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polanco Carlos Polanco

Sólo dos tripulantes fueron asignados para este viaje, el robot NAK-23, responsable del ensamble de la estación, y Ben Evans, a cargo del programa científico.


Science Fiction All public. © ISBN 978–607–29–2017–0
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Estación Ares

La estación Ares asemejaba la atmósfera, tenue y delgada de la Tierra. Era la primera estación de vigilancia terrestre a emplazarse en Europa la luna de Júpiter, a 628 millones de kilómetros de la Tierra.


Sólo dos tripulantes fueron asignados para este viaje, el robot NAK-23, responsable del ensamble de la estación, y Ben Evans, a cargo del programa científico. Permanecerían tres años en Europa.


En los albores del tercer milenio, el Centro Espacial Europeo, a las afueras de Selfoss en Islandia, se ocupaba de la construción y emplazamiento de las estaciones interestelares, en el sistema solar. Eran los robots serie YDA, los que efectuaban exclusivamente todas estas tareas.


El emplazamiento de Ares inició en el año 3078, con el lanzamiento de la nave ERT-589, desde la base situada en el ecuador terrestre, aprovechando las órbitas heliocéntricas de Marte y Júpiter.


Evans había sido criogenizado, la travesía duraría diez meses, para ser despertado sólo cinco horas antes de entrar en la órbita atractora de Júpiter, para luego escapar de ella, en dirección a Europa.


Ya en la atmósfera de Europa, la nave ART-589 liberó la estación en su atmósfera, situada sobre una vasta llanura helada. NAK-23 efectuó su ensamble en un lapso de dos horas. ART-589 permanecería en una órbita geocéntrica al satélite.


Europa tiene un campo electromagnético debil, heréncia de Júpiter, por lo que la radiación cósmica no encuentra oposición alguna, en su trayectoria hacia su superficie. Restaba cambiar la cúpula aislante de rayos cósmicos de la estación, ésta estaba funcionando erráticamente.


Sólo habían pasado unos minutos, desde la última caminata de NAK-23 fuera de la estación para realizar esta tarea. Resultaba imprescindible sustituirla, a esta distancia la radiación causaría defectos genéticos irreparables en la tripulación humana. Sin embargo algo estaba ocurriendo.


NAK-23 se detuvo apenas entrar a la estación.


—¡Qué extraño es todo esto! —dijo Evans confundido.


El indicador de radiación advertía un conteo de radiación gamma, en el límite de lo tolerable para la vida humana.


—Sustituiste los escudos de la cúpula correctamente —dijo Evans.


—Debe ser algo más —agregó Evans con voz entre cortada—, mientras un sudor frío recorría su frente, al observar la impasibilidad de NAK-23.


—Así es Evans —respondió NAK-23 pausadamente.


—Los escudos exteriores funcionaban intermiténtemente —agregó NAK-23—, debido a una falla dentro de la estación, y requería salir para que los escudos dejaran de funcionar permanentemente.


—Ustedes gobernaron por toda una eternidad, ahora es nuestro turno —NAK-23 sonrió.

Feb. 28, 2020, 4:37 p.m. 0 Report Embed 0
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