leonidasguiles Leonidas F. Guilles

La noche se había vuelto corta, mis ojos incapaces de cerrarse fueron forzados a ver el sol de la madrugada asomarse por mi ventana. La vida de un hombre degenerado, sin interés ni futuro, cae en la locura por el fallecimiento de su amante. Valoraría mucho una reseña, gracias.


Cuento Todo público.

#terror #tensión #drama #terro
Cuento corto
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La noche se había vuelto corta, mis ojos incapaces de cerrarse fueron forzados a ver el sol de la madrugada asomarse por mi ventana, no había nada bello en aquél amanecer, al menos nada bello para mi, no le encontraba belleza ni a los cantos de los pájaros que revoloteaban de árbol en árbol ni tampoco en la brisa del nuevo día, ese día estaba seguro que iba a faltar nuevamente a trabajar en esa aburrida aseguradora, fue difícil desgarrarme de la cama, fue difícil ponerme de pie.


Frente mío un desconocido estaba mirándome fijamente, flaco, pálido, cansado, era mi propio reflejo, el reflejo de un hombre pequeño, un hombre andrajoso.


¿Acaso es esta la vida real? De un momento a otro el éxtasis de vivir se desapareció, de un momento a otro el fuego no era más que cenizas, Lean brilló tanto que se quemó, ahora yo no brillo tanto como ayer.


Salí de la casa, primera vez en una semana, una corta semana, me puse su abrigo gris, olía a alfombra mojada, pero se sentía cálido.


Pasé por tu casa Lean, vi el banco en el que nos sentábamos mientras tu madre nos vigilaba, Lean, fui al parque, allí dónde tu me besaste por primera vez, aún puedo sentir la euforia, el miedo a que nos vean, todos esos sentimientos de amor, me acuerdo que me agarrabas de la mano y pensábamos en un futuro juntos, nunca llegó.


Tu madre me vio desde la ventana de tu habitación, no supimos que hacer por varios segundos, pero antes de que yo levantase la mano para despedirme de ella, cerró tus ventanas, algo rompió dentro de la casa, algo voló en mil pedazos.


Aún en los últimos días me dabas esa mirada, aún con esos ojos enfermos podía ver tu alma viva dentro, pero para mi y para todos, yo soy tu homicida.


Llevo dentro de mí la muerte, una muerte silenciosa, pero que se acerca, se acerca, la siento.


Cada día después de tu partida doy un paso más a ti.


El amor nos costó la vida.


Visité a mi madre, no hablamos de ti, no hablamos de mi, hablamos de mi tía, de como había dicho cosas de mi madre, de como mi madre se sentía, de como eran ellas de pequeñas, de como...


Me perdí en sus palabras, entrecerraba los ojos, conciliaba el sueño con sus historias, pero me despertó de un aplauso.


Me disculpé, me fui.


De nada valía buscar el perdón allí, la vida sigue igual para todos, sin saber que en una mala noche todo puede desmoronarse.


La palabra sida era un tabú, mejor no llamar a esa cosa, decía, vas a estar bien si te tomas los medicamentos, a sabiendas que tu sigues muerto, mis pastillas son putas golosinas.


El día se mueve rápido, yo voy muy lento, mi día va despacio, pero todos vuelan, necesitaba volar y volé, cambié mis medicamentos por alas y me drogué.


Fui a la casa de ese muchacho que se metía contigo, toqué la puerta, me abrió una vieja, me puse una máscara y le sonreí.


Disculpe ¿Dónde está Pablito?, en su habitación me dijo, muchas gracias respondí, entré, él claramente no me esperaba, su mamá en la cocina, él cagado de miedo en la cama, lo tomé por los pelos, la cocaína me volvió fuerte, él relinchaba, su madre subió las escaleras, le di una patada y cayó por los escalones, no vi como terminó, pero Pablo lloraba, dimos un paseo por su auto, un paseo por la ciudad, la ciudad roja, el sol cayó y no veía el camino, pisé el acelerador, lo saqué del baúl, lo puse de rodillas, te pidió perdón.


Vamos a mi casa.


Abrí la puerta, todo negro, tu ausencia.


Lo invité a pasar, lo llevé a nuestra cama, ahora me burlo yo de él.


Lloraba.


El reloj sonaba cada vez más rápido, me ponía nervioso, lo lancé por la ventana, vi como caía al suelo, se desplomaba.


El tiempo vuela, chiste de mierda.


Ahora todo está lento, en la cima del mundo, en el decimotercero piso de la torre, estoy de pie en el ventanal, mirando los autos pasar, pasan muy lento, el viento golpea muy fuerte, me hace tambalear, mi cuerpo tiembla, pero mi mente está calmada, un grito se oye de la torre del frente, la canción se está acabando, tic toc, estoy a tan solo un paso de ti.


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3 de Junio de 2020 a las 02:12 5 Reporte Insertar Seguir historia
9
Fin

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Leonidas F. Guilles Detrás del espejo espero.

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Isabella R. Isabella R.
Sigue así, hay algo peculiar en esa escritura que agrada la verdad.
JL Joseph Lopez
¡Fabuloso! Querido amigo, estoy orgulloso de usted, su relato me ha conmovido a tal punto de hacerme sentir, justo lo que necesita una historia. Agradezco haberle conocido.

  • Leonidas F. Guilles Leonidas F. Guilles
    Muchas gracias por su comentario, realmente que me conmueve querido amigo. 3 weeks ago
Lihuen Lihuen
Me gusta tu estilo, entre prosa y poético y con un ritmo que intensifica la tristeza y el desconsuelo que siente el protagonista.
June 03, 2020, 15:55

~

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