lakesis Vladian Enyo

Violette Von'Hölle se verá obligada a explorar aquella parte de su vida que siempre deseo renegar, rendida a colaborar con la extraña familia de su madre muerta, entenderá que a pesar de tener la sangre, no siempre es fácil ser aquello a lo que estás destinado.


Paranormal Not for children under 13.

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Flashback N°1

Cada vez que el calendario marcaba un día martes los mellizos Von’Hölle debían levantarse una hora antes que los demás niños, eran arreglados con prendas incómodas, un poco de color para las mejillas de Violette, mientras el cabello de Hayden se veía rígido y brillante. El orfanato era envuelto por una oscuridad que trataba de ser alejada con velas amarillentas, gastadas y gruesas que se encontraban afirmadas en platos de bronce antiguo, todo ello le brindaba un aire tétrico al lugar, cultivo perfecto para que los pequeños creasen historias de terror sin fundamento, o esparcieran rumores sólo por diversión, entre uno de ellos se decía que la pequeña Vio nació sin alma, por ello su cabello carecía de color.


La rutina del viaje era simple, la Señora Marraz, encargada de la casa de acogida, les llevaba hasta la entrada del lugar, atravesando los campos de verduras que los niños plantaban en verano, luego de ellos, el par era entregado a un chofer que tenía como único trabajo conducir hasta la casa de su abuela materna, un lugar que desprendía un aroma a sal y rosas, mala combinación cuando aún no has probado el primer bocado del día.


Ella les esperaba con entusiasmo, indiferente a la llegada de los otros invitados de cada martes, los abuelos paternos de los niños, que por asuntos netamente burocráticos y legales no tenían la autorización de sacar al par del pueblo para llevarles hasta su propio hogar. La jornada comenzaba con un desayuno repleto de confites que parecían extrañamente ostentosos y poco apetecibles sólo al verlos, sus estómagos, acostumbrados a la avena color lechoso y gris, no soportaban la dulzura de los pasteles que su familia materna preparaba con tanto amor.

Las familias Von’Hölle y Benectus, principales sostenedores de Predestigian, aún no lograban reclamar la custodia de los gemelos, las razones eran confusas hasta para ellos mismos, pero en gran parte involucraban documentos legales hechos por sus padres antes de morir, que indicaban, sin dejar lugar a dudas, que las actitudes de sus familias no eran las adecuadas para la crianza de cualquier niño, eso, sumado a la misteriosa muerte de la pareja, transformaba una pequeña tuición legal, en una guerra con las autoridades. Absolutamente todos estaban bajo tela de sospecha, los niños, únicos testigos de la muerte de sus progenitores, confesaron no recordar absolutamente nada.


Hayden tomó una pieza de pan que acercó a su boca, pero antes de dar un bocado su abuelo, Aleister, aclaró su garganta, a juzgar por la expresión que traía, al parecer tenía algo importante que comunicar, comenzó con un pequeño discurso sobre lo importante que su hijo, Vincent, padre de los mellizos, había sido para él, finalizando al sacar una caja larga y delgada, de la que extrajo una daga de color azul oscuro, con empuñadura negra y plateada, la que le tendió al niño de ocho años como regalo, por el cumpleaños de él que sólo sería en dos días.


Lejos de demostrar aquella emoción que se esperaba, sólo la tomó dejándola sobre la mesa, olvidada junto a la muñeca de trapo que su hermana llevaba a todas partes, Violette golpeó sus costillas con su codo por debajo de la mesa, lo que dio como resultado un ‘gracias’ bastante desanimado de boca del pequeño. La primera comida del día finalizó, y los niños tuvieron el permiso de ir a jugar detrás, en el patio que colindaba con el bosque de Bloolaek, aquellos momentos de juego y entretención eran lo único que les animaba a estar allí, en el orfanato no se les permitía salir, ni siquiera cuando el sol resplandecía en el cielo.


—Ellos no son como Margaret y Vincent.


Aleister apoyó su espalda al marco de la puerta, mientras veía a Lenore lavar los platos con la ayuda de su hija Angelique, la aludida se detuvo, dejándole lo que restaba a la chica de cabellos oscuros, secó sus manos con el delantal amarrado a su cintura, mientras una ceja alzada dejaba ver cierta confusión.


— No sé a lo que te refieres, son niños, no se trata zapatos caros o de un reloj , no puedes sólo cambiarlos si no te gustan.


Relamió sus labios, mientras deshacía la coleta que mantenía su cabello levantado.


— No es eso a lo que me refiero y lo sabes, ellos, podrían tener algo de lo que asesinó a tu hija, bien sabes que nadie nunca vio a Margaret embarazada, ¿Qué si esas estúpidas advertencias en los testamentos eran para protegernos a nosotros, y no a ellos? Acabas de ver, con tus propios ojos la actitud del chico cuando le entregué la daga, he visto más entusiasmo en Frederick cuando debe acompañar a su hermana de compras a la ciudad, se supone que se parezcan en algo a ellos, por mínimo que sea.


Se voltearon, notando que por el ventanal, Hayden junto a Violette les miraban fijamente, como si a pesar de la distancia, pudieran escuchar lo que él le decía a su vieja amiga, pero pronto volvieron a sus juegos. La daga, tan impersonal como la sentía el niño, pesaba más de lo que su delgada figura aparentaba, se sentó junto a un árbol, destrozando la corteza con la punta mientras su hermana correteaba alrededor con un gato blanco que pertenecía a su tía Angel, el pequeño felino se ocultaba tras los pequeños arbustos, dejando su pelaje a tonos verdosos y amarillos. Sintió que el objeto le habló, y lo soltó lastimándose la pierna, dejó escapar un quejido que su melliza pareció no escuchar, concentrada en acariciar la pancita del animal.


La pescó, nuevamente, con su mano derecha, mirándola con un poco más de interés, notó una inscripción con iniciales, y una mancha negra en la parte más baja, se acercó a su compañera, deseaba comentarle aquella curiosa experiencia. Llamó su atención, la mascota de inmediato corrió dentro de la casa, tenía sus palabras pensadas, pero pronto su cabeza comenzó a doler, al punto que se encogió un tanto, cerro sus ojos con fuerza, y asimilo la experiencia a golpearse con un pilar de madera mientras corría, un golpe que detenía de golpe la adrenalina, dejando el corazón desbocado en latidos, sintió dormirse, y en medio de sus sueños, sintió una humedad correr por sus dedos, pestañeó retrocediendo ante la inherente amenaza que el color borgoña representó, Violette pegó un grito que alertó a todos, buscó al culpable, notando que él había sido el único a quien culpar, la daga estaba enterrada en el hombro de su hermana, dejando ver una herida horrenda, la carne abierta hacia abajo.


El rostro de la niña se tornó pálido, su brazo parecía bombear aquello que alguna vez le dio el color rosado a la nariz fría de Vio, la vio languidecer y tomó con cierta desesperación, los adultos aparecieron al momento que él sacaba la daga, su estómago sintió revolverse por la imagen y el aroma, convencido de que si no se alejaba vomitaría sobre aquel río de sangre. Su abuelo pronto lo sacó del camino, tapándole los ojos para que no siguiera presenciando aquello, pero la obligatoria ceguera no servía de nada, los vellos de su cuerpo estaban en puntas, escuchaba el agónico reclamo de su hermana, el que comenzó a alejarse de a poco.

Al momento que se le permitió ver, ella no estaba allí, en su lugar una mancha de sangre se ocultaba entre la tierra húmeda y oscura.

April 15, 2020, 2:15 a.m. 0 Report Embed Follow story
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