paul87 Paul Larios

¿Alguna vez has pensado en cómo se puede moldear el destino para hacer tu voluntad? En este cuento, nos encontramos con Rebeca, quien a través de su trabajo y un visitante del futuro descubre el gran misterio de esto y lo usa para cambiar el destino de muchos.


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La Lavandería

A la edad de veintidós años Rebeca había logrado muchas cosas en su vida. Fue considerada una prodigio en su escuela secundaria, se convirtió en la mejor estudiante de su clase de graduación y en la universidad amplió su conocimiento con las teorías de Einstein y Stephen Hawking para explorar aún más la idea de alargar la vida de los seres humanos. Después de graduarse, consiguió un trabajo en el renombrado y altamente competitivo laboratorio Sequoia en la ciudad de Nueva York donde está ayudando a desarrollar una máquina que podría ayudar a los humanos a extender sus vidas y mantener sus células intactas durante un largo período de tiempo.

Siendo de la pequeña ciudad de Stephenson, Michigan, todavía es un gran desafío para ella acostumbrarse a la vida acelerada de la ciudad. Ella vive en un pequeño apartamento en el distrito de Queens, ya que había leído en línea que este era un lugar seguro para vivir y que tenía un sentimiento mucho más de pueblo. Lo que más le gustaba de Queens era la gran concentración de parques, ya que esto le recordaba a los interminables kilómetros de campos y bosques verdes que se extendían en Stephenson.

También disfrutó del multiculturalismo de Nueva York considerada como la ciudad del mundo. Aquí descubrió algunos de los mejores tacos, pan jalá y la mejor comida italiana que haya probado en su vida. Se sentía completa, viva y bendecida de que Dios le había regalado el conocimiento y las habilidades para estar donde está en este momento de su vida.

Todo esto le pasó por la cabeza cuando se encontraba acostada y los primeros rayos del sol brillaron a través de la ventana. Era sábado lo que marcaba el comienzo del fin de semana y de sus días libres de el laboratorio, pero también era el día en que llevaba a cabo la mayoría de sus diligencias. Miró a un lado de su cama y vio la gran pila de ropa sucia que yacía alrededor de la canasta. Ella sabía que era hora de visitar la lavandería.

Se puso de pie y se vistió con un par de jeans azules, sus sandalias y una camiseta floral. Puso toda la ropa que cabía en un carrito de dos ruedas y recogió su libro, lo colocó dentro de su bolso y se fue. Cuando salió del complejo de apartamentos, pudo sentir el cálido sol de verano calentando su piel pálida y clara. Los árboles tenían hojas con su gran color verde y las flores brillaban hermosamente. Los automóviles y las personas que pasaban también disfrutaban del clima; una rareza, ya que los días de verano en Nueva York tienden a ser húmedos y horriblemente pegajosos.

Rebeca finalmente llegó a la lavandería y al entrar se dio cuenta de que no estaba tan lleno como otros días. Pudo encontrar una lavadora y cargar su ropa en ella. Colocó el jabón y el suavizante en los compartimentos en la parte superior, cerró la puerta redonda de vidrio, colocó su tarjeta prepaga para establecer el ciclo, y una vez que la lavadora comenzó a moverse, era solo cuestión de tiempo hasta que hubiera completado el lavado completo.

Rebeca encontró el lugar perfecto para sentarse, que estaba justo en frente de la lavadora. Era una fila llena de asientos vacíos alineados junto a la enorme ventana de vidrio que mostraba a la animada calle. Miró el reloj que marcaba las 10:25 de la mañana y supo que el ciclo solo duraba treinta minutos de lavado y otros treinta para el secado. Sacó su libro para continuar leyendo dónde se había quedado la noche anterior.

Capítulo 2

Las sorpresas del destino

"El destino es como un restaurante extraño e impopular lleno de pequeños camareros extraños

que traen cosas que nunca pediste y que no siempre te gustan.”

- Lemony Snicket -

Bajó el libro y comenzó a pensar en todas las cosas que le habían sucedido durante su infancia que parecían que el destino estaba trabajando a su favor por todo lo que hacía era tan fácil. Fue como ver un espectáculo de ballet en el que cada movimiento estaba perfectamente coreografiado pero se sentía tan natural. Cerró el libro y reflexionó más con los ojos cerrados y en su imagen mental pudo ver la alegría que disfrutaba mientras crecía en su pueblo natal y la vegetación interminable. También imaginó todos los avances en la ciencia y cómo todas las teorías de matemáticos, físicos y el avance de la medicina han ayudado a la humanidad a superar muchas dificultades para convertirse en una sociedad más justa.

Mientras continuaba a la deriva en sus pensamientos, fue interrumpida por un golpecito en su hombro. Abrió los ojos lentamente cuando regresaba de su viaje mental y vio a un anciano agitando su mano de arriba abajo. Estaba vestido con jeans de color índigo oscuro, una camisa a cuadros de color blanco, azul claro y pequeñas rayas de color naranja. Su cabeza estaba cubierta de cabello blanco, sus ojos eran de un color azul intenso, su cara era alegre y sus mejillas sonrosadas como las de Santa Claus y tenía un cuerpo robusto para su edad.

Ella parecía perpleja y le sonrió,

—¿Puedo ayudarle?

—Perdón por molestarla, jovencita, pero quiero preguntar si alguien estaba sentado aquí. Parece que han llegado más personas esta mañana y se han ocupado los otros asientos y necesito un lugar para descansar ya que mis rodillas ya no son tan fuertes —respondió el hombre.

—¡Oh sí! Por supuesto, puedes sentarte aquí. Es extraño que nadie se haya sentado aquí —dijo mientras miraba alrededor de la lavandería y se dio cuenta de que se había llenado mucho en los pocos minutos en que se había dejado llevar por el pensamiento. El hombre le dio las gracias y se sentó a su lado.

—¿Vienes aquí a menudo? —preguntó.

—Sí, todos los sábados. La ropa se ensucia muy fácilmente aquí en la ciudad —respondió ella.

—¡Claro que si! Pero ese es un pequeño precio que pagamos por querer vivir aquí. ¡Oh! Lamento mi mala educación, mi nombre es Alaric —dijo mientras extendía su mano para estrechar la de ella.

—Encantada de conocerte Alaric y no lo lamentes —dijo ella.

Alaric notó el libro en su regazo y leyó el título en voz alta.

—Destino.

Se produjo un momento de silencio mientras miraba el libro y ella le pregunta,

—¿Has leído este libro?

—No, pero suena interesante por el título de la misma. ¿Es bueno? —respondió el hombre.

—Comencé a leerlo ayer y el primer capítulo, como sabe, siempre es la introducción del tema y el diseño de la hipótesis.

Él la miró fijamente.

—Eso es cierto. Siempre tienen que atraer a uno al principio para que continúe leyendo. Déjame preguntarte, por lo que has leído hasta ahora, ¿que es el destino?

Ella bajó la mirada y pensó por un momento.

—Bueno, en mi opinión, el destino es un camino determinado por nuestras circunstancias. Un conjunto predeterminado de acciones que seguramente sucederán independientemente de nuestras circunstancias y están más influenciadas por quienes somos.

Él sonrió.

—Bueno, tienes mucho que aprender, pero estás en el camino correcto, querida. Cuando alcanzas mi edad, queda claro que hay muchas cosas que están determinadas por el destino y otras por otras cosas. Solo imagina cómo las cosas que hacemos todos los días cambian la forma en que será nuestro futuro porque las hacemos en función de las cosas que el destino o las circunstancias anteriores nos han dado forma para comportarnos. Por ejemplo, la guerra. La guerra es algo horrible para todos los seres humanos y el mundo porque cambia tanto nuestro futuro que tendemos a olvidar lo que lo causó.

Rebeca lo escuchó atentamente, pero estaba un poco aprensiva al compartir más información, ya que el tema había encendido una pasión en él que la hacía sentir incómoda. Alaric sintió esto.

—Lo siento si me apasiona demasiado este tema, querida, pero si supieras por lo que he pasado en mi vida, lo entenderías.

Ella lo miró fijamente pero no respondió. Podía sentir la tensión aumentar dentro de él y esto se manifestaba claramente en la forma en que él la miraba y esto la hacía sentir más incómoda.

—¿Está todo bien? —ella preguntó.

Alaric bajó la mirada al suelo durante unos segundos y luego volvió a mirarla a los ojos. —No, Rebeca. Nada está bien Necesitamos tu ayuda.

Los ojos de Rebeca se abrieron ampliamente ante el sonido de su nombre saliendo de la boca de él porque no se lo había compartido.

—¿Como sabes mi nombre? —ella preguntó.

—Hay muchas cosas que no entenderás si las comparto contigo Rebeca, pero una cosa es cierta, el proyecto en el que estás trabajando actualmente en Sequoia dará sus frutos y serás muy influyente en el desarrollo de más tecnología que mejora la vida de muchos. Pero esa no es la razón por la que estoy aquí. Gracias a la tecnología que ustedes crearon, pudimos desarrollar máquinas que pueden ayudarnos a viajar en el tiempo —.

Hizo una pausa y miró directamente a Rebeca, cuyo rostro estaba perplejo y sorprendido.

—No tengo palabras para lo que me acabas de decir, Alaric —dijo mientras trataba de recordar sus pensamientos y luego cuestionó sus motivos—. Esto debe ser una broma. Estás inventando todo esto. Probablemente eres de otro laboratorio o de un gobierno que desean obtener información del proyecto.

—Sé que tienes todas estas teorías en tu cabeza, Rebeca, pero no vengo de otro laboratorio ni trabajo para un gobierno extraño. Estoy aquí porque quiero ayudar a mi gente, quien está luchando una guerra que, si no lo superamos, será el paso final del fin de la humanidad.

Mientras decía esto, metió la mano en el bolsillo de sus jeans y sacó un pieza del tamaño de un teléfono celular. Tenía un color de metal blanco y en los bordes, parece que se había arrancado de la fuente original. También se nota que está hecho con diferentes materiales, especialmente fibra de vidrio. Alaric dio volteo la pieza y Rebeca se quedó sin aliento.

En la pieza, podía ver parte del logotipo del laboratorio y algo escrito al lado: Cápsula de prolongación celular. La pieza también mostró partes que se habían quemado, lo que indica que fue arruinado por una exposición.

—Sé que esto es extraño para ti, pero esta es la única prueba que tengo que puedo proporcionar —dijo finalmente Alaric.

Rebeca miró atentamente la pieza y los brillantes ojos azules de Alaric, que estaba sentado a su lado en una lavandería en Queens, que también tiene una pieza quemada y destruida del proyecto en el que ha estado trabajando durante años. Cerró los ojos y escuchó atentamente los latidos de su corazón que parecían dividirse en dos. Un lado la hacía no creer nada de lo que este hombre decía y el otro hacía que su curiosidad incrementara con la motivación de querer saber más.

Finalmente habló.

—¿Cómo puedo ser de alguna ayuda? Quiero decir, si lo que dices es cierto, que eres del futuro y que has desarrollado una tecnología más avanzada, no veo dónde encajo en la ecuación.

Alaric sonrió.

—Mi querida Rebeca, tienes un papel muy importante que desempeñar en este escenario de lo que piensas, pero necesitamos salir de aquí antes de que pueda explicarte más —se levantó y la agarró del brazo con tanta fuerza que la lastimó. Ella retiró el brazo de su mano y gritó en voz alta.

—¡Suéltame, me duele!

Ante esto, ella también se puso de pie a unos metros de él, pudo ver que la tensión se había acumulado y se manifestaba en la severidad de su rostro. Ya no tenía esa mirada jovial que le presentó por primera vez a Rebeca y al darse cuenta de esto, ella ya no confiaba en él.

—No ire contigo a ninguna parte. Claramente no entiendo tus intenciones y ser ingenua por dejarme confiar en ti. Sea quien seas o de donde sea que vengas, no quiero participar en nada de eso —dijo Rebeca y notó que el resto de los clientes de la lavandería los miraban. Nadie dijo nada y todo el sonido que se estaba creando era por las lavadoras que revolvían la ropa dentro de sus cámaras.

En este mismo momento, dos hombres se acercaron a Rebeca.

—¿Te está molestando? —uno de ellos preguntó.

—Déjala en paz viejo o te destrozaremos el culo aquí —dijo el otro que era más alto y musculoso.

Alaric miró directamente a Rebeca y sonrió.

—Muy bien caballeros, no es necesario usar la fuerza. Me estaba yendo. En cuanto a ti, mi querida Rebeca, sabía que no ibas a ser de ninguna ayuda, pero no te preocupes. Nos veremos de nuevo.

Dio la espalda y comenzó a caminar hacia la salida.

Rebeca lanzó un gran suspiro y sintió que la tensión abandonaba su cuerpo. Agradeció a los dos hombres que la habían ayudado y todos comenzaron a susurrar sobre lo ocurrido mientras regresaban a sus asuntos. Rebeca se sentó de nuevo y recogió el libro y al lado estaba el trozo de la cápsula que Alaric le había mostrado. También recogió la pieza y al hacerlo, una corriente fría corrió por su columna vertebral. Puso la pieza en su bolso y vio el título de su libro: Destino. Ella sonrió y siguió mirándolo cuando el sonido de una campana rompió su concentración, era el final del ciclo de lavado.

Por lo general, tomaba un carrito de la lavandería para llevar su ropa a la secadora, pero debido a las circunstancias de hoy, se saltará la secadora y la colgará en su departamento para que se seque. Todo lo que quería era salir de allí y regresar a su espacio seguro para recoger sus pensamientos y comunicarse con sus colegas para informarles sobre lo que acaba de suceder. Agarró su carrito de dos ruedas, abrió la puerta de la lavadora y la colocó entre ella y la máquina. Extendió su brazo dentro de la lavadora para agarrar su ropa y solo pudo sentir el cálido metal. Estaba perpleja por el sentimiento y miró dentro, su ropa ya no estaba allí.

Ella sacudió la cabeza para volver a sus sentidos de que esto debía ser una broma, pero no lo era. Ella decidió meter la cabeza en la máquina ya que quizás había un agujero. Cuando su cabeza estaba a medias de la puerta de la lavadora, sintió una enorme fuerza de aire que la absorbió. Rebeca intentó sacar la cabeza, pero a medida que lo hacía, se hizo más fuerte hasta el punto de sentir que su cuerpo levitaba y luego se introdujo por completo.

Todo esto sucedió tan rápido que no se dio cuenta de lo que acababa de ocurrir y solo sintió que su cuerpo caía en una cámara blanca. Todo estaba cubierto de blanco y esto cegó parcialmente sus ojos ya que la luz proveniente del techo se reflejaba en las paredes.

Sus ojos se normalizaron y estaban en estado de shock porque no sabía si era una habitación o si estaba en una extensión de terreno cubierto de blanco.

—¿Qué es este lugar? ¿qué acaba de suceder? —susurró mientras miraba alrededor de la cámara.

Rebeca pensó automáticamente que Alaric le había tendido una trampa y que él no se detendría ante nada. Ella comenzó a creer cada palabra que él le había dicho.

—¡Alaric! Sé que esto es cosa tuya y que me has secuestrado por la fuerza. ¡Muéstrate y dime qué es lo que quieres de mí! —gritó y escucho su voz crear eco al rebotar por todas las paredes. Un ligero sonido chirriante de un altavoz entrando en línea comenzó a llenar la habitación.

—Bienvenida Rebeca —la voz tranquila de Alaric sonó desde el dispositivo y continuó—. Quiero disculparme por haberte secuestrado, pero no había otra manera. Además, no quería que me rompieran la nariz esos hombres formidables que se acercaron para ayudarte. No me rebajo a tales estándares.

—¡¿Dónde estoy?! —exigió.

Ante esto, un leve ruido suave resonó en la cámara y, a unos pocos metros por encima de ella, la pared se partió por la mitad cuando dos persianas metálicas se deslizaban paralelas a cada lado. Crearon un rectángulo que estaba cubierto por una ventana de vidrio y detrás de ella, pudo distinguir la figura alta, formidable y la cara de Alaric. Estaba vestido de manera diferente, tenía un uniforme gris oscuro y en su pecho izquierdo podía distinguir el brillo de muchos metales que colgaban. Es un oficial de alto rango o general de algún tipo de ejército. Esto hizo que Rebeca se sintiera aliviada ya que estaba en lo correcto con sus deducciones de él cuando estaban en la lavandería, pero sabiendo esto, de ninguna manera la ayudaría a salir de esa cámara blanca. Levantó la vista una vez más hacia él y notó que su vista estaba fija en ella sin ninguna compasión y con una leve sonrisa.

—No hay que preocuparse en dónde te encuentras Rebeca, tu tiempo aquí sería muy breve.

Él continuó.

—Mi querida Rebeca, recuerda que mencioné que ibas a desempeñar un papel muy importante en nuestro futuro.

—¡Basta de ambigüedades! Dime exactamente lo que quieres de mí —gritó Rebeca.

Alaric sonrió y lanzó un gran suspiro.

—Muy bien Rebeca. Como no somos salvajes, al menos necesitas saber la verdad. Estás en nuestra sede principal en el mundo que ha sido creado por nuestra sociedad gracias a la tecnología que tú y algunos de tus colegas desarrollaron en el laboratorio. En otras palabras, estamos en el futuro. El año en que vivimos es dos mil doscientos setenta y ocho y lo creas o no, todavía estamos en guerra unos contra otros, pero esta vez fue causado por un ser desafortunado.

Hizo una pausa y la sonrisa en su rostro se convirtió en una persona seria y letal. Mientras Rebeca estaba tratando de colocar todas las piezas en su mente de lo que acababa de decir, también quería entender todo lo que habían trabajado en ese laboratorio y saber qué tecnología podría haber desarrollado esta gente.

—Sé que estás calculando todo lo que te acabo de mencionar y déjame ahorrarte tiempo y energía. Sabemos todo sobre ti y tu grupo en el laboratorio. Como te informé, la cápsula para alargar la vida se convirtió en un éxito y solo unas pocas personas pudieron usarla según lo ordenado por el ejército de los EE. UU. Unos años más tarde, solicitaron que voluntarios se encapsularán y se despertarán hasta el año dos mil doscientos setenta. Tu estabas entre esos voluntarios, a la edad de cuarenta y siete años. Doscientos veinte años después, todos los voluntarios son despertados y se sorprenden de los avances tecnológicos y de lo que hemos hecho a este planeta para su preservación. Aprendimos todo sobre tu vida desde pequeños y la fecha en que ibas a despertar para estar preparados y estar atentos a que ibas a cambiar. A medida que pasaron los días, exploraste este mundo e intentas regresar a tu pueblo natal de Stephenson, Michigan, el cual ya no existe debido a las grandes inundaciones. En ese viaje comienzas a descubrir que no todo es color de rosa y progresivo como pensabas. La pobreza, el hambre y la desigualdad son más rampantes y solo unos pocos tienen control sobre esos recursos preciosos. La guerra en la que nos encontramos en este momento es causada por un levantamiento que ayudaste a desarrollar para ayudar a los más necesitados, pero no ofrecen nada a nuestra sociedad. Han pasado ocho años desde que te has despertado y en ese tiempo hemos sufrido mucho. El gran líder me encargó una misión para retroceder en el tiempo, capturarte y destruirte. Te informo que estamos solo a la mitad de esta misión para traer paz a nuestro mundo —concluyó Alaric.

Esto no tenía ningún sentido para Rebeca y pensó que era otro juego mental creado para controlarla. De cualquier manera, ella pensó profundamente y jugó con la información que él le dio. La ansiedad comenzó cuando ella supo que este hombre tenía la intención de matarla y que no iba a detenerse. No había forma de que ella escapara y la negociación ni siquiera se presentó como una opción para su liberación. Ella continuó pensando durante unos segundos hasta que finalmente dijo:

—¿Puedo preguntarte si nos hemos conocido personalmente después de haber despertado?

La cara severa de Alaric cambió a un estado más relajado y sonrió.

—Sí. Anteriormente te había capturado en medio del viejo Amazonas. Estabas atada pero tranquila.

—¿Te dije algo? —ella preguntó.

Alaric quedó perplejo por esta pregunta y pensó durante unos segundos.

—Sí, lo hiciste. Dijiste, "El destino es como un restaurante extraño e impopular lleno de pequeños camareros que traen cosas que nunca pediste y que no siempre te gustan". Luego, tu pelotón te salvó y nos tendió una emboscada. Lo tenías todo planeado.

Rebeca sonrió y soltó una carcajada, ya que era la cita que había leído en el libro cuando estaba en la lavandería. Ahora todo tenía sentido para ella, su destino, los cambios en el mundo, la guerra. Ella había entendido que su muerte terminaría con todas estas cosas y nada de esto sucedería. Es solo una imaginación. Todo está claro para ella ahora.

Verla ser tan jovial ante el pensamiento inmediato de la muerte molestó a Alaric. Sintió que ella se estaba burlando de él y miró directamente a Rebeca. Ella captó la sensación de su vista y dijo:

—¡¿Qué estás esperando?! Termina tu misión. No te preocupes por lo que sucederá en el futuro, nada de esto habría existido.

Él sonrió pero su avaricia de querer vengarse de ella no le permitió a su cerebro pensar con claridad lo que ella ya había descifrado. Miró a su costado y con un movimiento de cabeza dio la orden.

Desde el techo de la cámara comenzó a descender un gas amarillo, Rebeca lo miró con una gran sonrisa y después de unos segundos, desapareció al estar cubierta de este mismo gas. Alaric no se movió de su posición y esperó a que el gas hiciera su trabajo. Una vez que comenzó a disiparse, se horrorizó al ver que el cuerpo de Rebeca ya no estaba en la cámara. Su cerebro entró en hiperimpulsión tratando de conectar todos los puntos y entender lo que acababa de suceder cuando de repente lo golpeó.

—Ella ha ganado la guerra.

April 28, 2020, 8:53 p.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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Paul Larios Just living life and writing about it. | Solo viviendo la vida y escribiendo sobre ella. | Einfach leben und darüber schreiben.

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