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Camilo Bustos


Ramón es un hombre, al que de niño, la guerrilla lo reclutó a us filas después de ser expectante de un asesinato. A lo largo de la historia sabremos que será de el final de la vida de Ramón.


Crime All public.

#alterego🪐
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Ramón. Parte I.

-Si en algún momento de la charla se siente incómodo -dice el doctor Mancilla con un tono amable-, me lo deja saber y paro de grabar inmediatamente.

-Me da curiosidad esos aparatos -le responde Ramón con gran intriga-. Usted entenderá que no se ve nada de esa tecnología en dónde crecí, en el pueblo, y todavía no me acostumbro a ver tanto en esta ciudad.

-Siendo sincero, yo tampoco sé cómo funciona -sueltan una carcajada-.

El doctor Mancilla revisa si la grabadora está encendida, grabando, y prosigue con la consulta:

-He leído un par de veces la carta que recibí a su nombre, preferiría escucharlo de su boca.

Ramón se torna ansioso, pero después de unos segundos comienza su relato:

-Yo nací en Catalamonte, Cundinamarca, un pueblo muy cerca a Tena. En ese pueblo a veces se veía la guerrilla y se hicieron “amigos” de mi papá por su gentileza y su colaboración, pero hubo un mes donde el negocio de la familia no dio para pagar la protección de la guerrilla y aquí es donde realmente empieza mi historia.

Yo tendría unos 7 años cuando la guerrilla comenzó a amenazar al viejo, lo emborrachaban hasta dejarlo botado en cualquier potrero y si el no tomaba le pegaban, rompían las ventanas de la casa, nos seguían y armaban chismes por el pueblo hasta que un día mi papá los enfrentó en frente de mi vieja y yo... mataron a mi papá de 3 ráfagas del fusil y me reclutaron.

-¿Cómo pudo sobrellevar esas imágenes y el dolor de perder a su padre?.

-Desde el momento en el que me llevaron recibía ordenes a cada minuto, me acostaba al rededor de las 3:00 de la madrugada y me despertaban a las 5:30 de la mañana. Tenía mi mente ocupada haciendo lo que me pedían o pensando en descansar, entonces casi no lloré la muerte del viejo. Capaz las primeras noches no podía dormir pensando en las balas atravesándolo -el doctor Mancilla asiente con la cabeza y toma nota-.

A los pocos días de haber sido reclutado llegó un muchacho de mi edad, se llamaba Daniel Fajardo; el fue mi único amigo en el monte y más que eso, fue mi hermano.

-¿Fue?. Es decir que murió.

-Lo mataron -dice Ramón con lágrimas en los ojos-.

-¿Quiere tomar un tiempo para tomar aire libre?.

-La verdad si, gracias. Volveré en unos 5 minutos.

-Tómese su tiempo.

Ramón sale del consultorio del psicólogo Mancilla, camina las calles del norte de Bogotá, se dirige por la calle 164 hasta toparse con la Autopista Norte, se devuelve tratando de controlar sus emociones y no estallar en llanto a mitad de la calle. Finalmente Ramón se queda viendo un par de segundos la puerta del consultorio, hasta que recarga sus fuerzas para desenterrar lo que hace años enterró dentro de sí mismo.

-¿Ya se siente un poco más relajado, Ramón?.

- Lo suficiente para seguir, doctor.

-Perfecto. Si gusta, podemos retomar en lo que sucedió con Daniel Fajardo.

-A los dos años de haber sido reclutados, nos empezaron a familiarizar con armas y con la guerra, con el hambre, con el frío, con las noches en vela por hacer las rondas de centinela, con estar siempre alerta. Por el mes de agosto del 93, el ejército hizo una redada y fue mi primer combate de verdad; tiros, sangre y gritos a diestra y siniestra, yo quedé congelado y Daniel me alcanzó a botar al piso cuando me iban a disparar.

-¿Por eso fue que Daniel murió?.

-No, doctor. Ese fue el primer combate de muchos que pase junto a él, cuidándonos la espalda.

En mis primeros combates me ocurrió lo mismo del primero, me congelaba y no podía disparar el fusil, hasta que en uno de esos enfrentamientos perdí el conocimiento por un tiempo corto y cuando entré en razón ya había parado la sangre. Daniel me miró con cierto nerviosismo haciéndome preguntas del cómo hice lo que hice, diciéndome que parecía como un verdadero guerrillero y yo no entendía nada.

-¿Usted no le revelo la catatonia que sufrió?.

-Se lo dije al mes, más o menos, al final del siguiente combate.

-¿Le sucedió lo mismo que en el anterior?.

-Si. Daniel notó que no era yo quien estaba luchando sino otra persona y no pude ocultárselo -Mancilla toma notas-.

-En su carta menciona su posible trastorno de personalidad o alter egos, ¿cree usted que fue en ese combate que nació su otro yo?.

-Exacto -replica Ramón con gran seguridad-.

-En lo poco que hemos conversado, lo que puedo ver es que gracias al gran temor al fuego que sentía, por eso las veces que entraba en estado de shock, su mente creo a una personalidad capaz de enfrentarse sin ningún tipo de pánico como método de defensa.

Seguiremos la próxima sesión, ¿le parece bien el jueves a las 4:00 de la tarde?.

-Está bien. Si en dado caso no puedo venir, lo llamaré o le dejaré algún mensaje.

-Perfecto, Ramón. Ha sido un placer, que le vaya muy bien -se estrechan la mano y se da por finalizada la sesión-.

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March 4, 2020, 5:06 a.m. 1 Report Embed Follow story
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Proséf Chetai Proséf Chetai
Hola. Saludos Camilo. Dentro de lo que voy escribiendo también tengo algo relacionado acerca de la guerrilla, sin embargo no es como tu trama. Estuve leyendo y me parece un buen esfuerzo creativo, Solo me gustaría que consultes un poco sobre el uso de las comas. También quisiera agregar que sería conveniente no forzar las transiciones narrativas tan bruscamente como por ejemplo cuando Ramón describe el encuentro con la guerrilla y de un solo plumazo salta a los 7 años. Espero te ayude el comentario, pues te lo hago con esa motivación.
April 02, 2020, 20:52
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