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erethkhial MariaL Pardos

Charlie, terminando su doctorado en arqueología, cree que su vida está encarrilada. Raptar a un hombre, para intentar arreglar un problema que su padre le había dejado como legado, no entraba dentro de sus planes de futuro. Claro que había muchas cosas que no entraban en esos planes. © Todos los derechos reservados. Está totalmente prohibida la adaptación o copia de la novela. Obra registrada en Safe Creative con el código 1810288838009 ©


Romance Romantic suspense For over 18 only.

#romance #suspense #amor #experimento #acción #arqueología #humor
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Prólogo

Prólogo


Kevin Allen sabía que no iba a tener un buen día.

La pequeña Susie, el miembro más reciente de la familia, con tan sólo tres meses de vida, decidió deleitarles con una de sus noches en blanco.

Según el pediatra, podían ser cólicos, aunque su expresión delataba su falta de convencimiento. Tampoco persuadió a los padres de la criatura, que sabían muy bien lo que eran los cólicos porque los otros dos hijos del matrimonio los habían sufrido.

Kevin empezaba a sospechar que su hija poseía algún tipo de poder extrasensorial por el que detectaba los niveles de cansancio de sus padres, y se deleitaba aplicándoles su medicina particular: a mayor agotamiento, menos sueño. Y claro, no se contentaba con que uno de ellos perdiese la noche, no, los necesitaba a ambos.

Con un poco de suerte también conseguía despertar a sus hermanos, lo que no era tan sencillo, los angelitos dormían como auténticos leños y, además, volvían a caer cual troncos en cuanto tenían ocasión. No era ni la mitad de gracioso que tener a sus padres acunándola, cantando nanas, paseándola por toda la casa, corriendo a buscar biberones y cambiar pañales limpios…

La diversión consistía en berrear, sin decaer, hasta que el despertador estaba a punto de sonar. Entonces el interruptor de su pequeño cerebro se apagaba y se dormía profundamente, con una leve sonrisa inocente en los labios.

Kevin sabía, por experiencia, que aquello no era más que su forma de prepararse y reunir fuerzas de cara a próximas fiestas nocturnas, donde los invitados de honor serían sus padres que, a esas alturas, se preguntaban por qué no se conformaron con dos niños. ¡Tuvieron que buscar a la princesita que completase su familia feliz!

Faltaban quince minutos para que sonase el despertador. Lo apagó, en previsión de que, su estridente sonido, despertase de nuevo al monstruo que habitaba en un cuerpecito tan pequeño.

Los niveles de ansiedad del matrimonio estaban llegando a cotas insospechadas. Kevin incluso sopesó la idea de abandonarla en la puerta de alguna institución… Si, la desesperación, cuando llevas varias noches durmiendo apenas un par de horas, deja un poso de locura transitoria.

Por supuesto cuando, durante el día, la pequeña Susie les regalaba algún gorgorito y una sonrisa bobalicona de bebé, se olvidaba la quimera vociferante en que se convertía por la noche.

De camino a la ducha, sumido en sus pensamientos, Kevin pisó uno de los juguetes de plástico de la pequeña. El chillido del maldito cacharro hizo que Susie gimotease en su cuna. Su esposa le lanzó una rápida mirada que podía haberlo dejado petrificado, tal era la cara de Gorgona que gastaba la otrora preciosa mujer con la que se casó.

Con el corazón galopando a toda velocidad, se metió en la ducha y volvió a maldecir: olvidó que el termo del agua caliente de ese baño estaba estropeado y el chorro manaba apenas unos grados sobre cero. Lo justo para cagarte en todo, pero no lo suficiente como para que te quedases congelado y, por consiguiente, callado.

Prometió que se encargaría él mismo de arreglarlo, o de buscar a alguien que lo hiciera. Se le olvidó. De eso hacía siete días. De hoy no pasaba, se juró, igual que todas las mañanas desde la semana anterior.

El café, igual de frío que el agua de la ducha, no conseguiría despejarlo y no le apetecía recalentarlo en el microondas, ya lo tomaría en el laboratorio. Quizá comprase en la gasolinera algún donut que comería por el camino, de todas formas, tenía que parar a echar combustible.

Eso lo retrasaría un poco, por fortuna el doctor Donovan no era demasiado exigente con la puntualidad, siempre que uno cumpliera con su trabajo.

En el aparcamiento de los laboratorios se frotó los enrojecidos ojos, antes de salir del coche, con el donut a medio comer en la mano. Calculó mal, la acera estaba algo más alta de lo que pensaba, y el chirriar de los bajos de la parte delantera fue una protesta sonora, tan alarmante, que le hizo rechinar los dientes. ¡Lo único que le hacía falta hoy era una cuenta del taller!

Ya bregaría con eso después, ahora necesitaba la tranquilidad y el orden del laboratorio, que le hicieran olvidar las horas pasadas.

De camino a la entrada del edificio vio de reojo a un hombre que iba unos metros tras él, un poco hacia su derecha. Le pareció algún trabajador de mantenimiento porque iba cargado con algo voluminoso. Eso le recordó que debía preguntar por el encargado: tal vez pudiese recomendarle a alguien que le arreglara la caldera de agua caliente.

Al girar la cabeza de nuevo hacia la entrada, se fijó en algo que no había visto en todos los años que llevaba trabajando allí: un pájaro con las alas extendidas labrado a la altura de su pecho en uno de los pilares que sujetaban la arcada. Estaba grabado de tal manera que, a no ser que la luz incidiera de determinada forma, pasaba desapercibido.

A pesar de su formación científica, le pareció un buen augurio y se preguntó qué clase de pájaro sería.

De haber vivido para ver el chorro de sangre que bañó el bajorrelieve un segundo más tarde, hubiese reconocido la silueta de una golondrina. Los buenos presagios se le escaparon, junto con la vida, por el agujero que le perforó la espalda, le pulverizó el corazón y abrió su pecho como un melón maduro.

Chad Hunnam no era empleado de mantenimiento, de hecho, apenas hubiese sabido usar un destornillador sin las instrucciones impresas. Era corredor de bolsa desde que aprendió a jugar al Monopoly, y de eso hacía ya, al menos, 30 años.

Gozó de buenas rachas en su trabajo, no las suficientes como para hacerse rico, pero las justas para tener una vida acomodada.

Con la demanda de divorcio todo se empezó a desplomar a su alrededor, como si su notoriedad profesional dependiera de su éxito familiar.

Ya no era tan joven, ni tan agresivo, ni tan despreocupado.

En uno de esos baches, incluso se vio obligado a apuntarse en un programa experimental por el que le pagaron muy bien. Una tontería que no funcionó. Un día en un laboratorio por mil machacantes, que le duraron poco, pero cumplieron con su propósito.

Tenía una auditoría con la empresa que iba a adquirir la suya, y no podía permitirse un descubierto, aunque fuera mínimo. Los números rojos generan más números rojos. Acudir a la negociación con números negativos en su cuenta le hubiera supuesto la ruina total, estado que comenzaba a entrever.

Su estrella no volvió a brillar de nuevo. Mantenía el tipo asesorando a desgraciados a los que gustaba presumir de inversionistas, y que poseían menos capital que él, que ya era triste. Su supervivencia, y la elevada pensión con que satisfacer a su familia, dependían de que tuviese la boca cerrada y la sonrisa pronta.

Cuando el interruptor se encendió, dos días antes, iba a salir de su minúsculo apartamento, camino del trabajo. Desde ese instante, se convirtió en un depredador con un destino y una presa. No recordaba nada de su vida y nada, salvo la muerte, hubiese podido detener sus pasos.

Abandonó su coche, tras sufrir un accidente, sin volver la vista atrás. Eso fue el día anterior. Dos costillas rotas que no sentía, magulladuras que no le importaban. De la pelea que mantuvo con unos traficantes de armas callejeros, salió casi ileso y armado para organizar una fiesta de las que gustaban a los federales.

Del vehículo robado a punta de pistola, también se había olvidado… Dos días sin dormir, 48 horas borradas de su memoria.

Ahora, con una pistola de gran calibre en la mano izquierda, su mano buena, y el bidón de gasolina colgando del hombro derecho, tenía el aspecto de alguien salido de una película de acción de serie B.

Todavía llevaba el traje con el que pensaba acudir a la agencia donde trabajaba, un dos piezas discretamente caro, de color azul marino que ahora era una mezcla de gris polvo y pardo rojizo, con algunos rotos en codos y rodillas.

Avejentado, agotado… Ni su madre lo hubiese reconocido de cruzarse en su camino.

La piel de cara y manos, con churretones de sudor y polvo, tampoco ayudaban a su identificación, sin embargo, su mirada dura y fija dejaba bien a las claras que tenía una meta.

Cruzó la puerta principal que daba a los laboratorios sin dedicarle una sola mirada al cuerpo de Kevin Allen que, definitivamente, no había tenido un buen día.

Oct. 2, 2019, 7:30 p.m. 22 Report Embed 118
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Post!
Irae Mae Irae Mae
Tiene una pinta excelente
1 day ago
Eiren Miller Eiren Miller
Interesantísimo comienzo, con mucho misterio
3 weeks ago

Krista Palmer Krista Palmer
Arggg buscaba tu novela y no la encontraba, pensaba que ya no estaba hasta que me he dado cuenta de que has cambiado la portada. XD mira que estoy tonta
Oct. 23, 2019, 1:16 a.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    No te preocupes, es que tenía en mente cambiarla y no veía el momento. Espero que te guste, verás que todos los elementos tienen que ver con la trama, pero eso será más adelante 😘 4 weeks ago
Misi Gomez Misi Gomez
Misterioso y entretenido el prologo
Oct. 11, 2019, 1:18 p.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Gracias, espero que te siga interesando la historia 😊 Oct. 11, 2019, 3:19 p.m.
MariaL Pardos MariaL Pardos
Mil gracias, Galo! 😘
Oct. 11, 2019, 5:39 a.m.
Kevin Redman Kevin Redman
Segun lo prometido, aquí estoy. Comienza de forma intrigante y ágil, segun recuerdo que es tu estilo, me alegrará leerla.
Oct. 9, 2019, 5:45 a.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Bienvenido, Kevin! Ojalá te guste 😊 Oct. 9, 2019, 3:23 p.m.
Victor Husar Victor Husar
Vaya casualidad, la estoy leyendo en otro sitio y me lo paso muy bien, te dejo mis votos por aquí, buena novela -pd: me quedan pocos capitulos :D
Oct. 8, 2019, 9:52 a.m.

Krista Palmer Krista Palmer
Esta novela es nueva, no la conocía
Oct. 5, 2019, 7:58 a.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Es muy distinta de Génesers, espero que la disfrutes! Oct. 5, 2019, 3:37 p.m.
Ani Stonem Ani Stonem
La pequeña Susi es como mi pequeño Santiago :) (en la vida real no ficticia acabo de ser madre)
Oct. 3, 2019, 5:35 p.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Enhorabuena, Ani! ❤ Por experiencia te diré que, una vez pasados los primeros meses, todo cambia a mejor 😁 Oct. 4, 2019, 5:13 a.m.
  • Ani Stonem Ani Stonem
    JAJAJA ESO ESPERO!!! Gracias ^^ Oct. 4, 2019, 4:40 p.m.
Eva Lender Eva Lender
Esta entrada me gusta, es misteriosa, eso sí, mataría a esa niña 😁
Oct. 3, 2019, 1:43 p.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Qué bien verte por aquí, Eva! Espero que te guste esta historia, concebida como de acción, en otra platforma me he dado cuenta de que funciona mejor como romántica. Dïsfruta y gracias por los comentarios y reseñas! Oct. 3, 2019, 2:19 p.m.
  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Por cierto, si te gusta la acción, tienes que seguir a Estefania Muzalyova, es una genia con una imaginación bestial! Oct. 3, 2019, 2:32 p.m.
Estefania Muzalyova Estefania Muzalyova
Muy buen comienzo, y espectacular esa Charlie, ea!!!
Oct. 2, 2019, 2:53 p.m.

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Junto con Angie, arrasarían! 😂😂😂 Oct. 3, 2019, 2:17 p.m.
~

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