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Felipe Beytía


Diversos problemas ocurrieron en el reino de Wertryland antes y durante el reinado de Ragnar. Años después de su muerte, su hijo, Blaze, contará aquella historia a su esposa. Una historia llena de muertes, amores, dolores, traiciones, canciones, criaturas, monstruos, diferentes razas y muchas batallas.


Fantasy Medieval Not for children under 13.

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La boda

Hace muchos años, existió el reino de Wertryland. Un reino próspero que era producto de la unión de las diferentes monarquías de la zona bajo un mismo rey supremo. En la ciudad de Beyán, la capital del reino, se celebraba una boda. Todos los diferentes monarcas estaban presentes. Se estaban casando el príncipe Blaze y Bertha, la hija de la bruja del sur.

Blaze era muy diferente a sus hermanos, este poseía orejas, cola y bigotes de gato, junto con una piel gris y cabello negro; con facciones suaves. Bertha no era como las brujas normales: narizonas, con verrugas, esqueléticas, verdes, etcétera. No, ella era muy bonita: su cabello era lizo, largo y morado, su piel era muy blanca, sus ojos eran completamente negros, y era delgada, pero no tanto. El novio traía puesto una túnica roja con un cinturón en la cintura y, la novia, un vestido negro, con guantes blancos con una flor en el cabello.

Las grandes puertas del salón principal se abrieron, todos los invitados se pusieron de pie al ver entrar a los recién casados entrar. Caminaron hasta llegar a una mesa redonda en el centro del salón, en ella se encontraban los hermanos de Blaze, su madre y, por parte de Bertha, se encontraba Weiz, un chico calvo, de piel negra y con una fea cicatriz abierta en el ojo derecho. Se sentaron en la mesa y comenzaron a hablar de diversos temas, contar experiencias y anécdotas. Sin embargo, Bertha parecía desconectada del resto, se dedicaba a mirar a su ya esposo, a su suegra y a sus cuñados, eran muy diferentes. Su suegra era muy hermosa, pues era una Finge de Claradabia que son conocidas por ser las mujeres más hermosas del mundo. Ella era como todas en su especie: Piel gris, largo cabello sedoso negro, unos preciosos ojos verdes, bajas de estatura, orejas puntiagudas que apuntan hacia los costados y una cola que acaba en una forma de corazón. Además, traía puesta una tela que cubría su nariz, boca y cuello; también, usaba gran cantidad de pendientes y anillos, como todas en su especie. Sus cuñados se diferenciaban mucho más de su madre, por un lado, estaba Lucy, que un ser humano normal, poseía cabello negro y corto, con una cicatriz en la oreja izquierda; por el otro, se encontraba Gori, Bertha sabía que él era humano, a pesar de tener la cabeza vendada, tan vendada que solo dejaba ver sus rojos y brillantes ojos.

Ella no entendía las razones de la gran diferencia que existía entre la familia real de Wertryland. Entonces algo la sacó de sus pensamientos, era la mano de Blaze que se juntaba con la suya.

- ¿Te sientes bien? – Consultó el príncipe a su esposa.

- Sí, de maravilla. Me distraje, perdón. ¿De qué hablábamos?

- Bueno, pues, la maravillosa reina nos contaba sobre Claradabia – Respondió Weiz.

- Claradabia… debe ser un lugar hermoso – Dijo la hija de la bruja del sur.

- Lo es, te encantará si vas, bueno, si van. – Mencionó la reina.

- ¿Has ido allá alguna vez, amor mío? – Preguntó Bertha a Blaze.

- Sí, alguna vez hace años, mi padre me llevó allí.

- ¿Tu padre?... hablando de ese tema, ¿Dónde está? no lo veo aquí.

Los miembros de la realeza se miraron entre sí y con tristeza, la reina le dijo que el Rey había muerto hace ya casi dos años. Bertha se sintió una tonta al oír eso, ¿cómo no se había dado cuenta? Vio a Weiz, que la miraba con una cara que decía algo así como: “Ya arruinaste tu relación con la familia real”. La hija de la bruja del sur de disculpó por haber preguntado eso, sin embargo, no esperó tal acogida y tranquilidad de su nueva familia, que claramente no la culpaban por lo que había preguntado.

La música comenzó a sonar y muchos invitados salieron a bailar.

- ¿Saben? Voy a bailar. Princesa, ¿Me acompaña? – Consultó Weiz a Lucy.

- Claro, vamos.

- Reina Nira, ¿Me concede esta pieza? – Preguntaba a la reina un Nukko que traía una máscara de plata que le cubría la mitad del rostro y vestía con una fina y bella túnica azul. Los Nukkos son personas que poseen orejas, cola y bigotes de gato; con una piel ligeramente anaranjada; sus ojos son muy peculiares, ya que el iris es de color azul y la pupila, que es rómbica, es blanca.

- Ay Lorenzo. Por supuesto que sí. – Respondió la reina tomándole de la mano.

Aquel sujeto era el monarca Lorenzo del Valle, amo y señor de la ciudad del Valle, un reino pequeño que se limitaba netamente a los Nukkos.

En la mesa solo se quedaron Bertha, su esposo u su cuñado. Comenzaron a hablar sobre temas sin importancia como diferentes tipos de dragones pequeños, sobre los monstruos de las murallas chilladoras, sobre las antiguas guerras, etcétera. Entonces el pregonero real anunció la llegada del caballero de Nerja y de las hijas del colosal Hakom. El caballero era bastante viejo, poseía una barba que llegaba hasta la mitad de su pecho, su armadura estaba hecha de plata y poseía bastantes toques de oro y joyas preciosas; sin embargo, su estatura no lo hacía alguien intimidante, muchos le llegaban a confundir con un enano, lo cual le molestaba bastante. Las hijas del colosal eran gemelas indiferenciables, todo en ellas era igual: el cabello rubio, los labios carmesíes, la estatura promedio de una humana normal, además de su blanca piel que se asemejaba a la leche. La única forma de saber cuál era cuál era mediante una diminuta cicatriz que Idir poseía en el cuello.

- Las hijas huérfanas del gigante de Nerja – Decía Gori en voz semi baja. – Los dejo – Les dijo a los recién casados mientras se levantaba de la redonda mesa y se dirigía hacía Insith, la otra hija de Hakom.

- Bueno, quedamos solos. – Dijo Blaze.

- ¿Vamos a bailar, amor mío?

- No, no, no, no, no y por supuesto que no – Decía el caballero de Nerja mientras cogía a Bertha de las manos y la levantaba – Bertha, tienes toda la noche para bailar con tu esposo. Así que ahora, baila conmigo. – La hija de la bruja simplemente respondió un “está bien” y fueron a bailar.

Blaze no podía evitar poseer reír al ver la gran diferencia de tamaño que había entre su esposa y el caballero de Nerja. Bertha se mostraba algo incomoda, deseosa de que el baile acabara. Dirigió una mirada a Blaze y le hizo señas con los ojos, señalando al caballero y luego sonriéndole a su amado.

- No sabía que los insectos palos y las hormigas pudieran bailar juntos – Dijo en tono burlesco un hombre que se sentaba en la mesa redonda junto a Blaze.

- ¡Padrino! Oye, no te burles así de mi esposa.

- No te ofendas. No lo dije porque fuera plana… lo dije por la diferencia de tamaño – Mencionó el hombre en una voz baja y soltando una leve risa después.

El padrino del príncipe era el rey Vladimir Varimix de Trúica, uno de los sub reinos pertenecientes a Wertryland. Se veía muy diferente a pesar de seguir usando túnicas rojas con mantos carmesí, collares de joyas verdes y un sombrero en forma de rectángulo del mismo tamaño que su cabeza. Lo que lo hacía ver diferente eran sus ojos que ya no eran verdes, sino rojos; ya no tenía su tradicional bigote de herradura, ahora traía una muy corta barba de un par de días y sus dedos eran más largos y huesudos que antes.

- Te felicito por tu boda.

- Muchas gracias.

- Y ¿ya han pensado adonde irán de luna de miel?

- Para serte honesto, no.

- A las mujeres no les gusta que cuando se casen no halla planes de luna de miel… te lo digo por experiencia, me he casado dos veces – Dijo Varimix mientras reía. – Podrían irse a Truíca. Les daré la torre sur, tiene una vista maravillosa.

- Gracias padrino, pero no lo sé…

- Vamos, a ella le va a encantar. Además, será una parte del castillo solo para ustedes dos, ¿Qué me dices? – Decía el rey a su ahijado mientras ambos miraban a Bertha.

March 13, 2020, 12:04 a.m. 0 Report Embed Follow story
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