que identifique a ese niño cómo su hijo. La cola es larga.

Andrés empezó a buscar en la guantera. Sacó una carpeta llena de papeles, le extendió uno.

-Es la partida de nacimiento de mi hijo.

-Paul Bernardo. -leyó el policía. Le extendió el papel. -Puede continuar. Gracias caballero.

-Gracias a usted.

Geraldine lanzó un suspiro de alivio.

-Uf, parece que no iba a terminar nunca.

-Es un gran alivio ¿verdad?

-Ni que lo digas.

Andrés pagó. La barra se levantó y pasó.



Poco a poco mientras avanzaban, el bosque se volvía más denso de lo que había empezado. Las grandes montañas se observaban a lo lejos como gigantes bíblicos. Geraldine extendió los brazos. Sentía mucha felicidad, imaginaba cómo se encontraría con su novio, como en sí, eso ya era un propósito.

Como lo vería tocar en esa enorme fiesta, y recordó el momento en que lo conoció. Siendo 4 años menor que él, y siendo amigo de su hermano, él llegaba siempre a casa de ella, cuando ambos tenían tareas juntos. Perdió la virginidad con él, y lo recordó todo como si hubiera sucedido hace 5 minutos....

Interrumpió sus pensamientos.

- ¿Por qué se sacó los lentes?

-Ya no los necesito. -respondió lacónico Andrés. Encendió la radio. -Es bueno escuchar las noticias más a menudo, Geraldine.

Ella se encogió de hombros

-No escucho, ni veo mucho las noticias.

-Puedes cambiarte a la parte trasera. -pidió Andrés. -Por favor, hazlo.

- ¿Por qué?

-Sólo Hazlo. -Su voz era autoritaria, pero ahora se notaba un tono de frialdad con malévola sabiduría. -Te necesito sentada en la parte trasera Geraldine.

Geraldine miró hacia atrás. Después de todo, no había visto el rostro de aquel niño.

Muy despacio se movió y se sentó atrás. Se sentía confundida.

- ¿Vamos a pasar de nuevo por un sitio donde hay policías?

-Ya no hay policías por este sitio. -respondió Andrés mientras observaba la carretera. Empezó a subir el vidrio.

Geraldine esperó en silencio. Veía como conducía Andrés. Por una extraña razón, ya no le recordaba para nada a su padre.

La radio emitió un comunicado con la voz altanera y sensacionalista de un periodista:

-<< ¿Necesito saber?>> -preguntó un hombre. -<<Cómo suceden estas cosas>> <<El monstruo de la autopista lo ha vuelto hacer. Ha vuelto a entrar en una de las casas y simplemente se ha llevado a un niño. El tercero este mes. -La voz mecánica hizo una pausa. -<<Los padres se encuentra muy asustados. Lloran hasta romperse los tímpanos y la garganta, pues encontraron sangre en la almohada y la habitación del niño, algo que confirma que el «monstruo de la autopista» Le ha hecho daño. Tengo al policía Banchón en este caso. El me dirá cómo está avanzando con la captura de este... loco. Teniente, prosiga.>>

Geraldine se sentía fría; y veía toda la oscuridad a los lados de la autopista de una manera borrosa y siniestra. Se acercó al niño y lo volteó. Rogó a que sea solo noticias sensacionalistas.

Vio los ojos abiertos y el orificio en la frente por donde había entrado la bala. Lanzó un grito y retrocedió.

<<Parece que ha sido disparada un arma; Encontramos el casquillo de una bala debajo de la cama. Posiblemente, el arma se trate de una Glock de bajo calibre. >> decía el policía, pero aquella voz sonaba a cientos de millones de años luz para Geraldine.

En la confusión, vio como Andrés aminoraba la velocidad y se estacionaba a un lado de la autopista. De la parte de abajo del volante, en una especie de compartimiento secreto en forma de bolsa, sacaba una pistola plateada con un supresor.

-Bájate. -pidió mientras él hacía lo mismo. -Bájate, Geraldine.

Geraldine escuchó el sonido del arma al ser amartillada.

-No. -negaba ella con la cabeza mientras sentía las lágrimas calientes bajando por sus mejillas. -Por favor no. - ¿Cómo era posible, de cientos de chicas, esto a ella le estuviera pasando? Era un sueño. Estaba muy segura que todo era una maldita pesadilla. Pero por más que lo pensó, no sintió el dulce alivio al comprobarlo, fue todo lo contrario; el miedo creció como él fuego en una línea de gasolina

-Te quiero aquí, Geraldine.

-Porque me hace esto, solo déjeme ir. -tragó saliva. -Prometo no decirle nada nadie, ¡Por favor, señor!

Andrés sonriendo dijo:

-Si te dejara ir, ¿Correrías por ese bosque toda la noche?

Geraldine miró el bosque.

Asintió.

Andrés negó con la cabeza

-Sal de ahí y trae al niño contigo. - ¿Era la indicada? ¿Debía matarla? Lo iba a comprobar. - Ese niño, no me sirve en realidad.

-Por favor no.

Andrés se acercó y sacó a Geraldine agarrándola por el cabello. Después jaló por un pie al niño muerto. El cuerpo cayó con un sonido hueco y húmedo en el suelo.

<<En la almohada, se ha encontrado restos de hueso con masa encefálica. Confirmando que el niño ha recibido un disparo en la cabeza; pero lo que no podemos averiguar, y que nos resulta aterrador, es el hecho en que porque aquel enfermo se llevó el cadáver del niño. O simplemente está usando un truco de desviación, y esta sangre no pertenece al hijo de los Bernardo.>>

-Está empezando a descomponerse. -comentó Andrés. -Si vieras las noticias más seguido, supieras la cantidad de días que lleva muerto. Vamos, ve y ponlo en medio de la carretera.

-No haré eso. -murmuró ella.

- ¿Que?

-¡NO HARÉ ESO!

Andrés disparó.

Geraldine retrocedió al ver como el humo salía del cadáver

-Está muerto. - confirmó Andrés

Geraldine se levantó y cogió entre sus brazos el cadáver.

-Espera. -Ella se volteó. - Cuando lo coloques en el suelo, quiero que le des un beso en la frente. Eso lo ayudará a tener unas buenas noches.

-No haré eso, Andrés.

-Andrés es el nombre de su padre. Y ese no es mi hijo. Robé sus papeles y partida nacimiento para hacerlo pasar por mi hijo, aparte de una copia de la identificación del padre. No sabes lo sencillo que fue. Sin embargo, no se parece en nada. No me sirve. Al principio tenía el rostro de mi niño, pero al entrar en casa, este cambio. No lo pude soportar. -levantó el arma para hacer énfasis. -Mi nombre es Alejandro, y ahora obedece, Geraldine.

Observó el cadáver. Estaba muy frío, y su piel era de un color gris como las nubes encapotadas. El peso que sentía, azotaba a su espalda; Era como llevar una masa de carne y hueso envuelta en jirones. Empezó a caminar con pasos errantes y vacilaciones. Consideró la posibilidad antimoral, en su humanidad, la cual se tambaleaba, de lanzar el cadáver del niño y echarse a correr como un atleta que ve la meta aproximándose, pero...¿Que le sucedería si la alcanzaba? <<Claro, te mataría, mi reina>> Pensó. Era extraño cómo actuaba la mente en momentos como esos.

Empezó a caminar más deprisa. Corrió y puso con mucho cuidado el cadáver.

-Ahora bésale la frente

Geraldine observó la herida de bala. El color granate de la sangre rodeaba aquel orificio extendiéndose hasta las sienes. Aquella herida se veía como una cueva donde se podía esconder murciélagos y cientos de huesos donde la putrefacción era parte de las paredes. Geraldine sintió un poco de asco. Empezó a bajar la cabeza. El roce de sus labios y aquella piel fría como el acero, hizo que se llevará unas cuantas arcadas. Era como besar un trozo de carne congelada, pero debido a las circunstancias y al ambiente, eso lo volvía diez veces más desagradable.

Ella muy despacio regresó llorando.

-Metete en la cajuela. -dijo él. -Voy a ver cómo te comportas en casa.

Geraldine volvió a tragar saliva y se metió en la cajuela.

Sintió como la oscuridad la abrazaba al igual que el calor. Después, el sonido del motor al encender. Cerró los ojos y no pudo dormir en unas interminables 3 horas de viaje en la cajuela.

15 de Junio de 2020 a las 11:34 0 Reporte Insertar Seguir historia
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