El Libro de los Olvidados (II-El Cuarto) Follow story

sebasilvestri Sebastian Silvestri

El libro de los olvidados nos transporta a un mundo distópico, gobernado por una dinastía totalitaria, que busca borrar de la memoria todo pasado libre de la nación. Ebook completo: https://books2read.com/u/3JVWqX


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EL REGRESO DEL DOCTOR

A la verdad


Las hojas del cuaderno caían al suelo, una detrás de la otra. A medida que las completaba con sus escritos simplemente las arrancaba, dejándolas morir sin que nadie pudiera leerlas.

El suelo del cuarto era el guardián de lo que escribía. Y nadie más que ellos, conocería jamás el contenido de lo expresado.

Detrás de los muros oía voces; voces que no conocía: alegría, enfado, tristeza e incluso dolor y odio; pero principalmente alegría. Voces que expresaban algo que le era casi ajeno. Un sentimiento que podía reconocer, pero parecía ser incapaz de sentir.

Y era sobre esas voces que escribía. Cada detalle, cada comentario, cada cosa que oía, quedaba plasmado en su cuaderno; en una hoja que, luego, arrancaría para dejar morir en el suelo.

Una voz en particular era la que más tinta le había ocupado. Esa voz lo obsesionaba, aunque nunca había visto el rostro de su dueña.

Justo cuando estaba arrancando la última hoja del cuaderno, escuchó que golpeaban su puerta. No era un golpe común, era una secuencia conocida de golpes. La única a la que él respondería.

“Bienvenido doctor”, dijo Arón mientras abría la puerta de su cuarto. “Ha pasado mucho tiempo desde la última vez”.

“Así es”, respondió el doctor Antul, que ya se encontraba dentro del cuarto. “Debo admitir que me sorprendió que nuevamente me llames. La última vez que nos vimos, pensé que sería realmente la última”.

El cuarto en el que vivía Arón era pequeño. Dentro de las cuatro paredes, solo había una cama, una pequeña mesa con una silla y un ropero viejo donde guardaba sus pocas pertenencias. En una esquina, una puerta comunicaba a un baño mínimo, que no compartía con ningún otro habitante del complejo. Desde la única ventana del cuarto solo podía observarse un enorme muro que no dejaba ver nada del mundo exterior.

Arón nunca recibía a nadie. Cada día una persona, a la que él jamás había visto, le llevaba alimentos y el periódico. Y, de vez en cuando, le acercaba un nuevo cuaderno y ropa limpia. Cada vez que lo hacía, simplemente la dejaba en la puerta y, con una secuencia de golpes diferente a la del doctor, le indicaba que ya estaban sus cosas ahí. Arón, esperaba a no oír ningún sonido fuera del cuarto para abrir la puerta y recogerlas.

Fuera de esos cuatro muros vivía una decena de personas. La mayoría de ellas jóvenes estudiantes que estaban iniciando sus vidas adultas. Personas de la misma edad que Arón, pero con quienes no compartía nada; y nada tenía en común.

El doctor dejó las cosas en la mesa. Mientras pisoteaba las hojas del cuaderno regadas por el suelo dijo: “Veo que has continuado escribiendo. El otoño este año ha sido más cruel con los árboles que nunca, y mientras caminaba hacia aquí pisando hojas pensé en algo. Estar afuera en estos días grises y caminar pisando las hojas de los árboles se parece un poco a estar aquí encerrado. Deberías probarlo”.

El breve silencio que se hizo tras las palabras del doctor fue interrumpido por la voz de una mujer que se escuchó tras las paredes. “¿Es ella?”, preguntó el doctor quien recibió un tímido gesto de Arón en señal de afirmación. “Sabes que podrías ver su rostro si solo abres esa puerta y sales del cuarto”, continuó. Pero esta vez no recibió respuesta alguna.

Arón se recostó sobre su cama con el periódico en sus manos. Miró la fecha y dijo: “Hoy es jueves, eso significa que ayer fue a ver a mis padres. Dígame, ¿Cómo se encuentran?”.

Antul se sentó en la única silla que había en el cuarto. Como siempre que estaba ahí se sentía encerrado; una sensación de asfixia que lograba calmar y no mostrar frente a Arón.

Ellos están bien”, dijo. “Las noticias que llegan desde las Islas del fin del mundo han sido muy alentadoras para ellos. Parece que pronto la guerra llegará a su fin y la victoria será nuestra”, concluyó.

La guerra heroica…”, dijo Arón sin levantar la vista del periódico. “Así es como la están llamando en los diarios. Dígame doctor, ¿Sabe usted qué significa ganar esta guerra? ¿Derrotar a un enemigo imposible de derrotar?”.

El doctor miró a Arón y pensó que realmente no era de eso de lo que había ido a hablar. Pero, incluso así, respondió: “Yo no fui educado para liderar a la nación como tú. No creo que pueda llegar a tener tu conocimiento sobre política internacional. Pero supongo que derrotar a un enemigo imposible de derrotar es algo importante”.

Arón no pudo evitar dibujar una sonrisa frente a la respuesta. Por primera vez en su vida, sintió que podía mostrar el fruto de su educación. Él estaba destinado a ser un líder, pero siendo incapaz de salir de ese cuarto no había tenido chances de demostrar su conocimiento.

El enemigo ni siquiera está participando en esta guerra doctor. El significado de esta victoria es solo uno. La victoria significará fuerza; la necesaria para combatir al verdadero enemigo. Ese enemigo no es una nación extranjera, ese enemigo está acá, caminando entre nosotros”; comenzó a decir y luego se detuvo con la vista fija en el techo de su cuarto.

Esa telaraña” dijo en voz baja. “Juraría que era más pequeña ayer”.

Nov. 7, 2019, 10:25 p.m. 0 Report Embed 5
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