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El planeta se perdió tiempo atrás, tanto como el que aquella especie agresiva llevaba desarrollándose en un mundo que le era ajeno, y que había conquistado a fuerza de adaptarse, para sobrevivir en él. Génesers los llamaron, por razones olvidadas, igual que las otras palabras con que se les conoció en el pasado. Cuando queda tan poco de una civilización, la forma de designar a los conquistadores, apenas tiene importancia. La raza humana resistía en pequeños reductos que llamaban colonias y, entre ellos, alguien obligado a dar un paso adelante para intentar sobrevivir a humanos y a génesers © Todos los derechos reservados. Está totalmente prohibida la adaptación o copia de la novela. Obra registrada en Safe Creative con el código 1901289769086©


Post-apocalyptic For over 18 only.

#amistad #supervivencia #futuro #post-apocalíptico #cazadores #ciencia-ficción #lealtad #convivencia #colonias #cooperación
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Introducción




Introducción




El planeta se perdió tiempo atrás, tanto como el que aquella especie agresiva llevaba desarrollándose en un mundo que le era ajeno, y que había conquistado a fuerza de adaptarse, para sobrevivir en él.

Génesers los llamaron, por razones olvidadas, igual que los otros nombres con que se les conoció en el pasado.

Cuando queda tan poco de una civilización, la forma de designar a los conquistadores apenas tiene importancia.

Los humanos ya solo vivían en pequeños reductos, a los que llamaban colonias, parapetados tras fuertes y altos muros, temerosos de que uno de aquellos reiterados ataques desencadenara, por fin, la caída de uno de los asentamientos, o de todos.

En las cinco colonias jamás tuvieron noticias de ningún otro ser humano, por lo que creyeron ser los últimos supervivientes de la raza.

Y así pretendían seguir.

Durante siglos, observaron e investigaron la estructura jerárquica de los invasores, perfeccionando cierta forma de defensa.

Costó muchas vidas descubrir que solo existía una creadora de hembras. Estas, a su vez, únicamente podían engendrar y dar a luz a machos, que llegaban, en pocos meses, a la edad adulta.

Nunca se supo cómo ocurría porque no se apareaban, o eso se pensaba, puesto que ningún ser humano había sido testigo de ello.

La hembra dominante poseía una armadura impenetrable a las armas y explosivos conocidos, pero las otras hembras eran bastante más débiles.

El grueso de población invasora lo constituían los machos, muy agresivos, que rodeaban a la hembra a la que debían proteger, la alimentaban y cuidaban, conformando una familia individual.

Se agrupaban en rebaños que rodeaban las colonias. Sin mezclarse entre ellos, porque cada hembra tenía su corte de machos. El encontronazo con los protectores de otra, suponía una lucha a muerte.

Cuando estos perdían a su hembra, se dispersaban sin asimilarse a otras manadas, aunque sin ser atacados tampoco.

La observación era parte importante de la defensa colonial y, aunque no conocían las peculiaridades de los animales, al no poder moverse libremente para estudiarlos, los humanos se hicieron una idea general de su comportamiento a través de los siglos.

Desde las colonias, se impuso la necesidad de reconquistar territorio. Era imperativo despejar los alrededores, en lo posible, y minimizar los ataques a sus defensas, que no siempre resistían. Como los machos se dispersaban una vez muerta la hembra, tenían que aniquilar a las que circundaban los asentamientos.

Acercarse a ellas era muy difícil y peligroso. También había costado muchas vidas llegar a comprender la magnitud de su agresividad.

No solo porque estaban bien custodiadas por sus machos, sino porque su gruesa piel tenía un único punto débil: una brecha en la base del cráneo desprovista de protección. Su cabeza y cola poseían, además, largos pinchos impregnados de veneno. Un simple roce era mortal para los humanos.

Las cinco comunidades supervivientes decidieron dar muerte a estas hembras, para evitar que la especie se propagase más y, con un poco de suerte, exterminarlos.

Las hembras solo eran vulnerables en lucha cuerpo a cuerpo, por lo que, desde muy jóvenes, se formaba a los niños para esa misión. Un entrenamiento constante, que culminaba con su conversión en cazadores, a los 18 años, si poseían la habilidad y destreza necesarias.

Los grupos de cazadores se componían de 6 individuos muy bien entrenados, con un líder, que era el que creaba la estrategia, y se encargaba de repartir a su grupo entre las hembras localizadas, a través de un sensor de transporte.

Cuando todo estaba listo, el líder mandaba a su equipo al área de caza, mediante el teletransportador. Cumpliesen o no su objetivo, los traía de vuelta en cinco minutos.

El inconveniente era que ese transportador funcionaba en un área limitada, por lo que debían acercarse lo suficiente a las manadas. Tanto como para desplazarse, en un mismo salto, a distintos puntos.

Había que ser muy precisos a la hora de teletransportar a alguien. Un error de cálculo podía dar con los huesos del cazador entre un grupo de génesers, o demasiado cerca de la hembra. En ambos casos, el fallo constituía una muerte segura.

El puesto de líder requería de una confianza total de los hombres bajo su mando, ya que un titubeo en los cálculos o los tiempos, significaba el fin del equipo. Una responsabilidad que pocos ambicionaban.

Desde el helicóptero, cada uno hacía su cálculo de salto, que supervisaba el líder.

Los artilleros, situados en los portones, a ambos lados del helicóptero, disparaban a la manada. Usaban balas especiales que se alojaban bajo sus gruesas pieles y explotaban, causando más revuelo que bajas reales.

Se había comprobado que un macho podía recibir hasta diez de aquellas balas especiales, antes de caer muerto.

Aun sin causar demasiadas bajas, el área alrededor de la hembra quedaba más despejada para que, cuando el helicóptero descendía a diez metros de tierra, el líder teletransportara a su grupo, y a sí mismo, a la zona de caza.

Abajo, en tierra, cada uno tenía que vérselas con la hembra elegida, en solitario. Para ello, el equipo que portaban debía ser ligero, que no entorpeciera sus movimientos, porque las armas obligatorias ya pesaban lo suficiente.

El que las bestias no gozaran de una visión fina, constituía una ventaja. Aun así, su olfato suplía la merma, por lo que los cazadores debían ser rápidos y silenciosos. Sigilosos para llegar a la hembra sin llamar la atención, y rápidos para saltar sobre su lomo, y hundir el cuchillo hasta la base del cráneo.

Un fallo en esa fase, y la hembra podía emitir una alarma, inaudible para los cazadores, que alertaba a la manada. Ella, mientras, intentaba alcanzar al intruso con sus pinchos venenosos, que también cortaban como cuchillos.

Pocos habían sobrevivido a una situación parecida.

Durante muchas generaciones se perfeccionó la estrategia de la caza, pero el resultado aún no era significativo. La población de génesers no mermaba demasiado, a pesar de todos los esfuerzos, porque, con la creadora de hembras todavía fuera de su alcance, el problema persistía.

Todo lo que había a 100 kilómetros a la redonda de la hembra dominante eran tierras infestadas de manadas.

El lugar más cercano a su ubicación, habitado por humanos, era un emplazamiento muy curioso llamado Punta Negra. No era una colonia en sí, sino un pequeño retén desde el que se controlaba constantemente a la hembra dominante, y que enviaba informes diarios al Consejo General.

Punta Negra era una elevación escarpada, con acantilados del lado que daba a un lago de aguas limpias, y cuya única entrada la componía una escalera tallada, dentro de un túnel de roca. Un pasadizo tan estrecho que era impracticable para los génesers, aun para el más joven de ellos.

La otra forma de acceder, la que usaban los humanos desde la aparición de los génesers, era por el aire.

La planicie, un espacio amplio de casi 5000 metros cuadrados, estaba ocupada, en su gran parte, por barracones arracimados en torno a la misteriosa torre.

La Aguja, o Punta Negra, que le daba nombre al enclave, era una torre ahusada y muy alta, recubierta por completo de lajas de obsidiana, que despedían reflejos a la luz del sol. Durante la noche, la luna también se proyectaba en las piedras lisas, negras, suaves al tacto, dotando a la construcción de un aura irreal.

Nadie sabía quién la había levantado, ni el propósito de ello, puesto que no tenía acceso a la cúspide, y el interior, un círculo de 30 metros de diámetro, se encontraba vacío.

Ante su incapacidad de autoabastecerse de lo imprescindible, por su situación y configuración, Punta Negra necesitaba los recursos del resto de comunidades.

En las colonias, la supervivencia dependía del nivel de especialización de sus habitantes.

Desde el nacimiento, se entrenaba a los individuos para cumplir con las obligaciones útiles a la comunidad. Agricultores, ganaderos, mecánicos, pilotos, vigilantes, sanitarios, forjadores, ingenieros, químicos…

Todos, sin excepción, poseían conocimientos de cualquier trabajo común en la colonia.

Según sus habilidades se hacían notables, eran asignados a uno u otro grupo, siendo la élite el de cazadores, por el enorme riesgo que corrían.

Los vigilantes, tiradores expertos, jamás abandonaban el muro, aun en el peor ataque, y cuidaban a los agricultores cuando atendían los sembrados del exterior.

Los cultivos alrededor de la colonia, fuera de sus muros, estaban, a su vez, rodeados por plantas de chile, que actuaban como repelente de los génesers adultos.

Cada cierto tiempo, los machos jóvenes aparecían para destruir los cultivos, ya que a ellos el olor y tacto de las plantas no les resultaba tan repulsivo como a los adultos.

Los jóvenes abrían una brecha por la que podían pasar los mayores que, una vez superada la barrera, intentaban derribar las puertas de la colonia.

Ese comportamiento presuponía una inteligencia que los habitantes de las colonias preferían no ver.

Y los que hablaban de ello no eran muy populares, por lo que el dato, que debía haber sido relevante, se tenía como anecdótico.

Los pocos a los que preocupaba ese comportamiento callaban, porque eso asustaba mucho más que la agresividad de los machos adultos.

Ya era malo lidiar con una especie tan destructiva. Si a ello se añadía la inteligencia, el desastre estaba servido.

Oct. 2, 2019, 9:05 p.m. 23 Report Embed 112
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Post!
Irae Mae Irae Mae
Escribes muy bien. Tengo la impresión de que sabes contar historias, me quedo con esta en pendientes.
1 day ago
Jeronimo Leal Jeronimo Leal
Todo un mundo en el primer capítulo, mis felicitaciones.
3 days ago

Pilar Belli Pilar Belli
Ay, que alegría me he llevado al ver que ha vuelto esta historia con la que me quedé a medias. Gracias, gracias!!!
3 weeks ago

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Ando un poco liada y no he podido responder antes, disculpa. Me alegro mucho de que la vuelvas a retomar, ojalá te guste. Y gracias a ti por leer! 😊 5 days ago
Sally Rouge Sally Rouge
Vaya, la introduccción es toda una declaración de intenciones, preveo que vamos de cabeza a la historia, me gusta.
Oct. 21, 2019, 6:16 a.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Sumergirse en el mundo creado es importante para comenzar con la historia! Gracias, Sally 😘 4 weeks ago
Pedro Luna Pedro Luna
Una puesta en escena de primera, estoy deseando saber más
Oct. 16, 2019, 10:08 a.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Gracias Pedro! Pasa, pasa... a ver que te parece! 😊 Oct. 17, 2019, 1:43 p.m.
Misi Gomez Misi Gomez
Ey, que me da alegría volver a retomar esta novela, y fíjate que lio me llevo, si no te he reconocido ni nada y me he puesto a leer otra historia tuya. jajaja estoy un poco loca, ya iré releyendo para refrescar la mmoria. besos. chao!
Oct. 11, 2019, 2:04 p.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Si, igual es porque me he cambiado el nombre, pero aquí sigo! Estoy subiendo un capítulo cada día, ya me contarás por donde te quedaste. Un beso Oct. 11, 2019, 3:18 p.m.
MariaL Pardos MariaL Pardos
Gracias por verificar mi historia Tania! 😘😘
Oct. 10, 2019, 2:13 p.m.
Kevin Redman Kevin Redman
La terminé antes de que la borraras y se la recomendé a una amiga, que no pudo leerta al completo, la avisaré porque a mi me gusto muchísimo, hasta el final. Da gusto ternerte po aqui otra vez, voy a pasarme por otra novela que has subido, que esa no la conozco y seguro que es buena. Abrazos.
Oct. 9, 2019, 5:44 a.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Hola Kevin! Qué bien verte por aquí, y gracias por recomendar mi historia 🤗 La otra, Latentes, es un poco extraña entre la acción, el romance, y el humor. Espero que te guste porque fue una de mis primeras novelas y la escribí con mucho cariño. Saludos, amigo😁 Oct. 9, 2019, 3:09 p.m.
  • Misi Gomez Misi Gomez
    Yo soy! me quedé casi al final. Gracias por el aviso Kev 😘 Oct. 11, 2019, 2:01 p.m.
Krista Palmer Krista Palmer
Me da alegría que haya vuelto esta historia, que empecé a leer hace meses. Gracias! Por cierto, te has cambiado el nombre?
Oct. 5, 2019, 7:52 a.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Si, me he puesto el mío, que ya era hora! Encantada de verte por aquí, cielo! 😘 Oct. 5, 2019, 3:41 p.m.
Mauricio Jofré Mauricio Jofré
Por fin de vuelta! (Lo voy a gozar como nunca dijo Thanos) Saludos!
Oct. 4, 2019, 12:21 p.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Hola Mauricio! Qué bueno verte por aquí de nuevo! Cierto, voy a volver a subir la historia y a ponerme al día con lo que llevo atrasado de todo un verano! Saludos, amigo! 😊 Oct. 4, 2019, 2:56 p.m.
Eva Lender Eva Lender
Me la repaso un poquito, hasta que te alcance por donde iba 😊
Oct. 3, 2019, 1:38 p.m.

Estefania Muzalyova Estefania Muzalyova
Wowowow, menudo comienzo. Ya me siento dentro de una situación apocalíptica con un rifle de franco en las manos jeje. Menudos bichos esas hembras!
Oct. 2, 2019, 5:07 p.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    El comienzo es para poner en situación y pasar a la chicha, jajajajaj Oct. 3, 2019, 2:23 p.m.
~

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