moonlovesmin 𝓂𝑜𝑜𝓃

Hace años, la Manada del Lago Wasp obligó a JeongGuk a irse porque se atrevió a enamorarse de JiMin, el hijo Omega del Alfa de la manada. Ahora JeongGuk tiene una vida próspera en el mar, volvió a reclamar a su compañero. Pero el mundo que dejó atrás no es el que se encuentra. JiMin se convirtió en un paria al que le mintieron desde el principio. Le dijeron que JeongGuk se fue porque no lo amaba más. No se apareó con otros lobos para generar cachorros, pero la lucha contra su naturaleza Omega cobró su precio. Él sabe que no puede aguantar mucho más, incluso si tiene una guarida secreta para ocultarse cuando está en celo. JeongGuk se refugia de una tormenta de nieve en el refugio de JiMin cuando la fiebre de apareamiento consume al Omega, y los antiguos amantes se reencuentran justo a tiempo para cambiar su mundo y poder subsistir.


Fanfiction Bands/Singers Not for children under 13.

#lobos #bts #jungkook #jimin #omegaverse #jeongguk #jikook #kookmin #omega #kook
51
4.3k VIEWS
Completed
reading time
AA Share

𝙲𝚊𝚙𝚒𝚝𝚞𝚕𝚘 𝟷



JeongGuk

Debo encontrar refugio o moriré.

JeongGuk inclinó la cabeza hacia atrás, apuntó el hocico al cielo, y aulló. Contuvo la respiración esperando en silencio tratando de escuchar cualquier señal de la manada con las orejas erguidas y temblando.

En un primer momento, no escuchó nada más que los sonidos de la tormenta y la fuerza de la nevada que lo había acorralado en medio de la tormenta. Pensaba buscar y encontrar una cueva antes de que cayera la noche, pero la tormenta de nieve tenía otras ideas. Le mostró los dientes a los torrentes de nieve que no le permitían ver casi nada y que lo matarían si pudieran. ¡Que lo intenten! No podrían acabar con él tan fácilmente. Había pasado años preparando su regreso a casa, y estaría condenado si se rendía ahora.

Entonces...

Lobos aullaron débilmente y muy lejos. ¿Quién llama? ¿Quién llama?

Un hijo que regresa desde lejos, JeongGuk respondió con su voz de lobo. Estoy cazando en el lago Wasp.

No sobrevivirás a la nieve, nieve mala. Tres o más lobos le enviaron ese mensaje. Encuentra refugio.

JeongGuk gruñó para sí mismo antes de aullar su respuesta. ¿Refugio dónde? ¿Dónde puedo refugiarme?

Su respuesta tardó largos minutos en llegar, pero cuando lo hizo fue de forma fuerte y clara. Cabaña, lado este del lago Wasp. Pertenece a un Omega. Parecían reticentes. El Alfa dice, que te refugies allí.

Una pausa.

Cazador que vienes de lejos, después de la tormenta, deberás enfrentarte a un desafío, o irte. ¿Entiendes?

JeongGuk movió sus labios hacia atrás mostrando sus colmillos relucientes, alardeando en su forma de lobo. Había sido un adolescente huérfano cuando la manada lo expulsó, y no había tenido más remedio que irse, pero no había pasado su tiempo lejos de brazos cruzados. Él era un Alfa ahora, y había ganado la fortuna que se había propuesto hacer, y no tenía intención de dejar que la manada del lago Wasp le impidiera conseguir lo que había venido a buscar.

Pero eso tendría que esperar. Por ahora. Entiendo, respondió. Ahora voy a la cabaña.

No hubo respuesta a eso. Supuso que significaba que estaba por su cuenta. Se sacudió muy fuerte para quitarse una gruesa capa de nieve que había recogido mientras se detuvo para comunicarse. Utilizando los poderosos músculos de sus piernas dio un salto y salió corriendo.

Se había olvidado que los inviernos podían ser tan duros aquí. Donde vivía ahora, nunca se congelaban los mares y las tormentas de nieve nunca eran más que chubascos leves. No había nada como esto. La nieve caía tan pesada y densa que bloqueaba el mundo más allá del final de su hocico, y tan fría que su cuerpo le rogaba que parara para descansar y dormir.

¡No!, apretó los dientes y se obligó a seguir. No creía que la manada le hubiera enviado en una búsqueda inútil. Querían saber quién era y por qué había entrado en su territorio antes de decidir qué hacer con él. La cabaña del Omega que le habían prometido estaría allí.

Se preguntó si un Omega vivía allí justo ahora o si tenía un Alfa listo y dispuesto a defender su territorio.

Si lo había, entonces que así sea. No sería la primera vez que lucharía por su vida. Él sabía cómo sobrevivir.

Gracias a su agudo sentido del olfato, recogió los signos de la presencia de alguien mucho antes de lo que sus ojos hubieran podido. El humo de un fuego de leña, tierra fértil, y cabras en un recinto caliente para el invierno. No muy lejos por delante. Casi estaba allí. Siguió adelante.

Otra ráfaga de energía lo llevó al borde de un claro, y cuando los vientos pararon momentáneamente vio el halo amarillo de luces brillando a través de las ventanas de vidrio grueso y opaco. Sacudió más nieve de su pelaje y corrió hacia los escalones de la pequeña cabaña, pero hizo una parada precipitada cuando el lobo Omega del que había sido advertido, salió a través de la puerta de la cabaña con sus dientes al descubierto y gruñendo agresivamente.

JeongGuk desvió el ataque del Omega con un mordisco en el cuello sin llegar a lastimarlo.

Busco refugio. No quiero pelear.

¡Lucha! No te refugiarás aquí, el Omega insistió. Debes irte.

JeongGuk le enseñó los dientes. Son órdenes del Alfa.

El lobo Omega se burló de eso. El Alfa no está aquí. Yo estoy. ¡Vete! Intentó esquivarlo por abajo y morder la parte más vulnerable de JeongGuk.

Basta de eso. JeongGuk tomó el pescuezo del Omega en sus dientes y lo sacudió hasta que gritó.

Había algo extraño en su olor. Algo casi familiar. Una especie de picante fragancia que le hizo cosquillas en la nariz y envió un escalofrío de irritación mezclado con calor por su columna vertebral. ¿Ya habían luchado antes? JeongGuk no podía estar seguro, su sangre estaba demasiado caliente para pensar en forma racional.

Sin soltarlo, JeongGuk gruñó. Necesito refugio. No tengo otro lugar. Me quedo.

Cualquier otro Omega habría renunciado, pero no éste.

Sorpresivamente golpeó a JeongGuk con su hombro, logró soltarse y salió corriendo. Recuperándose de su sorpresa JeongGuk saltó con sus piernas más largas y comenzó a perseguirlo, casi había llegado a la puerta de la cabaña cuando pudo alcanzarlo. Saltó sobre el lobo y el impulso los llevó a el interior.

El Omega se paró, gruñendo.

¡Suficiente! JeongGuk se concentró para cambiar de forma, se sacudió su forma de lobo, y se puso de pie sobre dos pies. Cerró la puerta y le puso el pestillo. El olor del lobo en el interior lo mareó brevemente.

—Te voy a morder de nuevo si tengo que hacerlo, y te prometo que no te va a gustar ni un poco. —El calor de la cabaña amenazaba con superar a JeongGuk. Plantó los pies firmemente en el suelo y levantó la barbilla—. ¡Cambia! ¿Quién eres tú?

El lobo Omega se detuvo a media estocada, mirándolo. A pesar de que quisiera, un Omega no podía resistir la orden de un Alfa, y cuando se lo ordenó no tuvo más remedio que dejar de lado su forma animal y cambiar a su forma de hombre. Las piernas del Omega eran largas, su cuerpo delgado, y su cara desgarradoramente hermosa. Sus grandes ojos de color gris azulado se centraron en JeongGuk en estado de shock por la sorpresa.

—Tú.

Los labios de JeongGuk se abrieron igualmente por la sorpresa. Este no era cualquier lobo, era el hombre que había amado una vez y tuvo que dejar atrás. El Omega que vino a buscar y reclamar a la manada del lago Wasp.

—JiMin —dijo JeongGuk, con su corazón latiendo desbocado—. JiMin.

● ♡ ● ♡ ● ♡ ●

JiMin

¿Estoy soñando? JiMin se alejó de JeongGuk, aunque no había lugar para ir muy lejos en el interior de la cabaña. Había pertenecido a su padre que la utilizaba como estación de paso durante sus viajes de cacería, era poco más grande que un armario empotrado en la pared.

Con un puñado de pasos apoyó sus hombros en la pared del fondo, lo que hizo que se le erizara la piel con un escalofrío.

El lobo alfa lo miró con los labios entreabiertos y sus ojos enormes.

—JiMin.

JiMin sacudió la cabeza obstinadamente y no dijo nada. Él tenía que estar soñando. JeongGuk lo había dejado hacía años sin decirle nada, ni una palabra. JiMin había renunciado a la esperanza de que volviera después de que el primer invierno dio paso a la primavera. Incluso si su subconsciente lo traicionaba de vez en cuando, sabía que no debía pensar que los milagros sucedían realmente.

JeongGuk sacudió la cabeza como si estuviera asombrado. —Mírate. No has cambiado nada.

—Correcto —JiMin se burló de eso porque sí había cambiado mucho. Había sido el hijo del antiguo Alfa de la manada cuando JeongGuk lo abandonó, y hermano del Alfa heredero. Y aunque lo ignoraban, incluso durante las semanas más crueles de invierno. Lo habían alimentado y vestido con lo mejor y más caliente que el dinero podía comprar.

Eso había sido antes de que el viejo Alfa de la manada fuera a cazar osos y no regresara. Antes de que un reto por el liderazgo de la manada hiciera huir a su hermano con el rabo entre las patas. La manada de JiMin lo había dejado quedarse en la periferia, pero sólo porque era un Omega.

Y nunca lo dejaron olvidar eso.

JeongGuk no lo escuchó o decidió ignorar la respuesta de JiMin. Se dirigió hacia adelante tan firme y seguro en dos piernas como era en cuatro patas, con la mirada fija con impaciencia - hambriento - en la cara de JiMin.

Oh, él sí que había cambiado. Ya no era un adolescente imberbe y flaco, se había convertido en un hombre de verdad, con músculos grandes y duros donde sobresalían los tendones. Su rostro había madurado, los huesos fuertes modificaron su forma. Las cejas seguían siendo las mismas, permanentemente dobladas en un arco.

Sólo mirarlo encendió un fuego en JiMin. A su cuerpo no le importaba que este lobo, antes se había alejado de él. Quería a JeongGuk ahora.

—Eres tan hermoso como el día en que te perdí. JiMin, mi precioso JiMin. —JeongGuk murmuró mientras se acercaba, más firme y seguro de lo que JiMin lo recordaba—. ¿Me extrañaste?

No estaba soñando. Pero cómo...

No importaba. JeongGuk lo había abandonado. JiMin sacudió la cabeza con tanta fuerza que su largo pelo rojo azotó contra sus mejillas.

—Vete.

—No me voy a ninguna parte. —JeongGuk estaba tan cerca ahora que el olor del Alfa inundó los sentidos de JiMin. Desnudo como estaba - ya que ambos lo estaban, después de cambiar - no había forma de esconder cómo su cuerpo había reaccionado a JiMin. Cuando cerró la última parte de la distancia entre ellos, su pene presionó grueso y duro contra el vientre de JiMin.

JiMin se quejó. No podía evitarlo. Se había olvidado lo bien que se sentía tener un hombre que lo deseaba tan claramente. Habían pasado meses, no, años desde que había dejado a cualquier hombre o Alfa acercarse a él. La manada siempre necesitaban más criadores y los Omegas eran demasiado valiosos para echarlos, pero JiMin había jurado que estaría condenado antes de separar las piernas para cualquier lobo de la manada del lago Wasp.

Hasta ahora, había tenido suerte. Siempre se las había arreglado para ocultarse cuando sentía que su ciclo de calor se acercaba, y lo soportaba solo. Por qué el nuevo Alfa de la manada lo permitía, JiMin no lo sabía. Tal vez pensó que con el tiempo su resistencia se vendría abajo.

Tal vez él sólo le estaba dando suficiente cuerda para que se ahorque. Y ahora esto. JeongGuk.

Las manos calientes de JeongGuk estaban en su culo. ¿Cuándo había sucedido? JiMin gimió de nuevo por el esfuerzo que le costaba no molerse hacia adelante. Su cuerpo quería esto. Se había relajado y abierto, ávido por la polla de JeongGuk, la lubricación que producía el cuerpo de un Omega para facilitar el camino ya corría por la suave piel de sus muslos internos.

—Hueles... —JeongGuk acarició la unión del cuello de JiMin y lo raspó ligeramente con los bordes de los dientes. Sus manos se apretaron en el culo, amasando los músculos tensos. Cuando rodó sus caderas, la deliciosa fricción arrancó gemidos de ambos, un ruido que en JiMin se convirtió en un grito cuando JeongGuk deslizó dos dedos dentro de él—. Mojado.

JiMin luchó contra sí mismo, jadeando en ráfagas cortas.

—No. Tú te fuiste.

—Estoy aquí ahora. —JeongGuk extendió los dedos. La presión, el calor y la lujuria hicieron a JiMin querer llorar por el hambre que despertaban, y pedir por más—. Y vas a ser mío.

Las palabras fueron como un baldazo de agua fría.

JiMin encontró la fuerza en alguna parte, de alguna manera, para empujar contra JeongGuk y alejarlo. No muy lejos, pero lo suficientemente lejos para recuperar el aliento. Apretó los muslos juntos e hizo caso omiso tanto del feroz calor de su cuerpo y el dolor ardiente en su corazón.

—No soy el Omega de nadie. Me pertenezco a mí.

La mirada de JeongGuk, oscura con lujuria, persistía en él. JiMin lo sentía fijándose en cada detalle, cada pedazo de él que había cambiado. JeongGuk no era ningún tonto. Vería lo delgado que estaba, lo que la pobreza le había hecho. Lo desesperado que estaba.

JiMin mantuvo la cabeza en alto, aunque sus ojos ardían por las lágrimas contenidas.

—Me pertenezco a mí —dijo de nuevo—. Puedes quedarte mientras dure la tormenta, pero luego quiero que te vayas. ¿Entiendes?— JeongGuk no había dejado de observarlo con la misma vehemencia, pero con más calma, más cuidadosamente.

—Entiendo.

—¿Y estás de acuerdo?

—Si quieres que me vaya después de que termine la tormenta, y después de que esté seguro de que puedes llegar a salvo a casa, entonces estaré de acuerdo. —JeongGuk dio un paso atrás, fue difícil, pero quería demostrarle que no era una amenaza. Su boca se arqueó hacia arriba en la esquina cuando vio cómo los ojos de JiMin fueron atraídos por la rígida longitud de su pene.

—Y si cambias de opinión, estaré de acuerdo con eso, también.

—No lo haré. —JiMin se abrazó a sí mismo cuando sintió que la primera ola del calor lo dejaba temblando, pero aun pudiendo pensar. ¿JeongGuk notó el cambio en su olor? JiMin no podía decirlo. —Eso no es lo que acordamos.

—No, no lo es. — JeongGuk dejó que su mirada fuera a la deriva con avidez sobre JiMin una vez más. —Voy a ser un caballero. No voy a tocarte hasta que me lo pidas.

JiMin apretó y juntó sus muslos sintiendo la nueva lubricación. A su cuerpo le gustaba esa idea mucho más de lo que quería. Pero aunque su rostro estaba caliente, se mantuvo firme.

—No lo haré.

—Pero primero —JeongGuk rozó el dorso de sus nudillos contra la mejilla de JiMin—. Solo una cosa más.

Antes de que pudiera preguntar, JeongGuk lo rodeó con sus fuertes brazos provocándole un choque de calor suave directo hasta los huesos. Un abrazo que le hizo sentir seguro, protegido, cuidado.

—Te extrañé, JiMin —JeongGuk le murmuró al oído—. Mucho. Soñé contigo todos los días que estuve lejos, y quise esto todas las noches. Más de lo que sé expresarlo.

Espinas de excitación eléctrica parecían a punto de estallar a través de la piel de JiMin. Él tomó una bocanada de aire, y luchó contra la necesidad de envolver sus brazos y piernas alrededor de JeongGuk y dejarlo tenerlo. Lo logró, pero por muy poco, y jadeaba por el esfuerzo cuando JeongGuk lo soltó y lo miró con la boca inclinada con la sonrisa que solía ser la favorita de JiMin.

—¿Tenemos un trato?

● ♡ ● ♡ ● ♡ ●

JeongGuk

El estómago de JeongGuk gruñó.

JiMin parpadeó hacia él, con sus grandes ojos azules aturdidos. Del mismo modo que JeongGuk había esperado, y tal como lo recordaba. JiMin había sido siempre un volcán. Él debería haberlo reconocido inmediatamente cuando se encontró con un Omega tan dispuesto a luchar. La única manera de calmar a JiMin cuando estaba enojado era besarlo hasta hacerlo perder la cabeza y dudaba que dejara intactas sus bolas si lo intentaba ahora.

Tuvo la tentación de intentarlo de todos modos. Todos esos años de separación habían parecido eternos.

JeongGuk acarició la boca suave de JiMin y dio un paso atrás para poder tomar un respiro y dejar a su mente ponerse al día con su cuerpo y corazón.

—Si tienes algo de comer, estaría agradecido.

JiMin se humedeció los labios donde había estado el pulgar de JeongGuk.

—Yo... podría haber algo. No lo sé. No vivo aquí todo el tiempo. Acaba de llegar cuando... —Sacudió la cabeza enérgicamente y se llevó una mano a su sonrojada mejilla—. Veré.

—Si no hay nada, voy a ver si puedo sacar a un conejo de su madriguera.

JiMin arrugó la nariz.

—Están muy flacos en esta época del año.

—Flaco es mejor que nada en absoluto. —JeongGuk apoyó la cadera contra la pared y se cruzó de brazos, observando cuidadosamente como JiMin se movía con un poco más de torpeza de como él lo recordaba; JiMin en su memoria era grácil como un bailarín, sus músculos ágiles y fluidos

Excepto cuando él estaba en celo.

Las fosas nasales de JeongGuk se dilataron al captar el olor que había estado sintiendo desde que se cerró la puerta de la cabaña detrás de ellos. Ah, eso lo explica todo. La primera vez que JiMin había estado en celo, ambos habían sido demasiado jóvenes para entenderlo, y se habían asustado.

Sólo la primera vez. La segunda vez...

La boca de JeongGuk se curvó, recordando cómo él y JiMin habían pasado horas envueltos uno en el otro, descubriendo las nuevas diferencias en sus cuerpos - las cosas que les hacía un Alfa y un Omega, y que podían atarlos juntos por el resto de sus vidas. Un Omega en calor era una criatura increíble. Su cuerpo se abría, húmedo, resbaladizo y caliente, con ganas de ser llenado. Sus ligamentos más flexibles, sus pezones apretados; su temperatura corporal más alta. Su olor, intoxicante.

Oh sí. Había valido la pena, incluso si tenían que ocultar su apareamiento del Alfa de la manada y su heredero, y lavar a JiMin en un arroyo helado para alterar su olor antes de volver a ellos.

JeongGuk chasqueó la lengua. Habían compartido infinidad de orgasmos y era un milagro que JiMin no hubiera quedado embarazado antes de que se dieron cuenta de cómo evitar el problema con una bolsita de seda empapada en aceite de tanaceto.

Pensar en JiMin lleno con sus cachorros hizo latir y doler su ingle. Ya no eran dos adolescentes. Eran hombres, completamente crecidos, que podrían formar una familia propia si así lo deseaban. Lejos de aquí, y lejos de las memorias de los malos tiempos.

Y él quería eso.

Pero eso tendría que esperar. El enfoque de JeongGuk cambió, y su boca se transformó en un ceño fruncido, mientras estudiaba a JiMin. Si miraba más allá de la atracción que provocaba un Omega en la cúspide de entrar en calor, no le gustaban los cambios en la apariencia de JiMin en absoluto. Estaba más alto, pero no más pesado; de hecho estaba más delgado. Sus piernas deberían ser esbeltas, no como un hueso, y mientras que su cabello era del mismo hermoso color canela que recordaba, parecía seco y áspero. Sus manos estaban enrojecidas por el trabajo, y marcadas con el tipo de pequeñas cicatrices que un hombre tendía a reunir cortando leña y trozar la carne.

¿Qué le había pasado? JeongGuk aspiró el aire con cuidado, pero no pudo detectar ningún rastro del olor de la familia en JiMin. Por lo que entonces. El Alfa que lo habían echado por atreverse a tomar la virginidad de su descendiente Omega y reclamar su corazón no estaba más. Tampoco el heredero.

Era bueno, en cierto sentido. Tendría menos combates en su futuro para reclamar a JiMin, a pesar de que lucharía si fuera necesario.

Malo porque el compañero de su corazón había sufrido.

Bueno, puedo arreglar eso. Había hecho su fortuna por JiMin, y si pudiera llevarlos a ambos de nuevo a la costa, donde la vida era más amable, JiMin engordaría de nuevo.

A su cuerpo le gustó ese pensamiento. La única pregunta era - ¿JiMin lo permitiría?

—Me estás mirando. —JiMin le dijo mientras iba hacia un gabinete donde agarró un paquete de papel manchado de aceitado que olía realmente antiguo con una mano y con la otra algo que una vez pudo haber sido caramelos de sirope de arce.

JeongGuk se obligó a parecer casual. —¿Lo hago?

—Sabes que lo haces. —JiMin dejó ambos paquetes sobre el mostrador que contenía un lavabo para lavarse. Le dio la espalda para agarrar un bote de lata del estante alto y miró por encima del hombro. — Todavía lo estás haciendo.

—Sí,lo hago —murmuró JeongGuk. Desde que había sido capturado, no se molestó en tratar de ocultarlo. —Pasé mucho tiempo viéndote solo en mis recuerdos. Estoy recuperando el tiempo perdido.

JiMin se llevó las manos a la cara.

—No lo hagas. Por favor, no lo hagas. No puedo pensar cuando haces eso.

—¿Hacer qué?

—Mirarme como si quieres comerme vivo. Me haces desear... —JiMin se quejó, moviendo sus caderas—. Y no puedo. No lo haré ¡Me dejaste, JeongGuk!

—Sí, lo hice. Debido a que tuve que hacerlo. —Le explicó con el ceño fruncido. —Te dije todo eso en la carta que te dejé. No tenía más remedio que irme. No podía luchar contra toda la manada. Te conté todo en las cartas que te envié desde la costa.

—¿Tú qué? —JiMin bajó las manos y negó con la cabeza—. Nunca recibí ninguna carta. Ni siquiera una.

El Alfa. JeongGuk cerró los ojos y contuvo un gruñido. Debería haberlo sabido. El viejo bastardo posesivo les había prohibido hasta una despedida decente.

Cuando abrió los ojos, JiMin tenía presionada una mano en la garganta y la otra en su corazón. El azul de su iris nadaba por las lágrimas contenidas.

—Pensé que dejaste de amarme.

El corazón de JeongGuk no pudo evitar ceder a la vista.

—Nunca podría dejar de amarte —dijo en voz baja—. Aun lo hago.

JiMin sacudió la cabeza en silencio. Sus labios se movían pero sin sonido.

En el exterior, el viento aullaba y arremetió contra las paredes de la cabaña. JeongGuk ladeó la cabeza para escuchar.

—Suena como que la tormenta está empeorando. Siempre lo hacen, antes de amainar. —Él tomó una decisión. JiMin había pasado por suficientes choques esta noche, y por su olor su biología Omega estaba a punto de hacerse cargo—. Apaga la lámpara, JiMin.

—Pero dijiste que tenías hambre.

La tenía, pero no de comida. Muy pronto, ninguno de los dos tendría una opción. Mejor que JiMin reuniera sus fuerzas.

—No —dijo JeongGuk, y apagó la lámpara el mismo—. Descansa un poco. Voy a cuidarte.



All the love, x.

May 5, 2020, 10:45 p.m. 0 Report Embed Follow story
12
Read next chapter 𝙲𝚊𝚙𝚒𝚝𝚞𝚕𝚘 𝟸

Comment something

Post!
No comments yet. Be the first to say something!
~

Are you enjoying the reading?

Hey! There are still 5 chapters left on this story.
To continue reading, please sign up or log in. For free!