rogerarmando_ Roger Armando

Un sueño y una promesa harán de su vida un camino para buscar lo que una vez le fue negado. Historia escrita a dúo con mi querido Oscar Salazar.


Drama All public.

#EscrituraADuo #RogerArmando #OscarSalazar #ConectandoAlAlma #quimera #aventura #Dramas
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Soy una balsa a la deriva, algo así como un timón sin rumbo. Mi hogar es pasajero, tan inestable e impredecible como la marea. Yo no soy de nadie más que del viento, viento que me lleva a lo desconocido, que me arrastra por el mundo, nunca se detiene ni da marcha atrás. He pasado por cientos de lugares, conocido a millones de personas, pero todo eso es tan efímero que me hace recordar a mi viejo reloj de arena, ese que siempre llevo conmigo y hace que rememore mi verdadero hogar.


En mi niñez, no recuerdo haber tenido padres. Pasé por algunos orfanatos, de ellos me corrían por ser algo, según yo, incomprendido. Mi motivación para salir al mundo fue su búsqueda y una promesa. Como cualquier niño tenía curiosidad de todo, quería los por qué y los cómo, pero sobre todo quería los dónde, me atraía tanto lo que el mundo tenía para ofrecer. Y en mi objetivo, se anexaba la intensión de satisfacer mi curiosidad viendo al mundo tan de cerca como sea posible.


Todo comenzó una mañana en una pequeña casa de la ciudad de Florencia. Ese día me desperté temprano, faltaban unas semanas para mi cumpleaños número 12. Parecía ser otro día común: levantarme, ver clases de inglés, matemáticas y literatura con las hermanas del orfanato, una siesta después de comer, salir al parque a compartir con los otros niños huérfanos y de nuevo a la cama, todo muy rutinario. Esa noche tuve un sueño muy peculiar, era un piloto de avión, el mejor de todos, con los honores más altos, rompía las nubes y galopaba en los cielos recorriendo el mundo entero y pintando banderas en la cola por cada destino visitado. Justo cuando sobrevolaba más allá de la última nube, mi compañera, Olivia, una niña albina contemporánea conmigo me despertó desesperada y derrochando alegría, se corría el rumor que una joven pareja venían por mí. En lo particular, no me emocionaba mucho la noticia, ya que sabía que no eran mis verdaderos padres, pero era una oportunidad de poder salir de ese hogar temporal, que aunque era acogedor solía ser aterrador en las noches lluviosas.


Antes del atardecer ya me encontraba con Marcello y Nadia Baggio, los que serían a partir de ahora mis nuevos padres. Su casa era enorme, nada comparado a mi pequeña habitación compartida en el orfanato. Suelos de madera pulida, muebles acolchados, cortinas de seda y una decoración muy sofisticada. Pero lo que más llamó mi atención fue una ventana en la sala de estar, tenía una vista maravillosa de la ciudad, desde que la vi supe que ese sería mi lugar favorito. Marcello y Nadia fueron sumamente amables y cariños, me llenaron de juguetes y ropa nueva e hicieron un banquete para la cena, estaba sorprendido, nunca había sido tratado así, aunque seguía sintiéndome ajeno a ellos. Era un sentimiento extraño, en ese momento lo tenía todo, literalmente, pero sentía un vacío de igual manera, algo incomprensible puesto que muchos desearían siquiera una cuarta parte de lo que ellos me estaban dando. Después de la cena, donde comí hasta más no poder, Marcello y Nadia me llevaron a mi nueva alcoba, aunque me habían dado un recorrido por la casa, quisieron esperar la hora de dormir para mostrármela, por sus expresiones parecían aguardar una grata sorpresa. Me acompañaron hasta la entrada, me extrañó ver ciertos detalles antes de entrar, la manija estaba colocada más abajo de lo normal, y justo en medio de la puerta, estaban unas letras cubiertas con lo que me parecía pintura fresca, si mi olfato no me fallaba. Aunque se sentía tenso el ambiente me animé a entrar por mi propia cuenta, ya que ellos parecían algo ansiosos y temerosos. Mi nueva alcoba era un lugar de ensueños, parecía un cuarto de juegos y como todo en la casa, esta era muy espaciosa, sin embargo no había ventanas ni aperturas. No quise husmear más, había sido suficiente para un solo día y como gesto de agradecimiento salió de mi un abrazo para mis nuevos padres. Me abrigaron, me dijeron cientos de veces cuanto me quería y por último… me dieron un beso de buenas noches en la frente, no sabía qué significaba, nunca nadie lo había hecho pero se sentía bien, me sentía seguro, más confiado y sin miedos, me despedí y anhelaba volver a aquel sueño donde yo era el rey de los cielos.


April 28, 2020, 7:07 p.m. 0 Report Embed Follow story
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