Y
Yamilí Sánchez


Darkville, un pueblo lleno de luz, color, alegría y canciones. Mi vida es normal, aburridamente normal en este pueblo, siempre he sentido que no pertenezco a este lugar; me entusiasmo más al ver la cara de mi profesor de ciencias, que estudiar el contenido que él enseña, no porque sea una chica promiscua, ni porque mi profesor sea muy apuesto, sino porque ya me sé todo lo relacionado con las ciencias, desde pequeña he tenido un gran desenvolvimiento en esta área. Las cosas comenzaron a ponerse interesantes en este pueblo cuando descubrí que yo soy el experimento; cada vez hay más recuerdos en mi cabeza que definitivamente sé que no los he vivido desde que me mudé aquí. No creo en la reencarnación ni en las coincidencias, nunca he dejado mi vida en manos del destino, pero me costó aprender a hacerlo despúes de tantos imprevistos. Si quieres vete, no te obligaré a que leas mi historia, pero te aseguro una cosa, si eres amante a darle giros inesperados a las cosas, definitivamente, este es tu libro.


Ficción adolescente No para niños menores de 13.
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Necesito cambios


Darkville, un pueblo lleno de color, paz, sonrisas, fiestas y amor, donde todo era casi perfecto. Las chicas eran disciplinadas, los chicos eran unos caballeros; todo siempre estaba en perfecta armonía, nadie quería que este estilo de vida cambiara, a excepción de Ilimay.


Estoy harta de ser la chica perfecta, siempre seguir las reglas, estoy cansada de no hacer las cosas que me gustan, por ejemplo, pintarme el cabello del color que deseo, simplemente porque no es usual en las chicas de mi edad o quizás por el típico comentario, “No te tomaran en serio en una oficina si te ven así”. No quiero ser juzgada por comenzar una conversación con el chico que me gusta, solo porque él lo debería hacer antes. Son tantas reglas patéticas que limitan a las personas a hacer lo que les gusta. Decidí ignorar todo esto y comencé a disfrutar de la vida a mí manera, a vestirme como quiero, a pintarme el cabello del color que se me antojara, aunque eso implique ser siempre el tema de conversación de las chicas y de cierto modo, el dolor de cabeza de mis padres.


Al principio creí que era la única chica a quien le molestaban estas condiciones que había establecido la sociedad, hasta que conocí a mi mejor amigo Rush, un loco por la ciencia; hace unos días me confesó que durante 20 años ha intentado cambiar este pueblo, según él, soy el experimento 2004, producto de su imaginación; si esto fuese cierto, es curioso como pudo hacer que creciera como una chica normal, sin darme cuenta de mi verdadera identidad u objetivo por el cual fui creada. Cambiar este perfectamente aburrido pueblo.


Una tarde, mientras Rush estaba en su laboratorio, tuvo la idea de “Aumentar mi potencial”, discutimos esa vez, el insistía en inyectarme una especie de droga, llamada Yilges, no sé como lo logró, pero me convenció de hacerlo, supongo que es por el hecho de que sea mi "creador" o quizás ese día no tenía nada mejor que hacer y acepté. Al día siguiente ya no recordaba casi nada, el único recuerdo que llega a mi mente fue cuando me miré al espejo con las manos manchadas de sangre y esa sensación de querer destruir todo lo que estaba a mi alrededor, sentía que tenía las suficientes agallas incluso para matar. ¡Yo no soy así! Mis valores no son esos, me repetía una y otra vez, mientras el recuerdo me abrumaba, pero no podía controlarme y para mi desdicha, cada vez necesito más esa droga, pero es imposible para mí obtenerla, así que decidí dejarla, pero a medida que fue pasando el tiempo, comencé a enfermar como que si parte de mi vida dependiera de los Yilges.


19 de Mayo de 2020 a las 15:07 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

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