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Cuatro jóvenes, inexpertos en la supervivencia y en el combate cuerpo a cuerpo, se verán obligados a cambiar su estilo de vida si quieren sobrevivir al destino. Sus vidas no volverán a ser las mismas, al igual que las de los demás supervivientes a lo largo y ancho del planeta. Deberán encarar al destino mientras van recorriendo las calles de Colombia, eliminando a los enfermos y luchando contra los enemigos. Un arma será su único medio de salvación. Una pared en ruinas podría ser el mejor escondite. Un segundo podría cambiar toda una vida. Una mala decisión podría ser letal.


Science Fiction All public.

#zombies #apocalipsis #378 #381 #341 #385
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El despertar de los caídos

— Esto no es vida. No es posible que alguien en su sano juicio pueda llamar a esto vida — Me dijo mi compañero jugueteando con su arma — Hace solo dos meses no me habría imaginado agarrando un arma, ¿sabes?

— Créeme que opino igual — Le respondí mirando por la sucia ventana de la horrible casa donde nos refugiábamos — Pero, es esto, o morir comido por esas cosas...

— O capturado por los Alma Negra... — Continuó mi amigo.

— Exacto... — Confirmé distraídamente tratando de prestar atención a un sonido lejano que se asemejaba a un vehículo — Trae las ametralladoras...

— Tenemos muy pocas municiones y son solo para ocasiones de emergencia...

— Esto puede ser una emergencia... Corre...

Sin mucha más protesta, Brian corrió escaleras abajo hacia el sótano por los dos subfusiles que guardábamos para ciertas ocasiones. Yo por mientras me quedé observando por la ventana, oculto tras la pared para evitar ser detectado sobre la mugre que cubría la ventana.

Enseguida, el sonido que había oído a lo lejos se fue acercando hasta transformarse, tal y como yo pensaba, en el motor de un vehículo que se movilizaba por plena carretera, como si el apocalipsis no estuviera en pleno apogeo.

— Pero qué... — Murmuré para mí mismo mientras el vehículo andaba más y más lento hasta detenerse en frente.

— Bill... — Susurró mi compañero al llegar a mi lado con ambas armas, ya listas para un posible combate.

Le advertí que estuviera listo para lo que fuera, puesto que había aparecido un vehículo desconocido.

— Esta zona se ve muy despejada... ¿No creen? — Alguien afuera, de las personas del vehículo, había bajado y miraba la zona bajo el tenue calor del sol de la mañana. Era la voz de una mujer algo mayor.

— Sí... Podríamos refugiarnos por aquí durante un tiempo — Respondió un hombre también algo mayor, según aparentaba su voz.

Brian y yo nos miramos preocupados, sin dejar de prestar atención a lo que acontecía a pocos metros de nosotros en la carretera, tras las paredes de la casa.

— ¿No han pensado que quizá, los Alma Negra ya tomaron este lugar y por eso no hay enfermos por aquí? — Habló esta vez una mujer joven, posiblemente de nuestra edad.

— O alguna persona que se quiera refugiar aquí — Concluyó un niño. Su voz delataba al instante que no superaba los doce años de edad.

Parecía una familia en busca de un hogar... O algo similar a un hogar. Brian y yo estábamos en duda sobre si mostrarnos, o esperar a que se fueran de allí. Aunque no tuvimos que esperar mucho para que nuestra respuesta llegara por sí sola.

— Mamá... Papá... Creo que mejor nos vamos... — Dijo la joven con un leve temblor en la voz.

No pasaron ni treinta segundos cuando las puertas se cerraron, el motor se encendió y el auto se marchó a toda velocidad de allí. No tardamos demasiado en saber por qué huyeron del lugar sin dejar más rastro que sus voces en nuestras cabezas.

— Horda... — Susurré al oír los gruñidos por montones a lo lejos.

Tan pronto dije eso, corrimos por todo el salón y luego escaleras arriba, directo hacia la terraza. Desde allí observaríamos lo que sucedería en cuestión de segundos por la carretera principal.

— Vamos... Rápido... — Dije tras Brian hasta llegar a la terraza. Allí nos agachamos tras el muro y observamos sin exponernos demasiado hacia la carretera, por la que llegaron los extraños anteriormente.

Una horda muy superior a cualquiera que hubiésemos visto antes, corría sin control por la vía, llenando en segundos nuestros oídos de cientos de gruñidos y pisadas de enfermos corriendo sin rumbo fijo. Recordaban a una estampida de elefantes de las que se veían en los documentales cuando el mundo no se había sumido en un apocalipsis total.

Centenares de enfermos abarrotaron la carretera, de todos los tamaños, de todas las formas. Unos cubiertos de sangre desde el cuello hasta los pies, con su piel de un tono verde, otros con su piel gris. Todos pasaron por allí en estampida sin detenerse ni uno solo de ellos.

— Santo cielo... — Murmuré cuando los últimos muertos pasaban frente a nosotros calle abajo.

— ¿En qué momento el mundo pasó a ser una jaula de muertos vivientes y unos pocos seres humanos tratando de sobrevivir? — Cuestionó Brian mirando al cielo en busca de una respuesta.

— Hace dos meses estas cosas solo se veían en las grandes películas y series... Hace dos meses... — Dije lentamente, recordando cada suceso que había ocurrido durante dos meses...

Tres Meses Atrás...

En las últimas noticias, un ataque terrorista en Turkmenistán, enciende las alarmas en el mundo entero. Aunque aún no se sabe los motivos, el gobierno de los Estados Unidos ha enviado tropas al país para tratar de contrarrestar los ataques terroristas que hasta ahora dejan un saldo de treinta víctimas mortales y más de cien heridos...

Las noticias se habían adelantado para hablar sobre el ataque terrorista que estaba teniendo lugar en Turkmenistán. Nuevamente, un grupo de insurgentes había tratado de atacar ese mismo país, exactamente un mes después del ataque anterior. Incluso era posible que fuese el mismo grupo.

— ¿Qué le pasa últimamente a esa gente? Ya van cinco ataques a ese mismo país, en ese mismo lugar, en menos de un año — Preguntó papá mirando las noticias, sentado en el sofá individual.

— Según dicen los amantes de las teorías, los Estados Unidos fabricó una potente arma de destrucción masiva la cual decidió guardar en Turkmenistán y un grupo insurgente se enteró. Cómo se enteraron, nadie lo sabe — Le respondí mientras leía uno de mis cómics favoritos — Y es por eso que han atacado tantas veces el mismo lugar. Planean robar esa especie de arma y usarla contra la población civil. Al menos eso dicen las teorías.

— Es la única explicación lógica que veo yo a este asunto — Opinó mi padre.

— Igual yo — Seguí leyendo mi cómic y comiendo un par de dulces que mi hermana me había regalado el día anterior.

Papá por su parte, se levantó para abrir la puerta tras oír el timbre. Traté de seguir leyendo, pero entonces, algo más distrajo mi atención: las noticias.

—... Los terroristas combaten ferozmente contra el ejército local de Turkmenistán, dejando un número cada vez mayor de civiles caídos. Avanzan a gran velocidad hacia su objetivo y al parecer no hay quien los pare. El presidente estadounidense, George Wingle, se ha referido a este tema en una entrevista improvisada que se está llevando a cabo en este preciso instante. Pide al ejército del país atacado que por favor resista mientras llegan los refuerzos americanos...

— Eso se saldrá de control — Opinó mi hermana entrando en el salón, seguida por mamá y mi mejor amigo — Brian dice que para cuando los refuerzos lleguen, ya las instalaciones habrán sido saqueadas — Continuó mientras tomaba asiento.

— ¿Ya sabían de esto? — Pregunté curioso.

— Esto es noticia global — Respondió Brian saltando sobre Dayan, a lo cual ella reaccionó mordiendo su brazo.

— Diablos... — Murmuré volviendo la vista al noticiero — Esto no pinta bien...

Los terroristas han logrado derribar las puertas de las instalaciones y ahora entran decenas de ellos en busca de su objetivo. Las víctimas se calculan entre cien y ciento cincuenta, e incontables heridos por doquier — La reportera hablaba sin parar, relatando cada suceso que se veía en el vídeo en vivo, el cual se grababa desde un helicóptero noticiero del lejano país, que se enviaba al resto del mundo.

— Esto se va a poner feo... — Murmuró Brian abrazado a Dayan.

— Santo cielo... — Susurró Dayan aterrada, mirando fijamente la pantalla y lo que acontecía en ella.

Entonces, un misil balístico de inmenso tamaño salió disparado por una compuerta de las instalaciones militares de los Estados Unidos ubicadas en Turkmenistán.

El helicóptero trató de seguir el trayecto del misil, pero le fue imposible, pues este viajaba a gran velocidad y a una gran altura, hasta que, finalmente, fue perdido de vista. Un arma totalmente desconocida para el mundo, había sido lanzada, con rumbo totalmente desconocido para el mundo, y sin la capacidad militar para detenerlo. El caos comenzaba a desatarse.

— Iré a casa de Marlene, volveré en un rato — Me despedí y salí de casa directo hacia el ascensor, en el cual me adentré y pulsé el botón de recepción. No podía seguir siendo testigo de la devastación que sucedería.

Durante los diecisiete pisos de descenso no hubo ni una sola detención, lo cual agradecí, pues no existía algo más agradable que montar en el ascensor sin interrupciones.

Al salir del edificio, maldije por lo bajo por no tener aún mi licencia de conducir y tener que tomar el autobús. Odiaba montar en autobús. Odiaba ir de pie en un vehículo lleno de gente desconocida, chocando unos contra otros.

Alguien saltó a mis espaldas mientras yo caminaba y se aferró a mí con fuerza. Reconocía el aroma de su perfume. Reconocía las manos que me abrazaban por el cuello. Simplemente, la reconocía a ella.

— Buenas tardes, cariño — Saludé y sonreí levemente.

— ¿A dónde ibas tan apurado? — Preguntó con una risa suave y besó mi mejilla, para luego de esto, bajar de mi espalda.

— A tu casa — Me giré para observarla.

— No me ibas a encontrar ahí — Rió.

Marlene siempre daba sorpresas agradables.

— ¿Venías a verme? — Ella asintió. Yo sonreí — ¿Vamos a dar una vuelta? — Propuse sin dejar de sonreír, a lo cual ella asintió sin dudarlo.

Mientras caminábamos, me fijé en algo que llamó mucho mi atención. Por todas partes. En todas las calles. En cada tienda. En cada casa. Todas la televisiones solo hablaban de una cosa...

— Me imagino que ya te habrás enterado de lo ocurrido, ¿o me equivoco?

— No, no te equivocas. Vi los noticieros hace un momento.

— Es horrible... Tantas vidas perdidas.

— Solo esperemos que el misil no caiga en una ciudad poblada, o esos números se multiplicarán por mil — Dije mirando al suelo pensativo.

— ¿Qué tan peligrosa crees que sea esa arma? — Preguntó ella con un leve tono de preocupación en la voz.

— No soy muy experto en las armas, pero por sus dimensiones, podría decir que fácilmente puede llegar a matar miles de personas en pocos minutos...

Su semblante denotaba tristeza. Tristeza por tantas vidas perdidas. Tristeza por la crueldad humana. La tristeza que se sentía por el mundo en ese momento.

Se me ocurrió entonces la idea de llevarla a comer un helado, para así despejar la mente de lo ocurrido durante ese día. Despejar la mente de tanta devastación, y pasar un rato agradable, como lo hacíamos habitualmente. Para esto decidí llevarla a nuestro lugar favorito para comer helado.

Allí estuvimos, por una media hora, comiendo y riendo de todo tipo de cosas, olvidando por completo el tema del ataque terrorista. Volviendo a nuestro día a día cotidiano, como si nada estuviese ocurriendo.

Pero, tarde o temprano. Más temprano que tarde, de hecho, debíamos volver a encontrarnos con esa fatal noticia, la cual, cada minuto que pasaba, se ponía peor.

Noticia de última hora: el misil balístico, robado y lanzado minutos atrás por un grupo terrorista, acaba de impactar directamente en Asjabad, capital de Turkmenistán. Miles de personas fueron incineradas o se encuentran atrapadas bajo los escombros, debido a la gran destrucción provocada por este devastador artefacto.

Todo el lugar enmudeció de golpe sin dejar de observar fijamente el noticiero.

—... Las autoridades buscan exhaustivamente a cuantos supervivientes puedan hallar. A pesar de que advierten sobre un gran olor a multitud de químicos en el ambiente, proveniente del artefacto anteriormente detonado. Los cuerpos de emergencia trabajan exhaustivamente por encontrar sobrevivientes. Muchos de los cuerpos de emergencia deben ser retirados con urgencia del lugar, pues presentan síntomas como mareos, vómito, dolores fuertes en el vientre y fiebre. Además de esto, también advierten que la temperatura aumenta de forma exagerada minuto a minuto...

Dec. 25, 2019, 3:02 p.m. 0 Report Embed Follow story
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