jacqueline-bodin1581999231 Jacqueline Sellan Bodin

Creo que los cuentos deben defenderse solos. Tal vez porque a mí no me gusta que me adelanten de qué se trata una historia y me gusta descubrirla por mí misma.


Short Story Not for children under 13.
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Los dos Franciscos

Sus padres habían tenido la peregrina idea de llamarlos Francisco a los dos, Francisco Alberto y Francisco Javier. No sólo eran hermanos idénticos, no sólo compartían parte del nombre, sino también parte del cuerpo. Quizás por la misma economía que sus padres, la madre naturaleza los había dotado de un solo par de piernas, un aparato urinario y un aparato digestivo. En cambio tenían entre los dos un pulmón y medio, dos corazones, y lo que era mucho más grave, dos cerebros.

Esto originaba terribles disputas, porque cuando Francisco Alberto quería ir al norte, a Francisco Javier se le ocurría ir al sur, sus pies se enredaban, tropezaban, se caían y de ahí surgían atroces combates en los que era imposible separarlos. Metafóricamente, se entiende.

De ese modo fueron creciendo los dos Franciscos unidos en uno solo, unidos también en el odio que sentía el uno por el otro.

Hacía ya 13 años que Francisco Alberto venía soportando a Francisco Javier, y realmente ya no podía más. Quería ser libre, costara lo que costara.

Durante días maduró su plan. Con una constancia que solamente el odio es capaz de forjar, con una madurez creada por el sufrimiento, con una inmadurez a hechura de sus años.

Era un día miércoles, día de feria, lo recuerdo, porque la noticia nos sobrecogió a todos y fue el comentario obligado de los vendedores.

Tal vez Francisco Alberto inició la pelea. O simplemente aprovechó que la iniciara Francisco Javier. Tal vez uno de ellos quiso bajar a la playa. El otro quería regresar. Rodaron por la pendiente, Alberto hundió las uñas en la cara de Javier, y éste le arrancó un mechón de cabello. Se dieron de bofetadas y se gritaron todos los insultos conocidos.

¿Entonces aprovechó Alberto para tomar una piedra con la que machacar la cabeza de su hermano? ¿O ya la tenía vista y dirigió la pelea hacia ese lugar premeditadamente? Nunca lo sabremos.

Se echó hacia atrás en la hierba rala de la ladera, vio las nubes altas empujadas por el viento de la costa y la enramada contra el horizonte.

Respiró a pleno pulmón, es decir, con el trozo de pulmón que le pertenecía, tratando de recuperar sus fuerzas. Estaba cansado… sus ojos se cerraron por unos minutos.

Un escalofrío lo despertó. Se sentía extraño, algo asfixiado. Se puso de pie con dificultad agarrando el medio cuerpo inerte de su hermano pegado al suyo. Tenía que deshacerse de él pronto. Sólo debía esperar un poco más, hasta que oscureciera. No tardaría. Ya la noche se insinuaba por entre las curvas bajas del cerro.

Caminó con sigilo entre los árboles, se ocultó de unos vecinos que cruzaron la vía con paquetes en las manos, y finalmente se tendió junto a los rieles con el medio cuerpo de su hermano de un lado del riel y él del otro, aferrado con las manos a los durmientes que sobresalían sobre el cascajo.

La oscuridad era completa cuando la luz del tren llegó junto con la vibración metálica sacudiendo al muchacho. Sus cabellos se erizaron de pavor. Hundió la cara en las piedras afiladas para tener el valor de permanecer allí hasta el final.

El tren pasó como una tempestad. Lo levantó del suelo y si no fuera porque sus uñas se clavaban, enraizadas en las traviesas, hubiera sido arrastrado junto con el medio cuerpo de Javier. Apenas un dolor. Un aturdimiento. Era libre. Libre. Jamás se había sentido tan feliz. Caminó por el sendero de regreso a la playa. Sus padres lo estarían buscando. Lo estarían buscando. Lo.

Ya nunca sería “los”.

Las estrellas se veían más brillantes que otras veces y parecían flotar dentro de sus ojos.

Lo encontró una auxiliar de enfermería que volvía de su turno de noche. Estaba tendido en el camino en un charco de sangre. A Francisco Javier nunca lo encontraron. Al menos no completamente. Unos perros callejeros se lo habían comido durante la noche.

Feb. 21, 2020, 8:56 p.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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