En el silencio Follow story

sanjorge99 Jorge Luis Calero

Un pequeño cuento. Un pequeño recorrido, acompañado de los sonidos del bosque, las estrellas y planetas, la ciencia, la creación. Donde hay preguntas, hay respuestas


Short Story All public.
2
233 VIEWS
Completed
reading time
AA Share

La llegada

+

Hace muchos años atrás, en un lugar muy apartado de aquellos caminos que se cruzan para luego ser importantes para la gente que en ellos transitan, lugar rodeado de montañas muy altas de espesa vegetación donde aves exóticas y animales extraños eran dueños de cada rincón no explorado y se notaban por su canto, por sus colores y por su forma, se dibujaba un camino sin forma, que se perdía entre la maleza de cada invierno lodoso que llegaba, allí al final se asentaba un bello pueblo formado por casas vivas de colores, balcones y ventanas, que se implantaban apretujadas entre la plaza central y la verde estepa de las montañas que las contenían, un pueblo hermoso que expedía olores puros a tierra trabajada, donde el café, el cacao, las frutas y los animales, componían en cada mañana, colores vivos de apacibles encantos.

Su gente, maravillosa como su tierra, buscaba en cada reunión o en cada feria, compartir su trabajo, su conocimiento, y a veces hasta su corazón.

Un día, por la tarde, llegaron al pueblo un grupo de viajeros que se habían marchado semanas atrás, esperaron el verano para viajar y ahora regresaban, alegres con varias carretas tiradas por caballos y mulas, entre ellas la más grande que iba en el centro de la caravana llevaba un bulto de mayor proporción cubierto, era una caja de madera, el pueblo atento miro y entre el barullo de muchos se escuchó decir:

- ¡ya traen el reloj!

Meses atrás en algunas reuniones comunales, importantes representantes del pueblo habían querido llevar un adelanto tecnológico y muy simbólico que recordara su gestión administrativa, entre mucho debatir y acordar, decidieron que un reloj mecánico, como el de otras ciudades que algunos habían visto, sería lo más emblemático que podía adornar la plaza central.

El lugar ideal existía para ubicar el reloj, y este era debajo de la torre del campanario de la Iglesia mayor del pueblo, lugar amplio y acomodado, desde donde se visualizaba todo el pueblo y desde allí se podría ver al reloj.

La caravana se detuvo al pie de la plaza central, al frente de la iglesia mayor y empezaron a desmontar de las carretas todo el cargamento que traían, con paso apresurado llego un caballero de apariencia extraña, de traje impecable y modales finos, a dirigir con un lenguaje extraño el desembarque de la caja mayor que contenía el reloj, fue acomodado muy suavemente sobre el portal de ingreso a la iglesia mayor, mientras la gente curiosa del pueblo se acercaba, el caballero de extraña apariencia se dirigió a la muchedumbre pidiendo con gestos y pocas palabras que no se acercaran tanto, luego de un pequeño bolso que llevaba saco una vara de madera y midió con la ayuda de sus ayudantes el recorrido que la caja iba a realizar para ser llevada hasta su destino final, con un pequeño cuaderno de apuntes a la vista de muchos curiosos iba anotando y midiendo cada espacio del trayecto, luego de varias horas de constante medición y análisis, se dirige presuroso hacia la casa municipal donde lo esperaba el alcalde y con firme resolución le dice que el reloj no puede ser llevado por el interior de la iglesia hacia el lugar final, que era más abajo de la cumbre del campanario, pero que en su análisis había confirmado otra forma de hacerlo, pero que esta forma llevaría un poco más de tiempo y preparación, el alcalde atento escuchó y miró con detalle lo que el instalador le comentaba en su lengua extranjera poco reconocible y por medio de dibujos entendió y aceptó la forma en que se proponía instalar el reloj.

Luego de algunos días de construir una viga de madera con un gran soporte por medio de varias poleas se procedió a armar y amarrar la caja principal del reloj y fue alzada mientras la gente curiosa miraba su traslado, con mucho esfuerzo y precisión la caja que contenía la parte mayor del reloj pudo entrar por un boquete improvisado que se realizó sin que esta se tropezara algunas veces haciendo que se escuchara un ruido desgarrador acompañado de varios fragmentos de madera que eran parte de la caja que cayeron al suelo, al pie de la entrada de la iglesia, bajo el estupor y asombro de los muchos curiosos que estaban muy cerca de la iglesia, con exclamación, alegría y aplausos, la caja del reloj entró en su permanente morada y se dejó ver desde lo más alto un pañuelo blanco agitado con alegría y premura, era el instalador que compartía la alegría del pueblo desde lo alto con satisfacción por haber logrado con éxito el traslado de la caja mayor del reloj.

Los días que siguieron, fueron más privados y rutinarios para el instalador, se desmontó el reloj y pieza por pieza fue acomodado en cada sitio que le correspondía según su experiencia y habilidad. La máquina era magnífica, compuesta de engranajes y detalles que constituían un diseño único nunca visto en un lugar tan apartado y como si fuera magia, en un movimiento armónico el instalador le dio vida y empezó a latir como un animal moviéndose con ritmo y precisión constante, el instalador le mostró, con alegría, al futuro encargado del reloj, los detalles de cuidado que debía tener con el reloj para que funcione con precisión.

Abajo el pueblo asombrado se acercaba a la plaza central a cada hora y otras veces esperaban hasta el mediodía sólo para escuchar las doce campanadas que marcaba el reloj a esa hora del día. El alcalde y los representantes veían felices como su sueño había sido cumplido.

Pasaron días, que se convirtieron en semanas y luego meses, y el reloj preciso componía con sus campanadas el inicio de cada hora y marcaba también la hora media entre horas, y todos gustosos aprendieron a apropiarse del sonido del reloj en las costumbres del pueblo, el mantenimiento era sencillo, una vez por semana el encargado subía hasta la torre y con paño lleno de aceite lubricaba sin mucho esfuerzo el interior del mecanismo del reloj y le daba cuerda, el instalador había establecido en el contrato que cada dos años regresaría para supervisar el funcionamiento y mantenimiento del reloj, pero siempre afirmó que estaba seguro que el reloj con el mantenimiento semanal no necesitaría de su visita por lo menos en quince años, y efectivamente el alcalde los espero luego de cumplido los dos años y mediante cartas no contestadas le participaba constantemente del cumplimiento establecido en el contrato, pero a la falta de alguna anomalía en el funcionamiento en el reloj los años pasaron y la administración en la alcaldía cambió, y el contrato quedo totalmente olvidado.

Habían seis largos meses en el que el pueblo quedaba aislado de sus vecinos inmediatos, la única comunicación era mediante un esforzado viaje en mula por un camino lodoso y precipitado lleno de grandes obstáculos, desde fuertes tempestades imparables, derrumbes improvisados con piedras de gran tamaño, hasta insectos portadores de enfermedades, por lo cual era muy improbable y poco aconsejable viajar en aquella mitad del año, pocos aventureros lo hacían o cuando el clima daba alguna tregua, en fin a esto se sumaba también que el viaje duraría por lo menos una semana hasta llegar al pueblo más cercano, conociendo esta situación de generación en generación, el pueblo siempre se preparaba para aislarse en esos meses lluviosos, se abastecían de productos alimenticios, medicinas y artículos de necesidad básica y así se enfrentaban a la soledad de los días de aquellos meses lluviosos.

Sept. 8, 2019, 3:10 p.m. 0 Report Embed 0
Read next chapter En la plaza del pueblo

Comment something

Post!
No comments yet. Be the first to say something!
~

Are you enjoying the reading?

Hey! There are still 8 chapters left on this story.
To continue reading, please sign up or log in. For free!