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Caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mí, El alba marcaría el momento en que le diría adiós a esta vida y de una vez por todas, podría tener el descanso eterno en el mundo donde mi alma ardería para siempre.

Y ese infierno, era mejor que aquel al que me vería obligado a vivir si mi maldito destino me llevaba de nuevo al lugar de donde escapaba constantemente.

La mano de la cuidadora se aferraba a mí como si pudiera leer justamente mis pensamientos y no estuviera de acuerdo con ellos; pero no había nada que ella o yo pudiéramos hacer porque mi destino había sido sellado desde mi primer aliento hace eras enteras.

La puerta de mi habitación fue abierta y con el peso de la batalla en todo mi ser, me dejé caer en la cama de un cuerpo, demasiado incomoda para un guerrero como yo. Tanto tiempo sirviendo a esta perversa humanidad para verme rebajado a este payaso de ser humano que solo sirvió para despertar lastima.

Lastima; si, que tengan lastima porque en unas horas me estaría riendo en sus caras cuando por fin pudiera darles aquello por lo que siempre han buscado.

La mujer se fue dejándome en aquella habitación a solas y mirando los números rojos en la mesa, conté los minutos hasta que se haga la hora de enfrentarme al verdugo de nuevo. Ambos conocemos esta rutina demasiado bien y aun cuando la mayoría de veces fui poco consciente de que le volvería a ver, esta vez me concentré en no olvidarlo.

Era la única garantía que tenía de que la experiencia no sería tan desagradable. Darle un nombre y rostro al único que parecía entender mi destino.

Se hicieron las 5:38 de la madrugada cuando el primer rayo de sol tocó mi habitación y miré a los ojos a quien habría de determinar mi sentencia y darle resolución inmediata. Dejé que mi castigo fuera leído y con una sonrisa, la hoja cercenó sobre mi alma.

Y todo empiezó de nuevo.

El túnel era estrecho y me deslizaba como gusano por él en busca de liberarme de la presión alrededor de mi cuerpo mientras voces de batalla se alzaban desde algún lugar donde imaginaba estaba la salida, que por ratos se revelaba luminosa y otras veces se sellaba hasta que la luz era casi imposible de capturar.

Finalmente la boca del túnel se abrió suficiente hasta que me fue posible salir; cabeza primero, luego hombros y por ultimo los pies. La luz que antes había deseado, ahora me quemaba los ojos y por el bien de no terminar ciego, los cerré con fuerza mientras un llanto abandonó mis labios en el momento en que aquel doctor me sostenía en sus brazos, lamentándome por el comienzo del ciclo otra vez.

Nov. 27, 2019, 1:06 a.m. 0 Report Embed 0
The End

Meet the author

Niky V.G Entre una combinación de tazas gigantescas de café, libros sobre villanos enamorados y héroes vengativos; puede ser encontrado este raro ser llamado escritora. Aunque a ratos también puedes encontrarla dividiendo su tiempo entre calculadora y libros de leyes.

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