alhajan Alhajan

Vind, un obstinado vago, se resguarda de su pasado en la aldea Oril ensimismado por rehuirle. Su soberbia le revive lo que buscaba olvidar al perder a su ser más querido. Las tres lunas se reúnen el día que la vinculadora de almas, Ariek Reviéd, motivada por la angustia de sus sueños, ve en él apoyo y compañía en su búsqueda por una reliquia familiar perdida entre las eras llamada el Lamento de las almas. Su camino será obstaculizado por las intrigas políticas de una Bana inestable, llena de ambiciones y crueldad.


Fantasía Medieval Sólo para mayores de 21 (adultos). © Alhajan

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Entre las sombras del lago.

La tarde empieza a caer, las nubes acarician con su descenso las laderas del coloso Titan, el orgullo volcánico de la provincia de Turod. Aves entonan sus últimos cantares del día, y la temperatura baja conforme el Sol termina su rutinaria labor y abre el cúmulo de naranjas en sus horizontes.


La paz inunda el pequeño valle donde se asentaron ya hace mucho tiempo las razas que conviven en todo el planeta de Bana; los varusmos, erguidos sin pelajes coliops, los insectos parlantes de con corazas de quitina, tempalies, los simios temperamentales, honorables e incansables y los bastianos, los felinos en dos piernas, perspicaces y leales. Descansa en las planicies la aldea Oril. Protegida por las montañas y abrazada por el aire puro de los bosques que la arropan y muy cercana a esta humilde localidad de Turod, se ubica el lago de Oril.


En medio del lago una pequeña isleta da hogar al monumento, erigido en piedra, y carcomida sus astillas por el tiempo, ornamenta con recelo viejas glorias y dolores la lucha por proteger la paz de la provincia de Turod, durante la era del imperio de Vrahanon. Las orillas del lago son atrapadas por un anillo de foresta; árboles auroras con hojas multi tonales, verdes pálidos, púrpuras en el límite del magenta, hacen juego con sus flores de azulados tiñe. Encarcelado y embellecido, el bosque de los auroras hacen suyo el estanco y el vivo debe vencerle para poder disfrutarlo.


Muchos medientes, los varumos del continente de Ecino, el lago Oril representa un lugar de misterios. Alejado del ajetreo del vivir, una atmosfera calma, de sentir taciturno con velo discreto. Perfecto para reflexionar, buscar respuestas o inspirarse. Los más ancianos y supersticiosos hablan de bendiciones otorgadas hace cientos años por dioses que vieron en él un paraíso en todo el planeta Bana. Y otros más, de desgracias y maldiciones.


Para él estos temas no le incumben, sólo el poder gastar su tiempo ahí, acompañado de las sombras de los árboles aurora y el cantar de los pajarillos, uno de los habitantes de la aldea Oril. Hacendoso, tranquilo, reservado, gruñón, amante de la paz y a pequeño rasgo el hurto. Desde la decisión de quedarse en Oril, él tomó el sitio como su lugar favorito y como consecuencia, si no le encuentras en la aldea, de seguro el lago es la opción ideal.


Conocido es aquello, recorrer el bosque si se le necesita es obligación, con esa idea una silueta busca entre las sombras del lago; pieles arrugadas, túnicas remendadas con parchecillos cada tanto y la desesperación molesta en su semblante. El anciano, mercader y amante de la historia, Tedglar recorre los senderos no marcados del bosque, minuciosa búsqueda por encontrarle.


Brisa fría y de compás calmoso, inicia el recital en las copas de los árboles y con ello la invitación a la danza de sus hojas, así como las sandalias al repetir el paso del anciano mediente, mientras da reojo a cada rincón sobre los tallos, con la esperanza de encontrarle. Alguna mirada a las puntas de la foresta, sólo para verificar no encontrarle entre alguna rama, como en situaciones sucede.


— ¿Dónde demonios se encuentra ese vago? —vocifera Tedglar, aguardando alguna réplica entre los torrentes del viento plagados de aromas dulces, el cantar de los pajarillos y los escándalos propios de los animales del bosque de los auroras, más la nada decide darle plática —; cómo cuesta encontrarle, si no fuera por la urgencia de este envío...


La obstinación le lleva de la mano, hasta cruzar la arboleda y situarse en las orillas del sur. Un pequeño armazón de maderas rojizas se levanta a paupérrima verticalidad, sobre las escazas edificaciones reconocibles. Postrada ahí, astillado y mohoso por la astilla podrida y la falta de cuido, una tablilla de piedra ilegible descansa bajo ese techo ruinoso, prometiendo leyendas censuradas aquellos días, más no es su meta buscar traducirlas.


En el rancho se encuentran viviendo los insectos que se alimentan del material, el moho y los deseos conversones de su visitante frustrado. Tedglar se desgasta mirando de nuevo los alrededores, el lago y los botes aparcándose a las orillas, mientras sus dueños bromean, les atan a los maderos clavados en los suelos y levantan la pesca del día. Nada fuera de lo habitual en un crepúsculo naciente entre las montañas del oeste, hasta verse detenida su búsqueda, hallando a su objetivo. Ahí, acostado en el césped, con sus brazos cruzados bajo su cabeza, mece una de sus piernas cruzadas en mutismo absoluto. Es imperdible, su cabello obscuro largo y desarreglado, tez blancuzca, una destartalada barba, son combinación rara a sus vestimentas con chaleco de piel y pelajes, dagas enfundadas en el suelo, guantes de tela. Con un rostro desafiante por inercia, de cicatrices, con ojos de irises marrones de cejas a la baja y fastidio tallado en sus comisuras.


—¡Vind! — Con el llamado, aquel vago moviliza su rostro con un desliz suave, arrugando los rasgos al ver al anciano caminar con sonrisa a su estancia —. Por fin te encuentro muchacho. Tengo horas buscándote.

—Eres tú Tedglar, qué molestia —expresa con desdén el varusmo de piel blancuzca, reacomodándose la espalda al pasto —, espero no vengas a molestarme con alguna tontería.

—¿Cuánto tiempo gastas por día admirando el lago? —pregunta Tedglar con apacible voz, mientras acomoda sus túnicas y toma lugar junto al malhumorado de cabellos obscuros—. ¿No crees que malgastas tú juventud buscando respuestas en el agua estancada?

—¿Deseas algo viejo? —El cicatrizado voltea a un lado su horizonte, evitando con ello al anciano y de paso mostrarle la molestia de sus cuestiones —. ¿No vendrás sólo sermonearme verdad?

—Sigues siendo el muchacho maleducado de hace seis años—responde Tedglar, esbozando una risa jocosa, incomodando los hombros con un salto para su acompañante—. Me tratas como a un desconocido pese que he cuidado de ti por tanto tiempo.

—Viejo, tengo treinta y un años—responde con fastidio Vind, y con un tono que roza ya la ira impaciente —, hace seis tampoco era un niño… Me he valido por mí mismo desde hace ya mucho.


Tedglar sonríe, como quien escucha el refunfuño de un niño. Con la risotada a cuestas, el viejo se levanta con trabajo, dobla su espalda golpeando el lumbago con su puño. Da unos pasos adelante y cruzando sus brazos a su espalda, buscando ser tomado enserio al presente que descansa detrás suyo.


—Esa actitud es la que me hace tratarte como a un niño. ¿Crees que cazar, recoger frutos y buscar un lugar para dormir te hace un hombre? —Ligera rotación a su rostro se permite el viejo, mirando serio desde la altura y su hombro al cicatrizado, quien ya le responde con desafío de ceño fruncido, apoyándose al suelo con sus manos—. En Thodre me parecías más hacendoso, hijo, pero estos años no han cambiado tu obstinación.

—¡Yo no te pedí ayudarme, ni con el trabajo ni aquella ocasión posterior! Además, he pagado con muchas faenas durante este tiempo en Oril. —Con el reclamo a desfogue, el vago sostiene su impetú por erguirse. Tedglar se voltea a mirarlo, profundamente a sus ojos. Pero como quién no desea saber más del tema, el sujeto esquiva su mirada.

—Sigo viendo en ti esos ojos de niño perdido— precisa Tedglar, con el tinte desanimado en su vocablo, suspirándole a una causa perdida—. No puedes ni sostenerle la mirada a las personas que desean ayudarte, como un infante que recibe el regaño de su padre.

—¡Tú no eres mi padre! — reclama Vind, provocando reiterada risa al viejo como réplica a sus berrinchudas palabras—. Y no pretendo tener uno de remache, pero insistes en tratar de hacerme cambiar.

—Por supuesto que no lo soy. Como sea, no estoy aquí para molestarte... Mira niño, necesito que me lleves unas cosas a Turod, un envió urgente.

—¿Qué clase de cosas? Espero que no sea contrabando, en las últimas ocasiones los guardias que ya me conocen han dejado de ser amables. No creo que la plata el oro o los hegliares puedan salvarme esta vez, Tedglar.

—No te preocupes, es todo legal— afirma el varusmo anciano. Inmiscuye en las túnicas su diestra, y de los bolsillos muestra un papel—. Esto lo corrobora, luego veremos los detalles, lo importante es qué debes llevar. Se trata de una antigüedad que había conseguido en Linme, y que ahora será transportada en barco. Por tanto, tengo los documentos al día como ves. Mañana temprano te daré las instrucciones, por favor no llegues tarde. O bien puedes pasearte más noche, como tú decidas hijo… El cliente quiere que esto salgan en un navío militar en tres días, por eso debo enfocarme en repetírtelo, sin falta.

—Entiendo, entonces mañana estaré temprano en la tienda, sin falta —Arremeda el vago obstinado a su jefe.

—Eso espero ya que la paga es buena— dice Tedglar mientras le regresa la espalda a la vista, e inicia su caminata de vuelta a la aldea—. Nos vemos en Oril

—Ahí nos veremos…


Cuando el anciano se pierde de vista, Vind por fin se levanta, con cara de que su tardecita ha sido completamente arruinada. Despolvorea sus ropas, toma sus dagas del suelo y el bolsillo que acostumbraba a cargar.


«Ese viejo, cada vez estoy en el lago me trata como a un niñato. Debería irme de esta aldea... Pero, por alguna razón, este lugar me trae mucha paz, además, no planeo regresar a Gunthar», con rabieta en rostro y refunfuños termina su descanso. —Tomaré el camino largo a la aldea—musita el varusmo, finaliza su preparación montando el cinturón de cuero con sus dagas a su cintura. Levanta su mirada, y da repaso a las aguas cristalinas, tornadas en el tornasol de una tarde moribunda, acompañado de la sonata de los árboles y el cantar de los últimos pajarillos, mientras los insectos toman el teatro natural para la noche.


El cicatrizado toma rumbo entonces, por el sendero circundante al sureste del lago y así finiquitar la tarde. Con paso tranquilo acomoda su equipo y camina por aquel sendero plagado de los verdes y magentas de los árboles aurora, su mirada se pierde por ratos en el lago y en otras tímidamente se fija en el camino, esperando a cualquiera a su paso.


Inquebrantable el tiempo, asoma su frío anochecer dando paso a las sedas espectrales de blancuzco tinte sobre el valle de Oril y en consecuencia, una paupérrima visión nublada es el precio a pagar. Para el vago esto no es ningún problema, las memorias le conducen seguro entre las nieblas, sonriente por la conveniencia de esta.


Su tranquila caminata se perturba, al divisar la silueta femenina entre la espesa capucha de blanco absoluto.


«Mira tú que suerte», piensa con picardía el varusmo. «Hora de trabajar».


Como es ya su costumbre, ralentiza su paso y observar bien a la dama. No es bueno para el negocio darse el tiempo de a analizar a sus «clientes» durante una plática, y mañoso, evita una gresca futura con el andar taciturno. Cerca divisa; una joven varusma mediente, de cabello rebelde corto y rojizo, su piel morena clara, y de buen físico. Difuma el blanco de la niebla, procurando con este último tramo revisar las vestiduras de la extraña; ropas con pelaje hombros, muñecas y rodillas, un chaleco azul y armaduras de cueros.


«Esos ropajes, una armadura ligera, probablemente sea una chica de Bosque Vital. Pero no parece soldado, la calidad de su chaleco lo dice todo, ha de ser adinerada», cauto en su análisis el atrevido prosigue, dando repaso de pies a cabeza «No veo nada de valor… o sí»


Los pocos vestigios del sol reverberan en la parte baja de la cintura, un colgante plateado, con algunas piedras preciosas incrustadas seducen las irises marrones del varón, y sus manos inicia el inquieto por hacerlas suyas. Un ligero detalle se escapa, el roce de esta al glúteo, molesta posición para cualquier habilidoso truhan.


«Maldición, está muy pegado a su cuerpo... No es mi estilo quedar como un pervertido. Tendré que poner todo de mí para evitar que se dé cuenta del hurto», resbala una gota de sudor en su frente, la distancia es poca, y el premio grande, sin embargo, un sentir nervioso es palpable con pocos saltos de su ceja drecha.


—Buenas tardes, señorita—saluda con amabilidad falsa en su timbre Vind, y la réplica no hace esperar, dando vuelta la chica. El rostro de la extraña ilustra preocupación, comisuras bajas, cejas apuntando al firmamento y los ojos celestinos nubosos. Aún con pasos de separación, el cicatrizado persiste en dar repaso con sigilo, y ella, cambia su expresión a una sonrisa. Acaban su horizonte de darle la última vigilia, para chocar miradas. El acto saca un poco de balance al vago. «¿Qué es este sentimiento?».

—¡Qué suerte, al fin un lugareño! — exclama de alivio la pelirroja, quebrantando a un dubitativo Vind. Sin mayores opciones, y embarcado el varón hacia ella, da dos pasos para acabar de posar frente al melenudo—. ¿Podría ayudarme caballero?

—Em... ¡Por supuesto! ¿Qué necesita? —Continua su acto, ahora con el rostro de calidez y belleza encima el varón.

—Verá, necesito encontrar la aldea Oril. —Con vergüenza incluida en su hablar, juguetea con sus mechones rebeldes la dama, mientras le sonríe forzado el lugareño—. Pero al bajar la niebla me desoriente del todo y ahora no sé hacia donde caminar.

—Eso es muy fácil señorita, déjeme presentarme, mi nombre es Vind y no encontró mejor guía.

—Gracias, el mío es Ariek Reviéd y provengo de la aldea Bosque Vital. Me apena tener que molestar a alguien, pero es la primera vez aventurándome por Turod sola.

«Una novata, es una suerte», piensa el sujeto, y la pícara sonrisa no se disimula en su faz. —No se preocupe, yo vivo cerca de este lugar conozco bien cómo llegar a la aldea. —Añade información el varusmo para ganar confianza.

—Le agradezco mucho, caballero—replica la pelirroja. Con una falsa confianza recién labrada, el truhan toma del hombro izquierdo a la señorita, volteándola con lentitud hacia el este. Luego apuntando con su dedo señala al camino, siendo los celestinos ojos de la mediente fieles a la indicación, mientras la zurda del vago se escabulle hacia el colgante de la joven.

—La aldea Oril se encuentra caminando hacia el est…—Acalla la voz inmediatamente al sentir su mano desvergonzada ser víctima de una palma desconocida, de robusta fuerza y sin delicadez alguna.


El cicatrizado es halado con fuerza, y su tráquea es invadida por un brazo blancuzco. Su visión nubla por la presión y la falta de aire, reclinan su cuerpo viéndose sus pies dejar la firmeza del terreno. Transitan las pocas nubes del firmamento por su visión, su masa es moldeada cual titiritero hace de su arte la voluntad de otro, acabando el acto con el vago postrado y derrapando al suelo sumando un violento rebote de su nuca. El roce con las rocas desgarran parte de sus brazos, y su viaje acaba estrellando su mollera contra unos escarpes metálicos.


—¿Se encuentra bien señorita? — pregunta una nueva voz masculina, sujetando la mano de la dama, y confundida por el fugaz del acto, da vuelta a observar a aquel sujeto. Un fleco sobre el ojo diestro de dorados tonos, es adornado por una sonrisa de absoluta confianza y los carmesíes ojos son la combinación final a un planior de Hifend apuesto—. ¿No le hiso nada este patán?

—¿Eh? No. —Obligada a responder ante un supuesto, la mediente de rojizos mechones mira al suelo, donde un aturdido Vind gimotea. Además de este, una dama con armaduras posa junto al adolorido cicatrizado, siendo esta atracción más para la mediente.

—Me alegra mucho— dice aquel extraño, sin permitir a la dama dar opinión respecto a la violencia propina—. Estuvo cerca de ser ultrajada por ese tipejo —afirma, mientras deja de lado la mano de la mediente. Echa atrás y quita el fleco de su ojo, sonriendo cual galán. Tuerce las comisuras la Reviéd, el rostro petulante del planior no es agradable para ella, más las armaduras del sujeto si son cuidado para su análisis; metales de un blanco con un aire al rojizo, los emblemas de la nación de Hifend, la de las dunas doradas y dos espadas, una a la cintura trasera y otra a la altura del muslo, ornamentado en sus espaldas una capa de rojiza tintura —; tuvo suerte, mi pronta acción le evitó un mal momento con ese greñudo de cicatrices.


Este último persiste en el suelo, confundido y sujetando sus sienes en búsqueda de salir del dolor de su cabeza. Aliviado a medias, frunce el ceño e instintivamente levanta la mirada. Primero ve lss botines de metal, para luego proseguir por esas extrañas piernas vestidas de armaduras. La falda, acorazada también, y telas con tonos marrones le dan aviso, fue inevitable no mirar las bragas violetas de quien pertenecía el juego de defensas. Como patán viciado, el varón detiene unos segundos en la entrepierna para luego proseguir hacia la cara de esa mujer.


La joven, una varusma planior lo mira fijamente, fría sin gesto propicio para lo acontecido en su entrepierna, sus ojos plateados se profundizan en el caído dejándole incapaz de voltear la mirada. El rostro es ornamentado en galas con mechones también plateados, adornados con coletas una en cada costado de su rostro, y su piel blanca fulmina la belleza de la desconocida.


—¡Que hermosa! —musita Vind, postrado y con el gesto propio de quien analiza lo acontecido.


No le permiten profundizar en sus internos, pues una fornida mano le sujeta inmediatamente por el cuello, elevándole con abrupta rapidez. Acerca el rostro el nuevo agresor, un bastiano, exagera los ya atemorizantes rasgos felinos de su raza, dedicando un rictus fúrico al varusmo lastimado.


—¿Te debo algo gatito? —pregunta desafiante el varusmo amenazado al musculoso bastiano de pelajes amarillentos y pequillas marrones, frunciendo este el ceño y ocultando la mitad de sus ojos azules.

—Sucio Octus de pantano. —replica el iracundo felino, rugiéndole y escupiendo al rostro del cicatrizado, mientras le sacude con violencia—; ¿¡cómo te atreves a ofender a mi señora mirando su entrepierna!? Y no con ello, ni te disculpas, ni muestras pena, no eres más que basura.


Hunde sus dedos a la tráquea del patán, y la asfixia no se hace esperar con un respirar forzado del varusmo. Deja de sacudirlo para iniciar el castigo; primero le abofetea, posterior propina un poderoso golpe a la boca del estómago, causando el exclamar de dolor del cicatrizado.


Repetidos golpes azotan el abdomen del sujeto, la sangre arrima en caminata entre sus comisuras, y el vago pierde el conocimiento. La pelirroja observa horrorizada y confundida a la brutalidad del grandullón de pelajes amarillos, donde un ligero castigo, comienza a transformarse en tortura.


—¡Detente! —exclama Ariek, con desesperación, e intenta la mediente socorrer al estraño con el amague de corretear—, ¡lo vas a matar!

—No se acerque señorita— ordena el rubio extraño, postulando su brazo frente a la Reviéd, evitando su paso —, pero como soldados de Hifend, es nuestro deber propinar el correctivo a este tipo de basuras.

—¿Soldados, correctivos? Desde mi punto de vista sólo desean asesinarlo sin razón aparente.

—Déjalo. —El petulante rubio eleva su mano libre, y obediente, el bastiano deja los golpes. Quita el fleco de su rostro, gira su cuerpo, camina y se reagrupa con el grandullón, mirando con absoluto desdén al castigado —; creo que ya entendió que no debe ofender a las mujeres.


Con poca gana, el felino inicia el descenso, poco antes de sentir el terreno las rodillas, toma posición el bastiano y patea nuevamente el estómago. La brutal agresión avienta varios metros a un sujeto que tambalea sus extremidades como muñeco de trapo, aterrizando sobre el lastre del lugar. Mientras, el planior se acerca a Ariek y da una reverencia.


—Mi nombre es el mayor Mátio Hodvega, de la ilustrísima familia Hodvega de Gran Hifend. Mi hermosa compañera es la teniente Falmin Catrid, de la familia de nobles en el Bastión Oeste de Hifend. Y por último mi compañero bastiano, Tozgord, alférez del ejército del Bastión Oeste —comunica con voz suave y serena el rubio —; y dígame, hermosa señorita, ¿cuál es su nombre? —. A pesar del decoro en su presentación, la mediente demuestra el odio y frustración al escuchar tal cretino presentarse como a la realeza.

—Ariek, Ariek Reviéd—responde de mala gana y plegando sus pieles en fastidio.

—¿Reviéd? ¿De la ilustre familia Reviéd de Bosque Vital?

—Así es.

—¡Me siento verdaderamente halagado! — exclama Mátio, mientras toma la mano de la pelirroja, dando beso cordial. Retira de inmediato la mano en molestia la dama, mostrando el asco desmesurado en su semblante. Poco o nada funcionan los malos modos al planior, quien reincorpora con galante fineza en su faz —. No esperaba ser tan afortunado de conocer a una de las personas más importantes del continente de Ecino. Y menos ser testigo de la belleza sin igual de su linaje. Es usted verdaderamente hermosa.

—No podría decir lo mismo, con esta demostración salvaje de violencia hacia este hombre—replica la pelirroja al cretino a sus ojos.

—Usted no lo entiende señorita Reviéd. Este sujeto trataba de aprovecharse de usted. Intentó tocarle su glúteo. Al ver esto, mi honor no me permitía actuar de otra forma. Y lo corroboré por la forma obscena en que ofendió a mí compañera.

—¡Vind no ha ofendido a nadie! Lo que sucedió con su amiga fue circunstancial. Usted mismo lo lanzó a los pies de su compañera, ¡era inevitable que él mirase la despreocupada entrepierna de su ilustrísima amiguita!

—Con que el nombre de esta basura es Vind— comenta Mátio, mientras se arregla su flequillo una vez más —. ¡Tozgord!

—¡Señor! — De inmediato, el bastiano responde y pone en firme, en vigilia a la orden de su señor.

—Ve a preguntarle al señor Vind por cuál dirección es más rápido llegar a la aldea Oril.

—¡Si, señor! De inmediato.


Tozgord se acerca al cicatrizado, quién permanece pasmado en el suelo. Primero lo levanta de su camisa, para posteriormente sacudirlo y bofetearle y despabilarlo. Un trato más y dicreto se permite el grandullón, le aferra las garras a la espalda y rasgar sus músculos, como cortesía a su desprecio.


—Oye tú, basura, despierta —ordena el alférez, sin embargo, sólo un balbuceo de doliente recibe del varusmo como respuesta. Le sacude una vez más e increpa furioso —; ¿cuál es la dirección correcta para llegar a la aldea Oril?

—¿Que la arena de gatos qué? —replica a costo forzado el cicatrizado, provocando el fruncir de ceño del bastiano.

—Contesta o te daré otra lección. Y esta vez no seré amable.

—Déjale… en paz...—tercia la teniente coronel, y el grandullón voltea a mirar a su señora. Con paso lento, la planior se acerca a la pareja, con la frialdad pura en su mirada—; no deseo... ver más... sangre... y tampoco... castiguen... a un... inocente.

—Pero mi señora. Esta basura le ha ofendido, además…

—¿Pretendes… desobedecerme… Tozgord? —Escapa la molestia en el timbre suave de la dama de cabellos plata. Sumiso al aviso con aroma a advertencia, baja el rostro el alférez.

—No, mi señora... Maldición, escuchaste basura, ten suerte de que mi señora no desea verte muerto. — Tozgord suelta al maltrecho, y en consecuencia, el vago rebota en una ocasión su abdomen.

—¡Oh!, es muy raro que te interpóngas ante una de mis órdenes, Falmin— comenta Mátio, dando reojo al estropicio sangrante del suelo, quien con duro esfuerzo respira —; no sé qué le has visto a este tipejo, pero lo dejaremos vivir por respeto a la señorita Reviéd, no deseo que esta primera impresión sea vulgarmente manchada por más sangre.

—Cuánta cortesía su majestad, después qué vendrá, ¿una invitación a cenar a luz del candil en la alcoba del verdugo? —Con sarcasmo incluido, la peilrroja cruza brazos ante la falsedad del petulante.

—¿Olvidas… tú posición… Mátio? —Comenta la dama de cabellos plata, mirando con seriedad al rubio, y este sin amedrento le sonríe.

—¿Yo?, más bien tú eres quién olvida por qué razón estamos aquí y quién lidera esta operación. —La palabras del Hodvega caen en oídos áridos, sin causar algún cambio en el semblante de la teniente coronel—. No me hagas reportar esto a Gran Hifend, Falmin.

—No… me… importa.

—Qué difícil es razonar contigo... Como sea, señorita Reviéd. Si desea podemos escoltarla hasta la próxima aldea.

—No es necesario, señor Hodvega—responde de malas la dama de Bosque Vital, quitando cara al petulante de rubios mechones—, yo puedo seguir sola.


Viéndose ignorado, Mátio deja la cercanía de las damas, y toma ruta a Vind, quién empieza a reponerse de aquella paliza. A rastras, sudor copioso y chapoteos de sangre a la tierra, el cicatrizado pone en pie, y el tambaleo de su cuerpo es incontrolable.


—Espero que con esto se te quite lo impúdico y vulgar. — Con este aviso, el planior se posa frente al desparpajo de piles rayadas, y la burla no se hace esperar por parte del rubio—. Ahora sé bueno, y dime dónde se encuentra la aldea Oril.

—Oblígame, majestad— responde el afectado. Abalanza con rapidez Vind y el acto toma con guardia baja a Mátio. Forcejean ambos, los brazos del vago divagan por el pecho del mayor de Hifend, hasta no dar más las fuerzas del atacante. Empuja el rubio al melenudo, trastabilla el cicatrizado, aprovecha el instante y el puño del soldado se estrella a la boca del estómago de su contrincante, tumbándole una vez más.

—Eres un inconsciente —reclama el Hodvega, caminando hasta posar junto al derrotado, escupe y toma aires fastidiado —; dales gracias a tus ancestros y a Falmin, quien no me permitirá matarte en estos instantes—. Le patea con la punta de su bota al hígado y se apartar del perjudicado, quien ya tose sangre. Da la espalda y el soldado se dirige hacia sus compañeros, junto a ellos, se voltea hacia Ariek para dar una reverencia más. —Hasta pronto hermosa señorita Reviéd, espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar en mejores circunstancias… Vámonos, alférez, teniente coronel.


Toma delantera Mátio, dirigiéndose al este. Tozgord no duda en seguirle el rastro, más la dama de cabellos plateados permanece unos instantes observando al cicatrizado. No hay mucho por decir, las irises platas apartan del tumbado, y dirigen sus atenciones a las celestinas de la pelirroja. Un ligero lapso, ambas se observan mientras el viento del lago juega con sus cabellos, las hojas de los árboles aurora las acompañan en su duelo y el cántico de los insectos gana terreno.


Así como empezó, la planior voltea abrupta y da espaldas a la mediente. La brisa moviliza la capa de la dama, hasta difuminarse por completo su silueta entre las sombras del lago y la niebla espesa del valle de Oril.


Entrecierra sus celestinos ojos, la pelirroja atestigua el fresco escape de los soldados de Hifend, molesta e impotente ante la demostración sangrienta del cretino rubio. Los rasgos de la dama saltan al escuchar el tosido de quien fue golpeado, entre una respiración agitada y algunos gimoteos, Vind yace a pocos metros de ella.


Un trote apresurado la llevan junto al vago, acuclilla y sus brazos le toman por la espalda. Le recuesta al costado, Ariek hace a un lado los obscuros mechones sucios de polvo y pequeñas rocas del rostro del varón, para palmearle las mejillas citarizadas.


—¿Señor Vind me escucha? — pregunta la mediente, acaba los golpecillos al encontrar reacción en el melenudo. Tuerce la boca en respuesta el golpeado, abre sus marrones ojos y topa con el rostro preocupado de la Reviéd frente suyo —, dígame algo.

—He estado... mejor —responde el varusmo, con el aturdimiento como lastre a sus palabras, apenas legibles al audio.

—Que alivio, sigues consciente. Deme unos segundos y lo atenderé. — Lenta y con mimo, postula la espalda nuevamente al suelo la dama, mientras el herido observa serio el accionar de su cuidadora. Al soltarle, echa un vistazo a sus manos la pelirroja, manchas de sangre ornamental sus palmas, rebusca en el cuerpo del varón confirmando las aberturas sangrantes, y las marcas de las garras del bastiano. Lleva su diestra a la cadera, expone la joya, participe muda del asunto, frente al observador en el suelo. Presiona un botón en su posesión la Reviéd, y dos recámaras abren. Rebusca la dama en aquella alhaja tan peculiar, extrayendo un acopio de vendas, un recipiente de cristal y otros objetos más. Una sonrisa cálida, un aroma a alcohol y paciencia adornan el momento en el rostro de Ariek —. No se preocupe señor, soy doctora. En un momento estará mejor.

—...el camino correcto es al oeste —expone el malherido. Los nervios de sus sienes movilizan un instante, e intenta reincorporar el cicatrizado. Un charco de sangre es resultado de elevar su espalda, y señalar al oeste, mientras las manos de la chica se posan al pecho para evitar proseguir con ese esfuerzo —, sólo debes seguir por el sendero, señorita Reviéd.

—No trates de levantarte, o te harás más daño. —Una nueva sonrisa de la doctora lleva a fruncir ceño y mostrar rictus al vago de cabello obscuro. También, la gravedad no ayuda a su labor penosa, pues sus fuerzas traicionan y le dejan una vez más postrado en el lecho duro.

—Esos soldados tienen razón, soy una basura. Por favor no gaste el tiempo y sus recursos en mí, señorita Reviéd.

—No puedo permitirme dejar un malherido en el camino. Además, ellos sacaron sus conclusiones por un inocente movimiento de su mano.

—¡Usted no entiende! Yo trate de robarle el colgante de su cadera.


Un muro invisible hace rebotar las palabras del herido, y ella simplemente prosigue en lo suyo, preparando las tiras de las vendas. Después hurga en su joya, entre sonidos bufados de pensamientos en su dedicación. El varón la observa, por unos instantes, sin embargo regresa el fastidio a tallarse en su semblante, rasga con sus manos el terreno y daña las yemas de sus dedos al fastidio.


—¡Es que no escuchaste, sólo soy un ladrón de caminos! No merezco compasión. —Frustrado, golpea al suelo, pero es ignorado de nuevo. La joven lo mira a los ojos, pero él quita la mirada.

—Resultas ser un ladrón muy sincero. Para mí no existe diferencia entre un pillo, un noble o un soldado. Sólo procuro curar como médico a las personas malheridas—comenta Ariek, regresando esa sonrisa incauta e inocente a Vind, provocándole y agotamiento. Importa poco para la cuidadora, las tirillas de blancas sedas, el antiséptico y todos sus utensilios ya se encuentran en el punto para iniciar su labor —. Señor Vind, por favor quítese la camisa y chaleco, necesito desinfectar las heridas externas.

—Ni caso... ¿verdad? Al menos hazme un favor señorita Reviéd y llámame sólo por mi nombre. No me gusta el termino señor. — Minúscula petición del sujeto a la cual asiente la dama. Las manos de esta se acomodan detrás y apoya al vago a sentarse.

—Muy bien, entonces usted sólo llámeme Ariek por favor.

—De acuerdo. — Algunos gimoteos escondidos en su respiración acompañan el desnudar de su torso, y quien le acompaña cambia su expresión al visualizar el desastre; un tórax completamente rasgado, cicatrices largas y abultadas. Pocos espacios son piel virgen en un cuerpo azotado el filo del hierro y combates —. Lo siento, no me gusta mostrarme así ante una dama —comenta apenado el melenudo, quitando el rostro a la sorprendida Reviéd —, no te juzgaré si te niegas a asistirme.

—Ya te he dicho que soy médico— reitera Ariek, movilizando sus manos con trapos limpios en ellas, y las vendas arrolladas en sus muñecas bailan al compás de la poca brisa —, es parte de mi trabajo, no tienes por qué avergonzarte.


Moviliza la alforja de su cuerpo, enviándola de su espalda al frente y la coloca junto a ella. De esta, un recipiente con agua hace presencia y la vierte con cuidado sobre los rasguños. Las piedras incrustadas superficialmente dejan las pieles dañadas, y con este primer paso listo toma uno de los paños. Presiona las heridas con ritmos marcados, sacando de la carne las rocas más complejas. La tela se empapa de crúor de los daños más visibles, y después es relevada con una más. Al dejar de sangrar, la chica quita el sudor de su frente y da repaso a los golpes, mientras, el atendido curiosea todo el ritual de la médico.


Un asentir de la pelirroja da aviso, toma el cristal con agua reiterando la limpieza de las zonas. La mediente dispone de pinzas para quitar los demás restos de las heridas, en un minucioso procedimiento poco habitual para el paciente, quien no deja de admirar el trabajo de su cuidadora. Con una repetición más de presionar con telas los daños, la dama toma el recipiente con el azulado alcohol, quita el tapón y moviliza su rostro al cicatrizado con una seriedad absoluta.


—Voy a desinfectar las heridas, esto te puede doler—advierte Ariek y el paciente asiente preparado para la siguiente fase —. Te generará ardor por unos momentos, por favor aguanta.

—No te preocupes—responde el Vind. Una cascada angosta del líquido azul roza la primera herida, y las cejas del obstinado ladrón apenas merman al sentir. El antiséptico burbujea unos instantes, y la sangre se mezcla, una tirilla de líquidos rosas atraviesa el torso, para reposar de su camino en el suelo, mientras la médico prosigue con las demás carnes abiertas.

—¿Te duele? Se que esta parte del proceso es muy doloroso, no te avergüences si deseas quejarte un poco.

—Estas heridas no son nada. No hace falta quejarse por este dolor que apenas siento.

—Estarás acostumbrado, ¿no? No eres bueno robando, tu cuerpo está lleno de cicatrices.

—Esas cicatrices no son por robar, sino por combates... —La curiosidad embarga el rostro de la doctora, y el atendido sólo opta por permanecer en silencio, mientras el alcohol persiste en rociar cada herida.

—¿Combates? ¿Acaso no eres sólo un simple ladronzuelo? —Los ojos marrones del varusmo se colocan a los celestinos de la mediente. Sin embargo, la chica moviliza tapando el recipiente de alcohol, para sacar de su alforja uno más ovalado. Abre este último, ingresa sus dedos y una pomada blancuzca con pecas verdosas impregnan sus yemas. Frota las manos, e inicia el untar de un ungüento de aroma fuerte, mientras el cicatrizado se deja llevar por el suave masaje —. Una vez acabemos con esto, toca las vendas... pero antes, me decías algo sobre tus cicatrices. ¿Qué clase de combates tuviste para ganarlas?

—No deseo hablar de ello sabes.

—Entiendo, no eres de los comunicativos —responde Ariek, sonriéndole y encontrar la calma al ya serio melenudo. También acaba por untar la pomada, y las vendas en sus muñecas son retiradas para empezar a cubrir las heridas. El paciente resulta de ayuda al no encontrar remilgos la Reviéd a su tratamiento, así el paso finaliza pronto, y el cicatrizado se ve envuelto en los hilados de Hijar, de la mejor calidad del país de Marfif —; muy bien, hemos acabado con las heridas visibles. Deberás cambiarlas después o pueden infectarse. Ahora debo ocuparme de las internas, voltéate por favor, y no te muevas —. Vind se voltea, la doctora coloca sus manos sobre el abdomen. Las marcas de los golpes son pintados por moretones rojizos. —Dime si te duele —advierte la dama, presionando cerca del pectoral, más ningún reclamo vocaliza el varón. Las manos recorren directamente al estómago, y un nuevo apretón hace de las manos del cicatrizado un ademán por evitar el tacto.

—El estómago, me duele mucho —queja Vind, y un asentir de la mediente es la respuesta.

—Bien— responde la doctora —, veamos el pecho —. Las manos presionan una vez más el pectoral, ahora dirigido al corazón, después el resto del torso y no hay mayores quejas de su paciente. — Ya entiendo, sólo el estómago fue afectado... Realmente me impresionas, los golpes de los bastianos generalmente provocan grandes daños en los órganos internos de los varusmos —. No espera respuesta del herido, Ariek mete mano a su boticario, y de estos dos bolitas con un parecido a las del barro hechas por niños son expuestas, acercándolas al vago confundido. La nariz de Vind salta en un par de ocasiones, después una mirada cercana, donde algunas hebras de plantas se vislumbran entre el concentrado marrón de las circunferencias.

—¿Qué son estas cosas?

—Son medicina, qué más podrían ser... No tienen buen sabor, pero son ideales para las heridas internas. Y como escupiste sangre seguramente tengas alguna pequeña úlcera en la pared del estómago, con ellas podrás curarlas más rápido.

—Creo que no hace falta.

—Deberás tomarlas, o si no yo misma te obligaré a hacerlo. —Coloca con fuerza las bolillas en la palma del paciente la pelirroja, cruza brazos y el rostro siempre sonriente trasmuta a la severidad con las comisuras bajas, como alguien preparado para dar coscorrón a un niño.

—Muy bien las comeré. — Toma fuerza y aire el cicatrizado, ingiere a regañadientes la primera bolilla. Su rostro arruga al sabor amargo y las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos. La muerde y traga con ímpetu, aunque dos tosidos productos de la áspera textura no se hacen esperar.

—Ten, bebe un poco de agua te ayudará a tragarlas. —Ariek ofrece el recipiente con agua, e inmediatamente el melenudo traga el poco. La doctora ríe, y alcanza de su alforja una cantimplora, esperando a que la siguiente medicina sea ingerida.

—Estas cosas me mataran en vez de curarme... ¿De verdad tengo que comer las dos?

—Sí, sí lo es... Ahora no te quejes y déjame concentrarme.


Entre dudas, Vind engulle el segundo medicamento mordisqueando con lentitud la masa extraña. Por su cuenta, Ariek coloca sus dos manos sobre el estómago de su paciente, cierra sus ojos y la brisa, antes calma, llena el ambiente. Un cambio sutil en la atmosfera, la niebla alrededor enfría con un tacto a sedas expuestas al hielo y el paciente sin percatarse, continua su lucha por acabar el medicamento.


La tráquea se abulta, y el agua es necesaria para finalizar el trago, Vind al fin come el último medicamento. El cicatrizado limpia su boca, sin embargo, un copo de nieve recorre con suavidad su horizonte, y la curiosidad le lleva a seguirlo por entre las copas de los árboles aurora cercanos. Las hojas de pálido púrpura, magenta suave y verdosas dibujan la escarcha en sus superficies, después busca en el césped, con el mismo resultado. Levanta su mano derecha y abre su palma, la nieve se acumula y su rostro cambia.


«Pero qué sucede... estamos en el cambio de estación, y hoy no vi nubes que...», cambia la perspectiva y su rostro levanta las cejas sin creer a sus propios ojos. La pelirroja brilla con la belleza del zafiro al candil o una joya Linme, un aura de blancuzca tonalidad le embarga, y la poca luz entre las nieblas del lago hacen reverberar la silueta en chispillas parecidas a las estrellas de los firmamentos. Curioso y en trance, el vago acerca su mano al hombro de la chica, y encuentra en ella un tacto gélido. «¡Es ella! Ella es quien emite esta atmosfera fría», se sorprende el varón, al contemplar con sus propios ojos el poder de los héroes de antaño.


—Por favor no me desconcentres—comenta Ariek, quien no deja la concentración de su labor con el cicatrizado —, ya casi terminamos, no te desesperes—. Llega el fin de su labor, el viento amaina y la atmosfera regresa paulatina a la normalidad. Las lágrimas de nieve tocan el suelo, difuminándose con este, la temperatura eleva y las escarchas en las plantas topan su suerte en una ligera llovizna tímida, como el rocío matinal. Retira las manos del abdomen la doctora e inmediato se ciñe con el paciente. —¿Sigues sintiendo dolor? —No responde el cicatrizado, mirando el espectáculo a su alrededor. — ¿Vind?

—Ah, perdón, ya no siento más dolor —. Mece la cabeza el varón, para regresar con la mediente de cabellos rojizos.

—Me alegra.

—Em, pues, yo— balbucea el melenudo, palmea sus mejillas con fuerza y abre sus ojos para enterarse de estar por completo en la realidad —; ¿podrías explicarme qué acaba de suceder?

—Claro, sólo he enfriado el plasma de la pared externa del estómago para bajar la inflamación, es poco, pero ayudará. Resta esperar al resultado del medicamento.

—No me refiero a eso.

—¿Entonces?

—A esa aura helada que emitiste hace un momento. — La pregunta del varon topa con una Ariek dedicada a recoger sus utensilios del suelo.

—Eso, bueno. Eso fue el vínculo del alma—comenta la Reviéd, ensimismada por llevar sus cosas a la alforja y la alhaja.

—¡Eres una vinculadora del alma!

—Si lo soy. —Ariek se levanta del suelo, despolvoreando su ropa y acomodándose a la espalda su boticario —. No es que quisiera ocultártelo o algo parecido. Pero ya vez como sucedieron las cosas. Sencillamente no hubo tiempo —. Finaliza el acomodo personal, regresando a erguirse la dama. Vind también se levanta del suelo, asegurando sus dagas en la cintura. Una vez acaba la revisión el cicatrizado voltea su mirada al oeste.

—¿Dijiste que te dirigidas hacia la aldea Oril verdad? — pregunta el paciente, mientras despolvorea el alto de sus pantalones rotos a las rodillas.

—Efectivamente. ¿Sabes por donde debo dirigirme?

—Si, conozco el camino, debemos tomar al oeste. Es el camino más rápido a la aldea.

—Gracias por la información, y ha sido un placer.

—No te precipites, yo vivo en la aldea, con gusto te dirigiré. — Con ánimo en su rostro, oferta el melenudo. La seriedad adorna a la dama, buscando en el rostro del ofertante algún truco detrás de sus palabras.

—¿No pensarás en intentar robarme de nuevo? — cuestiona Ariek. Se le escapa una risa burlona a la pelirroja, y no puede evitar molestarse Vind.

—Se pagar mis deudas... Además.

—¿Además qué?

—Ya he trabajado el día de hoy. — Las manos del vago ingresan a su bolsillo. Un reverberante juego de luces acompaña a mostrar el botín a la chica; una joya con las iniciales M.H. grabadas en un dorado suave relucen a los celestinos de la doctora. Suman las piedras preciosas en la plata lustrada, una pieza de artesanía exquisita sin duda alguna, con los estilos curveados propios de los maestros de Hifend.

—Pero ese no es mi colgante, ¿de quién es? — El tono de molestia de la Reviéd es secundado por la molestia en su semblante, pero el vago le sonríe al verla sorprendida.

—Se lo sustraje a aquel tipo. Mátio creo que fue que dijo que se llamaba.


«Pero en qué momento... ¡Claro!, cuando intento golpearlo», piensa Ariek sorprendida y rememorando el instante. «Pero no logró ni tocarlo. ¿Le habrá dado prioridad a robarle, más que a lastimarle? Es, sumamente veloz, no pude siquiera insinuar esa acción derrotista y miserable de su parte», mientras piensa, el viento es perfecto acompañante. La niebla molesta se disipa paulatina, y los paisajes de los árboles auroras, el lago y el césped regresan a los horizontes de cada uno.


—La niebla se ha disipado— interrumpe Vind, y da dos pasos a la dirección mencionada. Gira su rostro para mirar desde la espalda a la pensativa mediente —. Es un buen momento para recorrer el sendero de vuelta a Oril. Ven iré delante, así no tendrás que preocuparte de mí.

—Ah, claro —responde la pelirroja, sonriendo forzada a la poca preocupación por su acompañante.


Como advirtió, el cicatrizado toma la delantera, y la mediente camina detrás observándole algo nervioso. Sin embargo, conforme ambos se introducen en el sendero, la dama pronto deja el temor para disfrutar las bondades en el paisaje del lago de Oril. Cada animalito, cada planta y cada color resultan en una experiencia nueva para una habitante de Bosque Vital. Los Zorros Sombríos visualizan a los dos varusmos, los pelajes luminiscentes de sus colas y patas dan hermosa actividad entre los arbustos, también los Octus revolotean entre los árboles, y el brillo en la cara de la pelirroja no se disimula por mirar a los roedores de seis extremidades en sus actividades. También su afición a la medicina, le hacen detenerse, para tomar muestras de las hojas, tallos o semillas que considera medicinales.


Poca importancia da el ladrón de Oril a su nueva compañera mientras esta admira el lugar. Sólo se concentra en observar el lago, enorme y majestuoso desde cualquier punto donde se contemple. Pensativo, el varón se deja llevar por el agua cristalina, acomodado en el tallo de un aurora, a brazos cruzados y silencioso.


La Reviéd acaba por recolectar una muestra más, y le es inevitable prestar atenciones a su paciente, quien ido se relaja en necedad con el estanco en el valle. La curiosidad le consume, el vago ahí sin más por observar mientras el bosque reboza de hongos, flores multicolores y animalitos felpudos, así, con más confianza que temor, se acerca lentamente.


—¿Puedo preguntarte algo? — dice Ariek con ligera timidez, recortando el tramo donde Vind descansa su espalda.

—¿Qué deseas? —La seriedad en su timbre y el hecho de no dejar de mirar el lago sólo provoca más curiosidad en quien pregunta al malhumorado ladrón.

—Bueno, veras. Noto una obsesión tuya con el lago... y pues, con un bosque tan hermoso, me llama la atención.

—Eso. Para alguien como yo que ha viajado mucho, no es habitual encontrar lugares que te reconforten.

—¿Lugares que te reconforten? No te entiendo.

—No espero que entiendas. Sólo debes saber que para un viajero como yo no existen los lugares que te resulten tranquilos u familiares. —Un sinsabor carga las palabras del melenudo, sin dejar de perder la vista al lago.

—¿Tranquilos? Entonces el lago te trae tranquilidad, es algo raro —dice la pelirroja, jugueteando con los mechones de su cabello corto. El cicatrizado asiente a lo dicho, deja el cruzar de brazos para estirarlos un poco, y luego mece el cuello para liberar la tensión.

—Exacto. Este lago ha sido el único lugar en este planeta, en el que he encontrado un lugar para meditar, para buscar la paz.

—¿Buscas paz? ¿Por qué?

—No creo que te interese la vida de un don nadie como yo, y no es que llegue a contártela.

—No seas grosero, sólo quería saber la razón del ¿por qué miras tanto al lago? — Le replica la mediente molesta y cruzando los brazos frente a su pecho.

—Creo que respondí a tu pregunta, ¿no? No deseo que sepas más, es así de simple. —La espalda del varón deja el acomodo del árbol aurora, camina de nuevo para tomar la senda y su mano izquierda arquea para invitarla a seguir —. Vámonos, no queda mucho tiempo para el anochecer y las bestias peligrosas son nocturnas.


«Creí que era una persona sincera», piensa Ariek, haciendo caso y tomando los dos nuevamente el rumbo. El rostro de la mediente se mantiene tenso en su molestia, echando mirada de pies a cabeza al varusmo frente suyo. «Resultó ser mucho más reservado y antipático de lo que pensaba», examina atenta con los pocos datos recolectados. Detiene un instante el paso la dama, y quien va al frente percata de la situación, aplacando el andar. «Francamente su cuerpo no está nada mal, está en forma, quizá...».


—Muévete y apresura el paso, no deseas ser devorada por un oso cornudo verdad —comunica Vind, con un fastidio acumulado por los atrasos.

—No tienes que decirlo, ya voy. —Acata fastidiada por la actitud la mediente. Con el tramo, el bosque se hace denso, y el lago ya no es visible. Pero ella continúa silenciosa, mirando al compañero malhumorado con muchas atenciones. «Este sujeto es muy extraño, confiesa muy fácilmente sus intenciones de robarme como si fuera algo mínimo o al caso normal. A la vez no le gusta hablar de él mismo y oculta su vida. Pero también es una persona que se preocupa por los demás. Trata de protegerme, aunque no lo exprese. Y es considerado, se ha detenido conmigo en todo el viaje sin propinar ninguna queja. ¿Se puede confiar en alguien así?», una ligera sonrisa dibuja la dama, apresurando el paso y posando junto al extraño varón. —¿Caminamos juntos? —propone la joven con una sonrisa —, veo que de verdad no tienes deseos de robar más por hoy.

—Como quieras— responde el cicatrizado con algo de indiferencia marcada en su tono de voz.

—Hasta me das gracia cuando finges esa indiferencia.

—¿Qué dices?

—Nada, pensamientos en voz alta.


La caminata el larga, el sol no tarda en sellar su salida, encubriendo su majestuoso fulgor entre las montañas del oeste, y eclipsado casi en su totalidad por las chimeneas humeantes del coloso, ubicado a muchos kilómetros. Los pajarillos cesan su cantar, todo el ambiente y atmosfera pacífica, sólo el viento treme las hojas de los árboles, hermoso réquiem para un día moribundo y da pasó al crepúsculo. Las luciérnagas de Turod adorna con el titilar de sus luces al bosque cubierto de sombras, y otros insectos más dan sonatas por el alrededor.


Un bostezo casual adorna a la mediente, pero no se permite rendir al cansancio para admira el hermoso teatro natural en el valle de Oril, muy distante a las grises y aburridas nevadas de Bosque Vital. A su vez, mira de reojo el camino en búsqueda de signos de civilización, la balanza es clara, desea disfrutar al máximo más también descansar.


—Disculpa— dice Ariek, tapando su boca al bostezo posterior a la interrupción.

—¿Sucede algo? — pregunta Vind, mirándola con reojo desde su mayor altura.

—Hemos caminado por ya una hora. ¿Cuánto falta para llegar a la aldea?

—A este paso, estaremos en unos diez minutos más.

—Ya veo, espero una taberna bien equipada y una cama suave... ha sido un día largo. —Poco valor resulta las palabras de la pelirroja al varón, quien se digna a callar. Pronto, los sonidos de las cigarras son aplacados, y tan sólo las pisadas de cada uno los acompañan como audios, señal del abandono del bosque profundo. Así, se dibujan a los costados las cercas, y el sendero deja de ser un tramo con césped a uno con lastre y piedra incrustada. Chozas de adobes y pajas, corrales extensos con ciervos adueñan el paisaje —. Este lugar apesta. — Ariek tapa su nariz al sentir el hedor de los fertilizantes y las heces del ganado.

—Son las granjas— expone Vind con naturalidad, señalando a una de las casas en la orilla —. La peste de las heces de los ciervos calaveras. Mismas que son utilizadas para fertilizar el campo de cultivo. Pero no te preocupes, en el centro de la aldea la hediondez no llega.

—Pues me tranquiliza, no imagino cenar con este aroma tan exquisito. —Ríe calmado el acompañante al remilgo de la dama, disintiendo en el proceso —. ¿Qué te parece tan gracioso? Seguro piensa en que sólo soy una de esas mujeres delicadas, incapaz de resistir este aroma.

—Perdona, no era mi intención.

—Pues no te creo, desde el inicio me trataste como si fuera una novata. O quién sabe qué clase de estúpida.

—Eso no lo negaré. —Ariek voltea con fastidio su mirada, mientras tensa sus manos hacia la dirección del suelo. Caminando con algo de rigidez, asegurándose en sus internos no golpear al cicatrizado idiota en sus palabras sinceras.

—¿Entonces por qué? —Necedad y brusquedad, la voz de la chica roza el límite de su paciencia, pero el vago eleva manos en respuesta.

—Nada importante.

—Nada es nada. Y la nada no te puede hacer reír, ahora dime ¿por qué te burlas de mí?

—Disculpa si te he ofendido. Sólo te diré que esta peste es un lujo.

—¿Un lujo? —El semblante y la molestia se disipa como el humo al ser soplado, pues la respuesta es poco habitual, alimentando curiosidad hacia el varón.

—Así es. Ahora mira adelante, hemos llegado a la aldea. —El melenudo señala con su dedo hacia el frente y la mediente no tarda en seguirlo.


La faz de la dama cambia completamente. Las aspas blancuzcas surcan el alto, las hermosas maderas rojizas dignas del mejor espécimen de los árboles Eleor de Tem en Linme dan hermoso acabado al molino en el centro de la aldea. Los metales de su puerta son adornados con cristales caleidoscópicos, reflejando la luz de las tres lunas de Bana; Mikalosh la luna verde, Argaela la luna azulina y Zakael la luna ámbar, provocando un espectáculo multicolor a ojos de la ajena de Oril, mientras los dos se encaminan a la estructura.


En sus alrededores se encuentra una pequeña plaza, donde las pocas familias se reúnen finalizadas las labores del día. Pequeños bancos de madera permiten a cada quién tomar un lugar favorito. Mientras los niños juegan entre las piedras plasmadas en el pasto. Todo aquello fascina a la mediente en su andar, y no puede evitar mirar a las montañas del norte, donde la piedra tallada simula puertas y ventanas, asomando la luz de quienes viven en el singular espacio montañoso, y pareciera ojos vigilantes desde lo alto a las faldas del volcán Titan.


Los recién llegados caminan por las humildes calles de lastre, todo rodeado por las demás chozas de adobe. Varias edificaciones también resaltan; la alcaldía con su franja blancuzca y color rojo con el emblema de Turod, el boticario de astillas marrones de los árboles Geliko y una humilde escuela, ya cerrada por las horas nocturnas.


Llegan a la plazoleta, varios oriundos de la aldea visualizan al cicatrizado con su rostro serio, sin embargo, no tardan en levantar mano para saludarles. Un cambio enorme, el compañero de la pelirroja deja atrás su semblante frío y la cálida sonrisa con brillo en sus irises asoman de inmediato al verse en el recibimiento.


—¡Hola Vind! Que chica tan hermosa traes eh, preséntamela por favor—dice un bastiano campesino del lugar. Y el mencionado saluda con normalidad.

—Ya veremos. —La sonrisa de Vind se mezcla en perfección con su tono de felicidad.

—Señor Vind, ¿ella es su novia? Es sumamente hermosa—comenta una tempalie de avanzada edad al verle pasar—. Ya era hora que pensara en sentar cabeza. Un hombre tan guapo como usted no merece estar solo —. Ariek saluda a la anciana con su mano, sonriendo jocosa. Sin dudarlo, la vinculadora se abraza su guía, haciéndole sentir la suavidad de su busto. Incómodo, se ruboriza el melenudo, frunciendo el ceño por la confianza de la chica.

—No señora Hirna, no es mi novia. Sólo es una viajera a la que le estoy mostrando la ciudad.

—Ya veo, bueno entonces no trates de ser descortés con ella por favor.


Acepta el consejo con un asentir el varón, continuando con el paso. Ambos prosiguen en el tramo, Ariek poco a poco muestra una sonrisa dirigida a su guía, transmutándose a una risa insostenible tratando de tapar su boca.


Muequea el cicatrizado, e intenta no encontrarle importancia a la extraña jocosidad de su compañera. Pero se dilatan las burlas, y el rictus de este ya no puede disimularse más ante la necedad ajustada a su brazo.


—Ya para, no—refunfuña el varusmo, buscando quitarse de encima a la mediente burlona.

—Ja, ja, ja… espera… ja, ja, ay si ya… Me sorprende, un hombre como tú pueda ser tan conocido en este lugar, con tan desalmado oficio —manifiesta su sentir la pelirroja, echándose a reír de nuevo.

—No me importa tu juicio —reclama el guía, mientras quita el brazo de la joven del suyo. Deja a un lado el rostro sonriente para mirar a los alrededores —, vamos que ya casi llegamos —. Poco tramo resta, Vind toma en dirección al oeste. Topan de frente a una edificación de dos plantas, con un letrero meciéndose al ritmo del viento, donde se plasma «Los vientos de Titan». La edificación es algo tosca y sólo dos candelabros adornan las afueras junto al ingreso —. Esta es la posada de la aldea. Aquí puedes descansar, comer y beber.

—Te lo agradezco mucho. —La mediente se aparta del compañero, y este sin más por agregar, da la vuelta e inicia su paso de regreso.

—Disculpa, Vind—. Las palabras de Ariek detienen al vago, para mirarla de reojo desde su hombro y prestando atenciones —. ¿Puedo preguntarte algo?

—Si, ¿necesitas algo más? —pregunta el sujeto, tono serio y raspando la molestia. Sin embargo, la Reviéd ingresa sus manos al chaleco azul, para exponer unas cuantas monedas a su guía personal.

—¿Tienes hambre? ten, toma. Por las molestias de guiarme. —El cicatrizado permanece en silencio, y la dama lo observa algo incómoda por la falta de actividad. Sacude una las monedas, y las dirige hacia él con una sonrisa—. Creo que debo recompensarte no crees.

—¿Sabes qué quiso decir la anciana, cuando me dijo que no fuera descortés?

—No, pero supongo algo, con esta actitud tuya no es raro, la anciana se preocupa por no verte solitario más adelante, al menos eso puedo intuir. ¿A qué viene esa pregunta?

—Cuando los aldeanos se refieren a mí de esa manera, lo que están diciendo es que no te robe.

—¡Enserio!

—Muy enserio. —Vind acomoda sus brazos sobre sus caderas, entonces se hecha a reír, primero una risilla leve, más paulatina sube el tono, mientras su mirada se dirige al estrellado cielo nocturno donde las tres lunas brillan entre auroras.

—No es cortés darle la espalda a una dama —interrumpe las carcajadas la Reviéd, molesta por el cambio de humor del cicatrizado. Acaba su momento risueño el vago, da la vuelta, camina y toma la mano de la dama echándola atrás.

—No te guie por dinero.

—Claro... bueno si no quieres el dinero, entonces preguntaré algo más.

—Dime.

—¿Cómo es que esta gente te trata tan bien, a sabiendas de tu oficio de ladrón? —Vind da unos pasos atrás, y da la espalda a quien pregunta. Mira al cielo y suspira, con una tímida sonrisa en su rostro.

—Verás. —Inicia el guía, mientras observa con detenimiento a la luna verde de Mikalosh—. Llegué hace seis años a esta aldea, mal herido y con hambre. Tedglar, un anciano del lugar me curó y cuidó por dos semanas. Los pueblerinos me ayudaron con medicinas y alimentos —. Da paso adelante, y baja su horizonte para mirar de reojo a la pelirroja. —Después de esto, he querido pagarles aquel gesto con mi trabajo. Tiempo después inicié mi labor en los senderos del lago. Estafando o robando a los viajeros perdidos por la niebla.

—Como trataste de hacerlo conmigo.

—Ese es el caso.

—Pero eso no responde nada.

—Lo que sucede es que lo que robo en los caminos permite que la aldea pueda hacerse de provisiones médicas. — Un asco enorme arremete al semblante de Ariek al escuchar la excusa de Vind.

—Me dices que la aldea es cómplice de tus delitos— reclama la doctora de Bosque Vital, cruzando los brazos y enjuiciando con severidad a Oril.

—No mal interpretes a estas personas. Lo que pasa es que con mis robos yo mismo compro las provisiones, para luego dárselas al boticario.

—No entiendo, ¿es que nadie reclama los delitos?

—Claro que sí. Pero como el camino a la ciudad de Turod se tarda tres días de ida y tres de vuelta, los ofendidos generalmente ya se han ido de la aldea para cuando regreso.

—Entonces te crees un héroe robándole a las personas inocentes, para luego darle las provisiones a la aldea. Das asco. —Disiente el cicatrizado al estigma de la mediente, reacomoda las dagas de su cintura y aspira el aire fresco de la aldea.

—Conozco las celdas del salón municipal como si fuesen mi habitación—dice vago con un tono sarcástico, provocando más molestia en quien le escucha —. Creo recordar que el cartel por mí persona había ascendido a unas dos mil monedas de plata.

—Eres un desvergonzado, ¿lo sabías? ¿Cómo es posible que puedas verlos y saludarles de manera tan despreocupada?

—Es lo que mejor que se hacer para poder pagar mi deuda con esta gente.

—Este pueblo está lleno de locos. No lo puedo creer.

—¿No sé por qué razón te enojas de esa manera? —Voz calma y serena, Vind da media vuelta para poder mirar a los celestinos ojos a la mediente, pero esta rehúye a él.

—Y te parece poco. Un pueblo entero ayuda a un ladrón a encubrirse, darle de comer y curarlo. Y lo peor, nadie hace nada para denunciarte o al menos darte una lección—reclama molesta Ariek. Pero en respuesta, el cicatrizado le otorga una sonrisa sincera, chocando nuevamente con la indiferencia a la moralidad de la vinculadora.

—Debes saber que nunca le he robado a nadie de este pueblo. Y tampoco les he escondido lo que soy.

—¿Y? ¿Crees que esto justifica lo que haces? ¿Qué siendo el ladrón sincero lo arreglas? Pues les bastará a estos aldeanos. —Critica inclemente la mediente, pero para el receptor la paciencia es arma de buen filo para los juicios —. Para mí son un grupo inconscientes, de gente hipócrita. Parecían buenas personas, pero ya veo que no es así.

—Sigo sin entender tú enfado con estas personas. Esa gente falsa, rara e hipócrita a la que te refieres, no han hecho más, que lo mismo que tú has hecho por mí desde que nos vimos en el lago. Ayudarme sin importarte mucho lo que yo sea. — Agua fría a la espalda, el semblante cambia por completo en la cara de Ariek al escuchar la realidad de los vocablos del vago. Vind saca de su bolsillo el colgante que robó de Mátio. Y remolineándolo en su dedo índice comenta —. Ves, ya hasta habías olvidado este detalle. —Con la atención y su punto a favor, el cicatrizado regresa a su bolsillo el botín del final de la tarde —. Me trataste como a un igual… Te lo agradezco mucho.


El guía toma de nuevo camino, y Ariek no puede más que quedarse callada, con su fastidio reflejado en las arrugas de entre sus ojos y una actitud perpleja, dándole paso a la despreocupada huida del sinvergüenza. Vind se detiene a algunos metros de la mediente, eleva su mano para despedirse.


—¡Bienvenida a la aldea Oril! —vocifera el melenudo, permitiéndose una carcajada por toda la conversación con la dama. Infla sus mejillas, roja y con una vena en su sien, la mediente busca alguna salida lógica y enojo.

—¡Eres un idiota, desvergonzado! —grita la vinculadora, sin poder reclamar con mayor argumento a la situación plasmada por el vago de Oril.


Con la mano elevada, los pasos del cicatrizado lo hacen perderse entre las casas de la aldea, y la pelirroja da vuelta para ingresar a la posada refunfuñando por la actitud fresca de aquel tipo tan extraño y cambiante en su humor, silencioso y reservado, coherente y estúpido, un vago amado por una aldea tranquila en la provincia de Turod.

19 de Mayo de 2020 a las 06:39 24 Reporte Insertar Seguir historia
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Qué tal! Hoy saqué tiempo para leerte. La historias de fantasía no son de mis favoritas, pero la tuya no la sentí pesada como he sentido otras que abusan de lo descriptivo. Me mantuvo entretenido. Como consejo te diría que pongas atención a los párrafos. Los párrafos enlazan las oraciones de manera que se desarrolle y se entienda una idea principal. No saltes de repente a otro párrafo si todavía sigues desarrollando una idea plantada. Saludos, Alhajan.
October 02, 2021, 20:36

  • Alhajan Alhajan
    ¡Ey! Gracias por leer. Me sacas el sonrojo, Terabana la inicié muy verde y no está presentable este capítulo. Pero te agradezco las observaciones, cosas como cambios de escena y todo aquello de la construcción los he ido puliendo con el tiempo. Al menos, la fase de borrador ya acabó, voy a dedicarle tiempo a reinventar los capítulos siguiendo, eso sí, con la trama planteada. Reitero las mil gracias, saludo y abrazo desde la lejanía. October 03, 2021, 20:38
Marcela A. R. Marcela A. R.
Bueno, acabo de terminar este primer capítulo. Debo de decir, que yo por lo regular, le batallo mucho cuando se trata de capítulos largos(aunque, supongo, que se debe más que nada al genero y tipo de historia que se este describiendo), sorprendentemente en esta ocasión no tuve ese problema. Me gusto la forma en como iniciaste a desarrollar la historia, la introducción del lugar y la mención de las criaturas sin sobre exagerar en las descripciones, eso permite que para uno como lector sea más ligera la lectura y no canse. En cuanto a los personajes, me va gustando bastante Vind y su personalidad. En la parte que se menciona lo de la vinculadora de alma, me causa curiosidad conocer más a fondo sobre ello, no se si más adelante conforme avancen los capítulos se ahonde más en ello o no, pero si que espero ir descubriendo más cosas. Como nota adicional, mientras leía note algún que otro error, nada en exageración, solo fueron contados, por lo demás todo bien.
September 08, 2021, 06:02

  • Alhajan Alhajan
    Mil gracias por leer. Uf, tenía siglos de no recibir un comentario al capítulo inicial de Terabana, y en cierta forma me llena de mucha vergüenza. Explico, soy consciente de los muchos errores que acarreo desde el inicio de la obra, y ciertamente empecé muy verde sin conocer las reglas básicas de la escritura; tiempos verbales, puntuación y algunas reiteraciones que hacen meter la cabeza al suelo como el mejor avestruz. Sé que la trama es entendible, pero no puedo evitar sentirme mal por estos primeros capítulos... Si llegas a proseguir te pido mucha paciencia, pues conforme he avanzado he aprendido, y mi actual escritura se aleja muchísimo de este capítulo, y quiero acabar el primer tomo antes de editar esas bochornosas vergüenzas. Y entiendo el asunto de los capítulos largos, es algo tedioso leerme, pero como dicen, ya inicié así, ahora toca avanzar. Pero en mis planes está la idea de recortarlos, tanto en esta primera versión como para el segundo libro. Gracias, tomaré en cuenta los detalles de puntuación, un enorme abrazo desde la lejanía. September 08, 2021, 06:52
  • Marcela A. R. Marcela A. R.
    Es normal sentirse avergonzado, es un sentimiento que forma parte de un todo cuando entras en el mundo de la escritura, no eres el único, yo igual me he sentido así y me he avergonzado de las cosas que he escrito, con la diferencia de que yo no llegue a publicar ninguna de esas historias. Pero, lo importante aquí es ser consciente de los errores que uno comete y seguir practicando y seguir creciendo, la satisfacción que se siente tras ver todo lo que hemos logrado hasta ahora, nos demuestra que lo estamos haciendo bien. September 09, 2021, 03:37
Isobel Elspeth Isobel Elspeth
Por fin he podido pasarme por tu obra con tiempo para leer. La introducción al capítulo no estuvo nada mal, fue llevadera y las descripciones, amenas como lectora que soy. Conforme leí noté los detallitos de la construcción de mundo que enriquecen tanto a una novela de fantasía, aunque claro, imposible memorizarlos todos de una sentada. La lectura fuera más llevadera si no careciera de tantos conectores, pues hay oraciones que pierden el sentido; eso combinado con que el tiempo presente no está bien pulido (supongo que por los cambios que haz hecho) y el abuso y desuso de algunos signos. Vind me parece un personaje fiel a su personalidad, aunque esa relación con Ariek la noto apresurada en términos de confianza y la permisividad de enojarse con alguien que recién se acaba de conocer. Espero tener oportunidad para continuar leyendo. ¡Saludos!
September 14, 2020, 08:46

  • Alhajan Alhajan
    Gracias por las observaciones. Es de humildad aceptar los errores, y sé que han de existir muchísimos en mi trabajo, pues es la primera vez que dedico a escribir. Pondré atención a tu crítica. Respecto a la relación de mis personajes, es algo complicado de defender si no avanzas en la obra, pues mucho de esto se va revelando poco a poco y de proseguir pues arruinaría en sí lo que busco. Te agradezco las observaciones de nuevo. Saludo y abrazo desde la lejanía. September 14, 2020, 08:59
Meezali Meezali
Siempre leo las obras largas, pero me toma tiempo. Solo quisiera hacerte una pequeña corrección de tipeo. En uno de los párrafos dice «pregunta Tedglar, con apacible voS». Lo demás, perfecto! Espero no te moleste la observación. Saludos!
September 12, 2020, 21:42

  • Alhajan Alhajan
    Si, esa palabra siempre me confunde. Debo arreglar muchas cosas de los primeros capítulo, si continuas, espero la paciencia del caso. Gracias por hacermelo notar. September 12, 2020, 22:28
Meezali Meezali
¡Woooww muy bueno! La verdad que lo detallas con un cuidado que impresiona. ¡Me pude imaginar cada cosa! Voy a seguir leyendo.
September 12, 2020, 19:51

  • Alhajan Alhajan
    Gracias por comentar. Me sorprende que uno de mis lectores de microrrelatos pase por la obra grande, Es como decirle, mi.pecado culposo pues en si la novela es extensa y bueno en lps micros trato de ser preciso y directo. Gracias de nuevo por leer y el corazón. September 12, 2020, 21:03
M.L G M.L G
Me encantó, es un capítulo lleno de detalles, la flora y fauna de tu historia es impresionante. Amé de principio a fin está capitulo ❤️
September 03, 2020, 04:52

  • Alhajan Alhajan
    Gracias Marcia. trato de mantener al lector rodeado de esos detalles para que se sientan más amenos. Te agradezco que lo disfrutaras. Debo pasarme a tú historia que noté que subiste dos nuevos capítulos, mañana trataré de leerlos y cuentas con mi apoyo siempre. September 03, 2020, 05:42
Ihoam Díaz Ihoam Díaz
Por fin tengo un poco de tiempo para leerte. Antes que nada he de decir que sabes como atrapar bien al lector con este primer capitulo, que si bien es bastante extenso, se hace llevadero. Me gusta tu forma de narrar, usando el tiempo presente con ese narrador omnisciente que se da el tiempo de detallar los paisajes hermosos que tienes en este primer escenario. Vind es un tipo al que se le coge cariño rápido, o al menos eso pasó conmigo, con esa actitud despreocupada y aires de inocencia que deja salir ya me ganó. Tengo que decir eso sí que vi por ahí palabras que les faltan letras, una coma que debió ser un punto y aparte y un "vos" que supongo era "voz". Pero con esos detallitos de lado es un excelente inicio. Seguiré leyendo obviamente, y comentando de paso.
September 02, 2020, 04:44

  • Alhajan Alhajan
    Gato, te agradezco mucho el comentario y las observaciones. El primer capítulo es un editado, que cambié a presente. Con ello y si te pasas por el segundo, verás que el tiempo verbal no es el mismo por esa razón. El hecho es que estandaricé el tiempo como en el capítulo 18 más o menos. Más estaré trabajando en las ediciones para poder mantener esa línea verbal. Y que no te choque por ningún motivo ese cambio. Gracias de verdad, resulta estimulante comentarios como los tuyos. Saludo y abrazo desde la lejanía. September 02, 2020, 05:27
Sonatina Parth Sonatina Parth
Me quedé encantada con tu poder descriptivo, los personajes también tienen un encanto que te hace querer ver cómo será su desarrollo. Gracias por compartirla!
July 24, 2020, 19:15
Andres Acuña Andres Acuña
Saludos!! Me encanta la narrativa , y como cada situación se siente y crea atmósfera ! Los personajes detallados y generan empatía , buena historia ! Ya quiero ponerme al día con los demás capítulos
July 21, 2020, 02:58
JYD ANDERSON JYD ANDERSON
Me ha encantado este capitulo, te sigo leyendo muy pronto
July 15, 2020, 01:31

  • Alhajan Alhajan
    Gracias. Espero que la historia te guste conforme avanza. Y si tienes algo que críticar, sin ningún miedo, agradezco la crítica. July 15, 2020, 01:52
J. C. H.  Tomé J. C. H. Tomé
buenos días mi buen compañero, siento con alta profundidad mi demora... espero al menos que mis alabanzas y consejos sean al menos útiles. personalmente lo primero que diré y que a mí también me han dicho la semana pasada ( es el tiempo que llevo en esta plataforma) es que tenemos que publicar capitulo más pequeños, yo apunté esto y lo estoy haciendo. tengo poco que decirte realmente que no sea una crítica personal o de gusto mío mas bien; yo soy de los que gusta una descripción mas abreviada y potente ( aunque yo no cumplo) y empleas mismos vocablos en párrafos que creo que podrías revisar y enriquecer más tu historia. mi consejo sería para limar estas pequeñas imperfecciones tan sutiles, leerte en voz alto. Me gusta tu historia, me interesa y tengo pensado seguirla porque lo que te estoy diciendo es algo que resulta insignificante con la inmersión en el paisaje que has diseñado y en la actuación de tus personajes. ánimo porque estoy convencido que estas a un paso de relatarnos algo lindo
July 05, 2020, 08:16

  • Alhajan Alhajan
    Gracias J:C:H. tomaré en cuenta todo eso cuando tenga que reeditarla. Espero que la puedas leer por momentos y que me des críticas así. Las valoro mucho. Y respecto a los capítulos cortos, creo que son gustos amigo, yo disfruté bastate tú primer capítulo y no le ví mayor queja al tamaño. Creo que entre más carne muestre la historia, más apaionante son los personajes, bueno esa es mi opinión y por eso mantengo un estandar que no supere los cuarenta minutos. Mañana sin falta te daré las apresiaciones del siguiente capítulo de tu historia Saludos July 05, 2020, 08:32
robustories robustories
Al leer esto denota mucho que tu estilo es tal como lo describes en los comentarios, una lenta detallada descripción que permite una buena inmersión en el paisaje y en las acciones de los personajes. Me parece una buena forma de introducir a los personajes.
July 03, 2020, 15:51

  • Alhajan Alhajan
    Gracias por el comentario Robus (abreviar, no sé si te molesta), de verdad mucho. Como te lo dije soy bien simplista. Me da gusto que te gustara la introducción de los personajes, me preocupaba mucho eso. Como respuesta, leeré el capítulo 2 de tu historia y te dejaré el corazón y comentarios pertinentes. Gracias. July 04, 2020, 01:30
  • robustories robustories
    De hecho todos me dicen Robu, es mi apodo original <u<. July 04, 2020, 02:10
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