imandress Andréss Navas

Invernadero de Nueva Europa, año 127 después del metagenoma. La humanidad remanente vive recluída alrededor de las antenas de luz blanca que protegen a todos de una muerte prematura y horrorosa, mientras que un reducido grupo de disidentes del gobierno se aglomeran en las abandonadas instalaciones de Peaklab para experimentar con los cuerpos de los auristas, ciudadanos con habilidades peculiares a punto de demostrar que no son una amenaza, y dispuestos a luchar a muerte contra quienes así lo desean de ellos. ¿Serías capaz de enfrentarte a la incertidumbre de un mundo que no conoces (o no recuerdas) y que se cae en pedazos? ¿Cuánto estarías dispuesto a sacrificar por la supervivencia humana? Y, en ese momento, cuando el destino te fuerce a decidir entre dos amores, y te obligue a domesticar los pensamientos de vengaza, ¿elegirás la sangre (tu vieja amiga), o elegirás el perdón (tu nueva opción)? *** EN EDICIÓN (Capítulos del 1 al 10 Editados)



Science Fiction Not for children under 13. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

#español #distopía #romance #asesinato #enfermedad #misterio #tortura #acción #habilidades #cultos #amnesia
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I - La mano negra del olvido

Reid

16 de Septiembre, año 127 d. mg.


El clima era abrasivo e implacable, y el frío en las gélidas montañas podía congelar hasta los huesos con tan solo un soplido, cuando despertaba de un profundo sueño aquel desorientado sobreviviente, casi sin ropa, adolorido, totalmente en medio de lo que para él era “la nada”.


Su respiración era completamente visible y la ventisca le ocasionaba un excesivo temblor en el cuerpo. Su mente, desvariante y enloquecida, le obligaba a moverse de un lado a otro mientras se colocaba de pie y estabilizaba su peso, consiguiendo así un vago equilibrio. Al mismo tiempo él podía ver un tenue rastro de sangre en el suelo que lo seguía y parecía provenir de su cabeza, hecho que confirmó de inmediato con su inquieta y pálida mano, mientras rozaba la herida semi abierta que tenía en la sien.


La adrenalina parecía mantenerle con vida, y el instinto de supervivencia aún palpitaba dentro de su corazón.


El muchacho miró desde donde se encontraba hasta la cima de un acantilado junto a él, y entonces fuertes punzadas y recuerdos atroces sobrecargaron sus pensamientos, tentándole a huir hacia alguna parte, y el grito de una chica retumbaba en su cabeza, mezclado con el vértigo de una caída libre: "¡REID!"


Habían varios problemas presentes al momento: "¿Qué ha sucedido? ¿Qué hago aquí? ¿Me persiguen?... aún me persiguen, pero... ¿por qué?"


Las memorias de una cruenta batalla y la fuga de los que parecían ser prisioneros circulaban por su mente sin detenerse, entonces recordó que era cazado. Él sentía muy dentro de sí que, quien quiera que se acercara en ese momento, le buscaba únicamente para hacerle daño.


"¿Estoy escapando?", pensó.


De repente, escuchó pasos y gritos en las lejanías, acompañados de ocasionales destellos de linterna, y la ansiedad le ocasionó un fuerte dolor de cabeza, uno que cada segundo era más intenso. El joven debía actuar de prisa, y utilizar la poca coordinación que le quedaba para irse de allí, o le encontrarían.


El muchacho giró la vista con desespero en varias direcciones y luego se arrojó a una fosa parcialmente cubierta por arbustos y ramas, justo segundos antes de que comenzara a llover torrencialmente.


Con rapidez se cubrió de lodo y procuró adentrarse lo más que se podía en las entrañas de la tierra, quedando así cubierto casi por completo, en lo que comenzaba a ser un ambiente sumido en la oscuridad.


El agua del cielo borraría sus rastros sobre la tierra con una rapidez muy efectiva, tan oportuna que ni él mismo lo creería.


"¿Me he caído? ¿Por qué no recuerdo nada?", hizo un gesto de incomodidad ante el dolor en su cabeza, luego el diálogo de su voz y la de una desconocida vinieron a él de improvisto:


"—¡Corre, no hay mucho tiempo! —exclamó mientras se movía con prisa.


—Espera... ¡REID! ¡NO!"


Casi de inmediato, los gritos de sus persecutores también se hicieron reconocibles, confirmando sus sospechas y sacándolo de sus recuerdos.


—¡REID! —exclamaban con ahínco las personas que se acercaban a la escena, obligando al cauto a respirar mucho más despacio para camuflarse con el ambiente.


—¡REID!... ¡LEATHAM!


Al menos una pregunta había hallado solución entonces: “Reid Leatham…” pensó, “...Ese es mi nombre. Me buscan a mí".


Continuó escuchando los gritos de sus cazadores, voces que terminaría mezclando con el grito de la chica en sus recuerdos.


Más pronto de lo que esperaba, el muchacho pudo tener una visión clara de sus persecutores: eran tres sujetos fornidos, todos con uniformes de cuero negro detallados con bordes en carmesí. Se cubrían de la lluvia con una especie de chaleco que traían consigo.


Con el reflejo de la luz que los acompañaba, Reid pudo notar en la mano de cada uno de ellos esa marca que no podría olvidar con facilidad: el ojo del Génesis.


Los acompañaba un perro rastreador de buen tamaño, que por cierto parecía un poco desorientado e intentaba buscar las pistas que el fango había borrado.


—Olvidadlo—exhaló el principal de entre ellos—, la lluvia hará que el perro pierda el rastro… Son muchos olores combinados.


—¡Hay marcas de sangre!—exclamó el otro—… Supongo que fue aquí dónde cayó—prosiguió, mientras examinaba el lugar dónde había permanecido Reid, inconsciente durante horas.


—¿Veis huellas?—cuestionó, con un aire de superioridad reconocible como el de un líder.


—Ninguna. Ahora podría estar en cualquier parte…


—Señor... ¿Insinúa que el chico sigue vivo? —preguntó el tercero de la compañía.


—¿¡Acaso veis su cadáver!? —reprochó casi con sarcasmo, procurando calmarse luego.


—Pero, señor... Nadie sobreviviría una caída así.


No hubo respuesta.


La respiración de Reid aumentaba junto con la presión en su pecho, al notar que se acercaba a su posición el dirigente del grupo, ese que tenía una cicatriz como de cuchilla que le atravesaba la ceja derecha, y que parecía estar observándole en silencio, el mismo al que se habían referido como "Señor".


Al detenerse varios metros frente a él, en distintos niveles de la colina, y sin forma de saber si ya le había descubierto o no, el muchacho solo podía permanecer allí tirado, en silencio, a la espera de un movimiento en falso.


De pronto, notó como el sujeto parecía enfocar la vista como en señal de haberle descubierto, y justo cuando se dispuso a alumbrarle con la luz, Reid se colocó de pie y salió corriendo en dirección contraria, con una rapidez inexplicable (considerando su actual estado físico).


—¡VAYAN TRAS ÉL! —Exclamó en lo que soltaba al can y emprendían una persecución colina abajo. —Shocker... Le estamos pisando los talones al chico. Está vivo, notifica a Lewis... —Indicó al intercomunicador en su oreja mientras corría.


Solo la luz de la luna que descendía sobre las montañas rocosas de Invernadero podía dirigir el camino del pelinegro, quien se esforzaba por esquivar los árboles y rocas en su camino a medida que avanzaba entre lo desconocido, sin recordar, sin pensar.


No hubo el menor cambio en el circuito armado sino hasta que, habiendo escuchado el rugir del Brazo de Lilith (un río de agua dulce que desemboca en el mar), Reid se vio obligado a detenerse, hallándose completamente atrapado y sin salida, salvo que decidiera arrojarse a las fuertes corrientes bajo su sombra.


Unos escasos y tentadores pasos le guiaron sobre la roca en la que se encontraba hasta ese momento, temblando, sudando en frío, observando a la vez unos cuantos metros hacia abajo el poderoso camino de agua oscurecida por la noche, esa que rompía con las piedras bajo su manto. Era un suicidio, pero no sería su primera vez.


—¡ALTO ALLÍ! —Exclamó uno de los merodeadores, habiendo llegado también al borde del abismo, mientras le apuntaba con un arma inmovilizadora.


El feroz animal acechante apareció, a la vez que ladraba mientras enseñaba su filosa dentadura y obligaba a Reid a retroceder. Fue el colmo, no habría llegado tan lejos en vano.


Hubo un salto en silencio, seguido de la ruin detonación de la pistola que contrastaría el ambiente, entonces todos los presentes supieron que Reid se había arrojado al río y luego... todo se desvaneció.


***


McBride

16 de Septiembre, año 127 d. mg.


Pronto el callado agente se detuvo y llevó una de sus manos al rostro, en señal de frustración. Solía ser siempre sereno y calmado, procuraba mantener todo bajo estricto control y, cuando las cosas se desenfrenaban, por lo general se cabreaba de una manera intimidante.


Estuvo de cuclillas unos minutos, mientras sus otros dos acompañantes esperaban alguna orden o veredicto. Su cabello semi grisáceo (evidencia de sus cuarenta años) estaba apunto de ser consumido en medio de la ira.


—¿Por qué le disparaste? —inquirió entre susurrando.


—Señor... yo... creí que...


—Dime... ¿Qué sucede cuando una persona cae inconsciente a un río como éste?


—Señor...


—¡RESPONDE, MALDITA SEA!


El silencio era interrumpido solo por la lluvia que no paraba de arrojarse contra el suelo.


—Lo siento, ha sido mi error, no volverá a suceder.


—No... Claro que no. —Desenfundó su arma y le disparó sin previo aviso, justo en la cabeza, matándolo en el acto.


El dispositivo en su oreja recibió una transmisión entonces, induciendo al sujeto a guardar su arma y luego responder a la llamada, retomando su serenidad.


—McBride, ya notificamos a Lewis—sonó desde el otro lado de la línea—. Dame buenas noticias.


Tomó un profundo respiro y luego exhaló.


—Shocker… dile a Lewis que perdimos el rastro del sujeto veintiuno. Va río abajo en dirección a Portville.


—Maldición, se va a enojar. —Bramó el dispositivo.


—Descuida, no irá muy lejos. Desmantelaremos los pueblos cercanos tan pronto cesen las lluvias. Le encontraremos.


—Más te vale, sino tendrás que aprender a resucitar muertos. No podemos perder su genoma.


—¿Qué hay de la chica? —Sonrió McBride, un instante antes de cerrar la comunicación.


—No tuvo la misma suerte. —Carcajeó.


De inmediato el sujeto terminó la llamada y regresó la vista hacia el otro agente a sus espaldas, parado firme, a la espera de instrucciones con un notable terror en su rostro. Luego de unos segundos observándole, McBride señaló al agente sin vida.


—Échale al río.


No hubo respuesta por parte del subordinado.


—Discúlpame—carcajeó ante la ausencia de palabras—, no te lo he pedido de buena gana. —le apuntó entre las cejas, mientras el perro tomaba distancia en medio de unos arbustos— En realidad quise decir: échale al río, o te haré lo mismo.


***


Uno

17 de Septiembre, año 127 d. mg.


El sol resplandecía, habiendo ya nivelado la temperatura de la tierra, humedecida por las constantes lluvias que habían estado atormentando el oriente de Invernadero.


No había nada que le distrajera en medio de su viaje, ni a él ni a su hermano gemelo: Dos McGregory, salvo quizás la presencia de lo que parecía ser un naufrago en la costa. Se trataba de un joven pálido, delgado, composición física similar a la de un soldado centinela, pero muy golpeado y sin conciencia, abandonado allí para el disfrute de las aves o de los lobos salvajes.


Movidos a misericordia, le tomaron entre ambos hermanos y lo subieron a la carreta, no sin antes atender algunas de sus heridas más graves.


Para cuando el muchacho despertó ya era un nuevo día. Estaba abrigado e inexplicablemente bien acomodado en el rincón de un carro guiado por un tiro de caballos marrones.


El joven se levantó tan rápido como sus actuales fuerzas así le permitieron (pues estaba muy débil), y miró con desespero a todos lados, como en búsqueda de sus agresores, imaginando quizás que había sido capturado por ellos mientras dormía, llamando además la atención de sus rescatistas.


—Así que has despertado ya—mencionó el señor grande y barbudo que parecía ir de copiloto.


Reid lo observó con precaución, y analizando las posibilidades en su mente, quizás pensando en arrojarse del transporte, aún con el miedo en las venas. Al notar esta reacción, el sujeto se dio la vuelta casi por completo, dejándole el mando de sus caballos al otro hombre junto a él (muy parecidos en estatura y de rostro, a excepción de que la barba de aquel que se había girado era castaña, y la de su hermano Dos era negra).


—Eh, tranquilo jovencito, no te haremos daño. —Mencionó mientras hacía movimientos con las manos como en señal de calma. —Mi nombre es Uno McGregory, y él es mi hermano gemelo: Dos McGregory. —Señaló a su lado.


Él extendió su mano luego de presentarse, invitando al chico a estrecharla, a lo que Reid no respondió más que con la mirada, dejándola extendida.


—Eres muy desconfiado ¿eh? —Uno regresó la mano a su anterior posición y se dio la vuelta al frente.


—Precavido... en realidad. ¿En dónde estamos? —Preguntó el pelinegro.


—Estamos en Invernadero—replicó el otro sujeto, el que se identificaba como Dos McGregory—, en los límites de Peaklab para ser más exactos.


—¿Qué... Qué fue lo que sucedió?


—Pues te íbamos a hacer la misma pregunta—prosiguió Dos—. Anoche veníamos de una junta de negocios en Royal Wood cuando me dieron ganas de orinar, así que nos detuvimos. Fui a unos arbustos en aquella dirección—dijo, señalando hacia alguna parte—. Y desde allí te vi, tirado en la costa, envuelto en sangre.


—El grito que dio mi hermano parecía de una gata en celo—carcajeó Uno, luego de interrumpirle.


—Estaba medio dormido ¿sabes?, y no tienes ni idea del condenado terror que me dio cuando lo vi tirado a esa hora…


—Como sea… Imaginamos que estabas borracho, pero te vimos herido y decidimos darte un aventón hasta Portville. ¿Cómo sigue tu cabeza?


El muchacho se llevó la mano a la sien, solo para descubrir que estaba vendado, aunque aún eran visibles algunos moretones y hematomas en su cuerpo, sin embargo se sentía mucho más recompuesto, de una manera extraña y antinatural.


—Me siento bien… Solo me duele un poco la cabeza.


—Te han dado una paliza ¿eh? —intervino Uno, mientras se daba la vuelta de nuevo—¿Qué hacías antes de que te encontráramos? ¿Qué acaso no sabes que estos lares hacen de nido para ladrones y herejes?


—No lo sé…


—¿No lo sabes?


—No… Quiero decir que no puedo recordarlo. —Mencionó con cierto gesto de incomodidad en el rostro.


—Ya veo—replicó Uno, comprendiendo ahora mucho mejor la situación—. Anteanoche había mucho humo proveniente de las montañas rocosas, ¿no habrá tenido relación contigo? ¿O sí?


—No estoy seguro pero, sea lo que sea, no debió ser para nada bueno...


—Y ¿cómo te llamas?


—Me pueden decir Reid.


—Oye Reid... ¿No serás parte de la herejía, eh? De ser así nos meterías en grandes problemas. —Carcajeó Dos.


—¿Herejía? ¿de qué habla?


—Ya sabes, se hacen llamar La Haeresis. He escuchado que mantienen enfrentamientos armados con el ejército en estos lugares, aunque nadie es tan idiota como para meterse a averiguarlo. Todos son demonios sin sentimientos.


—Lo siento, ignoro muchas cosas en estos momentos.


—Es probable que sea una amnesia temporal, poco a poco irás recordando—mencionó Uno—... Hay pan en la cesta. Imagino que tienes hambre.


Reid quitó la manta que cubría la canasta y tomó una hogaza con confianza, para luego comenzar a comer con calma (aunque esto no indicara que no estuviera hambriento, pues llevaba todo un día sin comer, o al menos eso indicaba su cuerpo).


Hubo un silencio prolongado, siendo audible únicamente el galopar de los caballos en medio de los charcos de lluvia.


—Ese... lugar que mencionaron, Peaklab, ¿qué hay allí? —Pregunto Reid, como intentando recordar y creyendo conocer ese nombre.


Dos carcajeó.


—Para ser franco, nadie lo sabe. Peaklab está deshabitado desde hace mucho tiempo. Solo se escuchan rumores o historias. Quizás allí esté el escondite de La Haeresis, o quizás solo sea el hogar de mercenarios, ¿quién sabe?


—¿Recuerdas a tus agresores Reid? —Indagó Uno, el señor de la barba castaña.


El muchacho nuevamente se quedó en silencio, haciendo memoria de las últimas imágenes que recordaba de los agentes que le perseguían.


—Eran tres sujetos, tenían un uniforme negro y una marca en la mano. Uno de ellos tenía una cicatriz en el rostro.


Ambos hermanos se miraron como con un ligero toque de asombro, luego Dos prosiguió:


—¿Te perseguían desde Royal Wood?


—No... No sé nada de tal lugar.


—¿Y por qué razón te perseguían? —Indagó Uno.


Reid hizo un gesto como si su cabeza doliera, entrecerrando un ojo y sujetándose el vendaje.


—No lo sé... Yo estaba recluido, y quería escapar... Lo siguiente que recuerdo es que caí desde cierta altura y me golpeé la cabeza. Corrí en busca de ayuda durante un buen tiempo, pero ellos venían tras de mí, entonces me arrojé al río para perderlos de vista...


Dos de inmediato imaginó que era una locura y lo dejó saber.


—Chico, eso es imposible, de seguro te dieron una paliza en Royal Wood y luego te arrojaron al mar. Solo no lo recuerdas. Ya te he dicho que no hay nadie que viva en Peaklab, ni siquiera se puede transitar por esos lares, hay tantas empinadas que las carretas se volcarían.


Uno se quedó pensativo durante varios segundos, considerando en su mente que el chico podría decir la verdad.


"El único río que desemboca en el mar desde esa dirección es El Brazo de Lilith. ¿Será posible que venga de las montañas rocosas? Un sobreviviente de Peaklab... Esto puede ser peligroso..."


—No—exclamó Reid, confrontando al sujeto de la barba negra—, estoy seguro de lo que le he dicho.


—Este crío... —murmuró Dos con sarcasmo.


—Hay... Hay rumores de que en Peaklab están las ruinas de los laboratorios—mencionó Uno, interviniendo en la discusión y llamando la atención de Reid. —Dicen que allí iniciaron los estudios que ocasionaron el Metagenoma.


—¿Metagenoma?—Cuestionó el pelinegro, ignorando por completo las explicaciones que Dos había intentado darle a su caso.


—Sí… Ya sabes, el día del genocidio, el día cero, ¿la navidad perdida? —todos estuvieron esperando respuesta durante varios segundos y, al percatarse de que en realidad nadie sabía nada al respecto, entonces continuó— Hace muchos años ocurrió un cataclismo que erradicó casi por completo a la humanidad, también retrasó la evolución de todos los que sobrevivimos…


—¿Retrasar? ¿A qué se refiere con eso?


—Que ahora en lugar de sofisticados vehículos debemos trasladarnos con carretas y caballos. —Interrumpió Dos.


—Aunque no es que nos afecte demasiado, nosotros crecimos en este mundo, solo recordamos las historias de lo que solía ser Invernadero antes del Metagenoma.


»Hay historias sobre antiguos laboratorios ubicados en Peaklab, instalaciones secretas del gobierno dedicas al estudio de la radiación en la luz. Dicen que fue allí dónde inició todo, pero nunca hubo pruebas que lo demostraran. Todas las instalaciones quedaron vacías y desoladas luego del incidente, de hecho la gran mayoría fueron destruidas, como si tras haber acabado con su tarea simplemente las hubiesen hecho desaparecer, y se supone que así han permanecido hasta el día de hoy. No he sabido de alguien que se adentre a esas tierras y salga con vida, es un laberinto allí dentro.«


—Yo logré salir—afirmó el muchacho, con una seguridad y seriedad en el rostro característica de un asesino—. Les aseguro que esos laboratorios existen, y aún funcionan—llevó la vista hacia atrás—... Y debo regresar. Ellos tienen a mi familia.


El silencio nuevamente se adueñó de la conversación. Los hermanos McGregory se observaron el uno al otro, como considerando la locura que estaban escuchando y, fingiendo ignorarla, surgió una propuesta arriesgada para todos los presentes.


—Puedes quedarte con nosotros un tiempo, si lo deseas—comentó Uno, retando a la mirada desaprobadora de su hermano, quien no tardó en considerar los problemas que ello podría traer consigo—… Somos dueños de un pequeño barco en Portville. Somos pescadores, podrías unirte a la tripulación hasta que consideres oportuno marcharte, ya sabes, cuando tengas algo de dinero y hayas recuperado tu salud... también cuando entres en razón.


Reid lo miró fijamente, como si alguien le hubiese brindado el oxígeno que necesitaba para seguir adelante, a pesar de que no creyeran por completo en sus aseveraciones. También se trataba de una oportunidad para armar el rompecabezas que en ese momento tenía en mente, así que asintió con la cabeza mientras sonreía con algo de despreocupación.


—Se los agradezco mucho, caballeros.


—No es nada, además… dudo mucho que tengas a dónde ir.


Entonces Reid volvería la mirada hacia atrás de nuevo y se repetiría a sí mismo: "Regresaré por ti, lo prometo".


***


Lewis

16 de Septiembre, año 127 d. mg.


Una luz roja comenzaba a parpadear desde un intercomunicador en su escritorio de vidrio refinado, así que, luego de presionar un botón en la base del aparato, pudo escuchar ese mensaje urgente que había llegado para él. Era Shocker, su mano derecha.


—Señor Martin... McBride tiene actualizaciones sobre la fuga de su paciente. El sujeto veintiuno está vivo, actualmente le están persiguiendo colina abajo, van en dirección al Brazo de Lilith. Le mantendré al tanto.


—Bien...


"Así que sobrevivió a la caída...", sonrió. "Parece que ahora más que nunca debemos traerle de vuelta. Al fin nuestro pequeño higo está dando frutos".


Sacó el cigarrillo de su boca mientras observaba por un ventanal hacia el mar, en medio de la noche y entre las montañas rocosas de Peaklab.


Exhaló el humo con algo de calma para luego susurrar en voz baja.


—Lo siento Leatham, no es personal... Pero serás nuestro boleto de salida al exterior.


Continuará...


Cartografía, Mapa 1


Nov. 3, 2019, 4:36 a.m. 10 Report Embed Follow story
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Francisco Rivera Francisco Rivera
Narración intrigante que se disfruta; incorporas gradualmente una densidad equilibrada con los personajes. Atmósfera suspendida entre situaciones de menor a mediano y, de ste, seguramente a puntos altos de lectura emocionante. Felicidades. Ahora, a seguir leyendo con interés y beneplácito. Saludo cordiales.
April 08, 2020, 00:44

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Muchas gracias por el comentario!, ya estoy subiendo las actualizaciones con la cartografía :) April 16, 2020, 22:18
la lila asar
Muy buen comienzo! Es una historia atrapante. Me dejas con la intriga :)
April 07, 2020, 01:54

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Hola lila! Me alegra que te guste :) en el cap 4 se pone bueno April 07, 2020, 02:13
Debiie Lassal Debiie Lassal
Muybbuenooo !!
April 06, 2020, 08:05

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Súper! Editaré pronto pero me alegra que te guste :) April 06, 2020, 15:29
Pajaro Robertti Pajaro Robertti
Ahora estoy aquí para saber que pasó después del metagenoma!! MUAJAJAJAJA
April 01, 2020, 21:25

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Jajaja, yo estoy aquí para cobrar mi crédito por comentario!! April 01, 2020, 21:29
Nataly Calderón Nataly Calderón
Qué historia tan interesante! Me gustó mucho
March 14, 2020, 14:23

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Gracias por el comentario! Tengo tiempo sin actualizar pero pronto subiré dos capítulos más. :D March 14, 2020, 14:50
~

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