gregrivers L. Gregorio Torre Rivero

Relato de ciencia ficción juvenil, en el que se narra la epopeya de unos viajeros cósmicos, herederos de la raza humana terrestre, adaptados, tras la destrucción de su civilización, a la vida fuera de su sistema planetario, en los fabulosos mundos de Alia y Ariadna, en la constelación de Coma Berenices. Se dirigían en misión hacia los mundos de Castor y Pólux, cuando se encontraron con varias naves destruidas procedentes de Alfa Centauri, concretamente de Gea, cuna y origen de los primeros sobrevivientes del cataclismo que asoló la Tierra a mediados de la vigesimosegunda centuria ...


Science Fiction Not for children under 13.

#civilizaciones #ciencia-ficcion #relato
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La cabellera de Berenice

Hora séptima del vigésimo octavo día de nuestra partida de Alia. Nos aproximamos a un pequeño islote de poco más de diez kilómetros de diámetro, vestigio de lo que fuera una antigua luna o satélite del planeta Hungor, en la constelación de Géminis, sistema de Castor.

Esparcidos cual restos fantasmales de un gran naufragio, aparecen a nuestra vista, dispersos, retorcidos y casi pulverizados, los esqueletos de varias naves, algunas de ellas, por sus características, pertenecientes a la flota interestelar de nuestro planeta madre Gea, a cuyo rescate nos dirigíamos, ante la ausencia de noticias y su total e inquietante silencio.

Fuera lo que hubiere sido, nos hallamos muy afectados, pues no aparece signo alguno de vida y todo parece indicar que nos encontramos ante algún acto criminal, bien un sabotaje o enfrentamiento con enemigos desconocidos. Ni rastro de los más de dos mil cuerpos entre tripulantes y colonos que componían la expedición en su viaje a los mundos oceánicos de Vega.

No ha salido de Hungor embajada alguna a recibirnos, aunque detectamos, como siempre, actividad frenética en su suelo. Hemos mantenido un encuentro inamistoso con vecinos próximos, consiguiendo disuadirlos sin necesidad de entrar en combate. Nos hallamos en situación de alerta.

Antes de proseguir con el relato de hechos en nuestro cuaderno de bitácora, procedemos a identificarnos: Flota Armada X, de la VIII Centuria, Legión IV, colonia de Alia-Berenice. Nos presentamos:

MEMORANDUM:

Alia, de donde procedemos, en Coma Berenices: destacan sus enormes y brillantes cúpulas de pórfido cuarcificado, sus torres piramidales triangulares en amalgama de basalto y diorita, sus ventanales traslucidos de calcita transparente o espato, que reflejan el recorrido de los soles en los días brumosos, sin luz, las espectaculares obras de ingeniería hidráulica, sus vías peatonales anchas y cubiertas de magnolios procedentes de nuestros antiguos semilleros, sus jardines botánicos con más de diez mil especies arborícolas y un millón de plantas, el océano teñido de una luz púrpura en las horas del amaneces, los lagos y caudalosos ríos que surcan la espesura de sus selvas, pobladas de una incontable fauna en incontrolada libertad, delicia para exo-zoólogos y taxónomos, las agrestes cadenas montañosas, tan sólo accesibles para los más audaces y su ingente riqueza mineral, la composición de su suelo, generoso sostén de una agricultura próspera y abundante, con todo género de cultivos y árboles frutales de suelo propio e importados, base de una rica y vitaminada dieta en gran parte vegetariana, sin desdeñar los innumerables deleites de una mesa donde no faltan pescados y crustáceos, y las mejores carnes, los más ricos manjares elaborados, producto de las seculares culturas, regados con vinos de los numerosos viñedos, en sus amplias variedades, más de escaso contenido alcohólico, el suficiente para despertar el ánimo y la alegría de vivir.

Nosotros: los alianos, estirpe descendiente en vigesimoquinta generación del planeta Tierra, otrora espléndida joya , convertida en triste roca inerte y a la deriva , tras los espectaculares cataclismos de mediados de la XXII centuria, evacuada que fuera hacia las colonias deltoides de Gea y Atlantis en el triangulo de Beta Centauri, más concretamente hacia Hadar, en alianza heteróclita e inestable de mundos y de razas.

No, aquél no sería el definitivo hogar, la tierra prometida, tan sólo estación de tránsito en un mundo gélido teñido de azul desleído y fulgurante, tan sólo apetecible para las empresas mineras, por la abundancia y variedad de sus gemas, y sus fuentes de energía proto y ectoplasmática, que envuelven todo el sistema trinario en su giro sobre Menkent, la gigante naranja que inflama la noche, perseguida de día por la oscilante y espectral Próxima, lejana y diminuta como un rojo rescoldo que fuera súbitamente, de cuando en vez atizado.

Crecieron sobre su suelo las nuevas generaciones, en perpetuo peligro, expuestas a un clima extremo e insana radiación, protegidos en sus iglús, y por sus trajes térmicos y cascos anti-radiación, desarrollando ingenierías alternativas, ante la mirada hostil y amenazante de los deltoides, razas hominoides primarias. No fueron muy buenos tiempos, más tuvieron sus compensaciones y sobre todo acrisolaron y unieron en una extraordinaria empresa, las diversas singularidades, origen de continuos conflictos en el pasado. La alimentación procesada, la escasez y crudeza de esa áspera tierra de abrojos, la insalubridad de sus aguas y la aplastante gravedad, hirieron sus patrones genéticos, pero ese improvisado refugio permitió a nuestra progenie en un pasado aún próximo, sobrevivir bajo una atmósfera pobre en oxigeno, rarificada, no muy distinta a la existente en los estertores de su civilización, por lo que su proceso adaptativo fue rápido y sin notables traumas.

La lejanía de nuestro cúmulo tan humilde, situado casi en el límite de nuestras posibilidades y el porqué de su elección como hogar definitivo, se debe más a la casualidad que al cálculo. Nada había en él de atractivo o de maravilloso, más la densidad estelar y profusión de mundos en ese entorno galáctico hizo que pusiéramos muchas veces nuestros ojos y deseos en él. Aparentemente, un lugar tranquilo, no sometido a tempestades cósmicas, con gran cantidad de soles, seguramente nada distintos del nuestro de origen, convertido ahora en un sistema binario tras la transformación de Júpiter, el gigante gaseoso que triplico su masa gaseosa en apenas un siglo y cuya eclosión y conversión en una enana blanca, acarrearía la practica destrucción del sistema.

Desarrollada en Gea la tercera generación de propulsores iónicos, se vio, por fin la posibilidad de dar un gran salto en la conquista del Cosmos circundante, del orden de los diez años luz, a velocidades espectaculares de un millón de kilómetros por minuto. La partida sería otra cosa, toneladas de propergoles quemados para huir de la aplastante gravedad de los mundos de Gea y Atlantis, en impresionantes arcas, sin embargo, una vez en el exterior, el plácido silencio del océano cósmico la quietud en el desplazamiento, la aparente inmovilidad ante el telón de fondo de una noche perpetúa, la impasibilidad en un tránsito carente de resistencias, la amabilidad de un descanso bien ganado, como si de unas hermosas vacaciones se tratase, acomodados en un habitáculo amplio y confortable, con todo género y posibilidades de esparcimiento.

Coma Berenices, era un sueño en los albores, su distancia triplicaba nuestras posibilidades, evitábamos en lo posible la suposición del viaje interestelar a través del plasma, desconocíamos todo sobre él, por más que engreídos navegantes de fértil imaginación, susurrasen a nuestros oídos esa estúpida historia ¡Los vórtices de plasma, ja, ja, ja¡ Nosotros a lo seguro, con nuestras matemáticas de andar por casa y nuestros cerebros educados en un empirismo de laboratorio germánico ¡Como para pensar en los túneles del tiempo, ja, ja, ja, a quién se le ocurre ... qué broma para retrasados!

Y los descubrimos (y nos dimos cuenta de que los retrasados éramos nosotros) como todas las grandes cosas de esta vida, con el concurso de la providencia, de una mano que nos guía, de un corazón que sostiene todo el entramado de lo visible y lo invisible. Si, allí estaban, por todas partes, y podrían llevarnos a cualquier lugar. Sólo hacía falta la determinación y la audacia y de eso los humanos no carecemos. Y aquí llegamos, en sucesivas oleadas, hace ya más de trescientos ciclos, con todo lo que se pudo salvar de nuestra civilización originaria, a esta maravillosa tierra que nos acogió como si fuera el vientre nutricio de una madre; un vergel, un paraíso, jardín del nuevo Edén sin mácula, que bautizamos con el nombre de Alia. Luego colonizaríamos Ariadna, de igual esplendor y belleza. Esta es, en resumen, nuestra historia.

Nos hallamos ya en las proximidades de Géminis, en misión especial. Ante nuestros ojos se hallan los extraordinarios mundos de Castor y Pollux, complejo sistema estelar que alberga más de una docena de civilizaciones, repartidas entre sus más de doscientos planetas y planetoides, de diferente tamaño y estructura, aunque de similar composición y cuya sorprendente tecnología, más desarrollada que en ninguna otra parte del espacio conocido, y equiparable en algunos aspectos a la nuestra, había hecho posible esta arriesgada expedición, a la vista de la aparente inexistencia de actitudes hostiles por parte de sus pobladores. Más quizás hayamos pagado cara nuestra confianza.

Los Dioscuros, así denominada esa pléyade de civilizaciones en honor a los héroes griegos que dan nombre a sus mundos, se hallan integrados en una especie de confederación planetaria. Aunque existen, que sepamos, cuatro razas diferentes, una es la predominante, la albina: piel muy blanca, ligeramente sonrosada, fría y viscosa; ojos rasgados, verdes con un aura violeta dibujada alrededor del iris y de constitución semejante a la nuestra; sus pies y sus manos presentan, sin embargo, la peculiaridad de hallarse provistos de tan sólo cuatro dedos, un gran pulgar de oposición con tres dedos en las manos y tres dedos grandes y una ancha y almohadillada plantar, en los pies. Visten monos sintéticos de algún tejido o piel, negros con irisaciones, o de color violeta intenso o azul cerúleo, sin costuras aparentes, reflectantes y de una sola pieza desde los hombros hasta los pies, los cuales cubren por completo, siendo en dicho extremo de estructura más rígida y con estrías. Distintos, en todo caso, a los nuestros compuestos por micro cristales biofotónicos de un color semejante a la turmalina verdioscura, ultrarresistentes, ligeros y termoregulables.

Carecen de vello corporal y su rostro es imberbe; sus facciones no son muy agraciadas para nuestro gusto, no poseen pabellones auditivos, y si un pequeño opérculo a cada lado del cráneo que protege sus órganos auditivos. Presentan un rostro ovalado, boca pequeña y hocicuda, y en lugar de dientes, tan sólo una estructura molar estrecha y apenas desarrollada, dos diminutos orificios nasales, cubiertos por una membrana o filtro y un órgano fonador, posiblemente de origen artificial, abierto a la altura de la tráquea, a través del cual emiten sonidos prácticamente inaudibles, que constituyen un complicado sistema de comunicación; su pecho es abombado y su altura, semejante a la nuestra, no es proporcional, ya que las extremidades inferiores son muy largas y extremadamente delgadas, en comparación con el tronco que es corto, en forma de pirámide invertida, de cuyos hombros, cuelgan unos brazos, también delgados y largos.

De movimientos nerviosos y rápidos, sin embargo, parece como si no tuvieran necesidad de descanso, salvo en un pequeño período de tiempo similar a nuestro sueño, especie de narcolepsia inducida por una secreción hormonal, que les sume en un estado de rigidez, durante la cual sus funciones vitales se aletargan hasta lo imperceptible. El sistema reproductor es similar al de la mayoría de los mamíferos y las hembras de esta raza, tras siete meses de gestación, pueden dar luz a una cría de cada vez, aunque es raro observar dicho estado, ya que en su gran mayoría son replicantes, es decir individuos generados a partir de procesos de reproducción clónica, que una vez llegado su fase de maduración embrionaria son asignados a una madre adoptiva, que cuidará de ellos hasta los siete ciclos, edad equivalente a la de la pubertad en nuestra especie..

Respecto a su forma de ser, se muestran temerosos y serviles, si bien sus reacciones son, a menudo, imprevisibles y con cierta tendencia a la autoinmolación, cuando se ven sometidos a presiones extremas o no pueden resolver sus conflictos psicológicos.

Con gran resistencia frente al dolor, no obstante, y dotados de una gran longevidad, mantienen parecido ritmo vital desde los primeros años de su vida hasta su muerte y aunque dominan la ingeniería genética, no por ello, como es obvio, han logrado vencer las enfermedades, la degeneración y la muerte. Son expertos cirujanos, aunque su instrumental es extraño, de apariencia rudimentaria, por lo que no desearíamos caer en sus manos, salvo en caso de extrema necesidad.

Mortalmente aburridos, su existencia sólo se proyecta en el trabajo, no conocen el juego, ni practican, forma alguna de ejercicio, ni desarrollan arte individual alguno, salvo una especie o remedo de música muy primaria que utilizan como terapia en sus escasos momentos de ocio.

Su cerebro, en cambio, trabaja sin descanso. Poseen una inteligencia fría y calculadora, aplicada a la resolución de los problemas cotidianos y educada en el pragmatismo. Geniales constructores y arquitectos, poseen también indudables conocimientos de astronomía y navegación, pues han llegado, casi por idénticos caminos, a desarrollar el modelo de propulsión iónico de plasma/antimateria.

El desarrollo del propulsor iónico acoplado a un acelerador de partículas, permitió en la década de los años 70 del siglo XXI del antiguo calendario terrestre, alcanzar velocidades cercanas a los 150.000 Km/m La colonización espacial de su sistema planetario, por parte de las grandes agencias supranacionales, fue como coser y cantar, sin que ello significara la inexistencia de graves inconvenientes derivados del uso de los propergoles necesarios aún para obtener la velocidad de empuje complementaria para contrarrestar el principio de atracción de las grandes masas, hecho por el cual se optó por incorporar lanzaderas, el equivalente a las lanchas de desembarco, con un número suficiente de tripulantes para las misiones de exploración del sistema, manteniéndose la nave nodriza en la órbita sin costo de energía en la práctica, el tiempo conveniente. El resultado desconsolador: un sistema planetario anodino, con múltiples recursos susceptibles de explotación. Las grandes compañías mineras, hicieron su agosto.

Las naves de dicha época, construidas con materiales ligeros pero extremadamente resistentes a la abrasión y erosión del viento solar y de las ocasionales tormentas electromagnéticas y provistas de escudo protector frente a impactos, mantenían una primitiva estructura fusiforme, si bien, una vez en el espacio, desplegaban sus alas propulsoras de iones de xenón, consiguiendo un impulso y una velocidad uniformes, sin apenas gasto energético, gracias al acelerador incorporado.

El diseño era muy sencillo. Motores de estas características se estaban utilizando , en principio sin acelerador, en los vuelos satelitales de propulsión iónica mediante rejilla. y los primeros experimentos databan ya de mediados del siglo precedente, desarrollándose sin más interrupciones que las propias de los presupuestos y donaciones a los proyectos.

Más el viaje a Centauri, la constelación más cercana al sistema solar, incluso a esas tremendas velocidades, podría durar mil años, y en el Cosmos, en donde, literalmente, la luz visible de los lejanos astros es la emitida, en algunos caso en los eones, una duración tan significativa es incompatible con los procesos inexorables regidos por el principio físico antrópico o del Universo finamente ajustado. El Cosmos ni es inmutable, para despecho de los teóricos del universo estacionario, ni se detiene, ni espera a nadie.

El salto a la propulsión ambiplasmática (puesto que de un salto vertiginoso se trata) después de haber marginado durante lustros las teorías que la sustentan, desarrolladas por el nobel sueco Hannes Alfvin en Mundos-antimundos y antimateria, o en Plasma cósmico, en favor de otras teorías o modelos matemáticos predictivos, por cuestiones puramente especulativas y económicas (megaproyectos, subvenciones millonarias y donaciones ingentes) data de mediados del s. XXII, según el antiguo calendario y supuso la solución definitiva y barata para los viajes interplanetarios a velocidades monstruosas de un millón de kilómetros por minuto ya que no otra cosa es, en combinación con la física de vórtices, que la tan soñada máquina del tiempo, que nos permite desplazarnos a través de este Universo local adyacente.

Más allá de él, existen muchas dificultades para programar. Digamos que estamos dentro de un alcance máximo de 500 años luz dentro de la galaxia, en donde podemos movernos. Nos detiene el inmenso océano de Tetis, semejante a un plasma lechoso, de aspecto opalino, en estado licuescente, como una densa niebla que fagocita y corroe toda materia que penetra en su seno; situado en el borde de los lejanos mundos de Hiperión, como una gigantesca telaraña, posiblemente de origen artificial, que comunica con los soles de dicha constelación o cúmulo y las gigantescas mega estructuras de civilizaciones que, a tenor de sus conquistas tecnológicas, pudieran llevarnos un millón de años de adelanto... Ni agujeros de gusano que comuniquen los mundos y las galaxias, agujeros negros a través de los que proyectarnos, ni túneles interdimensionales ... nada de esto hemos observado hasta el momento. Si el espacio puro y duro, con sus normas, sus distancias infinitas, la materia primigenia en todos sus grados de agregación, sumida en un mar de plasma, el riesgo y el miedo, compañeros inseparables, la posibilidad de perdernos y no regresar nunca al punto de partida. Un mal cálculo y el desastre absoluto. Ya ocurrió y seguirá ocurriendo. Así que, la aventura del tan deseado viaje a la galaxia de Andrómeda está fuera de nuestro alcance y quizá lo esté por siglos.

Conocimos en nuestra ascensión a Coma Berenices los fabulosos y legendarios mundos de Vega, nuestros protocreadores, a donde nuestros hermanos se dirigían, semienterrados en la larga noche de las edades y los eones, las maravillosas conquistas de sus moradores, su deslumbrante tecnología de la que sus muros de azabache, las gigantescas estructuras pétreas de sus pirámides truncadas y torres escalonadas semejantes a antiguos zigurats,, son el mudo vestigio de su esplendor. Desaparecidos como por ensalmo, quizás en la búsqueda de nuevas tierras que habitar, nuevos mundos que conquistar, o incursos en procesos de degeneración vital, como otros ya contemplados, que acarrearan su completa extinción ... no lo sabemos.

Dichos viajes en el tiempo, por denominarlos de algún modo, son, en realidad, auténticos viajes espaciales, a través de canales seguros (vórtices-malstrom de plasma frío) que comunican los mundos a velocidades de vértigo. Se trata pues de viajes al presente, no a al pasado, y nada tienen que ver, por lo tanto, con las regresiones temporales, que no son más que estados de conciencia, que permiten el viaje por el universo psíquico expandido. Tales regresiones precisan de instructores y se realizan a través del remanente o reminiscencia que nos envuelve, amplificada a través de los campos de energía que interaccionan con nuestro particular emisor-receptor que denominamos vulgarmente cerebro. Es el auténtico universo de los espíritus, el sempiterno Hades de las epopeyas griegas, vestigio literario de la antigua sabiduría de una edad de oro. Nuestra forma de comunicación con los que ya no están y habitan en esas casi desconocidas dimensiones.

Los albinos carecen de organización militar, en el sentido de que todo ciudadano está entrenado desde pequeño para servir a su pueblo en el puesto que le es asignado, por lo que podría invertirse la afirmación manifestando que lo que no existe, propiamente, es una sociedad civil, sino una organización muy jerarquizada que, cual ejercito durmiente, se dedica a las tareas rutinarias y que, en caso de conflicto, actuaría como un sólo hombre siguiendo las instrucciones de la cadena de mando. Es decir, un sistema similar al del sistema inmunológico de cualquier organismo viviente conocido.

Poseen armas poderosas de destrucción masiva que, nos tememos, no dudarían en utilizar en caso de grave amenaza, lo que les proporciona gran capacidad disuasoria dentro de la Confederación, pues conocida es su exaltación en determinados períodos o ciclos, que asociamos a la interacción del campo electromagnético de la cefeida trinaría V-Altor, que gravita en las proximidades de la constelación, de cuya influencia intentan protegerse utilizando un complicado, y, a nuestro juicio, útil casco.

Su organización social es anticuada y está basada en un sistema muy rígido y piramidal que descansa en una autoridad máxima o gran heresiarca, jefe político y conductor espiritual, especie de cabeza invisible que dirige a sus súbditos desde la sombra y actúa delegando funciones en jefaturas u órganos de inferior rango.

Educados en una férrea obediencia, los dioscuros, no conocen de conflictos sociales, ni poseen o manifiestan un estado de conciencia individual. Sus necesidades personales son ampliamente cubiertas y no mantienen reivindicación alguna, ni apetencia personal de lucro o afán de poder.

Entrenados en colectividad, tutelados por sus mentores, jamás pueden ascender de plano social, ni conseguir estatus distinto a aquél para el que fueron programados genéticamente. Las distintas clases sociales o, más propiamente, estamentos, no se mezclan entre sí, aunque interactúan y se coordinan a través de las órdenes.

Como no existe sistema alguno de protección legal, en un mundo donde los jueces han sido sustituidos por los cirujanos del alma y del cuerpo, los conflictos individuales se resuelven inocuizando totalmente al individuo, bien mediante un aséptico y prolongado aislamiento, en función de la gravedad de la falta o, en casos extremos, mediante un "tratamiento quirúrgico" irreversible, una terapia consistente en la extirpación de un órgano semejante a nuestra epífisis o glándula pineal. Dichas actuaciones ordenadas por la máxima autoridad, son de una crudeza inconcebible en criaturas de tan alto grado evolutivo, pues, a buen seguro, de ser consultados, preferirían enfrentarse a la pena de muerte.

Sin, apenas, entendimiento ni voluntad, a los individuos así tratados se les destina a los servicios más pesados o molestos, hasta que indefectiblemente, ponen fin a su vida mediante el suicidio, quizás la única manifestación individual de sus ser más característica, arraigada, incomprensible, profunda y arquetípica.

Su estructura genética modificada es un puzzle que no acabamos de ensamblar y del cual desconocemos algunas respuestas. No cabe descartar que se hallen sumidos en un proceso degenerativo irreversible, al presentar su material genético graves alteraciones, en gran parte inducidas. Nos hallemos, sin duda, ante una especie o raza muy antigua de apariencia hominoide, sometida durante milenios a un campo electromagnético de alta frecuencia y a un continuo bombardeo cósmico.

Los procesos vitales de adaptación obedecen a estímulos desconocidos y muy poderosos. Es por ello que la vida surge y prospera en condiciones inimaginables. Luego degenera. Nosotros somos de ello un visible ejemplo: nada tienen que ver aquellos apolíneos y viriles cuerpos de nuestros antepasados, aquellas esculturales y femeninas formas, aquellos poderosos y ágiles músculos, con estas formas redondeadas y blandas en que nos hemos convertido. Llegados a este estado, no valen cuidados, ni dietas, ni ingeniería genética que sirva para reparar todo el mal causado, herencia maldita de la radiación y la gravedad de Gea.

Sus rasgos psicológicos distintivos podrían clasificarse dentro del grado "bordeline", pues aunque eficientes en sus respectivas profesiones o trabajos (que realizan como meros autómatas), muestran una total ausencia de discernimiento entre su mundo interior y la realidad, y una completa o nula falta de empatía en el trato interpersonal, así como de otras habilidades sociales, con una mezcla confusa de todo género de patologías neuróticas. Ese vivir en el límite, posiblemente sea el factor desencadenante de sus ocasionales, extraños y, a menudo, sangrientos conflictos.

Su religión es más simbólica que conceptual, sin rituales; adoran sobre todo a su heresiarca, encarnación del poder, dios viviente, hacedor y dueño sumo de cuanto vive y existe. Sin sentido de la trascendencia, creen no obstante, en un estado liberatorio de la conciencia o no ser mundano que transmigra y no está sujeto a las leyes físicas, el cual no identifican con el estado de beatitud o con la felicidad, conceptos que, dicho sea de paso, ni conocen, ni relacionan, tan siquiera, por oposición.

Tras atravesar el complejo sistema de Pollux, nos hallamos ya en las cercanías del sistema binario de Castor. Sus mundos planetarios son de una belleza inigualable, teñidos de una intensa luz rosada y violácea, semejan piedras preciosas dispersas por el firmamento; oblongos más que esféricos, los más grandes alcanzan magnitudes extraordinarias para no ser planetas gaseosos.

De entre ellos el principal, aunque no el mayor, es Hungor, bautizado así en honor de su descubridor, insigne navegante de la flota interestelar, fallecido en los lejanos tiempos de finales de la vigésimo segunda centuria. De tamaño similar a Urano, a diferencia de esa compleja, gélida y hermosa aguamarina, éste es un fabuloso mundo acuático de suma perfección, majestad y pureza, circundado por dos impresionante anillos, uno rojo y otro azul violáceo y una docena de satélites, que giran en su conjunto perpendicularmente sobre la órbita del toroide, ya que, como en el caso del ejemplo, Hungor se halla prácticamente recostado sobre su línea ecuatorial, a cuyos extremos se encuentran sus polos magnéticos

Sobre el panel de mando de nuestra nave nodriza, figura la siguiente leyenda: “Memento mori”, escrita así, en sus caracteres latinos originales, en honor a todos cuantos nos precedieron. Desaparecieron casi por completo: no se extinguieron gracias a su proverbial valor e inigualable capacidad de lucha y amor por la aventura. Esos eran nuestros antepasados, cuyas virtudes corrían parejas a sus grandes defectos. Poco o mucho nos une a ellos, más ya nada nos ata. Hace tiempo que caminamos sin compartir sus sueños. Y allá en la lejana Tierra nada hay que merezca la pena, convertida en roca inerte, que, en su trágico, y cruel destino, se ha cobrado el tributo de millones de vidas.

Somos nosotros todo lo que quedó, que merezca la pena, de esa gran humanidad doliente. Nosotros, que llevamos, al igual que ellos, en nuestras carnes, la semilla de la podredumbre, el estigma de la finitud, nuestra fecha de caducidad, grabada a fuego en nuestra alma. Como todo lo que existe. Y lo asumimos fría y calculadamente, sin temor y sin temblor, pasando de la vida a una dulce y deseable somnolencia, antesala de la liberación total de una existencia, en ocasiones, carente de sentido y de toda recompensa, donde sólo la voluntad ciega del instinto de conservación es único y último acicate. Una vida que nos pesa y que puede llegar a ser una carga insufrible.

Lo que queda de ellos es, por el contrario, un canto apasionado al ser, un enfrentamiento radical con la inexorabilidad del destino y una ausencia total de arrepentimiento. Se condenaron a sí mismos.

¿Cómo pudieron tan siquiera percibir, ¡qué poderosos eran sus sueños! en los lejanos albores de su oscuro nacimiento, la música de los mundos, la armonía del universo, la naturaleza del átomo, la geometría de los volúmenes imaginarios, la proporción áurea, la aritmética de los números trascendentes?.

¿Qué extraña conexión luminosa mantenían con la Fuente Eterna, con el Alma Primordial, con el Ser Omnisciente al que adoraban, a quien ofrecían sacrificios y hecatombes, amontonando cuerpos por doquier, de animales y de semejantes, como viva muestra de su poder y rebeldía, de su amor y de su odio? ¡Ansiaban tanto vivir que la vida misma se les desbordaba por las costuras de la piel! Les sobraba vida; sobreabundaba de pasión y deseo: parir y guerrear, acumular riquezas, erigir templos, alzarse en la cruz en expiación de todos los males que nos aquejan, prosternarse ante el Altísimo reclamando la eternidad y el derecho a compartir trono, mesa y mantel en el banquete del reino, descubriendo mundos, construyendo otros para destruirlos después, observando el cielo, conquistándolo con la mirada, para regalar estos u otros bellos nombres a lejanos soles y planetas de insólita factura, surcando con su mente el inmenso océano cósmico, oscuro y undoso Ponto, en la búsqueda eterna del vellocino de oro o del elixir de la vida. Y todo ello para agradar al Dios de su historia y de los secretos designios.

Tras una jornada de incansables deliberaciones, la decisión está tomada -alea jacta est- la conclusión inamovible, la certeza absoluta, el fallo o sentencia, inapelable: nadie salvo los Hungoritas tiene capacidad en la confederación para lanzar un ataque tan devastador; la pequeña flota de la hermana Gea, no preparada específicamente para el combate, posiblemente, cayera, inesperadamente, en una celada; tenemos la sensación de que mediante engaños y subterfugios intentan disuadirnos para que no hagamos demasiadas preguntas, cargando la culpa sobre "los visitantes", una antigua civilización, de origen desconocido, procedente de la vecina Andromeda, que aparecen y desaparecen como por ensalmo, siendo su única pasión la guerra, pues no ocupan territorios, ni los colonizan, ni se dedican a la rapiña, tan sólo a sembrar muerte y destrucción.

El relato, nada creíble y, en sí, grotesco -Andromeda, siendo la más cercana de las galaxias, se halla a no menos de cuatro millones de años luz, distancia insalvable salvo para los inmortales, suponiendo que los hubiere- no consiguió disuadirnos, si bien, dimos muestras de gran interés y credulidad, para, con suma astucia, tranquilizarles e impedir que sospecharan algo sobre nuestros verdaderos designios.

A juzgar por la descripción, estos viajeros serían gigantes de fuerza descomunal y de características físicas muy similares a las de otros homínidos y con un nivel de desarrollo tecnológico muy superior al nuestro.

Dejamos Hungor sumido en el caos, tras destruir sus sistemas de comunicación y sus centrales de energía, detonando a 50.000 km por encima de sus cabezas, una bomba de gravitones, respetando la vida de sus habitantes y sus gigantescas estructuras pétreas, cobijo de millones de seres tan infelices como nosotros mismos, pues la Confederación Alia-Ariadna no quiere enemigos a sus espaldas y, con la misión cumplida, dispusimos el viaje de retorno a nuestras colonias, para disfrutar de un placentero descanso, hasta una nueva expedición.

Por el camino entramos en combate con una escuadra de la flota de Hungor que venía a nuestro encuentro, la cual fue rápidamente disuadida, soportando nosotros escasas pérdidas ¡Los visitantes, humm, nunca habíamos oído nada tan estúpido ... más le hubiera valido confesar la verdad y asumir su culpa! ... (Fin del memorando).

El equipo de exo-biólogos llegados de Ariadna, en Coma Berenices, encargado de la investigación, tras analizar los restos humanos desparramados por las naves alianas, observaron horrorizados la saña y la vesania con que aquéllos hombres, sus semejantes, habían sido tratados: los cráneos aplastados, las cabezas arrancadas de cuajo de los troncos, con los restos de sus médulas, los troncos abiertos de arriba abajo dejando al descubierto los costillares; los órganos extirpados,..., colgados por los pies con sus propios intestinos, ..., indicativo todo ello del empleo de una fuerza bruta descomunal, en definitiva, un pandemónium, una ceremonia satánica de infinita crueldad, sin más motivo aparente que el divertimento, la exaltación lúdica de los más ruines instintos, o por decirlo así, la constatación empírica de que todo ser, por el hecho de serlo, lleva en sus genes la semilla de una innata maldad, de una naturaleza corrompida, que, en síntesis, es la consecuencia de una rebelión de lo creado contra su Creador.

(continuará)

Feb. 8, 2020, 6:58 p.m. 5 Report Embed Follow story
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L. Gregorio Torre Rivero L. Gregorio Torre Rivero
En efecto, no sé si por arte de birbibirloque , por extraño que parezca, esta historia había desaparecido de su lugar y como no quiero ser mal pensado, vuelvo a publicarla, en la confianza de que ahí permanecerá a disposición de quien quiera leerla. Yo nada puedo hacer, llamadme incauto, salvo pensar que las historias aquí subidas gozan ademas de los derechos reservados al autor, derivados de la Ley de Propiedad Intelectual, en este caso la española, de la protección legal de la propia página web, plataforma o marca para la que publicamos, Es la mínima compensación por nuestro trabajo. Saludos a quienes me siguen y disculpas anticipadas por el comentario, si se considerara impropio.
March 04, 2020, 15:07
L. Gregorio Torre Rivero L. Gregorio Torre Rivero
Me han estado arreglando el ordenador y he estado tres dias sin él. Yo creo que ahora no tendrás problema. Gracias por tus comentarios inmerecidos. Esa página la he visto alguna vez, pero no sé mucho de ella, más allá de que quizás te den la opción de publicar o autopublicar si les gustas. Quizá vuelva a mirarla para conocerla más a fondo. Un saludo.
February 21, 2020, 00:39
JG Jose Manuel Gasulla
¿conoces la pagina megustaescribir?
February 20, 2020, 19:57
JG Jose Manuel Gasulla
Hace varios días intento entrar en Dioscuros y no me lo permite. Me gustaría releerla ¿que puedo hacer?
February 20, 2020, 19:56
JG Jose Manuel Gasulla
Tienes una prosa agil, serena diafana y sobre todo muy culta. He decirte que he leido y leo mucha SF (buena y mala) Y tu corto relato me ha sorprendido (algo bastante dificil) Y encima me ha gustado... Animo y sigue
February 11, 2020, 19:45
~

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