Traición de la sangre Follow story

marczielm96 Marcela LM

Tu peor enemigo puede vivir contigo, ser parte de tu familia y tú no estás enterado. Marina Lovatt no tiene idea de la amenaza a la que se tendrá que enfrentar a manos de alguien con quien comparte un vínculo sanguíneo.


Teen Fiction Not for children under 13.

#criaturassobrenaturales
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Parte I: Capítulo 1

Aquella tarde de junio apenas salía el sol entre las nubes. Todo el día parecía como si una tormenta se avecinara. Lo que nadie sabía era que en la casa de la pareja Leonhardt habría sin lugar a dudas una auténtica tempestad. Claudia Leonhardt esperaba ansiosa la llegada de su marido. Intentó trabajar en el ordenador para no pensar más en el tema, eso no dio resultados, no lograba concentrarse. Aún no podía creer lo que le estaba pasando, su futuro cambiaría o no, dependiendo de la reacción de Roman. Esperaba que ambos llegaran a un acuerdo y asunto zanjado. No tendría que preocuparse por su trabajo y las repercusiones en su cuerpo.

Pasado un cuarto de hora llegó un hombre pelirrojo con un maletín, dio un beso a su mujer y fue a la habitación para mudarse de ropa a algo más cómodo para estar en su casa.

—¿Cómo ha estado tu día, cara?— preguntó Roman a su mujer. Claudia solía sonreír cada que su esposo usaba aquel término en italiano para hablarle en forma cariñosa, esa vez fue la excepción. —Algo no va bien, ¿me equivoco? ¿Un cliente te hizo pasar un mal rato?— ella negó con la cabeza— me estás preocupando, dime qué es.

—Estoy embarazada— soltó atropelladamente—lo siento, no sé en qué fallamos, nos hemos cuidado desde la primera vez que estuvimos juntos.

Roman quedó petrificado, con la boca entreabierta y casi perdía el aliento. Tomó asiento en la orilla de la cama matrimonial. Ya recuperado, pudo seguir la conversación.

—¿Estás segura?

—Me hice dos pruebas caseras y fui a un laboratorio de esos que te dan los resultados instantáneos— Claudia se humedeció los labios antes de continuar— la buena noticia es que aún estamos a tiempo… no tengo ni dos meses según el resultado.

Su esposo le devolvió la mirada atónito. Se negaba a entender lo que implicaban esas palabras. Él tampoco tenía planeado que tuviesen hijos, por eso aceptó la idea al casarse, pero en ese momento las cosas cambiaban.

—No puedes siquiera pensarlo, no, Claudia, me niego a cometer un crimen. Es nuestra sangre, nuestro hijo.

—Un hijo que no teníamos plantado tener ahora ni nunca, fue lo que acordamos. Yo no pienso dejar que mi vida cambie para traer al mundo un niño que no quiero. Tener que llevar dentro un ser que no deseo. Para ti es fácil decir que continúe con esto porque tú no vas a pasar por todo lo que implica un embarazo.

—¿Y si te dieras la oportunidad? Tal vez con los meses te encariñes con él o ella.

—Eso no va a pasar, es mi decisión, no intentes hacerme cambiar de idea, no conviertas esto en un lío mayor.

Claudia salió de la habitación tomando algunas cosas, haciendo caso omiso de las protestas de su marido. Se instalaría en el dormitorio de visitas el tiempo necesario.

Pasaron dos semanas sin dirigirse la palabra. Ninguno pensaba contar cualquier cosa a sus allegados, hasta que Roman sintió la necesidad de hablarlo con su padre. Joseph Leonhardt explotó de euforia al enterarse que sería abuelo, más su amplia sonrisa se desvaneció cuando su hijo le contó el plan de Claudia.

—No puedes permitirlo, es tu hijo— le dijo seriamente.

—Ella insiste en que es su derecho, que sería una tortura continuar con un embarazo que ella no desea.

Por respeto al matrimonio de su único hijo, Joseph no hizo otro comentario, le quedó la espina de decir unas cuantas cosas sobre su nuera y moría de ganas por ir a hablar con ella.

Aquellos meses fueron los más difíciles para la pareja, mientras Roman se forzaba a sentirse dichoso por la llegada de su hijo, Claudia no dudaba un segundo en demostrar lo mucho que detestaba encontrarse en esa situación. Evitaban las discusiones para no afectar la salud de Claudia y del bebé, estaban seguros que otras personas a su alrededor los juzgaban en secreto por su actitud. Entre el quinto y el sexto mes, la ginecóloga que les daba seguimiento les anunció que tendrían una niña; a los futuros padres no podía importarles menos si tenían un niño o una niña, Roman sólo asintió con una sonrisa forzada ante la noticia y su esposa se mantuvo inexpresiva.

—¡Felicidades, hijo mío! No puedo creerlo, seré abuelo de una pequeña estrellita, dime, ¿has pensado en un nombre? Supongo que Claudia no ha dicho ni pío al respecto…— el padre de Roman procuraba no meterse con su nuera, directamente mantenía cerrada la boca, cuando hablaba con su hijo era casi inevitable que expresara su parecer.

—No sabría ni por dónde empezar, no quisiera un nombre demasiado común y hasta he considerado que podría ser un nombre italiano, a los señores Vignali les encantaría— Roman hablaba sin convicción, como si el asunto fuera intrascendente. —O el nombre de mi madre o el de tu hermana… mi tía era una buena persona.

—Encontrarás alguno de tu agrado, claro, esperemos que a tu hijita también le guste— bromeó Joseph.

El día del nacimiento nadie se mostró sorprendido con la actitud de Claudia. Había nacido su hija sana y todo transcurrió sin complicaciones. La madre no deseó cargarla y los médicos decidieron que era mejor que la recién nacida se quedara en los cuneros. Roman sostuvo a su hija una vez y eso fue todo, estaba tan abrumado por lo acontecido en los meses anteriores que no se sentía con ánimos de estar cerca de la niña, sin embargo sí le dio el nombre casi de inmediato, decidió llamarla Marina, y su segundo nombre sería Genevieve. Joseph Leonhardt fue acompañado de su ahijada, Jeanine Porter, quien había sido nombrada por Roman como madrina de la menor. El abuelo y la joven Porter tuvieron el permiso para entrar al área en la que tenían a la bebé y la cargaron, llenos de emoción por la llegada al mundo de su pequeño ángel.

Oct. 2, 2019, 6:39 p.m. 0 Report Embed 1
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