miq93 Miquel Bernal

Una sociedad secreta formada por los más poderosos actúa desde las sombras y realiza actos perversos y sin escrúpulos para mantener su tradición y alcanzar sus objetivos de dominación mundial.


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13.

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La jaula

Con 170 metros de eslora, el Palmira era uno de los yates de lujo más grandes jamás construidos y la última embarcación privada nacida en el astillero Lürssen. Requería una tripulación de 95 miembros y, para su dueño, la mayoría de ellos tenían que ser mujeres. Fue un regalo del monarca Karim bin Zayed Al Sabah para su hijo, el príncipe Ibrahim de Baréin. Ibrahim era famoso por su extravagancia y sus desmesuradas fiestas. Una vez, compró un zoo de la India e hizo trasladar a todos sus animales a su residencia en Manama. Esa misma tarde, reunió a sus amigos multimillonarios y contrató a Lady Gaga para una función exclusiva en el recinto de los leones.


La adquisición del Palmira no podía ser menos. Así, el príncipe organizó una gala de inauguración a bordo de la nave y convocó a medio centenar de poderosas personalidades para una celebración en mitad del Mar Rojo. La lista de invitados incluía a grandes empresarios, respetados productores de Hollywood, altos cargos de los servicios de inteligencia de varias naciones e incluso políticos del más alto nivel. El capitán los recibía uno por uno con un lector de códigos QR. Si el aparato daba luz verde, el invitado accedía a la cubierta principal, donde había la piscina, la pista de baile con una mesa de mezclas, el comedor y tres barras perfectamente aprovisionadas. Los camarotes, la sala de juegos y casino, el cine, los baños turcos y el gimnasio estaban repartidos entre las demás cubiertas. El penúltimo nivel del yate correspondía a la suite privada del príncipe y, justo encima, se encontraba otra habitación que la tripulación conocía como la jaula, a la cual solo se podía acceder por ascensor con una llave especial.


Cuando el barco hubo zarpado y el puerto comenzaba a desaparecer tras el horizonte, la gente ya presentaba síntomas de embriaguez. Ibrahim bin Karim se subió a la tarima del DJ y se acercó un micrófono a la cara:


—Queridos amigos. Sé que tenéis una agenda muy apretada. Os agradezco de corazón que hayáis venido a estrenar mi nuevo juguete. Ya sabéis que hay barra libre y comida ilimitada toda la noche, además de otros servicios de moralidad más cuestionable. —Se oyeron carcajadas—. Solo tenéis que levantar la mano y una de las camareras os atenderá. Para aquellos interesados, el casino está en la sala contigua —el príncipe apuntó a la puerta que daba a dicha sala—. A las doce en punto, empieza el torneo de Texas Hold-em. Si queréis participar, la cuota de inscripción es de 50.000 dólares americanos. Aceptamos efectivo. El señor Chen os dará todas las instrucciones —señaló a uno de los únicos tripulantes de género masculino—. Señoras y señores, disfrutad de la velada.


Entradas las primeras horas de la madrugada, algunos invitados bailaban, otros se divertían en la piscina o en las barras y otros se relajaban en los baños turcos. En una de las mesas del comedor, Yuri Vólkov, magnate que controla un quinto del petróleo ruso, saboreaba un plato de fugu acompañado del mejor sake de la bodega del Palmira. Antes de que pudiera terminarse la cena, el señor Chen se le aproximó y, sin decir una palabra, dejó una llave junto a su vaso y se marchó. Como si Vólkov hubiera captado el mensaje, cogió la llave y salió al pasillo de estribor de la cubierta exterior, donde estaba la puerta del ascensor. Vólkov insertó su llave en la ranura e, immediatamente, se abrieron las compuertas. Veinte segundos más tarde, el magnate ruso se encontraba en la jaula.


Era un cuarto relativamente despejado. Los únicos muebles eran once sillas idénticas de madera, dispuestas en círculo a lo ancho del cuarto, y una mesilla redonda en el centro. En los extremos correspondientes a proa y popa, había dos espacios de tres metros cuadrados separados del área principal por barrotes de acero y una puerta con cerradura electrónica.


—Por fin estamos todos. Señor Vólkov, tome su puesto, por favor.


Yuri Vólkov saludó a sus compañeros y ocupó el último asiento que quedaba libre. Ibrahim bin Karim a su derecha y Robert Murphy, abogado personal del Secretario de Estado de Estados Unidos, a su izquierda.


—Como bien sabéis, éste es un día importante para nosotros —anunció el maestro de ceremonias, a quien todos llamaban Abuelo—. Hoy celebramos el cuatromilésimo aniversario de la fundación de la Liga por Mentuhotep III. Desde su concepción, nuestra organización ha conducido la historia y ha guiado a la humanidad por el buen camino. Aliyah —dijo el Abuelo en tono imperativo.


Aliyah Cohen, exdirectora del Mosad, se levantó y fue a uno de los extremos del cuarto. Sacó de su bolsillo una tarjeta de color negro, totalmente lisa y sin ninguna inscripción o relieve, la acercó a la cerradura electrónica y la compuerta se abrió.


—Empecemos —ordenó el Abuelo.


Los diez que permanecían sentados izaron sus brazos con las palmas de las manos apuntando al techo y la cabeza agachada mirando al suelo. Al unísono, pronunciaron unas palabras de forma repetitiva en una lengua muerta, desconocida para los académicos de todo el mundo. Cohen volvió a la reunión con un bulto cubierto por una sábana de seda blanca en sus brazos. A continuación, lo colocó sobre la mesilla redonda y regresó a su asiento, sumándose a la oración. Entonces, se levantó el Abuelo y dio un paso adelante, encarando al objeto:


—¡En el nombre del Señor de la Tierra y del Cosmos —pronunció impetuosamente—, ordeno a los siervos de la Oscuridad que viertan su poder en mí! —Empuñó una daga incrustada en rubíes y la alzó por encima de su cabeza; la oración de los otros cada vez más enérgica—. ¡Señor, te entrego mi cuerpo y mi alma! ¡Oh, Enki, Portador de la Sabiduría, ¡dame fuerzas y acepta mi ofrenda!


El bulto empezó a moverse, la sábana cedió y se descubrió el contenido del paquete. Se oían gemidos. Pero el ritual no se detuvo. La Liga siguió con su rezo, aumentando el volumen más y más, intentando silenciar los llantos entre el ruido. Entonces, el puñal descendió, penetró la carne y se hizo el silencio.

22 de Mayo de 2020 a las 17:43 4 Reporte Insertar Seguir historia
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Lihuen Lihuen
Muy buen comienzo, te deja muy intrigada de saber de q se trata este ritual
June 01, 2020, 01:20

  • Miquel Bernal Miquel Bernal
    ¡Muchas gracias! El segundo capítulo parecerá un cuento independiente, pero todo se conectará en el tercero. ¡Saludos! June 01, 2020, 06:05
N.V. Scuderi N.V. Scuderi
Muy bueno cómo va de a poco poniéndose de algo relativamente normal a algo más oscuro y misterioso. ¡A esperar el siguiente capítulo, saludos!
May 28, 2020, 01:04

  • Miquel Bernal Miquel Bernal
    ¡Muchas gracias! Así da gusto escribir :D June 01, 2020, 06:06
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