luis-libreros1580673936 Luis Libreros

Abuela está en su último tramo de vida, la recordaré por las cosas que hizo por mí, una persona maravillosa que se preocupaba por su nieto y quería hacerlo una persona real y sin preocupaciones. Ciertas veces, la muerte puede ser mágica, pura y buena, cuando una persona es inolvidable para un ser.


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#magico #245 #motivación #vida
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RECUÉRDAME


Llevaba dos días en el geriátrico, ya que me avisaron que a mi abuela le había surgido una enfermedad la cual, me explicaba el médico, no era mortal pero, en la edad avanzada de ella, era fatal y era cuestión de que dejara este mundo en poco tiempo, así que me quedé para ayudarla en todo lo que necesitara, además soy el único familiar que la visitaba, mis padres tuvieron oportunidades de trabajo en el extranjero, y la familia entera decidió encerrarla en un geriátrico muy lejos en un pueblo un poco remoto.

Ella había sido un ángel para mi yo de niño, le encantaba hacerme reír y siempre tenía en mente miles de ideas para que pasáramos un tiempo hermoso ella y yo. Me encantaba dormir a su lado en las noches frías, salir un verano a disfrutar el paisaje y llevar de paseo a su mascota Lucas, que era un Basset Hound de una edad avanzada, pero con nuestro cuidado permaneció cuidando la casa de abuela durante mucho tiempo. Recuerdo enterrarlo, a sus 18 años, en un pequeño bosque contiguo a la casa, y dejar una semilla pequeña de un árbol muy hermoso, llamado guayacán amarillo.

Agarraba la mano de abuela mientras ella dormía plácidamente, sus signos vitales estaban muy débiles, pero todavía respiraba. Ella sufría de Alzheimer, fue difícil observarla perder todo sentido de localización, cognición, memoria y habilidades motoras. Ciertas veces debía llamar al cerrajero para poder entrar a la casa ya que, al no reconocerme, gritaba desde adentro que no me acercara o iba a llamar a la policía por extorsión o allanamiento. Es complicado procesar cómo la mente es tan maravillosa y frágil a la vez, cómo el tiempo pasa en un segundo, puedes precisarlo al ver el tono en el cabello de los seres queridos, ella tenía un cabello negro precioso, luego tornó gris, después blanco plateado, y ahora, en su última puerta, podía contar su cabellera con mis dedos.

Estaba muy cansado pero atento a un programa de televisión que transmitían, cuando ella se despertó, me pidió que la ayudara a levantar hacia el baño, hicimos todo el recorrido y volvió a su cama. Ella, luego de recostarse, me miró, sus ojos miel quedaron petrificados con los míos, me asió las dos manos fuertemente, y me dio las gracias. Le pregunté si me reconocía, si podía decir quién era yo, me respondió:

“Disculpa, no sé quién eres, tampoco dónde estoy o quién soy, además, no recordaré lo que acabas de hacer por mí o quizás las otras veces que me pudiste haber ayudado, pero tú lo recordarás, y gracias a ello, si hay otra oportunidad de vivir luego de este mundo, me ayudará a encontrarte y a recordarte.”

Abuela murió un 30 de septiembre de 1990, a las 21:30. Aquel Guayacán amarillo, amaneció con su color destellante en todo su esplendor, supongo que recordó a Lucas. Caminé hasta el árbol, me senté en el césped suave y cálido a contemplar, casi mágicamente, cómo grandes cantidades de flores amarillas caían sobre mí.

“Entiendo abuela, sí estoy alimentándome correctamente.”

March 18, 2020, 3:42 p.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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