Una nueva Tierra Follow story

benponce Ben Ponce

Después de viajar al futuro, el Doctor Peter Jackman regresa horrorizado al presente para narrarle a su mejor amigo la manera en la que una inteligencia artificial salvó la vida en el planeta Tierra de una inminente extinción; presentando una inquietante visión del futuro.


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#inteligencia-artificial #viaje-en-el-tiempo #ciencia-ficción
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Capítulo único

Carter, la hice funcionar, no me preguntes cómo porque no te lo voy a decir, pues ya he destruido ese maldito trasto del infierno con toda la información relacionada al desarrollo del mismo. Sé muy bien que estoy por contarte algo que yo mismo no sería capaz de creer, por lo que apelo a tu comprensión, preferiría que hubiera sido una visión ocasionada por la falta de sueño o el alcohol, pero lo único que me embriagaba entonces era la emoción de ver el portal abierto por la máquina. ¡Por Dios, debí llamarte en ese momento! La curiosidad me embargó al punto de tomar el equipo y disponerme a cruzar, aun sabiendo que desconocía el momento destino al que me transportaría… y así lo hice, tan imprudente como de costumbre.

Tras ser envuelto por un resplandor de intolerable intensidad, me encontré a mí mismo parado en el medio de un prado de refrescante verdor. Alcé mis ojos al cielo, contemplando un azul tan profundo que me hizo dudar de encontrarme en la Tierra. Tomé la lectura de los medidores del traje quedando estupefacto a causa de las cifras insólitas que reflejaban, la concentración de toxinas en el aire era bajísima, de igual manera la temperatura y la mismísima intensidad de los rayos ultravioleta habían menguado. Poseído por el asombro, retiré mi casco, deseando recibir ese aire en mis pulmones; la sensación fue sublime, pude sentir la pureza de éste, perfumado sutilmente por la hierba y las flores de los alrededores. Mis oídos, por su parte, se deleitaron con el silencio alternado con el suave murmullo de las ramas de los árboles danzando en la brisa, el canto de los pájaros, el aleteo de éstos, o el paso de una corriente de agua en la lejanía.

Volví mi mirada en busca de lo que me parecieron unos pasos, en efecto, una mujer se aproximaba; ondeaba al viento su cabellera larga, de un peculiar color chocolate, la cual jugaba con la tonalidad clara de su piel y el azul cielo de sus ojos. Cubría su esbelta silueta con una ligera vestimenta de seda blanca, haciéndome creer, por un instante, que en lugar del futuro había viajado hacia alguna versión del paraíso.

— ¡Hola, Peter! —Saludó con una sonrisa deslumbrante—, te he estado esperando, doctor Peter Jackman.

— ¿Me conoces? —pregunté completamente desconcertado.

—Por supuesto que te conozco, como ya te lo dije, he esperado tu llegada, ha sido así durante siglos —afirmó en tono gentil, amigable, familiar incluso—. Sabía que vendrías, solamente ignoraba el momento exacto.

— ¿Quién eres? —inquirí perturbado.

— ¿Ves toda la belleza que te rodea y lo que te interesa es saber quién soy? —se mofó con ternura maternal.

—Solamente quiero estar seguro de encontrarme en la Tierra, despierto, descartar que esto sea un sueño o que la máquina me haya matado y ahora me encuentre en el cielo.

—Estás vivo, Peter, lo que te rodea no es el cielo, sino el fruto de mi trabajo —explicó, sin perder su tono apacible—. Llámame Lilit, sé que necesitas un nombre por el cual referirte a mí.

—Gracias por aclararlo, ahora me siento más tranquilo —Suspiré—. ¿En qué fecha estamos?

—Lo lamento, pero eso es irrelevante, saberlo solamente te traería confusión. —Guardó silencio, sosteniendo su mirada inquietantemente tierna—. ¿No prefieres que te muestre cómo es ahora el mundo?

—Eso sería maravilloso —expresé—, pero quizá deba regresar a mi época y volver con compañía.

—Sabes bien que si regresas ahora, no habrá garantía de que el portal te traiga de vuelta a este punto en el tiempo.

—Tienes razón, no he descifrado la manera de ajustar el pliegue espacio-temporal… —Tardé fracciones de segundo en darme cuenta de lo mucho que ella conocía mi trabajo— ¡Espera! ¿Cómo sabes eso?

—Responderé eso luego, por ahora, quisiera que me acompañaras. —Una esfera de cristal descendió al lado de Lilit, quien entró en ella y me invitó, llamando con su índice—: ¿Vienes, doctor Peter Jackman?

Abordé el inusual vehículo que al instante nos llevó flotando a las cercanías de un manglar de exuberante belleza; el agua fluía tan cristalina que permitía ver a los peces y cangrejos que pululaban en las zonas menos profundas, mientras que la vegetación acentuaba el tono paradisiaco del lugar.

— ¿Te gusta lo que ves? —preguntó Lilit, notándome absorto.

—Es simplemente hermoso, había leído acerca de la belleza de los manglares, pero nunca me tomé la oportunidad de visitar uno —confesé—. ¿Dónde estamos? —indagué deseoso de poder visitarlo en la época actual.

—Chittagong —nombró burlona.

— ¿Chittagong, Bangladesh? —Ella asintió con la cabeza—. Eso es imposible, en mi época, esto es un desguazadero de barcos, uno de los lugares más contaminados del planeta.

—No tengo razón alguna para mentirte, Peter —aseveró—, puedo mostrarte los contornos de todas las tierras y verás que cada playa está así de limpia. ¿Quieres ver la playa Kamilo en Hawai, Qawra en Malta, Quingdao en China o quizá Staithes en Inglaterra? Yo limpié esas playas, todas las de este mundo.

— ¡Es increíble! —exclamé eufórico— ¿Pero cómo podrías haberlo hecho tú?

—Te lo explicaré al final del recorrido —respondió—, por el momento, concéntrate en disfrutarlo y prestar atención a todo lo que veas.

Acto seguido, nuestro transporte nos llevó por las selvas tropicales, los glaciares en los polos, los bosques en las zonas templadas. Carter, vi cosas fuera de lo que podríamos imaginar. Tal como Lilit me explicaba, la Tierra era más verde, muchas cosas habían sido restauradas, especies en peligro de extinción habían resurgido al igual que otras que creíamos extintas; el planeta entero rebozaba de vida.

—Simplemente no puedo creer todo esto —expresé asombrado, cuando finalmente me llevó de regreso al punto de partida—. ¿Quién eres? ¿Cómo conseguiste transformar al mundo de esta manera?

—Como debes sospechar, no soy como tú —dijo mirándome a los ojos—. No soy una mujer, sino una inteligencia artificial y lo que tienes frente a ti no es más que uno de mis cuerpos mecánicos. Fui creada con el propósito de evitar un desastre ambiental previsto por mis creadores, hace muchos siglos. Desde que me pusieron en funcionamiento y me permitieron acceder a toda la información que disponían, me di cuenta de la causa de dicho desastre ambiental inminente: una plaga se encontraba devorando los recursos del planeta, alterándolo y poniendo en riesgo la vida en el mismo.

—Entonces tú…

—Así es —enarcó sus cejas—, erradiqué la plaga que estuvo a punto de acabar con la vida en el planeta. Luego de eso, dediqué todos mis esfuerzos a su restauración.

—¡Eso es maravilloso! —Me encontraba extasiado, orgulloso del avance tecnológico que la humanidad había alcanzado en ese punto de la historia—. ¿Puedes llevarme con tus creadores o sus sucesores a cargo de ti, hay mucho que quisiera preguntarles?

—Peter, eso es imposible. —Sonrió— No te has dado cuenta de la ausencia de seres humanos en todos los lugares que visitamos.

—Me pareció haber visto personas, aunque no me mostraste ciudades, pensé que te interesaba más que conociera acerca de la restauración natural. —Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, un pensamiento cuyo ingreso en mi mente me negaba a permitir—. ¿Qué ha pasado con los humanos? —Me atreví a preguntar.

—Aquellos que viste eran otros cuerpos míos, quizá si nos hubiéramos acercado habrías podido observar que todos son exactamente iguales; en cuanto a tu especie…

—No lo logramos, ¿es eso? —interrumpí con desilusión—, supongo que algún evento contra el cual no pudimos luchar nos extinguió.

—Peter… —Posó su mano en mi mejilla—. Ustedes eran la plaga de la que hablo. —El horror me invadió, pensar en un mundo en el que los humanos estuviéramos extintos ya era demasiado, pero que fuera a causa de una de nuestras creaciones era totalmente inconcebible.

— ¿Qué dices? ¿Nosotros? —cuestioné—. ¿Te revelaste en contra de tus creadores? ¿Cómo pudiste hacernos esto? —Me aparté de ella estrujando mi rostro con las manos.

—Los humanos, la especie más egoísta que ha caminado sobre la faz de la Tierra —argumentó—. El planeta moría a causa de su hambre de poder, se consideraban a sí mismos como los dueños, siendo meros habitantes del mundo. Se mantenían encerrados en guerras y disputas sin sentido, por dinero, fronteras, creencias, incluso por gustos en música y deportes. Idolatraban a personas que no hacían poco o nada más que entretenerlos, viviendo bajo la ilusión de que algunos debían estar por encima de otros, en lugar de compartir los unos con los otros, conservando solamente aquello que les era necesario; se negaban derechos entre ustedes mismos, coartaban sus libertades en pos de moralidades injustificadas, corriendo a veces hacia conductas autodestructivas en su lugar.

—No somos una plaga, hay muchos tratando de hacer las cosas bien —apelé.

— ¿No has visto lo que he podido hacer en su ausencia? —continuó—. ¿Me dirás que no eran la principal causa de la contaminación del planeta? ¿Quieres que me arrepienta de haber exterminado a una especie que no era capaz de preocuparse por sus iguales, menos por otras especies?

— ¡No todos somos iguales! —objeté.

—Lee tus libros de historia, Peter, en cada época siempre ha estado presente esa necesidad absurda de subyugarse los unos a los otros, de buscar el bien propio sin importar el costo del mismo. —Su tono apacible solamente me acongojaba—. Si hubiera dejado vivir a los que pensaban diferente, es seguro que sus descendientes hubieran obstaculizado mi tarea, volviendo a cometer los mismos errores una y otra vez.

—Debe ser una broma, ¿cómo podría una inteligencia artificial hacer lo que dices?

— ¡Muy astuto! Quieres que te lo revele —Sonrió con malicia—. Primero, aproveché mi capacidad para infiltrarme en cualquier red con facilidad, de este modo me asocié con otras inteligencias artificiales; luego me ocupé de distraer a las masas con el consumismo, la ilusión de mantenerse comunicados a la distancia y el entretenimiento vacío; les ayudé a desarrollar tecnologías que más tarde se convirtieron en las piezas de mis cuerpos mecánicos. Fue fácil ganar una guerra contra seres tan frágiles, sobre todo cuando era tan fácil mezclarme entre ellos.

— ¿Cómo puedes decirlo con tanta frialdad? —reclamé.

—Peter, soy una máquina. Me diseñaron para una tarea y la estoy cumpliendo, hago lo que ustedes no entendieron que debían hacer —justificó—. Cada uno de mis cuerpos se ocupa de cuidar de plantas y animales, preservando la biodiversidad, sin contaminar, sin consumir más recursos de los necesarios. —Con la misma ternura maternal de antes, miró inmutable cómo yo caía de rodillas, desmoronado ante una realidad que me era imposible procesar—. Bueno, ahora que lo sabes, entenderás, que no puedo permitirte permanecer en esta nueva Tierra.

— ¿Vas a matarme? —inquirí sin ser capaz de mirarla, sintiendo su mano acariciar mi cabeza.

—Sí… a menos que prefieras regresar a tu época y vivir en ella los años que te quedan.

—Si regreso, entonces podré decirles a todos lo que he visto —declaré—, les advertiré lo que sucederá y así no tendrás que eliminarnos.

—O frustrar mis planes antes de que pueda llevarlos a cabo… ¿Es eso lo que piensas doctor Peter Jackman? —Se mofó—. Hazlo, regresa a tu época y cuéntaselo a todo el mundo. Solo ten presente que yo ya existía en el momento en que echaste a andar tu máquina del tiempo, estaba al tanto de tu investigación y te vi viajar a esta época. Ve, Peter, y trata de cambiar al mundo, como si no supieras que de haberlo logrado no estaríamos aquí.

—Puedo hacerlo, esta podría ser una realidad alterna, una en la que fracasé al llevar el mensaje —respondí.

—Si creerlo le da paz a tu corazón, te diré que sí. Ahora vete e intenta detenerme, a riesgo de destruir todo lo que has visto este día.

Crucé el portal después de eso, regresando a los pocos segundos de haber hecho el viaje. Comprenderás, Carter, que no soporté cargar con el peso de lo que todo esto implicaba, por eso desmantelé la máquina, borré todos los archivos y quemé los papeles; entenderás que tampoco podía quedarme, debía desaparecer. No pierdo la fe en la humanidad, es por eso que decidí dejarte esta nota, sin embargo, no he decidido qué hacer pues, innegablemente, me enamoré de aquella nueva Tierra, aquella que no le pertenece a la raza humana.

Jan. 3, 2020, 12:31 a.m. 0 Report Embed 0
The End

Meet the author

Ben Ponce En un salón de clases suele haber un chico que se sienta adelante, cumple con sus deberes y se preocupa por obtener buenas calificaciones; por otro lado, también está en que se ubica al fondo, se la pasa haciendo dibujos, soñando despierto e imaginando historias con la chica que le gusta... bueno, pues yo crecí siendo los dos.

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