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La puntería es un arte. Es un esfuerzo conjunto de músculos, fuerza, espacialidad, etc. Dudo que se herede, pero aun recuerdo a mi hermana ser la mejor en el equipo de basquetbol de la escuela para hacer tiros de tres. Mi mama, sin haber nunca jugado basquetbol, era capaz de encestar sin usar el tablero de diferentes distancias, y jamas aprendió las reglas del juego... era puntería neta.

Yo también tenía puntería. era capaz de no levantarme de cualquier lugar donde estaba sentado y arrojar objetos al bote de basura sin fallar. Habilidad muy útil para los holgazanes. En realidad siempre me ha resultado muy sencillo y natural el buscar maneras novedosas para usar habilidades en perjuicio de algo o alguien. Y la puntería no debería ser la excepción.

En un nivel mas conceptual, la puntería también puede ser cuestión de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, haciendo lo adecuado con las personas adecuadas. La escuela secundaria a la que iba era una puta jungla, ni mas ni menos, por lo que lo adecuado muchas veces era sinónimo de lo seguro. Yo pase por esa jungla con rasguños, pero seguro. Y en los estratos sociales de esa jungla, creo que yo era una especie que pasaba desapercibida. Ahora, cuando de tratar de chingar al prójimo se trata, o como lo llaman ahora, bullying, también me fui por lo seguro. Había tipos que podían bullearme, porque eran mas grandes físicamente, pero creo que les daba hueva. Siempre los blancos mas populares para chingar a esa edad van a ser los gordos, los pobres y los maricones, siendo estos últimos el estrato mas bajo. Y con mas bajo me refiero a que puedes ser gordo, y ser bully de un maricón, porque joyería mata obesidad. La ley de la selva.

Yo no era ni gordo, ni pobre (lo era, pero muy promedio), y menos, maricón. Y esque desde esa edad debes ser muy claro en tu deslinde. Yo no podía ser maricón. Antes muerto que maricón. Entonces, estaba en una posición donde podía ser un bully de los estratos mas bajos cuando me sintiese aburrido, sin llegar a ser el wey mas culero de la escuela. Los blancos disponibles para mi eran los mas miserables dentro de la miseria.

Suena complejo esto de los estratos sociales, pero en realidad no lo es tanto. Dentro de esta miseria, no era difícil identificar quien era el mas miserable entre la miseria de la escuela. Se llamaba Rafael. Era un tipo medio alto, e incluso mas fornido que muchos escuálidos muertos de hambre que rondábamos por ahí. Pero su desgracia venía porque en nuestra corta existencia, era difícil ubicar a alguien mas maricón que el. No era brillante en la escuela, y participaba muy poco, quizás porque cada que hablaba se escuchaba el rumor dentro del salón apuntando a su manera tan jota de hablar. MARICÓN! era un grito regular en los pasillos, en el patio, y por donde fuera que el pasara.

Dudo que haya habido alguien en la escuela que no haya abusado de alguna manera de el, incluso los estratos mas miserables. Yo en mi afán de innovar, decidí molestarlo, no sin antes acercarme a el, solo para ver que pasaba. Quizás en el fondo, no estaba tan seguro de que un día, si lo agarraba de malas, podía partirme toda mi madre con facilidad. El tipo siempre fue cauteloso en lo que me decía, porque era como un perro callejero, que esperaba lo peor de la vida y de quien se le acercara. Al tiempo logre un poco mas de apertura de su parte, sin llegar a ser amigos.

Era un tipo rarísimo. Hacía dibujos sangrientos, en los que sostenía peleas mortales entre personajes, como si fuera un videojuego. Un mortal kombat en grafito. No tengo memoria de alguna conversación que hayamos tenido en la que de verdad haya estado interesado yo, ni tampoco recuerdo una sola conversación nuestra en la que no lo molestara aunque fuera solo un poco. Al final para eso era este wey, para joderlo.

Aun me causa nausea el recuerdo de verlo levantarse de su lugar en el salón de dibujo, cargando sus reglas, escuadras, cuadernos, y tintas, porque sabia que si los dejaba en su lugar alguien los robaría. En ese momento no sabia que eran nauseas, pero si sabia que algo no estaba bien. Pero quien era yo para cambiar el curso natural de las cosas. Quien lo mandaba a ser maricón? Nadie mas culpable que el, y en eso todos estábamos de acuerdo, incluso, su madre, que según corría el rumor, no lo quería, y varias veces fue vista afuera de la escuela cacheteando a su hijo, por maricón, supongo.

Me encanta dibujar, y jamas entendí para que nos hacían comprar esta goma azul horrible que según borra tinta. Le encontré dos utilidades. La primera, para hacer de tu dibujo un cagadero. Un día de los que Rafael se levanto de su lugar con sus cosas dejo su goma olvidada en su restirador. Y entonces le encontré una segunda utilidad. Decidí robársela. No la necesitaba ni la quería, pero sabia que cuando se diera cuenta que la habia perdido o que alguien se la había robado, se iba a cagar.

Y se cago. Comenzó a preguntar y a exasperarse, preguntando a todo mundo donde estaba su goma. Tampoco es que la necesitara, pero con el tiempo entiendes que hay hechos simbólicos, que si bien no representan una perdida cuantiosa, representan una afrenta a tu persona, y es tu decisión el permitirlos o no. Ese día Rafael decidió que no. Pero no reacciono violentamente, sino de manera patética. Comenzó a buscarla de una manera desesperada, se arrastro por el piso, abrió casilleros, y busco en resquicios que jamas se nos hubieran ocurrido. El maestro le pidió que se sentara, pero sin poner mucho interés, así que Rafael continuo su búsqueda. Después vino el grito. Yo le había aventado la goma azul, y le había dado justo en el ojo. Lo quise hacer, cierto, pero fue un tiro perfecto, tan perfecto, que si lo hubiera querido así no me sale. La goma le dio de manera limpia en su ojo, y casi de manera instintiva me pare de mi lugar, y mientras el sobaba su ojo, yo pase mi brazo por su espalda, y le pregunte si estaba bien. El seguía sobándose sin decir nada, y yo le explique como pude que en realidad el haberlo tirado de manera tan perfecta, incluso bella, no podía haber sido netamente planeado. Levante la goma del suelo y la puse en su restirador. Empece a hablar de otras cosas con el para distraerlo un poco del hecho que su ojo estaba hasta la madre de rojo. El me comenzó a seguir la conversación y así seguimos por algunos minutos que me parecieron eternos, hasta que regrese a mi lugar. No le pedí perdón.

¿Y porque pedírselo? En realidad el tipo me valía madres. El instinto de pararme a explicarle lo ocurrido, fue mas por mi que por el. El resto del año transcurrió de manera normal, y yo no volví a joderlo, mas que cuando se hacia colectivamente, dentro de la normalidad.

Ya para segundo de secundaria el no volvió a la escuela. Surgieron nuevos blancos para joder, y yo logre pasar lo suficientemente desapercibido para no atraer hijos de puta en busca de chingar la madre. Aun me impresiona la puntería que tuve con la goma. Atine en su ojo, pero lo fije en mi mente. Tenia 12 años. Mas que a tiempo. Fuerza comunidad LGBTTTI. Disculpame Rafael, donde quiera que estes.

24 de Agosto de 2018 a las 18:19 0 Reporte Insertar 0
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