sonatinaparth Sonatina Parth

Ocho años atrás se vieron obligados a escapar de su aquelarre. La magia oscura estos brujos decidieron rechazar. El baño de sangre que se avecina, Keegan ya no lo puede ignorar. Los nigromantes olieron su rastro y a los muertos levantarán. Y si quiere vivir, a Velnia debe parar.


Short Story Not for children under 13. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

#romance #relato #magia #guerra #muerte #amor #oneshot #brujos #aventura #esperanza #lgbt #lucha #poder #aquelarre #lealtad #heroes #justicia #villana #bienxmal
Short tale
0
3.8k VIEWS
Completed
reading time
AA Share

Días grises

Cuando llegué a casa Arwin estaba acurrucado a duras penas en el sillón, dando una apariencia graciosamente cálida y atípicamente indefensa.

Negando con la cabeza por sus malos hábitos acaricié su cabello negro y sus ojos, con iris del color de las flores de cerezo, se abrieron perezosamente.

Me tensé cuando algo inesperado vino a mí: imágenes luminosas y aterradoras llenaron mi cabeza.

Me sentí tambalear, sus brazos me sostuvieron.

– ¿Qué sabes de los demás? – Le pregunté sombrío.

– Keegan... yo... ehhh... Ha pasado un tiempo desde que los monitoreé – Balbuceó tomado por sorpresa.

Supuse que tanto como yo, después de todo no hablábamos sobre el pasado si podíamos evitarlo.

– Trata con Idris – Le pedí suavemente.

– ¿Idris? ¿Para qué quieres hablar con ella? – Preguntó entonces, luciendo nervioso.

– ¿Hay algo que estés ocultándome? – Interrogué con la certeza de que así era.

Negó moviendo su cabeza salvajemente, luego más como un titubeo.

– Arwin – Suspiré con desánimo, no creí que habría secretos entre nosotros.

La impotencia subió por mi garganta, una arcada agria que tragué con desagrado.

– Kee... no… Es inútil hacerlo – Reveló con tristeza – La profeta conocida como Idris, se ha quitado la vida. Ella… – Continuó tragando grueso – Vaticinó que sería una pieza clave en nuestra caída – Murmuró finalmente, con derrota.

Llevé las manos a mi cabeza, afligido.

– Sus poderes ¿Los tengo? – Pregunte contrariado.

Arwin asintió, sus hombros caídos elevándose ligeramente, como si se hubiese quitado un peso invisible de encima.

Quería preguntarle cómo podía ser eso posible y por qué, pero me interrumpió.

– No se supone que pudieras usarlos. No… aún – Balbuceó confundido – ¿Qué viste Keegan? – Cuestionó temeroso, aunque era apenas visible sus manos temblaban.

Era casi indetectable, pero lo noté… Siempre que se tratara de Arwin, aunque fuese el cambio más sutil yo podría verlo. Lo que quería decir que esta vez realmente se había blindado para mantenerme en la oscuridad.

– Déjalo ir Arwin – Le dije acariciando su ceja torcida con mi pulgar, con ese afecto indiscreto e insilenciable que sentía por él.

Soltó una exhalación, una especie de suspiro entrecortado que jamás lo había escuchado hacer, no a un hombre de su temple.

– No me pidas una respuesta necia ¿Pudiste verlo tú mismo cierto? Creo que lo supe, que Idris solo nos compró tiempo con su sacrificio – Negó Arwin, empujando su rostro hacia mi toque.

Como si eso pudiera consolarlo y lo dejé hacerlo. Porque aunque el consuelo era solo una ilusión pasajera, ambos lo necesitábamos.

–Un ataque masivo contra los 200 desertores ocultos. No, a los 199 que aún vivimos. Velnia... cargará contra nosotros con los nigromantes del Supremo. Este pueblo caerá bajo fuego y sangre, nosotros caeremos con él – Anuncié fatídico.

Esa perra maliciosa se había puesto al día. Mientras Velnia nos cazaba nosotros fantaseábamos con nuestra frágil vida pacífica.

– Tú... ¡No serías derrotado tan fácilmente Keegan! Debe estar equivocado, tú sobrevivirías ¡Tú lo harías! – Aulló Arwin incrédulo – Estaremos preparados... Sí, entonces todo puede convertirse en cenizas tras nosotros. Habremos huido cuando eso pase – Vaticinó vibrando, como para darle una sensación de seguridad a su negación.

– Arwin, han sido tan amables con nosotros. Su bondad no puede ser recompensada con crueldad. En el fondo lo sabes, incluso tú que conoces más que nadie sobre tomar decisiones necesarias, no harías algo como eso. No podemos ser tan inhumanos proclamando estar del lado correcto si dejamos que el mal barra a inocentes tras nuestros pasos. Y los demás… estando solos, tampoco durarán mucho. Tal vez, si cambiamos el enfoque. Sí, esta vez es enfrentarnos o huir cobardemente para siempre esperar la muerte – Argumenté.

– Bien, entonces que haya guerra... ¡Pero no tienes que ir tú! Comándalos, solo comándalos – Bramó con ojos acuosos.

La verdad era que... me había enamorado de esos enormes ojos rosas que siempre me seguían a todas partes con fervor. Si algo era cierto, era que entre los dos herederos siempre lo favorecí a él.

Lo hice, aun cuando se decidió que Velnia sería la próxima Suprema del aquelarre, aún cuando Arwin trató de resistirse por lo que creía sería el bien de todos.

Los hombres brujos son escasos, pero especiales: talentosos a largo plazo y algunos portaban una belleza que incluso rivaliza con la de las brujas danzando bajo la luna llena.

Pero, a medida que la base de nuestro núcleo de poder se va asentando, nos volvemos estériles y el Supremo debía dejar descendencia para mantener el linaje puro de los brujos originales, los Sabbat.

No me molestaba, estaba orgulloso de ser uno de los mejores, de ser un brujo defensivo de primera línea. Nunca pediría nada más que ser el héroe personal de Arwin, quien fue eclipsado por las tempranas aptitudes mágicas de su hermana, Velnia.

Una bruja altiva con particular inclinación por las creencias antiguas.

Aunque a Arwin no le importaba manejar el aquelarre, no dudó en romper su "pasividad" al unirse a nuestra causa, en pro de la humanidad y no de la supremacía que se había volcado a las ancestrales y macabras prácticas de hacer sacrificios humanos, incluso masivos, enmascarándolos con accidentes naturales o atribuyéndoselo a asesinos en serie.

– Soy un brujo de élite, no me quedaré atrás. Los sobrevivientes gozamos de ocho años de paz a costa de los caídos. ¿Cómo les hemos pagado? Escondiéndonos vergonzosamente – Objeté ante su negativa – Es hora de retribuirles acabando con los que instauran el terror... e imponiéndote como el próximo Supremo. Aun estás a tiempo de dejar descendencia, con los correctos a tu lado podrá funcionar hasta que alcances tu pináculo – Le recordé el plan, una esperanza que se había oxidado en nuestros corazones cuando fuimos traicionados.

Arwin no quería esa carga, pero había entendido que era por el bien mayor.

– Mi núcleo se ha establecido. En realidad, han sido ocho años desde eso, sucedió durante la huida – Arwin confesó en voz baja – Siento no habértelo dicho Keegan. Si Vencemos a Velnia y… Si sacrificaron a los niños del harem que nacieron de mi semilla... Ya no existirá el linaje puro de los Sabbat – Lamentó.

– Aún están los múltiples descendientes de Velnia, podemos estar seguros de que ellos están a salvo. Puedes tomarlos bajo tu tutela. Te necesitamos para mantener la verdadera armonía – Demandé.

– Nunca he sido bueno conservando el equilibrio. Keegan te pregunto una vez más, si accedo ¿Liderarás a mi lado? – Preguntó con autoridad, pero la forma en la que se aferraba a mis antebrazos era más una súplica.

– Después de resolver esto haré tu voluntad Arwin. La única razón por la que puedo ser el héroe es porque tú eres mi señor – Musité dándole un beso en el dorso de su mano.

– No, debes saber que desde hace mucho tiempo... mi capacidad solo existe con un fin: hacerte más fuerte y mantenerte con vida, mi valiente y justo Keegan – Susurró besándome, el regusto salado de las lágrimas dándole un sabor agrio a la dulzura.

Mientras sus labios recorrían los míos por primera vez, mientras su lengua me exploraba intensamente, sentí un salvaje poder elevándose en mi interior, extendiéndose por mis venas.

Parecía que Arwin había estado escondiéndome más secretos de los que había podido imaginar.

-.-.-.-.-.-

Rodeada por resbalosas serpientes, Velnia informó al Supremo sobre su avance. Aseguró que solo le faltaba un desertor por rastrear, pero en realidad eran dos. Su propio hermano y su guardián de élite. Intuía que estaban juntos, Keegan nunca se había alejado mucho de Arwin, de todas formas sería matar dos pájaros de un solo tiro.

-.-.-.-.-.-

Claro que la gran perra estaba aquí.


– Que manera aburrida de anunciarse – Me burlé.

Finalmente, Arwin y yo estábamos compartiendo un mismo lecho, aunque no hicimos más que abrazarnos.

– Tan anticuadas – Se quejó Arwin con media sonrisa.


El techo pareció ondularse y gran parte se desmoronó.

La pequeña casa finalmente estaba en ruinas. Llovieron escombros, pero no pudieron traspasar el hechizo de mi escudo elemental


No vi a Arwin, pero confié en que había identificado el peligro a tiempo y había escapado con la capacidad de transportarse con el trueno/relámpago, estos resonaban por todo el pueblo.

Pero no me tranquilizó que Velnia tampoco estuviese a la vista, creí que vendría personalmente por nosotros. A las culebras se les mataba por la cabeza, y yo tenía que guindar esa lengua viperina en mi pared.


– Maten a los nigromantes ¡Desmiembren y quemen! – Grité, usando magia para proyectar mi voz.

Evitando el ataque furtivo de una bruja elemental del agua y ante la mirada atónita de los demás que seguían luchando, me convertí en niebla, deslizándome sigilosamente para encontrar mi objetivo.


Su sorpresa era justificada, el poder de la niebla había sido una variante que había conseguido manejar uno de los brujos que falleció ocho años atrás, tratando de protegernos.

Me materialicé al reconocer el animal familiar de Arwin, un elegante y anormalmente grande lince canadiense. Sin embargo, en cuanto me divisó cargó contra mí... porque ya no estaba vivo, estaba bajo el control de los nigromantes.


Pobre Winterclaw (Garra de nieve). Ese era el nombre del querido lince que había seguido a Arwin desde joven.


El trueno resonó, volteé allí. Mi mirada se encontró con la de Arwin, este silbo desviando la atención del animal rabioso que corrió a su encuentro, pero no creía que fuera uno feliz.

Quería advertirle, pero el fuego me golpeó repentinamente.


Velnia había dominado el fuego tóxico, llama roja y oscura, una mezcla de su afinidad con el fuego y el veneno de las serpientes.

Lo sentí empezar a consumirme, la piel burbujeando y la agonía de la hirviente ponzoña corroyendo mis venas.

Escuché a Arwin gritar dos nombres, apenas pude captar el primero.


"Whiny... ¿Cuál era su poder?", traté de pensar en agonía. Mi mente luchó desesperadamente tratando de recordar qué hacer con ello.


La base del núcleo mágico de Arwin consistía en tomar parte del poder de otro brujo, de forma voluntaria o en un momento de debilidad, y traspasarlo a otro.


Arwin había coleccionado un montón de poderes... y todos habían sido recolectados para mí.


Casi lo había olvidado, el elemento sorpresa.


– “Auge” – Logré pronunciar con voz ronca y el ataque que me envolvía cargó magnificado en contra de su maestra.

Furia roja reclamando a su dueña.


Sin embargo, el veneno ya se había abierto paso en mí.


– ¿Qué coño estás haciendo? ¡Gant! ¡También dije Gant! Grandísimo imbécil, ¡Rápido! Antes de que se te derritan las neuronas – Me apuró Arwin, sacudiéndome con violencia.


"Ah, claro... poder curativo", asocié de inmediato, ante la inminencia de la muerte mi mente parecía haberse afilado fugazmente mientras él alimentaba mi energía para intensificar el hechizo curativo. Recuperándome pude sentarme, no muy lejos había un charco sangriento expidiendo un fuerte olor a azufre.


– No me dio tiempo de tomar el poder de la perra – Dijo encogiéndose de hombros.


– Entonces asegúrate de darme los del líder supremo – Le animé. Ahora teníamos que ir por él.


– Lo haré complacido ¡Siempre y cuando no te distraigas de nuevo y no tengamos que hacerlo papilla antes! – Rugió aun enojado por mi pequeño olvido.


A nuestro alrededor los sobrevivientes de nuestro lado bajaron sus cabezas en señal de respeto por haber derrotado a Velnia, y ante al que consideraban su Supremo.


Los imité, no solo para devolverles admiración por su valor; en silencio también lo hice por los caídos, que aún después de su muerte se habían convertido en los héroes en la sombra de nuestra lucha.

La era de los días grises estaba llegado a su fin.

April 25, 2020, 6:53 p.m. 0 Report Embed Follow story
0
The End

Meet the author

Sonatina Parth ➷ Una soñadora incrédula que caza y devora utopías para no morir de realidad ツ // ☛ Escritora de romance en todas sus variantes 💜 // TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS©

Comment something

Post!
No comments yet. Be the first to say something!
~