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El Viajero

Tengo un gato que desaparece. A veces por horas, a veces por días. Simplemente se ausenta por la casa y uno se preocupa un poco, ¿Se habrá fugado?, ¿Lo habrá adoptado alguien? ¿Se lo habrá mangiado un perro? Pero no, el señor aparece lo más campante, al rato, a las horas, 20 años después, todo rozagante, con esquirlas de tiempo posadas en sus vigotes-antena, caminando por la puerta ventana del costado con la elegancia gatuna que lo distingue, mirándote como si nada pasara, incluso hasta con un dejo de: ¿Y vos seguís ahí humano...?. Y lo miro. Lo miro atentamente, escudriñando, achinando los ojos para ver algo más, indagándolo, y él tipo nada, un señorito ingles en forma de felino. Pero lo gracioso es que se puede percibir un halo en su presencia, como si el señorito viniera de un largo viaje a través del espacio-tiempo del patio trasero y la Conchinchina sideral, vaya uno a saber.

Luego el muy perspicaz simula jugar con un pedazo de lana apelotonado, duerme una siesta, te seduce con un ronroneo o maúlla hambre o sed, a modo de súplica inverosímil, ¡Ya que vos sabés que él no te necesita! ¡¡Si estuvo todo este tiempo ausente, de algo se estuvo alimentando más allá del prefabricado Gatti que uno le ofrece!! ¡¿Cómo sobrevivió?! ¿Acaso se alimentó de éter? No creo...

Sopeso todo esto mientras cocino una milanesa y preparo las cosas para la tarde. Zafiro, así está intitulado el felino, descansa entre mis pies con la sapiencia que por más carnet de la veterinaria que le hagas, y estampillas que le pongas, él no es Zafiro, ni Fufi, ni Poltrón, ni como le llames. Y me desata los cordones.

Los antiguos egipcios tenían a este animal entre sus animales predilectos. Incluso la Esfinge de Gizeh, es un felino con una cabeza de faraón, puesta, la cabeza, bastantes años después por un faraón engreído. Sospecho tengamos en nuestras casas, todos nosotros, un viajero del tiempo, un portal que ninguno pasará ni conocerá jamás, la puerta al misterio profundo encapsulada en forma de un simple gato. Y por eso será entonces que lo alimento pacientemente cada tanto, quizás a modo de ofrenda.

¡Y BA-JA-TE de la mesa Zafiro!

25 de Mayo de 2020 a las 01:23 0 Reporte Insertar 0
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