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EFRAIN CORTEZ

Tápate los oídos. ¿Quién está ahí? Alguien señalando la puerta color negro. Muy. Muy. Muy negro. Y sin seguro. Déjalo. Déjalo. Déjalo. ¿Por qué hablamos de algo innecesario? ¿De algo inútil? Déjalo, déjalo, déjalo ahora no podemos hacer nada. Entonces esto no es más que un malentendido… el oficial de policía mira confusamente a todos en la sala y en especial a cierto sujeto. De forma muy especial. Se dispone a salir. Pero antes: señora. Si se vuelve a presentar una situación similar no dude en contactarse conmigo. Está claro. Si. Si. Uno nunca sabe. Si. Si. Me entiende ¿no? Sisisiisi. Por supuesto señor. Luego sale apresuradamente con su acompañante un joven que no pasaba de los veinte (jóvenes estudiantes ¿estudiosos?) se monta en el vehículo y el otro también. Como alma que lleva el diablo. ¿Es natural tanta prisa? ¡Vaya! ¡Demonios! ¡Par de demonios! ¡Por el amor de dios! ¡¿Por fin se largaron?! Mirada evasiva. Mirada de compasión. Por aquel hombre. Los inquilinos prefieren no mirar. Otros fingen el almuerzo. Otros solo se limitan a mirar por la ventana.

– ¿A dónde vas?

– a dar una vuelta…

– puedo ir contigo…

– no. ¿Para qué?

– no. No sé. No sé.

– adiós.

Sin dirección alguna empezó a caminar sin detenerse pensando en el cómo conseguir trabajo antes que su salvadora lo mandara directico a la calle. A la mierda. Es lo mismo. En el cómo no volver a reñir con su señora por la comida. El diario a diario. Del cómo pagar el alquiler vencido hace tres meses y de la dependencia, de la bondad. ¿Quién está sujeto a las garras del amor? ¿Es inevitable enamorarse? Se preguntaba a cada paso. Aún le queda algo de corazón en el pecho. Pobre señora. ¡Tú qué sabes niño! Recordó maquinalmente de alguna de esas ocasiones… en que… cuando… están los dos… ese vejestorio del que me enamore resulto todo un don juan. Un don juan olvidadizo y mujeriego, mujeriego hasta más no poder. ¿Lo perdonó señora? ¿Qué? ¿Cómo? ¡No! ¡No! ¡No! Dormía donde fuera allí donde habían mujeres de la mala vida en lugares inauditos como los establos los corrales de ovejas o corrales de gallinas. Gallineros. Porquerizas y demás. Nunca después del matrimonio paró en casa. Nunca. Nunca. (Arreglándose la falda corta) incluso durmió más en la casa de la vecina que en la nuestra. Figúrese usted semejante joya. La lotería que me gane. ¡Qué gozadon!... ¡Niño! No durará mucho en este lugar y tampoco en esta ciudad si sigue como va. Cállate. A ti que te importa. Si estoy jodido es solo problema mío. Se decía entre dientes. Ella pensaba que le sonreía amablemente después del acto… siempre tan dura en los sermones semanales o diarios (según el caso) ¿a quién le importa eso?... ¿Qué tal la zapatería? Mal, re-mal, nadie quiere a un muerto de hambre como yo y también me sacan a patadas por no tener el papelito ese. ¿Y el restaurante? Mal, re-mal, todos rechazan a los hombres que no cargan con el papelito ese ¡bendito papel! ¡Que caiga uno del cielo ahora mismo! Le ofreció una taza de café hirviendo.

Es como usted dijo vecina… nada que ver aquí es peor que allá y allá se vive más mal que aquí. ¿Cuál camino me queda? Resignarme como todos los demás. Por lo menos me tiene a mí. Cállate. Que te importa. Si estoy jodido es porque quiero, es porque se me da la gana. Cállate tú. Que te importa. Una vez más entre dientes. ¿Quiere algo de pan? Si. Cómaselo todo, quién sabe si es el último del día. Coge el diario. Una vez y otra vez. ¡Una vacante de operario! Sonríe. Papelito. Papelito. ¿Dónde estás? Que demonio y medio habrá que probar. ¡Ay mijito! ¡Ay mijito por dios! No hay de otra, todo o nada, me voy al infierno ya se sabe… daría lo mismo matarse también. ¿Usted ha visto el niño de la seño Estela? Si ¿y qué? ¡No me haga esos ojos! Ya sabe lo que pasa cuando se junta con hombres malos él ya lo sabía y mira tú a donde fue a parar. ¡Él es un héroe! Estúpido pero al fin y al cabo un héroe. En letras MAYUSCULAS. Otra vez las miradas cínicas evasivas melancolías pensativas. Miradas blancas negras mestizas mulatas extranjeras indígenas. Todas. Todo es lo mismo. Todo es igual. Todo por entrar a una manadita de perros sin bozal. Tres de sus amigotes están en la cana. Él seis pies bajo tierra. Vida. Vida. Vida eterna. Vida triple vida doble vida catre. ¿Y qué fue de ella? ¡Ya sabes! Porte ilegal de… una vez a la semana. Normalmente los martes, sale como alma en pena. (¡Diositico mío ampárate de ella!) Diciendo que tiene asuntos pendientes pero Jum.Jum.Jum. Una vez me fui de visita, una tía me esperaba en la casa y cuando regrese vieras el espectáculo que se armó en el comedor. Mijito. Todos se burlaban, ella lo sabía porque los ruidos y los quejidos de la habitación se escuchaban en toda la cuadra... yo no digo que este mal pero yo sí que soy bien conservadora sabes… Sí. Si. Si. Su hijito querido lo llevó lo metió en su cama, no hay más que decir el resto lo sabes tú. En este punto del relato diremos que la seño Estela aún sigue siendo amante de un delincuente. Poca monta. Ese mismo amigo de su hijo y que aún sigue enamorada. Qué se le va a ser. Apenas tiene cuarenta y cinco él treinta y dos ¡que parejita! Esa es la puritica verdad sí que sí, sí que sí. Después de semejantes amoríos todos se escandalizaron hasta pidieron a la dueña botarla instantáneamente ¡que pensaran los demás! ¡Terrible! ¡Qué vergüenza! ¿Y la visita conyugal? Sin falta y puntualito, todos los martes a la misma hora. Digna de compasión. En la cana del distrito mayor ahí se ven puntualito y todo porque por ese malandrín que lo trajo una sola vez a su casa. Mejor dicho porque lo llevo una sola vez a la cama de su propia madre. ¡Cualquiera diría que la vendió! Eso no se sabe, es un misterio. Ahí empezó todo. ¿Quieres que termine? Ya veremos en que termina el royo. Recordando todo y su posible viaje. Otra vez… otra vez… mala suerte de madre solterona. Pensó. Mijito esta vez se la perdono por su… por su… porque me ayuda con las reparaciones de la pensión, si fuera por lo que me dan esos sinvergüenzas nunca haría nada. Suerte que te tengo aunque no será por mucho. Me urge los pesitos y si no me los consigue se tendrá que ir. Lo siento. Yo lo siento más, dijo la dueña. Bueno no importa ya. Adiós. Adiós. Ahí viene el cochino ese. Adiós. Adiós. Caminaba mientras recordaba la dirección… ¿Qué día es hoy? Uno dos tres cuatro cinco nueve ocho siete. Si te pasas por allí alcanzarás algo por allá le dijo un compatriota no de país sino de ideología. Y de geografía. Ambos jodidos. Más que jodidos. El nueve con avenida nueve piso nueve a las nueve en punto. Sin falta. La mejor ropita que tenga. Adiós. Adiós. Había dormido poco cinco horas y el sueño lo agobia… ¿el agua fría no sirvió? Mala suerte, suerte de carboncillo. Alguien le murmura al oído. ¡Siguiente! ¡Siguiente! El otro como si nada como si no juera con él. No pasa nada inmóvil en la puerta. El hombre el sueño. La lujuria. El deseo. Una chica y su vestidito corto lo mas de blanco y en sus enormes te… un collarcito rosa. Una monja católica y su rosario. ¡Señor! ¡Siguiente! Siente un piquete en el brazo. La falta de sueño. Poco descanso. Los zapatos rotos por un lado. Y la niña de blanco pasa nuevamente por la otra acera. Colgándole. Colgándole. Como será… cuanto pagaré por… buen día… buen día. Mirada desagradable. ¡Que no entiende! ¡Que no entiende! ¡Firme aquí! ¡Firme aquí! Señalando con el dedo ¿sabe qué hora es? Como le digo… usted está más perdido que el diáchiras. Señor. ¿Y ella…? No sé qué le vio a ese sinvergüenza, seguramente tiene una buena p… parece boba. Tonta. Estúpida. Idiota. No se me ocurre otra cosa. Todo eso lo hace solo para verlo cada ocho días. Los martes sin falta. Eso es ¡tristísimo! ¡Oh! ¡Cuánta juventud perdida! ¿Por amor haría lo mismo? ¡Por amor! ¡Por amor mire lo que me gané! Mostrando una herida enorme en el brazo derecho ya cocida por el tiempo ya cerrada por las lágrimas. Estúpida yo en mis primeros lances de enamorada… ¡pero debe estar revolcándose en las llamas del infierno! ¡Infeliz ese! Cuando me enteré. Ilusa yo. Que estaba metiendo el palo en otra maceta… esa escuálida sinvergüenza… puta barata… eso es una puta… peor que yo. Me ve. Si. Peor que yo. Barata esa. Me le fui de frente en su propia casa la encaré. Milagro que salí viva. ¿Ve esto? ¿Si? (mostrando una vez más la cicatriz terrible) cuando veo esto me doy cuenta lo sonsa que fui y que todos los años que perdí como “esposa” no sirvieron pa nada, pa un carajo. ¿Me entiende? El amor nubla todo, la mente, la razón, el buen juicio. Nubla todo. El otro fresco como si nada. Ignorancia e ignorada absolutamente. Yo mujer estúpida detrás de un hombre que nunca hizo nada por mí. Nada. Nada. Solo sonsacarme el dinero del seno y yo boba me dejaba tocar. Me dejaba manosear creyendo que me haría algo bueno. Felicidad efímera. Me dejaba tocar como si nadita. Las viejas costumbres. Luego miro a esa mujer me compadezco de ella. Me veo a mi misma enfrentándome cara a cara con la moza de mi difunto marido. Jajaja. (Infeliz ese) situaciones diferentes pero el dinero. Dinero. El dinero sigue ahí como si nada, matando gente como si nada. El señor está ocupado. Enormes te… en su escritorio. Llegará muy lejos con sus… ¿sabe qué hora es? No ¿no? Nueve y diecinueve. Señor. Si ella llegará muy lejos con sus… ¡Váyase! ¡Váyase! El escándalo y la algarabía alerta al guarda de seguridad y en el acto empieza a amenazarlo con su pistolita de agua y salva. Mala suerte. Suerte de carboncillo. ¿Otra vez tarde? ¿Qué me pasa? ¿Sueño? ¿Hambre? ¿Frio? Ya en la calle busca a su angelito hermoso. Fantasía. Fantasía. Tal vez eso es lo mejor. Perro a la calle. ¡Mejor que no aparezca más! ¿Y qué? ¿Ahora qué? Comida. Comida saciarse por algunas horas el vacío estómago. Da igual. Cincuenta y nueve minutos después se verían de nuevo en la misma mesa en el mismo lugar sentados de la misma manera. Contando lo mismo de siempre. Que ella no quiere comer sola que es mejor aquí con gente que conoce que no hay dinero pa comer pero aquí son buenos con ella etc.etc.etc.etc. Llegue tarde. Que llegó tarde. Que nadie lo vio. Que lo trataron de vuelta y media. Perro a la calle. Que estoy solo muy solo más solo que nunca. Aquí estoy yo. Cállate. A ti que te importa. Si estoy solo es porque se me da la gana. Otra vez entre dientes. ¿Regresar? ¿Morir como miserable? Pensaba. Suplicaba con la mirada pero él no la veía, veía a la otra a la cuarentona y sus… tragedia moderna. Nadie ve oye o siente. Vivimos separados eso es lo que importa. Veinte años perdidos y morir será la única felicidad que pueda alcanzar en este mundo. ¿Y los sueños? Eso es para gente con dinero, los miserables no tienen derecho a vivir ni mucho menos a soñar ¿tú que piensas? Nada. Nadita. Nada. Estoy solo. Yo ya. Yo no. Miserable. Miserable por siempre. ¡Se me muere! ¡Ayuda! ¡Se me muere! El hombre no es más que un vasto campo de batalla donde lucha el bien contra el mal.


POR: TheNixx.

Oct. 25, 2019, 2:28 p.m. 0 Report Embed 1
The End

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