alex-cayo1584632327 Alex Cayo

¿Cuanto tiempo crees que tarde una persona en enamorarse? Para Nicolas las coincidencias no parecian nada del otro mundo. Pero no sabia cuantas de ellas eran capaces de afectarle. De camino a la biblioteca se daria cuenta que, en efecto, las coincidencias pueden llegar a ser preciosas.


Romance Young Adult Romance All public.

#romance #cuentocorto #microrelatos #quedateencasa
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El comienzo del final

Nicolas no lo sabía, pero su fin de semana no se asemejaría a los que tuvo anteriormente. Y consecuentemente, los siguientes fines de semana serian igual de singulares para él.

Hasta la mañana del sábado, él no tenia nada planeado para todo el día. Lo único que le apetecía era terminar una serie que había comenzado la noche anterior. Pero por cosas del destino, o “simples coincidencias” como le gustaba decir, este sábado tenia que devolver un libro en la biblioteca pública. Ya que se debe compensar con cincuenta centavos adicionales cada día que conserves un libro que ya caduco, Nicolas no tuvo más opción que salir de casa y comenzar una caminata de media hora hacia la biblioteca. A pesar de que las señoras de allí ya lo conocían por ser un cliente frecuente, este no se quería aprovechar de eso y deber dinero por entregar tarde un libro. Además, nunca había entregado nada tarde, por lo que tampoco quería romper su racha.

Luego de tantos años yendo a la misma biblioteca, él ya había elaborado un recorrido exclusivo para llegar con rapidez hasta allí. Aunque también tenía otro camino un tanto más largo, solo por si se quería tomar su tiempo escuchando su play list favorita mientras caminaba. La noche anterior había encontrado nuevas canciones de su agrado, y como eran demasiadas decidió escucharlas de nuevo yendo por el camino largo. Lo único que le gustaba acerca de ese camino era el banco que se encontraba a un lado de este. Un banco rodeado de árboles lo cual le proporcionaba una sombra agradable, y para mejorar el ambiente, el camino era poco concurrido por los vehículos, por lo que era un lugar bastante cómodo careciente de ruidos molestos.

Todavía no era medio día, y aun le quedaban diez minutos de caminata, por lo que al llegar al banco decidió sentarse y descansar por unos minutos antes de seguir. No se había dado cuenta hasta unos dos minutos después de que se sentó, que debajo de el se encontraba un gato negro.

-Pss, psss… Hey - le susurraba, tratando de llamar la atención del gato.

Sorprendentemente este le hizo caso y se sentó en el banco junto a él. El pequeño felino no oponía resistencia cuando Nicolas trataba de acariciarlo, de ser un gato de la calle, parecía ser bastante sumiso y agradable.

- ¿Estás solo? ¿Qué hace un pequeño espécimen como vos en un lugar tan plácido como este? Bueno, en realidad puedo entender que haces aquí. Seria un pecado no aprovechar un lugar así -continuaba, como si el minino fuera capaz de entenderlo. Lo único que recibía de vuelta eran leves maullidos y ronroneos.

-No veo que tengas collar, ¿es posible que vivas por acá? Bueno qué más da.

Mientras cambiaba de canciones, el gato se acomodaba en el banco, como si estuviese listo para tomar su siesta. Nicolas había perdido la noción del tiempo, por lo que se levantó y decidió seguir su camino.

-Fue un placer gato. Espero volver a verte cuando regrese por acá.

Una vez en la biblioteca, libro entregado y libre de deudas, se puso en búsqueda de otro libro que leer. La biblioteca no era inmensa, pero tenia libros de buena calidad. Al menos los de misterio y romance no lo decepcionaban, lo cual hacia que vuelva frecuentemente a ese lugar. Mientras se acercaba a la sección de romance alcanzo a leer un letrero anunciando un nuevo libro, “¿Sabías que solo toma cuarenta segundos enamorarse de alguien?” Era una publicidad llamativa para un libro, podías leer el prologo en esos segundos y saber si el libro te atraía, muy inteligente estrategia de marketing. Mientras él se acercaba para echarle un vistazo, alguien más había pensado lo mismo y se acercaba al mismo libro con intención de tomarlo. Los audífonos reproduciendo las canciones de la noche anterior impidieron que él se percate de que tan solo a dos metros de distancia había una chica esperando que él se dé cuenta de su presencia.

-Emm… ¿te vas a llevar el libro? -le decía la chica tocándole el hombro, temerosa, como si el fuese a golpearla por el simple hecho de acercársele.

-Oh, hola, emm… No, bueno no sé, aún no he leído el prólogo, pero parecía interesante. Probablemente lo saque, ¿también querías leerlo?

-Sí, había estado esperando a que el libro aparezca aquí. La autora que lo escribió es una de mis favoritas, he leído la mayoría de sus libros -proseguía la chica. El entusiasmo que se reflejaba en sus ojos color café aseguraba su alegría al ver el libro-. Me encanta su estilo, y cuando leí que sacaría un libro nuevo estuve esperando ansiosa viniendo cada día a la biblioteca para ser la primera en sacarlo.

Nicolas se preguntaba si era cierto sobre los cuarenta segundos que toma enamorarse de alguien. ¿Era solo publicidad? O tal vez era un presagio. La chica de pelo corto solo se le quedaba viendo, esperando alguna respuesta. A pesar de lo confundida que se veía esta, parecía estarle sonriendo. ¿En verdad toma tan poco tiempo enamorarse de alguien? No lo sabía, pero hubiera estado dispuesto a descubrirlo.

-Parece ser que nadie ha sacado el libro aún. Seguro llegó hace poco. Te doy el honor de ser la primera en sacarlo -le dijo mientras le alcanzaba el libro. La felicidad se desbordaba por todos lados de aquella chica.

- ¡Gracias, gracias, gracias! Te prometo que la siguiente semana lo devolveré, ¿te parece si nos volvemos a ver? Así te lo paso directamente para que nadie mas lo saque y tengas que esperar más tiempo.

-Claro, de todos modos tengo que volver la siguiente semana, creo que tengo un par de libros que vencen ese día.

-He visto que te gusta leer novelas de misterio, ¿Tenes algún autor favorito?

-No realmente, solo tomo novelas que me parecen interesantes, ni me fijo en el nombre del autor… ¿Dijiste que me has visto? -preguntó él con un tono un tanto sorpresivo y misterioso.

-Bueno sí… Y no, paso seguido por acá, y soy una persona muy observadora. Por lo que más o menos conozco los rostros que veo frecuentemente -le decía mientras miraba alrededor para ver si reconocía a alguien más-. Por ejemplo, el hombre sentado en aquella esquina siempre lee libros de historia. Cualquiera pensaría que es profesor de historia, pero no.

- ¿Y cómo lo sabes?

-Le pregunte, claro. En realidad, es profesor de matemáticas. Interesante, ¿verdad?

-Supongo. Yo también tengo un buen tiempo viniendo a este lugar, pero nunca había prestado tanta atención a lo que me rodea. Probablemente debería hacerlo más seguido.

-Si lo haces seguro descubrirás muchas cosas… -le decía la chica cubriéndose la boca y hablando en un tono mas misterioso-. O puede que no, ja.

Llevaban hablando un buen rato, y ninguno de los dos se había preguntado quien era la otra persona. Él por lo general no se preocupaba en hacer amistades. Siempre decía que no necesitaba conocer tanta gente, ya que al fin y al cabo solo unos pocos se quedarían con él. Y creía que ya tenia a “esos pocos”, los cuales eran tres tipos a los que había conocido tres años atrás al comenzar la secundaria.

Pero esta vez quiso hacer una excepción, solo por si acaso, quería probar si las coincidencias eran capaces de llevarlo a un lugar nuevo.

-Por cierto, ¿Cómo te llamas?

-No me había presentado, que descortés de mi parte -comentaba ella mientras se volvía a llevar la mano a la boca dejando salir una leve carcajada-. Clarise, mucho gusto.

-Nicolas, igualmente -respondía mientras intentaba dejar ver una leve sonrisa para tratar de parecer más agradable.

Al cabo de unos minutos Clarise ya había sacado el libro y estaba lista para irse. Él, por el otro lado, se encontraba sentado en uno los sofás leyendo otra novela romántica. Mientras pasaba de página en página, ella se le acercaba para despedirse rápidamente.

-Fue un placer, Nico. Y gracias otra vez por lo del libro.

-Claro, no hay problema, que los disfrutes. Solo no me hagas un spoiler el día que me lo pases.

-No te preocupes, no te hare uno. Puede que te haga dos.

-…

-Es broma, eso iría en contra de mis principios.

-Parece ser que compartimos el mismo principio.

-Me pregunto si es lo único -declaró ella mientras metía el libro en su mochila. A pesar de que parecía esconder un poco su rostro, se llego a distinguir una apenas perceptible sonrisa formándose en su rostro-. En fin, nos vemos pronto.

Mientras ella se alejaba, él no podía evitar sentirse intrigado. “¿Y si no hubiese venido a la biblioteca hoy? ¿Y si no me hubiese quedado hablando con el gato? ¿Habría tenido la oportunidad de conocer a Clarise?” Eran preguntas que se habían formado en tan solo un parpadeo dentro de su cabeza.

Caminando de vuelta hacia su casa volvió a pasar por el banco, esperando encontrar al gato. Para su sorpresa, ahí estaba el. Sentado, como si estuviese esperandolo.

-No esperaba volver a verte. Paso algo interesante en la biblioteca -prosiguió mientras se acomodaba al lado del gato-. Conocí a una chica llamada Clarise. Olía bastante rico. Claro que no se lo dije, tal vez la siguiente vez que la vea se lo diga.

El gato solo se limitaba a verlo y bostezar. No le había prestado mucha atención al gato, pero cuando lo hizo, logro distinguir algo diferente en él a la primera vez. Esta vez traía una pequeña pulsera hecha a mano en una de las patas delanteras.

-Me pregunto si también conociste a alguien en mi ausencia. Supongo que incluso un gato como vos puede presenciar interesantes momentos.

Después de acariciar por ultima vez al pequeño felino, se levantó y comenzó a caminar en dirección a su casa.

-Espero verte nuevamente la semana que viene, nos vemos.

Al llegar a casa, lo único que hizo fue seguir pensando en aquella chica.

Al día siguiente Nicolas no planeaba hacer nada nuevamente. Pero antes de ir a desayunar se dio cuenta de que le faltaba uno de sus marcapáginas. Era posible que lo haya olvidado en el libro que regreso el día anterior. Por lo que no tuvo más opción que volver a la biblioteca para recuperarlo.

No iría de no ser porque aquel marcapáginas era muy importante para él, una niña se lo había regalado en una boda a la que él asistió con sus padres cuando tenia tan solo ocho años, para aquel entonces ya se sentía atraído hacia la lectura, aunque solo leyera comics. Mientras jugaba en un pequeño parque que se encontraba pegado a la iglesia conoció a esa niña, la cual Nicolas recuerda como tímida pero amigable una vez que entrabas en confianza con ella. Lo único que permaneció en su memoria fue una breve conversación que tuvo con ella.

- ¿Por qué no juegas con los demás niños? -le había preguntado.

-Es que se burlan de mi pelo largo, dicen que me parezco a Rapunzel, pero más tonta y fea -le había dicho la niña en un tono bajo acercándose al llanto.

-No creo que eso sea cierto. Rapunzel era linda, y mucho más linda cuando se corto el pelo. Seguro que ningún niño volverá a molestarte si te cortas el pelo, te verás bonita así.

-Entonces cuando crezca le diré a mi mami que me corte el pelo para ser como Rapunzel al final de la historia donde se casa con el príncipe.

-Creo que el señor con el que se casa no era un príncipe, pero está bien.

Luego de aquello, la niña saco el marcapáginas de su bolsillo y se lo dio a Nicolas.

-Te lo regalo. Lo encontré en una de las sillas de la iglesia, se veía muy bonito así que se convirtió en mi tesoro -le explicaba la niña -. Cuando sea grande me casare contigo. Pero tienes que mostrarme esto para que reconozca que eres mi príncipe.

Él solo se había limitado a tomar el regalo y guardarlo en su bolsillo.

-Mis papas me están llamando. Nos vemos -le dijo por última vez aquella niña.

-Bueno, nos vemos.

Eran tan inocentes. No sabían que nunca más se volverían a ver. El lugar de la boda quedaba a dos horas de su casa, por lo que era poco probable que aquella chica viviera cerca de donde el vivía.

Desde aquel entonces, Nicolas atesora el marcapáginas con mucho cariño. Aquel había sido un verano divertido para él. A pesar de tener curiosidad sobre lo que había sido de la vida de aquella chica, sabia que las posibilidades de que se vean de nuevo eran prácticamente nulas.

Luego de cambiarse rápidamente, salió con prisa en dirección hacia la biblioteca. Para llegar más rápido pudo haber tomado el camino corto, pero se preguntaba si el gato seguiría en los alrededores. De ser así, pasaría rápidamente solo para saludarlo.

Cuando llego al banco, el gato no estaba. No se preocupo mucho, supuso que estaría dando vueltas en algún otro lugar. Así que siguió caminando.

Una vez que llego se fue directamente hasta la oficina que guardaba los objetos perdidos.

-Disculpe, ¿por casualidad no vio un marcapáginas con diseño de gatitos? Estoy seguro que lo deje en uno de los libros que devolví ayer -le decía a la secretaria mientras miraba alrededor de la habitación.

-Oh Nicolas, supuse que volverías. Claro que lo encontré, siempre que devuelven libros les echo un ojo luego de cerrar la biblioteca. Si vieras las cosas que la gente olvida. Una vez un muchacho dejo una carta de amor dentro de uno. No quise leerlo y violar su privacidad, pero la carta no estaba en un sobre por lo que pude leer un par de fragmentos. Era tan romántico, pero parecía ser una carta de despedida. Pobre criatura.

-Que historia más trágica. Parece sacada de una novela.

-Muchas novelas comienzan como anécdotas trágicas, niño.

- ¿Cree que deba hacer una recordando el día que perdí mi marcapáginas?

La anciana le devolvió el objeto perdido y le sonrió.

-Muchas historias nacen de lo inesperado y poco creíble, ¿o tú qué crees?

-No lo sé, nunca me he planteado escribir novelas. Dudo que sea lo mío. Prefiero leerlas.

-Ay cariño, eres tan gracioso como siempre. Vaya, ten más cuidado con tus tesoros, que no todas las ancianitas somos tan amables. Si vemos algo que nos guste podríamos quedárnoslo.

-Lo tendré en cuenta. Muchas gracias, señorita Victoria.

Antes de salir de la biblioteca, quiso dar un par de vueltas alrededor. Disimulando buscar libros. Aunque en realidad su mirada estaba concentrada en encontrar a Clarise. ¿Cuales serian las posibilidades de que ella tambien se encuentre por ahi? Probablemente muy bajas.

- ¡Buu!

Sorprendido, se asustó llevándose una mano al pecho. No lo había sorprendido el hecho de que Clarise haya intentado asustarlo. Sino el hecho de que la haya encontrado.

-Si no hubiese sido porque tarde en reaccionar, te hubiese golpeado.

-Ey, que agresivo -agrego ella mientras se reía levemente.

-Es broma, soy un ser lleno de afecto.

-Me pregunto que tan cierto es eso -volvió a reírse mientras se alejaba un poco a modo de defensa.

-No esperaba verte por aquí, ¿ya terminaste el libro de ayer?

-Ni yo a ti. Aun no lo termino, sucede que salí a comprar un par de cosas para la cena. Y una cosa llevo a la otra, y acabe pasando por la puerta cuando te vi entrar, así que pensé en saludar.

-Ya veo, interesante historia.

- ¿Y tú qué haces aquí? ¿buscando más libros?

-Olvidé algo así que volví por eso. Era algo importante para mi por lo que no podía dejarlo pasar.

-Oh, interesante historia -comentó en un tono burlón. A lo que Nicolas simplemente sonrió.

-Bueno, yo ya me iba, solo pase a saludar.

-Esta bien. Emm… ¿te veo la semana que viene?

-Te veo la semana que viene.

Luego de su dosis de emoción, se fue decidido en ver al gato.

Al pasar por el banco ahí estaba él. Nuevamente esperando, sentado, como si supiese que Nicolas se aproximaba.

-Ey, te busque antes y no estabas. Me pregunto que tan ocupada es la vida de un gato como vos.

Como de costumbre, el gato solo le respondía con un maullido. En señal de entendimiento.

-Vi a Clarise de nuevo. Esa chica es un tanto interesante, me pregunto como nunca la vi antes.

Mientras seguía hablando y acariciando al gato, el mismo le respondía con ronroneos.

-Sabes, eres bastante interesante para ser un gato, me escuchas sin quejarte y no te alejas de mí a pesar de ser diez veces más grande que vos. Podríamos ser buenos amigos -agrego antes de levantarse-. Bueno, espero volver a verte la semana que viene, gato.

Luego de otros diez minutos de caminata, Nicolas por fin se encontraba en su habitación. Esperando con ansias que la semana pase en un parpadeo.

Como trabajaba después de la escuela, no tenia tiempo para ir a la biblioteca por mucho tiempo. Los días posteriores a aquel fin de semana, apenas se limitaba a ver a través de los grandes ventanales de la biblioteca, con la esperanza de encontrarla dentro buscando libros u observando a la gente. Pero incluso él sabía que era difícil invocarla así como si nada.

El sábado había llegado, y Nicolas ya sabia como invertiría su tiempo ese fin de semana. Luego de desayunar, se cambio con la ropa que más le gustaba, esperando que eso ayude en algo.

Como ya se había hecho costumbre, tomó el camino largo nuevamente. Mientras caminaba se había puesto a reflexionar en lo rápido que algunas personas creaban una costumbre o rutina.

Cuando llego al banco no tardo en darse cuenta de que este ya estaba ocupado. Se quedo parado por unos segundos observando una escena en la cual el gato y Clarise eran los protagonistas. Mientras observaba como ella le cambiaba la pulsera hecha a mano al gato, Nicolas se dio cuenta de algo. El mundo es muy pequeño, y hay mucho espacio para las coincidencias.

-Con que ya conocías al gato. Ya me estaba preguntando de donde fue que consiguió esa pulserita -le decía mientras seguía parado al lado del banco.

-Que susto, ¿no sabes como ser menos brusco a la hora de aparecerte? La ultima vez querías golpearme, y ahora me quieres provocar un infarto -le reclamaba mientras lo miraba con desdén, lo cual a él le parecía un tanto tierno.

Mientras él se acercaba, Clarise le hacia espacio para que se siente en la otra punta del banco, dejando al gato en el medio.

-Por lo visto le agradas a Nino.

- ¿Nino?

-Yep, el gatito. Lo llame Nino. Es como un juego de palabras. Ellos son mininos, ¿verdad? Entonces si rompes esa palabra en dos, quedaría como mi nino. Entonces así fue, se convirtió en mí Nino.

-Ooh, que ingeniosa eres para los nombres.

- ¿Ya ves? -agregó mientras le sonreía.

- ¿Y vos que tienes que decir al respecto, Nino? Guardándome secretos como este -comentó él mientras sacaba una botella de agua de su mochila. A lo que el gato simplemente parecio contestar con un maullido.

-Dice que le agradas, que espera verte más seguido.

-Ahora resulta que también podes hablar con los animales, eres todo un libro lleno de misterios.

-No solo habla por él. Sino también por mí.

- ¿Cómo?

-Por cierto, te tengo el libro. Estuvo bastante lindo. Termina de leerlo y luego tendremos nuestra conversación sobre que parte nos pareció más interesante.

Mientras ella le alcanzaba el libro, sin querer dejo caer un marcapáginas cerca de los pies de Nicolas. A lo que él lo levanto y se lo devolvió, pero sin antes estudiarlo rapudamente.

-Se nota que te gustan los gatos, incluso tu marcapáginas te delata.

-Ey, los marcapáginas con gatitos son los mejores, no los subestimes.

-Ya lo creo, yo también tengo uno. Es el único que uso.

-No sabía que también eres un amante de los gatos. Que sorpresa.

-No lo soy realmente -añadió mientras acariciaba a Nino, como si eso fuese una forma de disculparse ante el-. Sí me gustan, pero el marcapáginas que tengo fue un regalo de cuando era niño.

-La persona que te lo dio debió de tener buen gusto, ¿puedo verlo? -agregó ella mientras inclinaba la cabeza un poco en dirección a la mochila de Nicolas.

-Claro.

Mientras él le alcanzaba el marcapáginas aprovecho para leer parte del libro.

-“¿Sabías que, en promedio, una persona puede tardar hasta cuarenta segundos en enamorarse de alguien?” -citaba de la parte trasera del libro.

- ¿Crees que sea cierto? Ey, Clarise… -agregó mientras veía como una sonrisa notable y hermosa se hacia presente en el ruborizado rostro de Clarise. Incluso sus pequeños labios conservaban una forma tierna al sonreír.

-Con que lo has estado conservando todo este tiempo. En verdad eres increíble.

-A veces decís cosas random que me cuestan entender, ¿eres así siempre?

Tardó unos segundos en entender. ¿Eran esos los cuarenta segundos que él creía que eran?

-Clarise, ¿es esta otra de tus bromas?

-Te dije que nos volveríamos a ver, Nicolas -confesó finalmente. Ojos cristalizados, mejillas cual tomate, y un tono de voz gentil.

En aquel momento él solo pensaba en lo hermosa que se veía, era una belleza capaz de hacer que un dios renuncie a su condición divina.

Ambos se limitaron a mirarse el uno al otro. No había palabra que describiese aquel momento. Esta, sin duda alguna, era una de esas “simples coincidencias”. El maullido de Nino acabo con el momento en el que ambos sentían como sus sentimientos se encontraban en sincronía.

- ¿Queres que vayamos por un helado?

-Hace como diez grados, ¿y quieres ir por un helado? Y yo que creía que era la rara. Acepto.

Mientras ambos se levantaban, Nino lo hizo junto con ellos, pero manteniendose en el banco.

- ¡Hasta luego Nino, no vayas a hacer travesuras! -gritaba ella mientras se alejaban del banco. Nino solo se les quedaba viendo, como si este ya supiese como acabarían las cosas.

-Entonces… ¿Sí crees que una persona tarde tan poco tiempo en enamorarse de alguien?

-No lo sé. Pero podemos averiguarlo. Sabes, sospechaba que eras vos desde un comienzo. La primera vez que te vi lo sentía, sabía que había visto esos anteojos y rostro aburrido en algún lado anteriormente. Pero me daba pena acercarme. De tanto verte desde lejos me acostumbre y no sabía que hacer.

- ¿Rostro aburrido? Sabes, algunas personas podrían sentirse ofendidas ante eso, tienes suerte de que yo no sea el caso -comentó en un modo irónico y prosiguió-. He estado guardando eso todo este tiempo, e incluso si sabía que era poco probable volver a verte, sentía que quería hacerlo. Interesante coincidencia.

-Podría decir que eres una de las mejores coincidencias que me pudieron haber ocurrido.

Aquel comentario logro hacer que Nicolas se ruborizara de tal forma que Clarise lo noto justo a tiempo para burlarse de el.

-Tu rostro aburrido y avergonzado es muy lindo.

-No dejas de hacer comentarios tontos -dijo sonriéndole.

Luego de un helado y dos horas de conversación acerca de sus libros favoritos, ambos estaban listos para despedirse.

-Me encantó este día -comentó Clarise.

-Podemos volver a repetirlo, digo, si quieres.

-Creo que ya sabes la respuesta -le respondió de forma tímida con una sonrisa.

Al voltear dirigiéndose al camino que lo lleva a casa, Clarise se le acerco rápidamente por la espalda y le dio un rápido beso de despedida en la mejilla. Acto seguido, se alejo como si nada hubiera pasado.

-Bueno, nos vemos, Nicolas.

-Nos vemos, Clarise.

Esta vez, si había algo de lo que ambos estaban seguros, era de que sí se volverían a ver. Por primera vez, Nicolas estaba agradecido de que las coincidencias existieran. Simples coincidencias que lo llevarían a lugares nuevos. Simples coincidencias, de las cuales sabia que abundaban, y podrian hacer de su vida un poco más interesante.

April 13, 2020, 2:48 a.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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