sadinthemoon Mariam Abdulhay

LECTURA FUERTE, LENGUAJE SOEZ, ESCENAS GRÁFICAS DE SEXO EN DIVERSIDAD DE GÉNERO, SI ERES VAINILLA NO ENTRES. De todos los placeres de la vida, el que más he disfrutado es el sexo. A veces, esa palabra asusta a algunas personas, pero solo a los que no se atreven a mirar un poco más allá. A mis veintiún años he disfrutado del sexo y también he hecho que otros disfruten conmigo sin importarme edades, estados civiles, condiciones, y ni siquiera el sexo de la persona. En mi diccionario, las palabras sexo, placer y orgasmo están sincronizadas, porque me transportan a una sola cosa: Estar bien conmigo misma. Sé que a muchos no les agradará mi estilo de vida pero sólo les diré una cosa: Cada quién hace con su vida lo que mejor le plazca, y a mi me complace el placer puro, carnal y sexual. El sexo es tan bueno que entretiene, el placer no es menos porque satisface y el orgasmo lo complementa, porque libera la oxitocina en el cuerpo, que incluso se puede decir que rejuvenece. Si no lo creen, aquí les dejaré un poco más de mi... Soy Verónica Tocker pero desde hace mucho tiempo soy conocida como SWEET CANDY.


Erótico Sólo para mayores de 21 (adultos).

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- PRÓLOGO -.

ATENCIÓN

Este libro contiene acto contenido sexual, escenas homosexuales y sexo violento explícito. Si es mucho para ti, para ya, busca otra cosa que leer. Y no denuncies, que no es porno.

Si esto es definitivamente lo tuyo, toma asiento, ponte cómodo/a y busca una bebida, disfruta de las aventuras de Sweet Candy.


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— ¡Dios, Candy! — Exclamaba el hombre mayor que estaba debajo de mi.

— Siempre he sabido como te gusta — seguí con el trabajo manual para que se corriera rápido — Así, ¿verdad?
— Sí, justamente así – tenía la respiración agitada — Siempre has sabido como complacerme.
— Porque tú siempre has sabido prender mi motor.
— Nunca he podido negarte nada.
— Por eso siempre has sido mi socio — le di una lamida lenta a sus testículos, sabía que eso lo excitaría mucho más y luego los chupe fuerte.
Sentí como George, mi socio se arqueaba y gemía.
— ¡Oh sí!
— Vamos Daddy — le encantaba que lo llamara de esa forma — Ven, dame lo que te gusta.
Para algunas mujeres era algo asqueroso, pero para mi significaba que no podría negarme nada después.
— Sí, pequeña — Se sentó en la cama — Ven con Daddy.
Estaba de rodilla en el piso.
— Eres tan hermosa Candy, hoy quiero correrme dentro de ti.
Asentí. Calculaba que le quedaban menos de dos minutos.
Me puse de espaldas a él y me senté en su regazo, alineando su sexo con el mío para que pudiera penetrarme lentamente.
Era cierto que era un hombre de casi cuarenta años pero se ejercitaba a diario y comía bien. Así que podía decirse que aun tenía buenas condiciones físicas para tener sexo descontrolado.
Comencé a moverme como le gustaba mientras él jugaba con mis pechos que rebotaban de tanto vaivén. Apreté mis músculos vaginales alrededor de su polla, cosa que sabía que a él le encantaba y lo hacía correrse.
— Abre las piernas, cielo.
Obedecí y comenzó a jugar con mi sexo que estaba adolorido y exigía atención. Se esforzó en hacerme correr, siempre era así de considerado y a los pocos segundos se corrió.
Nuestros corazones latían sincronizados y nuestras ropas algo desarregladas.
George me abrazó desde atrás y comenzó a besar mi sien.
— De verdad que siempre has sabido como complacerme.
— Lo sé — le dije riendo — Me moví lentamente haciendo que saliera de mi.
Me levanté de su regazo, como siempre, fue al baño para asearse un poco. Volvió a los pocos minutos y luego entré yo a lavarme.
Me refresque también, las sesiones de sexo con George siempre eran largas. Salí del baño con mejor presencia.
— Ven acá, cariño — siempre me decía así, aunque hubo un tiempo en que me llamaba bebé.
Caminé con paso confiado hacía él.
— Toma — dijo — aquí tienes el préstamo por tres millones de dólares para la ampliación de nuestro negocio.
Pegué un brinco de alegría, corté la distancia y lo abracé y besé
— Todo para mi bebé — me regresó el beso — Mi Sweet Candy.
Llegué a casa emocionada, no podía creerlo, mi negocio se ampliaría más de lo que me imaginaba.
Fui a mi cuarto y tomé una larga ducha. Al salir busqué mi bata de seda y me la puse, me tiré en la cama, solo mirando lo blanco del techo, me pregunté cómo había llegado hasta aquí y todo lo que había logrado con el sexo pero también recordé la única vez que deje enfriar mi corazón.

Cerré mis ojos y comencé a retroceder.

22 de Mayo de 2020 a las 20:09 0 Reporte Insertar Seguir historia
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