1566617928 Francisco Rivera

Max Sam reflexiona en medio de multitudes sobre el futuro aciago que se vive y recrea en este tiempo de infección viral que llegó para quedarse entre nosotros... ¿U, ocurrirá todo lo contrario?


Post-apocalíptico Todo público.

#eternidad #Quédate-En-Casa
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Próxima Eternidad

Max Sam camina sobre el escenario de la calle Cuatralbo e ignora el inicio del colapso integral de la rara enfermedad contagiosa que se cierne sobre la ciudad de México; se trata de una historia de poco más de quinientos años y se experimenta en el diario vivir de quienes son sus habitantes, ocupados en propios problemas que viven expectativas unipersonales en medio de cada suceso particular. donde suma aquello que ya ocurre a su anónimo relato...


La globalización la padece como sujeto subdesarrollado y la desenvuelve en un esfuerzo continuado por llevar sentido de observación cada vez que otea el cielo, en primeras horas matinales, pero también lo hace en madrugadas de indeterminados anocheceres que le regalan, cual primicia, haces luminosos de la Luna y las estrellas, sobre todo cuando éstas últimas son visibles a condición de la efectividad y fuerza predominante de los vientos que corren en la atmósfera de la ciudad de México.


Desde su andar, recrea en su mente la ventana o el cielo abierto que la azotea le permite mirar, sin alterar su estado de reflexión respecto de una cuestión como la siguiente:


¿Por qué y cómo es que los cielos y la Tierra deben pasar, sin más, pero no así, las palabras de quien crea lo existente?


En años recientes, asiste a una creciente sensación de desborde existencial que inunda su ser: en su ph matutino mantiene sabor a colapso humano.

Ese colapso lo lleva también en propia piel y huesos; ahora lo advierte multiplicado en cada extraño ciudadano de ambos sexos, sobre todo cuando cruzan frente a él, en respectivos costados o desde su trasero...


En su andar, finge alegría ante su síntoma apocalíptico; lo percibe como parte de un escenario global de extraña enfermedad, quizá crónica en él, misma que es causa suficiente de restar la cuenta de familiares, parientes lejanos y vecinos honorables que ya no son presente, sino pasado...


En su tránsito peatonal mira un escaparate de ropa casual que ostenta un cartel de ofertas de temporada y toda una intención de venta extrema:


"¡Aproveche: Ofertón de Cuenta Final... al 70%!"


Tras su lectura, Max Sam reflexiona sobre ciertos aborrecibles seres humanos que arrebatan sus escasos recuerdos infantiles, de cuando el mundo experimenta su estado de explosión social que él no tiene que vivir, por ejemplo, la Guerra de Corea que se enmarca dentro de los episodios de la "Guerra Fría".


Ahora, en este futuro de sobreviviente, esos hechos ajenos y heredados son porción de futuro particular comprometido; también, recordatorios acumulados de terror personal particular y aún específico, que conforman circunstancias post apocalípticas, como ocurre ahora, en que transita como cuando viene al mundo: solo y su alma...


Sabe que en esa pasarela de acera contigua se mueven pulsos de catástrofes inmediatas y ajenas a cierta libre forma de ser, de filosofar sobre lo existente y dentro de un propio lugar al interior inextricable del mundo.


En ese tránsito bípedo, Max Sam establece memorial de hombres y mujeres de todas las condiciones humanas; no pasa por alto condiciones de edad, sexo, situaciones socio económicas y demás lindezas y circunstancias semejantes.


En su conciencia de interpretar la realidad, el mundo y el empecinado estar de amenaza de extinción humana, su presente se encuentra con el acaecer que eslabona cierto sentimiento trágico de vivir bajo amenaza inexorable tanto en lo particular como en lo general, donde desconoce, en lo físico, cuántos, como él, padecen ese momento y lo que ahora padece él desde el momento en que lo filosofa.


Postapocalíptico encarnado, mantiene relación con el pasado más alejado a su propio nacimiento.


Sin experimentar sentimientos de angustia a como lo viven quienes angustian sus vidas desde el momento de la caída de bombas atómicas sobre las ciudades de Nagasaki e Hiroshima que no experimentan, comprende el sentido de vivir sobreviviendo dentro de la presente etapa post apocalíptica contemporánea, algo por demás incómoda y no menos al garete.


Al llegar al cruce de Cuatralbo y Cuarteros, espera cambio de luces del semáforo peatonal; vuelve a establecer relación con el pasado que no vive y se sabe sobreviviente de esas hecatombes nucleares; entonces fragua imágenes de pavor gesticulante y pierde sentido de armonía ciudadana; en segundos, abandona un ápice de sujeto subdesarrollado y recuerda que es herencia pura de un capitalismo reestructurado en cada etapa cíclica de propios estertores suscitados, como ahora: post apocalípticos.


Tras la espera de cambio de luces, cruza y continúa por esa calle; su tragedia individual es de ente fluido; es sino de devastación nuclear; es evidente común y lleva algo: su sentido de extinción humana establece ideas generales de sobrevivencia en caso hipotético de que en tan minúscula porción del planeta deambule dicha calamidad y sobre su ciudad natal se pregunta:


¿Lograr perdurar en proporción del azar determinante que, llegado el momento, viva o ante una explosión probable que ocurra de súbito o suceda que se padezca una implosión inesperada...?



Otro temor trepida su existencia: pasa por alto sentidos, significados y alcances de riqueza material; de sabiduría espiritual y de poder magnético, desprendido todo de las famosas palabras interventoras que conjugan los modos verbales precisos, sobre todo, en el momento en que se infunde soplo divino a esa extraña pareja de seres humanos, quienes guardan en su interior de ánimas, propios intereses contrapuestos para sí, tanto como ser de hombres, y para sí, tanto como ser de mujeres.


Esas imágenes y semejanzas de inexplicada potencia son esencia que no conjunta paz en dichos sexos, salvo para aparear y reproducir o bien, gozar sin fines sucesorios, lo que recuerda a la actual era social en dónde se encuentran indicios de existencia y manifestación de incierto umbral dispuesto a establecer el siguiente orden mundial, el mismo que prepara la reducción numérica de la población e impone el estado de latencia viral, puesta en marcha a partir de diciembre de 2019...


Max Sam cae en la cuenta que ahora se desplaza sobre el cruce de Cuatralbo y Lusitano, y con embargo contrario, emocional, recuerda lo ocurrido en Chernobyl: ya es testigo generacional de esa hecatombe nuclear cuya conciencia irresponsable como habitante de la Tierra queda indiferente ante esa tragedia.


Se sitúa como asociante insospechado desde una leyenda urbana: creer que la ciudad de México quizá cuente con señales ya hechas, pero ocultas de momento, para escudar porciones de población cuando sobrevenga alarma general para resguardar vidas en inminencias de ataques nucleares.


Tal procedimiento, se apega a un protocolo de estricta selección de salvavidas: impone en su momento, criterios discriminatorios para no resguardar y proteger a población residente en general: un botón de prueba en ejemplo ajeno es el espacio subterráneo en Chinatown, Nueva York, que reúne cierta capacidad pero no la totalidad de capacidad para salvar a todos sus habitantes...


En ese andar pausado, peripatético, Max Sam establece asociaciones de probabilidad respecto de, si la ciudad de México cuenta con refugios anti atómicos en oquedades de la Catedral Metropolitana, del Castillo de Chapultepec, del Museo de Sitio de Los Pinos o más alejados como el de la Cárcel de Alta Seguridad de Almoloya de Juárez, entre otros sitios...


Hace un esfuerzo de manera resumida e invoca la atención de sobrevivencia previsible en el que tales refugios -a como no imaginan los vestigios de antiguos habitantes de México-Tenochtitlán-, quedan convertidos en contenedores de cuerpos de habitantes megalopolitanos post apocalípticos; es decir, de aquí a la Próxima Eternidad.


Parece quedarle claro que, en el inconsciente colectivo de los habitantes de la antigua Ciudad de los Palacios, un ataque nuclear a como padecen los residentes de Nagasaki e Hiroshima, no alcanzan sobrevivencias ejemplares, dada la paranoia latente y visible que advierte, en cierta calidad de ciudadanos hereditarios de aquellos otros, acusadores, amenazantes de un pasado de ignominia bélica pero no por ello menos humana, suicidamente humana...


Los jirones de pieles colgando vistos en filmaciones proyectadas en canales de Internet y "on streaming", reportan ejercicios de conciencia ultrajada por el consumo de alimentos chatarra al momento de presenciarse en solitario;.


Entonces, queda suspendido en el bajo presente precario, de mal uso y disposición de cuánto de positivo representa contar con energía nuclear, sabiendo, además, que ésta está ahí, en Laguna Verde, Veracruz, si bien, lugar distante del contexto de vida cotidiana de esta ciudad, no aparta el sentimiento trágico individual integrado a la múltiple escena de terror ajeno que ninguna religión o secta pueda evitar si sobreviene la destrucción masiva de personas como él, junto a sus patrimonios tangibles como intangibles.


La caminata continúa por la calle Cuatralbo, desarrollándose en sus aceras paralelas el asomo y cruce de rostros de tragedias incalculables, episódicas; en temores compartimentados con sabor a hecatombe de laboratorio; modificando el sentimiento individual integrado a una pandemia cotidiana, engendrando miedo y apartando sesgos de conspiración tan diversos como superadores de toda ciencia ficción...


Max Sam profundiza de manera empírica su conocimiento de sobrevivencia que consagra, en tanto camina bajo un estado de meditación gradual, concéntrica pero de espiral descendente.


Y, como cualquier hijo de transeúnte, nada turba el ejercicio de filosofar en movimiento, cruzando su vista con algunos coterráneos desparpajados, enfundados en bermudas, shorts, calzado de sandalias y en playeras con ostentaciones de slogans declarativos en torsos o espaldas, cuyas leyendas no están bien avenidas a su paciencia y parecer; y en cambio, son ejemplos no exentos de impertinencia post apocalíptica:


Profundo en la inmediatez, mediato en la profundidad!";

Mi paranoia no inició con Nagasaki o Hiroshima... sino contigo!";

"Mis guerras es Mi Lucha!"


Avanza la tarde y el filósofo de aceras deplora el sentido de vivir la vida que observa, como si la catástrofe que ya se expande sobre la ciudad capital posee todo el tiempo del mundo para evitar lo que el resto del mundo no tiene preparado de antemano.


¿Hace falta decir que desde ese momento hasta el presente en que él continúa su camino sobre la calle Cuatralbo, de que la vida sigue igual y lo post apocalíptico rebasa aquello que hizo filme, titulado:

"Cuando el destino nos alcance"...?

18 de Mayo de 2020 a las 01:26 3 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Francisco Rivera Escritor activo en varios géneros que desea dar a conocer su producción y llegar a público masivo monetizando en debida oportunidad sus creaciones propias, con apoyo de Inkspired.com/es

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Hazo Hazo
Me gusta mucho la profundidad que maneja el relato, con la intención de hacer que el lector se pierda filosofando junto al protagonista.
October 02, 2020, 23:41

  • Francisco Rivera Francisco Rivera
    Gracias por leer y que haya sido de tu agrado. Un saludo cordial. October 02, 2020, 23:51
Francisco Rivera Francisco Rivera
Post revelaciones dentro de escenario tal que supera la ficción; realidades que dejaron de ser lo que antes de 2019 parecía sacado de una irrealidad y que ahora nos llama a preparar una Próxima Eternidad...¿Nos acompañan?
May 18, 2020, 01:21
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