mefistoc Mefisto Contreras

Después de reservarme por mucho tiempo de amar, lo hice y terminé tan destrozado que tengo que escribir esto. Hablar sobre cómo el café curó mis heridas. Y sobre todo, cómo elegir uno tan bueno que te permita hacer lo mismo, jovenzuelo con corazón roto.


Historias de vida No para niños menores de 13.
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Mi café me lleva a otro lado

Al igual que todas las personas, estuve al borde del deslave en la playa de mi paz mental. Internamente sentía similar al morir y mi apariencia lo confirma siempre. No tiene poco que después de mucho tiempo solitario, me decidí aventurarme a amar otra vez. Y amé con toda la fuerza qué da mi ser. Incluso hasta ahora que todo terminó no puedo dejar de sentir que hay algo mío en ella que no debería sólo cortar, así como ella tiene en mí y que no puedo solamente desechar. Ella dice que soy muy noble pero yo pienso que simplemente soy estúpido. Considero que lo más sensato sería aceptar mi propia cruz por lo que hice. Perdonarme por haber amado. Después de todo, esto no se decide. Simplemente se hace. Y se hace sin condiciones. Incluso ahora, que fui seguido desde el inicio de mes por dos semanas terribles. Me estafó una empresa reconocida, la mujer que yo amaba confesó ya no amarte, me fui a otra ciudad, me corté un dedo suficiente para no usarlo media semana. Simplemente me dejé en cama, a desfallecer. Pasaron horas, y después días hasta que me acordé que tenía que consumir algo más que agua.


Todo hubiese sido más difícil si no hubiese puesto café en la cafetera.


El simple aroma me llevó otra vez a mi estado más o menos normal y recordé que yo también tengo valor intrínseco como persona. Qué yo valgo por mí mismo, con lo que soy capaz de hacer después de tomarme un café.


Es decir, el café significa más para mí que simplemente una bebida para sociabilizar o un energizante para poder aguantar el día entre nuestro irresponsable manejo del tiempo. El café hace demasiadas cosas por mí, más de las que podría hacer yo por cualquiera. Me ha acompañado en los momentos más oscuros de mi vida. Como el anteriormente relatado. Y en mil más. Ha llevado más de una de las situaciones qué han estado a punto de dragar mi playa mental a una simple subida de marea. Todo comienza desde le aroma, qué estira las zarpas del olor desde abajo de mi casa hasta el piso superior. Atraviesa la sala, cruza la sala, sube por las escaleras y acaricia mi rostro. Es un fantasma cariñoso y amable, qué a pesar de no ser suficientemente inteligente para simplemente entrar directamente a mi nariz, imagino sus caricias más cariñosas que las qué cualquier ser amado pudiese plasmar.

Olisqueando el terreno


Primero empieza por atraerte con su aroma. Tienes qué elegirlo bien, como a cualquier buen compañero de tu vida, por como huele. Aunque parezca un rasgo más de un animal que se guía de sus sentidos, una bolsa de café la tienes que oler para hacer una decisión. No sería grato confiarle tus sentidos a algo que desde un principio no huele bien. Literalmente. Pero, por lo mismo de ser un compañero de vida, tienes que haber pasado por algunos para tener una referencia para darte cuenta cuáles son los que de verdad valen la pena. Comúnmente cuando tu abuela o tu padre te dan un sorbo de café por primera vez, no entiendes cuál es el atractivo de esa bebida amarga sin chiste que sólo te altera. Pero luego te das cuenta que esa misma bebida es la que despierta a papá. La que lo mantiene atento a pesar de haber dormido poco en su trabajo demandante. Y la que acompaña a la abuelita que perdió al abuelo y, a pesar de que los nietos han dejado de visitarla, sigue levantándose con su tacita de café muy temprano y a hablar con las amigas a media tarde, cada una con su respectiva taza. Ni papá ni la abuela piensan mucho en los tonos achocolatados o florales del café pues el café es funcional, a pesar de que sepa feo.

Tomando café


Para saber genuinamente qué es lo que nos satisface, debemos probar. Olisquear y mirar café no nos da ningún dato crítico sobre cómo sabe un café. Hay que tomar uno, probarlo y saber si realmente es lo que buscamos. Yo, inicialmente, llegué a conocer el sabor del café por mi abuelo. Probé el café que daban en la cafetería del puerto. Al ser un niño tan somnoliento, sentí ese café como la mejor invención del mundo y hasta tiempo después, seguía consumiendo el café soluble de mi mamá pensando que ese tipo de café era el único que existía. Sopesando los recuerdos, el café realmente era malo. Lo primero que conocí y era realmente tosco tener que andar echándole azúcar. Porque tomo el café como se debería de tomar: sin azúcar. Sino realmente no deberías gastar sino en uno más barato si lo que realmente hace saber tu café es un endulzante. Un café bueno resalta por si mismo. Su sabor y sus tonos deberían ser suficientemente generosos como para que no necesiten nada externo. Ser capaz de sí mismos sacar varias formas que satisfagan varias necesidades: capicchino, americano, cold brew. Si necesitan llenar tu café de colorantes, chispas, crema de cacahuate, crema batida, un alma de un ser virgen sacrificado y aparte llamarlo arcoíris, simplemente habría que soltar la idea de tener algo tan grotesco contigo. Las cosas simples son mejores.


Algún día, cuando los complejos y las exigencias no se confundan en ti, sabrás distinguir quién simplemente forma parte de una etapa de tu vida y quién está ahí para quedarse contigo. Queda resignarse a el poco control que tenemos sobre estas cosas y disfrutar los días.


Abraza a quien tengas al lado e invítale el mejor café que mis consejos te puedan comprar.

27 de Mayo de 2020 a las 04:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Mefisto Contreras Me gustan los relatos cortos y la historia. Tomo café de a litros, así que no es mame.

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